
Mulan, rol interpretado por Tang Xinyi, con el cuerpo de baile de China Ningbo Performance & Arts Group. Foto: Zhou Huanxin.
Cuenta una antigua leyenda china, cuyos orígenes se remontan a la dinastía Wei del Norte, que Hua Mulan, una joven disfrazada de guerrero se une al ejército para evitar que su padre vaya a la guerra. Algunas versiones atribuyen la composición de esta obra a la dinastía Tang. Pero más allá de sus orígenes, y de las diferentes versiones que llegaron hasta la actualidad, también a través de Disney, “Mulan”, llegó a la danza para instalarse como una mega realización en el ballet contemporáneo de acción.
Una producción deslumbrante, que fusiona la tradicional con lo universal, y que incorpora una alta tecnología es el resultado de esta realización que se presentó del 18 al 20 de septiembre en el David H. Koch Theater del Lincoln Center. La producción del China Ningbo Performance & Arts Group, concebida por Zhou Liya y Han Zhen, despliega una propuesta coreográfica de extraordinaria riqueza escénica que, a su vez, transita por momentos de profundidad emocional.
La coreografía, cuya narrativa es clara, precisa y consistente, abre un espacio que permite indagar en el alma del espectador. La obra recupera la historia de Mulan, y transita por sus contradicciones más profundas con un ritmo intenso. En esta obra, el drama no reside en las hazañas militares de la protagonista, sino en los cuestionamientos internos sobre la propia identidad, que se debate entre el deber y los sentimientos, entre el heroísmo y la vulnerabilidad.
En esta confluencia de danza clásica china, artes marciales, teatro y ballet de acción, la precisión de los desplazamientos, la uniformidad del cuerpo de baile y la potencia física de los movimientos de combate, contrastan con, sutileza de los movimientos y la delicadeza de los gestos de cada personaje. Momentos de una exquisita delicadeza y de una gran fuerza emocional alternan con una narración épica y heroica. En la coreografía de Zhou Liya y Han Zhen el cuerpo encuentra sus propias palabras, cuenta, dice, respira, sufre y trasciende la anécdota.

Tang Xinyi y Hao Ruoqi, quien alterna con Wang Zeng, dl rol del general Wei, en la producción que se presentó en el David H. Koch Theater del Lincoln Center. Foto: Zhou Huanxin.
La intérprete de Mulan, Tang Xinyi, es una bailarina capaz de transitar por todos los estilos. Extensiones estupendas, equilibrios impecables y un port de bras refinado. Tang Xinyi respira a Mulan como si fuera propia. Ella es la dueña de ese entrañable personaje. Desde el lirismo de sus movimientos en las escenas más íntimas, en su murada ante el espejo, en su ternura y en su contradicción ante el amor se contraponen con secuencias de una enorme exigencia física. Ella es una guerrera enérgica y decidida que cohabita con la joven que añora su hogar y descubre el horror de la guerra. Con pequeños gestos, Tang Xinyi atraviesa con maestría ambas dimensiones.
Wang Zeng, quien encarna al general Wei, es un bailarín de fuerte presencia escénica, con movimientos firmes y contenidos. Su personaje evoluciona y cambia cuando descubre sus sentimientos más ocultos por Mulan. Los encuentros entre ambos protagonistas alcanzan momentos de gran intensidad y belleza. En sus dúos van transitando desde la energía marcial a la relación corporal más íntima, donde los gestos dicen lo que los personajes callan.
El cuerpo de baile constituye otro de los grandes anclajes de esta producción. Los bailarines ejecutan las complejas secuencias de combate con admirable precisión, mientras las bailarinas aportan delicadeza y dramatismo en algunos momentos de evocación y lirismo. Y en medio del drama, “Mulán” encuentra también lugar para el humor, especialmente cuando Mulan debe convivir con los soldados y al mismo tiempo, preservar su identidad.
Las escenas de conjunto son impactantes, tanto por la destreza física de los bailarines sino también por los desplazamientos y la distribución en el espacio escénico. Los grupos se despliegan y se fragmentan con plasticidad y sincronía admirables, y son el hilo conductor de la narración coreográfica. Cada una de las escenas muestra un cuidadoso trabajo teatral y una inteligente programación de ritmo escénico.
La escenografía de Tan Ze’en y la iluminación de Han Jiang contribuyen a la espectacularidad de cada escena. Una plataforma giratoria diseña los espacios y las escenas, desarrolla acciones simultáneas y le da proyección al paisaje. Y en estos distintos planos escénicos, también, como en una secuencia cinematográfica, aparecen las referencias al pasado, los recuerdos de los personajes y permite una delicada transición entre ambas realidades. De esta manera, “Mulan” se convierte en una pieza escénica de enorme belleza.
La música original de Du Ming acompaña con precisión la narración coreográfica. Su partitura combina sonoridades tradicionales chinas con orquestación sinfónica, y potencia cada momento con presencia.
“Mulan” tiene todos los elementos de un drama contemporáneo con una intensidad poco frecuente. En esta obra se reúnen: una coreografía bella, enérgica y sin lugares comunes, una narración clara, excelentes bailarines-intérpretes, y un despliegue escénico deslumbrante. Pero por sobre todas las cosas, “Mulan” es emoción pura desde el principio hasta el fin.

La producción del China Ningbo Performance & Arts Group, con coreografía de Zhou Liya y Han Zhen. Foto: Zhou Huanxin.


