La próxima incorporación de Martin Harriague como director del Centro Coreográfico Nacional-Ballet Biarritz ha multiplicado su presencia y la del Ballet de l’Opéra Grand Avignon, que dirige desde septiembre de 2024, en la programación de la trigésima sexta edición del festival Le Temps d’Aimer la Danse. Dos son los programas que ha presentado en la cita festivalera la compañía aviñonesa: “Prométhée” (2025) y “Awen-The Sacred Veil” (2026).
Durante el primer domingo del festival, la Gare du Midi de Biarritz acogió dos funciones de “Prométhée”, obra en la que el coreógrafo de la localidad vascofrancesa de Bayona aborda el mito de Prometeo, quien desafió a los dioses para proteger a la humanidad. La elección musical de Harriague es un punto clave ya que, aun basándose en la partitura de “Las criaturas de Prometeo” (1801) de Ludwig van Beethoven –única composición para ballet del músico alemán y obra curiosamente también empleada por su predecesor en la dirección del Ballet Biarritz, Thierry Malandain, en “Les Créatures” (2003)-, incluye algunos arreglos adicionales de Fabien Cali para l’Orchestre National Avignon-Provence, que dotan de un halo de contemporaneidad a la propuesta. Lamentablemente, las actuaciones en el festival Le Temps d’Aimer la Danse no pudieron contar con la música en directo, a diferencia del estreno en la Opéra Grand Avignon en diciembre del año pasado.
En el plano coreográfico, se aprecia una evolución en el vocabulario del creador vascofrancés. Si bien su escritura siempre denota la fuerte influencia de su etapa como bailarín inserto en el fenómeno de la danza contemporánea israelí -no en vano formó parte de Kibbutz Contemporary Dance Company entre 2013 y 2018-, hay que resaltar que, en “Prométhée”, se atreve a maridar su lenguaje contemporáneo de extenuante fisicidad con algunas frases de escritura más cercana al neoclásico. Este tímido intento de salir de su zona de confort va a resultarle de utilidad en su próxima etapa como coreógrafo del Ballet Biarritz, una compañía cuyos ejes cardinales se asientan en el estilo neoclásico que Thierry Malandain ha desarrollado durante casi tres décadas en la localidad de la costa vascofrancesa.
Pieza concebida para doce bailarines, los roles principales de “Prométhée” fueron interpretados por Kiryl Matantsau como Prometeo, Evan Inguanez como su hermano Epimeteo, Sylvain Bouvier como Zeus y un elenco coral de diez criaturas. Si en la pasada edición el ensemble del Ballet de l’Opéra Grand Avignon demostró su solidez en la sátira antitrumpista “América”, en esta ocasión, confirmó su cohesión como grupo, aunque sobresalió en el plano individual Matantsau en el rol protagonista.

El Ballet de l’Opéra Grand Avignon en “Prométhée”, de Martin Harriague. Foto: Christophe Bernard. Gentileza Ballet de l’Opéra Grand Avignon.
En cuanto a la producción en sí misma, es importante subrayar la puesta en escena del propio Harriague, cuya teatralidad y dramatismo bien podrían recordar a las realizadas por el consagrado Marcos Morau, coreógrafo residente del Staatsballett Berlin. El espacio en blanco aséptico y con un par de camillas de urgencias, amén de los bailarines ataviados con monos sanitarios, trae a la memoria pasajes de “Oskara” (2016), que el creador español ideó para el grupo guipuzcoano Kukai. Con este impactante inicio, Harriague trae a colación el episodio en el que Prometeo moldea al ser humano con arcilla y el soplo divino de Atenea le dio la vida a las figuras de barro.
También resulta un hallazgo interesante la ficción de convertir la obra dancística en una pieza museística, mediante alocuciones de la megafonía en las que se informa a los visitantes que deben abandonar el recinto y devolver las audioguías. Cargado de ironía, este recurso simboliza que el fuego sagrado que Prometeo robó a los dioses para beneficio de la humanidad -hurto recreado en una cegadora escena-, hoy en día es un producto cultural, sometido a la tiranía de los horarios de la sociedad actual. Desde el punto de vista plástico, situar figuradamente la historia de Prometeo – dividida en los pasajes de la creación del ser humano, el robo del fuego, la evolución y la guerra de la humanidad, y el cruel castigo de Zeus con el encadenamiento para que un águila le devorara el hígado diariamente- en un museo, le permite la licencia de construir una rotunda escena, ejecutada mediante sombras chinas en el fondo del escenario, donde los bailarines hacen las veces de un friso en movimiento que se torna en el frontón de un templo griego. El diseño de iluminación, que firma Harriague, es esencial para la consecución del efecto óptimo.
El fuego de Prometeo contribuyó al desarrollo de la humanidad y, como venganza, Zeus envió la caja de Pandora con el precio por ese progreso: todos los males, desgracias y sufrimientos que hasta ese momento eran desconocidos para el hombre. Como si fuera una manifestación de esa relación causa-efecto entre el fuego de Prometeo y la caja de Pandora, la actuación vespertina de la compañía aviñonesa sufrió un fallo técnico que obligó a interrumpir el arranque y reiniciar la obra. Sin embargo, en contraposición, fue bendecida por el público de la Gare du Midi, que gratificó la actuación del Ballet de l’Opéra Grand Avignon con una calurosa salva de aplausos de tres minutos de duración, además de un gran número de espectadores en pie. A partir de enero de 2027, Martin Harriague asumirá el reto de tomar el testigo de Thierry Malandain al frente del Centro Coreográfico Nacional-Ballet Biarritz y será el momento para descubrir si los dioses le han favorecido con el fuego de Prometeo.


