Festival de Música Antigua "Esteban Salas"

Euforia habanera por el barroco

Del 4 al 12 de febrero, un programa de conciertos, talleres y conferencias, puso el acento en la danza. Desde los Estados Unidos llegó al Teatro Martí la New York Dance Company, conjunto dirigido por Catherine Turocy que rescata los estilos de los siglos XVII y XVIII.

Deja un comentario Por () | 28/02/2017

El espectáculo inaugural del Festival de Música Antigua "Esteban Salas" fue bautizado por los directores de Ars Lorga como "!Carnaval!". Foto gentileza Festival de Música Antigua "Esteban Salas".

El espectáculo inaugural del Festival de Música Antigua “Esteban Salas” fue bautizado por los directores de Ars Lorga como “!Carnaval!”. Foto gentileza Festival de Música Antigua “Esteban Salas”.

La duodécima edición del Festival de Música Antigua “Esteban Salas”, en la capital cubana, que anualmente organiza el Conjunto de música antigua Ars Longa bajo la égida de sus fundadores , la soprano Teresa Paz y el laudista Alan López, y el apoyo decisivo de la Oficina del Historiador de la Ciudad, una vez más confirma su compromiso de sentar bases sólidas en los “reformados conceptos interpretativos de los repertorios antiguos”.

En esta ocasión, del 4 al 12 de febrero, ofrecieron un nutrido programa de conciertos, talleres y conferencias, y en esta oportunidad pusieron el acento en los saberes que la danza –en tanto que manifestación “gestual y sonora”-, dejó su impronta indeleble en la literatura musical de todos los tiempos.

En el ámbito del festival, con el patrocinio del Programa Ibermúsicas y sus Convocatorias para la Movilidad de Músicos, las presentaciones del conjunto mexicano Tembembe Continuo fueron excelentes, con un programa de danzas “novohispanas”, interpretadas con rigor y buen gusto por el maestro de la guitarra barroca Eloy Cruz e ilustradas por su compatriota bailarín y coreógrafo David Serna.

La mayor parte de los conciertos anunciados, tanto el de apertura como el de clausura con el conjunto Zéfiro de Italia, ocurrieron a sala llena en el maravilloso espacio del Centro Histórico de la Habana Vieja que sirve de sede permanente al ensemble Ars Longa. Es decir, la pequeña joya arquitectónica del barroco cubana que es la Iglesia de San Francisco de Paula, construida en el siglo XVIII como capilla de un Hospital. Este templo católico – desde hace dos décadas fue restaurado y convertido en sala de conciertos, que además ostenta su recuperado órgano original de tubos del siglo XVIII de fabricación francesa-, fue destruido por un huracán en 1730, siendo reconstruido después en la misma función y expresión barroca (semejante a las iglesias romanas de la Piazza del Popolo). En 1907, el conjunto pasó a una entidad privada que, en 1937, pretendió demolerlo, pero la enérgica acción de los intelectuales y la prensa de entonces lo evitó, y en 1946 se demolió el hospital empero se salvó gran parte del templo, para fortuna del patrimonio cultural de la capital cubana.

Danza barroca

La New York Dance Company, bajo la dirección de su fundadora, coreógrafa y bailarina Catherine Turocy, mostró danzas europeas de los siglos XVII y XVIII". Foto gentileza Festival de Música Antigua "Esteban Salas".

La New York Dance Company, bajo la dirección de su fundadora, coreógrafa y bailarina Catherine Turocy, mostró danzas europeas. Foto gentileza Festival de Música Antigua “Esteban Salas”.

Desde Estados Unidos llegó al Teatro Martí –espléndido coliseo de estilo italiano neoclásico de 1884, y salvado de su ruina hace solamente unos 5 años por la ingente acción del Conservador de la urbe Dr. Eusebio Leal-, la New York Dance Company, bajo la dirección artística de su fundadora, coreógrafa y bailarina Catherine Turocy, con el objetivo de mostrar por vez primera en Cuba “la repercusión escénica de las danzas barrocas europeas de los siglos XVII y XVIII”, en la danza de nuestra época.
En su única presentación pública, el ensamble musical constituido por los instrumentistas del Conjunto Ar Longa y las secciones de cuerdas de la Orquesta de la Universidad de las Artes (ISA), adjunta al Lyceum Mozartiano de La Habana, estuvo dirigido de manera impecable, con precisión y rigor estilístico, por el maestro inglés Walter Reiter, con el auspicio de la Fundación Mozarteum de Salzburgo. Por su parte, Reiter ha sostenido una intensa labor, por décadas, en la enseñanza de las técnicas de ejecución de instrumentos de cuerdas implementados por Ars Longa.
La presencia en Cuba de la compañía neoyorkina de danza barroca ha contado con el patrocinio de la Mid Atlantic Arts Foundation, a través de la USA Artists International conjuntamente con el National Endowment for the Arts; de la Andrew W. Mellon Foundation y la Howard Gilman Foundation. Todo ello permitió que la maestra e investigadora Turocy, auxiliada por Sarah Edgar, Alex Silver y Ani Udovicki, desarrollara un pedagógico taller práctico “Danza y gestualidad en el Barroco, del 7 al 9 de febrero, dirigido a los bailarines de la recién creada compañía Acosta Danza, con la anuencia gratificante de su director Carlos Acosta al ofrecer los amplios salones de su bien acondicionada sede habanera (al cual invitado este cronista).

Catherine Turocy nos iluminó con sus conocimientos al respecto: la danza barroca precede al ballet, como sabemos, pero algunos movimientos son reconocibles los port de bras y los pasos. Los primeros tienden a ser más bajos con más articulación en las manos y los dedos. Para narrar o contar una historia, utilizamos un sistema gestual que proviene del arte refinado de la declamación del siglo XVIII. Los pasos de danza (si analizamos las anotaciones existentes) son realmente muy similares a los pasos de ballet, empero nuestro fraseo y significados han cambiado al cabo de siglos. Igualmente, tampoco usamos zapatillas de puntas (sino zapatos con tacones), y ninguna cargada aérea con los hombres y las mujeres. Las máscaras de los bailarines fueron una convención de aquel momento.

La breve representación efectuada en el escenario del “Martí´, a teatro lleno, con la orquesta ocupando una gran parte del espacio central y obligando a las evoluciones coreográficas en el proscenio nos permitió corroborar lo señalado por Turocy: allí estaba visible la deuda balletística al rey-bailarín Louis XIV de Francia, que dio origen a lo que sería el Ballet de L´Opéra de Paris en la actualidad. Por supuesto, el todo se ajusta y armoniza con el complicado vestuario y sus ricos tejidos, los corsets, los flejes o armazones (hoops), las pelucas y las máscaras; que constituyen parte de la danza misma y, de cierta manera,  enfatiza el arco visual del movimiento. Turocy ha estudiado, junto al equipo compuesto por Caroline Copeland y Sarah Edgar, las grafías denominadas Escritura Beauchamp-Feuillet, publicadas en 1700. Se sabe que copias de estas anotaciones de danza han sido halladas en los archivos de bibliotecas privadas o en conventos católicos en América del Norte y del Sur. Desde la fundación de esta compañía neoyorkina en 1976, la colección de trajes ha ido engrosándose y, como es notorio, se ha empeñado en guiar a varios artistas a laborar en el terreno de las danzas históricas.

Este rico patrimonio europeo nos fue ofrecido la noche del once de febrero en una dosis pequeña, pero densa en expresión cultural esencial, ya que mostraron un panorama selectivo desde los Minuets de la Water Music de Haendel hasta las Follias de Geminiani y Archangelo Corelli, pasando por las partituras de Lully, Campra, Rousseau o Purcell, bailadas según las anotaciones de la época sobre las coreografías originales de Louis Pécour y de M Joly, publicadas en el siglo XVIII.

Carnaval

El espectáculo inaugural fue bautizado por los directores de Ars Lorga como “!Carnaval!¨, de acuerdo con su concepción iconoclasta de los mestizajes culturales de nuestras regiones indoamericanas. Según expresara la maestra Paz, han querido presentarlo al público cubano teniendo en cuenta el éxito extraordinario recibido en Viena por esta producción representada el pasado enero en la Sala Principal del Wiener Kontzerthaus. Ella lo define como un espectáculo donde se recrea –transgrediendo la escena callejera de la cultura carnavalesca-, el espíritu más autóctono de dichas festividades en el contexto virreinal americano, referenciando expresiones festivas, danzarías y musicales, enraizadas en las culturas indígena, europea y africana, sustentos de los rasgos más distintivos de la cultura carnavalesca iberoamericana.

En resumen, aquí confluyen los villancicos de remedo, música del códice de Baltasar Martínez Compañón, danzas coloniales de América, toques y cantos afrocubanos, congas y comparsas tradicionales, con expresiones de la oralidad de entonces en sus lenguas autóctonas, donde figuró la danza folclórica de origen africano-cubana por medio de las intensas demostraciones del bailarín solista Reynaldo Baró y su joven percusionista practicante.

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