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	<title>Danzahoy &#187; Grand Prix de la Ville de Paris</title>
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		<title>Premios, ceremonias y jóvenes intérpretes</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Aug 2022 00:34:47 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El ensamble dirigido por Miguel Iglesias presentó en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional obras realizadas por dos reconocidos creadores de su elenco. Este espectáculo sirvió de marco artístico para la entrega del Premio Nacional de Danza 2022 a Eduardo Arrocha Fernández.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_15041" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://www.danzahoy.com/home/wp-content/uploads/2022/08/COIL_Foto-Adolfo-Izquierdo_2022_148-1.jpg"><img class="size-large wp-image-15041" alt="DCC presentó “Coil”, de Julio César Iglesias, una coreografía coral mixta, con intervenciones de gran virtuosismo atlético. Foto: Adolfo Izquierdo. Gentileza DCC." src="http://www.danzahoy.com/home/wp-content/uploads/2022/08/COIL_Foto-Adolfo-Izquierdo_2022_148-1-600x397.jpg" width="600" height="397" /></a><p class="wp-caption-text">DCC presentó “Coil”, de Julio César Iglesias, una coreografía coral mixta, con intervenciones de gran virtuosismo atlético. Foto: Adolfo Izquierdo. Gentileza DCC.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Con el patrocinio del Ministerio cubano de Cultura, el buque insignia de la danza contemporánea en la mayor de las Antillas, Danza Contemporánea de Cuba (DCC), tuvo la responsabilidad de producir un rotundo espectáculo con dos de sus obras más recientes. Siempre bajo la dirección general de Miguel Iglesias, ambas piezas realizadas<b> </b>por reconocidos creadores de su elenco se presentaron en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional para servir de artístico oropel a la entrega del Premio Nacional de Danza 2022. Esta distinción fue para el estelar diseñador teatral Eduardo Arrocha Fernández (1940), quien ostenta otros dos reconocimientos de igual envergadura, de Teatro 2007 y de Diseño 2013.</p>
<p style="text-align: justify;">La dirección artística de la agrupación tuvo de hacer un “arqueo” entre las huestes en activo, en busca de los bailarines que quedaron indemnes de algún ataque viral, en un momento en el que muchas agrupaciones han quedado diezmadas por la segunda amenaza perniciosa que afecta a más de un conjunto. A eso se suma el éxodo de jóvenes talentos (algunos ya no tan bisoños) en busca de otros prósperos horizontes.</p>
<p style="text-align: justify;">Ante este panorama, la compañía optó por presentar “Coil”, con coreografía de Julio César Iglesias Ungo, (residente en el extranjero), reconstruida al detalle por el bailarín Yoerlis Brunet. En la segunda parte, una pieza de George Céspedes, “La tribulación de Anaximandro”, estrenada en 2019 por su grupo Los hijos del director. Y en esta ocasión tuvo su ingreso en DCC merced a la reposición por Brunet y Aymara Vila.</p>
<p style="text-align: justify;">Otra pertinente decisión ministerial y del Consejo de las Artes Escénicas (CNAE) fue la de utilizar la obligada pausa entre los títulos mencionados para realizar la ceremonia oficial de entrega del Premio Nacional de Danza. Desde 1961, el maestro Arrocha Fernández ha desarrollado una destacada carrera por más de 50 años, en la hoy Danza Contemporánea de Cuba, donde se inició como jefe de escena. Su trabajo abarcó los ámbitos del cine, la televisión, el cabaret y los “musicales” (revistas musicales).</p>
<p style="text-align: justify;">Un jurado de prestigiosas figuras, entre ellas la también Premio Nacional Laura Alonso, reunido el 29 de abril, Día Internacional de la Danza, después de evaluar las 23 propuestas recibidas de 53 instituciones y personalidades de la cultura cubana decidió nominar a cinco notables creadores. “Amparándose en la trayectoria, méritos y creaciones distintivas para la danza cubana”, el jurado aprobó por unanimidad conceder el Premio de 2022 a Eduardo Arrocha Fernández.</p>
<p style="text-align: justify;">Previamente, Arrocha ha sido distinguido con el Grand Prix de la Ville de París por “Giselle” del Ballet Nacional de Cuba, en el IV Festival International de la Danse del Teatro de los Campos Elíseos, como obra integral; las medallas Alejo Carpentier y la Orden Félix Varela, la máxima condecoración del Consejo de Estado de Cuba. En 2019, publicó su libro “Palabra a los Diseñadores”. El discurso de elogio al galardonado correspondió esta noche a la teatróloga y profesora de la Universidad de las Artes, Marilyn Garbey.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Espectáculo de DCC</strong></p>
<div id="attachment_15042" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://www.danzahoy.com/home/wp-content/uploads/2022/08/COIL_Foto-Adolfo-Izquierdo_2022_140.jpg"><img class="size-large wp-image-15042" alt="La segunda parte del espectáculo le correspondió a la integral de la obra de George Céspedes, “La tribulación de Anaximandro”. Foto: Adolfo Izquierdo. Gentileza DCC." src="http://www.danzahoy.com/home/wp-content/uploads/2022/08/COIL_Foto-Adolfo-Izquierdo_2022_140-600x455.jpg" width="600" height="455" /></a><p class="wp-caption-text">La segunda parte del espectáculo le correspondió a la integral de la obra de George Céspedes, “La tribulación de Anaximandro”. Foto: Adolfo Izquierdo. Gentileza DCC.</p></div>
<p style="text-align: justify;">El programa comenzó con “Coil” (término anglófono que identifica al símbolo de infinito), de Julio César Iglesias, una coreografía coral mixta, con algunas intervenciones de gran virtuosismo atlético por algunos de los miembros masculinos del reparto, como es de destacar el solo de Idian Yosnier, en la impactante escena poética final.</p>
<p style="text-align: justify;">El asistente del coreógrafo, en este caso Yoerlis Brunet y su ensayadora Xenia Cruz Monzón, trabajaron a brazo partido con los bailarines de reciente ingreso en el conjunto, egresados de la Escuela Nacional de danza, como proyecto estimulante de inserción y así evitar, en lo posible, sensibles deserciones. La mayoría de los catorce integrantes no conocía esta producción de Iglesias Ungo. Las evoluciones y contaminaciones de la llamada “street dance” o los delirios giratorios de los derviches turcos son realizados con apasionada entrega; los desplazamientos se realizan como reflejos de un conglomerado social distópico, donde aparecen pinceladas de escenas de “bullying” entre sexos.</p>
<p style="text-align: justify;">El vestuario monocromático en tela cruda blanca –pantalones y blazer para torsos desnudos en los chicos y blusas para ellas-, produce efector ópticos de liquidez y reflujos según los diseños de luces creados por Fernando Alonso para la producción actual. Otro diseño fue realizado para el escenario de la sala García Lorca en ocasión de su estreno. La banda magnetofónica, por su variedad sonora inclusiva merece una mención particular: con intervenciones dramáticas sinegéticas como la de Nina Simone, provocadoras desconcertantes en el espectador.</p>
<p style="text-align: justify;">La segunda parte del espectáculo le correspondió a la integral de la obra de George Céspedes, también de 35 minutos de duración, “La tribulación de Anaximandro” con un subtitulado: Hombre, Arché, Ápeiron, para orientar al espectador ignaro con ciertas pistas de las teorías filosóficas griegas del inventor del reloj de sol y de los mapas cósmicos de la Grecia A.C. Esta coreografía está estructurada y desarrollada matemáticamente siempre atenida a un canon arbitrario: marchas y artes marciales se imbrican con movimientos coloidales ejecutados por bailarines-partículas del cosmos. Un texto que se atribuye al propio Anaximandro nos dice: “El principio (Arché) de todas las cosas es lo indeterminado (ápeiron)- Ahora bien, allí donde hay generación para las cosas allí también se produce la destrucción. La injusticia se presenta según el orden del tiempo. Todo lo que sale del ápeiron: la individualidad, es considerado por otras religiones como pecado. …El mundo como un proceso lleno de injusticia: lo que el sol le roba a la luna, la luna se lo roba al sol”.</p>
<p style="text-align: justify;">Céspedes demuestra su pericia para ejecutar movimientos corales mixtos apoyado con músicas marciales y tímbricas creadas para esta obra por Alexis de la O, que provoca alusiones a una lucha de géneros, una búsqueda por el poder de unos y el dominio del otro. El diseño de luces fue concebido por un equipo de jóvenes con intervención del propio Céspedes (también en los diseños unisex del vestuario) que incitan al público a disfrutar de momentos inesperados ejecutados por los bailarines con los port des bras hacia arriba como una imagen poética de seres humanos que reclaman libertad y paz. La ovación en pie del nutrido auditorio estalló como un resorte.</p>
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		<title>La última diva dice “Adiós”</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Nov 2019 01:44:02 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Los cubanos despidieron un emblema de la danza con lágrimas y ovaciones. Predominaron sus rosas favoritas al pie de la importante escalinata de mármol del gran vestíbulo de la Sala Federico García Lorca del Gran Teatro de La Habana, que hace pocos años fue bautizado con su nombre
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				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_13806" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://www.danzahoy.com/home/wp-content/uploads/2019/11/funerales-AA.jpg"><img class="size-large wp-image-13806" alt="Viengsay Valdés y los bailarines del Ballet Nacional de Cuba acompañan a líder y mentora considerada una de las grandes bailarinas del siglo XX. Foto gentileza BNC. " src="http://www.danzahoy.com/home/wp-content/uploads/2019/11/funerales-AA-600x400.jpg" width="600" height="400" /></a><p class="wp-caption-text">Viengsay Valdés y los bailarines del Ballet Nacional de Cuba acompañan a líder y mentora considerada una de las grandes bailarinas del siglo XX. Foto gentileza BNC.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Con honras fúnebres nacionales y manifestación popular de duelo en las principales arterias de La Habana, los cubanos dieron el último adiós, con lágrimas y vivas a su admirada, inconmensurable e irrepetible prima ballerina assoluta, Alicia Alonso (née, Alicia de la Caridad Martínez del Hoyo -21 de diciembre de 1920-19 de octubre de 2019), considerada como la última diva de la danza del siglo XX.</p>
<p style="text-align: justify;">Una extraordinaria capilla ardiente, presidida por la enseña en nacional, fue instalada en medio de hermosas y espléndidas decoraciones florales con predominio de sus rosas favoritas, al pie de la importante escalinata de mármol del gran vestíbulo de la Sala Federico García Lorca del Gran Teatro de La Habana, que hace pocos años fue bautizado pertinentemente “Alicia Alonso”. Allí estaba la diosa de la danza “dormida” en su magnífico ataúd plateado, ataviada con un soberbio vestido y bandeau de su color favorito, el azul del cielo de su amantísima patria. (Viene a colación, un apotegma que utilizó en varias entrevistas: “el arte no tiene patria pero el artista sí”).</p>
<p style="text-align: justify;">Con emoción visible -durante ocho horas-, un desfile de admiradores y personalidades formaron largas filas en las calles aledañas al coliseo habanero para ingresar al recinto y ofrecerle su silencioso tributo con flores y un beso al vuelo. Apreciamos entonces la diversidad e inclusión de estos, desde diplomáticos, miembros del clero secular, militares, amas de casa con sus niños, funcionarios, obreros, ancianos hasta con discapacidades motoras, y esa diversidad que tiene nuestro pueblo. Seguramente algunos no vieron bailar a la Alonso, mas era su icono o paradigma nacional.</p>
<p style="text-align: justify;">La salida del cortejo fúnebre estaba fijada a las cuatro de la tarde, para dirigirse al Cementerio Colón donde sus restos mortales reposarían finalmente en humilde panteón de granito, junto a los restos de sus progenitores. Seis elegantes jóvenes solistas del BNC tuvieron el privilegio de llevarla en andas con sutil marcialidad hasta las grandes puertas principales del imponente coliseo del antiguo Paseo del Prado, arropados con la música de Adam correspondiente a la escena final de su antológica versión de “Giselle”. Momento indescriptible cuando la multitud que esperaba en las aceras del parque Central estalló al unísono con aplausos y ovaciones de viva Giselle-Alicia. Luego, conmovedoras escenas se repitieron a lo largo de los varios kilómetros del trayecto de los coches fúnebres, previamente elegido para llegar hasta su última morada.</p>
<p style="text-align: justify;">Otra multitud de pueblo esperaba su arribo en el principal campo santo habanero; rompiendo a su entrada el ominoso silencio reinante con aplausos y vivas -esta vez no hubo ingreso en la Capilla central para efectuar el acostumbrado responso en el rito católico, siempre que los familiares lo soliciten previamente-, hasta llegar a la tumba familiar. La ceremonia dio inicio con las notas del Himno Nacional, cantada por todos los presentes, acto seguido la brillante facundia oratoria del Dr. Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad de La Habana, nos embargó en la tristeza pero nos despertó la contradictoria sensación que produce la despedida de los que alcanzan por sus méritos la inmortalidad: la diva con su gloriosa y triunfal trayectoria artística entre los vivos, “ahora ya marcha hacia el olimpo” dijo Leal. Presentes estaban su esposo, el Dr. Pedro Simón, director del Museo nacional de la Danza, su nieto Iván Monreal, bailarín y profesor de ballet y una de las hijas de éste, así como el actual Ministro cubano de cultura.</p>
<p style="text-align: justify;">No debo olvidar un bien pensado detalle previsto para estas Honras Fúnebres, al tratarse de la despedida física de una excelsa bailarina: la presencia constante -en el velatorio- de la música a través de la Orquesta sinfónica del GTHAA, con su director titular Giovanni Duarte, y el apoyo exquisito de algunos de los primeros solistas del Teatro Lírico Nacional, nos entregaron escogidos temas de las óperas favoritas de la Alonso, así como archiconocidos fragmentos de los grandes ballets clásicos que siempre llevarán la indeleble impronta de cubanía de esta excepcional intérprete.<br />
<b></b></p>
<p style="text-align: justify;"><b>Mito y leyenda </b></p>
<p style="text-align: justify;">Toda esta conmoción cultural acontecida en el archipiélago cubano, con la desaparición física de una personalidad de la luz, que no deja de irradiar como ha sido Alicia Alonso, ha sido bien sustentada por el aluvión justificado de obituarios y artículos en los medios de comunicación del orbe, tanto los especializados como la gran prensa y las agencias informativas globales. Pudiera objetarse el tono apostrófico y reiterativo, y hasta pifias históricas, de algunos de éstos, con tópicos trillados al intentar desentrañar la magnitud de este “fenómeno” que emergió y se desarrolló en una pequeña isla del Caribe, por los años 20 de la pasada centuria, hasta convertirse -tras un largo recorrido de 98 años-, en la última diva de la danza del siglo XX (cubana y universal).</p>
<p style="text-align: justify;">Fue el resultado del consiguiente y consecuente rigor y disciplina del trabajo cotidiano en los salones de clases y ensayos, al recibir los legados técnico-estilísticos de los entonces grandes maestros del género, tales como Michel Fokine, Anton Dolin, Antony Tudor, George Balanchine, por  solo mencionar los más próximos, además los iniciáticos como Yavorsky o Fedorova. De ellos aprendió cómo interpretar los diferentes estilos; cómo administrar adecuadamente las energías; cómo oxigenar óptimamente el cuerpo y los músculos con métodos probados de manera empírica; la atención precisa para respetar la musicalidad según los tempos de una masa orquestal bien dirigida. Todo ello fue transmitido por la Alonso a las generaciones sucesivas de bailarinas y bailarines, con la contribución fundamental de los hermanos Fernando y Alberto Alonso, dando por creación conjunta el “milagro” de una nueva escuela de danza clásica en este lado de la luna: la Escuela Cubana de Ballet. Logros probatorios de su eficacia formativa fueron certificados con la lluvia de medallas de oro, plata o bronce ganadas en buena lid por los danzantes cubanos en los más importantes concursos de ballet de Europa o Estados Unidos. La cumbre de su reconocimiento mundial ocurrió con el otorgamiento del Grand Prix de la Ville de Paris a Alicia Alonso por su interpretación y puesta en escena integral del ballet “Giselle”. El Ballet de la Ópera de París incluyó en su repertorio la versión cubana de esta icónica pieza -que tuvo su premier mundial en 1841 por Carlota Grisi y el corps de ballet del teatro principal de la Ciudad Luz-, que la mantuvo en cartel durante una década.</p>
<p style="text-align: justify;">Recordemos, por supuesto, los avatares personales para conducir y desarrollar su carrera en los Estados Unidos junto con Fernando Alonso en la School of American Ballet y luego su paso al cuerpo de baile del Ballet Theatre, con Lucia Chase al frente; el nacimiento prematuro de su hija Laura y, cuando comenzaba su ascenso a los primeros rangos del que luego fue ABT, sucede el lamentable accidente ocular del desprendimiento de retina en su período veinteañero. Recuperada, tras un reposo absoluto de poco más de un año, Alicia Markova enferma la eligió como la única solista capaz de remplazarla en “Giselle” junto a su primer partenaire:  Anton Dolin.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue su primer gran triunfo en la escena del viejo Metropolitan Opera House , si tenemos en cuenta los elogios de los más importantes críticos de danza de aquel momento. Sobresaliente fue su memoria, como es reconocido públicamente por sus colegas estelares en el conjunto neoyorquino: era posible que Alonso bailara hasta tres diferentes obras coreográficas en un mismo programa para cada función según comentara su entonces colega Agnés de Mille.</p>
<p style="text-align: justify;">La ceguera progresiva nunca la arredró ante la ejecución de nuevas obras o experimentar con nuevos compañeros de baile y coreógrafos. Siempre se las arregló para solucionar los posibles obstáculos en un nuevo baile o escenario. Cuando se aproximaba a la ceguera casi total, jamás aceptó se cambiara una producción o puesta en escena para evitarle un posible accidente en público: ella se reajustaba con nuevos movimientos, giros o saltos con ayuda de su compañero de baile al uso. Para los montajes de sus coreografías concibió un ingenioso sistema a base de cerillos y sus cajitas de cartón, y sus diseños eran asumidos por los respectivos asistentes.</p>
<p style="text-align: justify;">Más allá de detalles acumulados a través de varias décadas, deseo plasmar su espíritu arriesgado para incursionar en otras manifestaciones ajenas a la danza clásica, era  un afán de conocimientos sin límites, que muchas veces incorporaba a su labor creativa: por ejemplo, participar en expediciones espeleológicas, tratar de conocer los avances en los viajes al cosmos; los éxitos olímpicos de los atletas cubanos; las búsquedas creativas por los más destacados artistas de las artes visuales del país, entre otras<br />
Además de sus incursiones en temas insospechados por el público balletómano: su amor a los animales domésticos particularmente los perros ( su padre fue médico en veterinaria, particularmente de la rama equina militar).<br />
<b></b></p>
<p style="text-align: justify;"><b>Alicia Alonso, según sus discípulos</b></p>
<p style="text-align: justify;">Durante las penosas horas del adiós, tres destacadas figuras del ballet cubano confiesan su fidelidad y reconocimiento a la gran maestra. Viengsay Valdés, hace unos meses nombrada subdirectora artística y a la aurora de tomar las riendas de la compañía, nos desvela con franqueza sus sentimientos: “Hoy siento el deber y el compromiso aun más fuerte con su legado artístico. Sus consejos tan acertados en cada momento… Los que conocimos su obra y su pensamiento, nos sentimos en el deber de transmitirlo para que se mantenga vivo su ideario… La constancia, la exigencia, la calidad interpretativa y técnica, la pasión por la danza –contagiosa- y la determinación de Alicia, son cualidades que pocas personas reúnen… Todavía con 74 años su agilidad del movimiento de sus pies era asombrosa, cuando la vi haciendo sola la barra y un pianista tocando algunas melodías”.</p>
<p style="text-align: justify;">Por su parte, la primera bailarina Anette Delgado comentó: “…Es difícil decirle adiós a esta gran mujer que junto a Fernando y Alberto Alonso crearon algo tan grande como la Escuela cubana de ballet, que gracias a su empeño por llevar la danza a todos los rincones de esta Isla me permitió llegar a ser la artista que soy hoy en día… Doy gracias a la vida por permitirme y permitirle a tantas generaciones de bailarines llegar a estar a su lado, escucharla, aprender y adquirir sus conocimientos, entender la razón del por qué y para qué danzamos…seguirá siendo nuestro faro… su lucha incansable y su perseverancia ante cualquier  dificultad, su afán por poner en lo más alto el nombre del BNC y la danza a nivel mundial”, concluyó.</p>
<p style="text-align: justify;">El reconocido bailarín Carlos Acosta, estaba con su compañía Acosta Danza en gira por Asia cuando recibió la infausta noticia, y envió este mensaje, del cual damos a conocer algunas líneas.</p>
<p style="text-align: justify;">“No puedo dejar de pensar en todo lo que le debemos, en el extraordinario legado que Alicia nos ha dejado. Siendo hija de una pequeña isla del Caribe, Alonso se impuso a todas las barreras de los que decían que el ballet era un arte de países desarrollados, que el físico y el temperamento latino no se ajustaba a los requisitos de la danza clásica. Todos estos prejuicios fueron demolidos cuando Alicia Alonso entró en escena.</p>
<p style="text-align: justify;">…Tuve la dicha de bailar con ella. En otro momento tuve el privilegio de que me tomara ensayos en “El espectro de la rosa”, de Michel Fokine. Fue una experiencia inolvidable… Ese día quedé deslumbrado por sus conocimientos y su memoria (como lo estuvo Agnes de Mille), y por el recuerdo de esas historias lejanas que al ella contarlas se hacían tan cercanas… Junto a los artistas de Cuba seguiré trabajando para que nuestro país siga creciendo. Creo que esa es la mejor manera de honrar su nombre”, sentenció Acosta al finalizar su mensaje.</p>
<p style="text-align: justify;">Nunca será ocioso retornar al magisterio martiano, para ello lo cito: “la muerte no es verdad cuando bien se ha cumplido la obra de la vida”.</p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>Pasaron 40 años</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Jun 2018 15:18:55 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La troupe dirigida por Alicia Alonso cerró el ciclo “Artes de Cuba” en el Kennedy Center con “Giselle”, desde el 31 de mayo al 3 de junio. En esa fecha se conmemoraron los 40 años de la última presentación de la gran diva de la danza en este rol que la llevó a la fama en el mundo entero.

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				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_12816" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://www.danzahoy.com/home/wp-content/uploads/2018/06/BNC-Giselle-Viengsay-N.Reyes-3-3-18-268.jpg"><img class="size-large wp-image-12816" alt="El Ballet Nacional de Cuba presentó “Giselle” en la Opera House del Kennedy Center durante el ciclo “Artes de Cuba”. Foto: Nancy Reyes. Gentileza JFKC. " src="http://www.danzahoy.com/home/wp-content/uploads/2018/06/BNC-Giselle-Viengsay-N.Reyes-3-3-18-268-600x400.jpg" width="600" height="400" /></a><p class="wp-caption-text">El Ballet Nacional de Cuba presentó “Giselle” en la Opera House del Kennedy Center durante el ciclo “Artes de Cuba”. Foto: Nancy Reyes. Gentileza JFKC.</p></div>
<p>Constituye un reto para este cronista, en tanto que único crítico de danza llegado de la isla y testigo presencial de este histórico acontecimiento artístico para las dos naciones involucradas – Cuba y Estados Unidos de América-, el expresar con justas palabras desprovistas de todo chauvinismo, o apasionamientos nacionalistas a ultranza, las mágicas noches desplegadas por el Ballet Nacional de Cuba (BNC) en la Opera House, el principal escenario del Kennedy Center for the Performing Arts, al borde del río Potomac en la capital de los Estados Unidos.</p>
<p>Estas presentaciones coincidieron con una efeméride significativa no solo para los cubanos sino para el mundo de la danza en general: se cumplían, en esa fecha (30 de mayo), los 40 años desde la última vez que el BNC bailó en el Kennedy Center con Alicia Alonso en su paradigmático rol de Giselle. Además, entre otras razones de peso, esta leyenda viva y gloria de la danza (su carrera llegó a la cima en los Estados Unidos durante los 40s y 50s de la pasada centuria), actualmente directora general de la compañía y prima ballerina assoluta, estaba presente con toda la augusta vitalidad de sus 97 primaveras.</p>
<p>Pude valorar las entregas diversas y notables (todas ovacionadas en pie) de los cuatro elencos seleccionados por la dirección artística del BNC, con el objetivo sincero de deslumbrar con su virtuosismo técnico a las exigentes audiencias cosmopolitas que concurrieron a esta importante institución, del 28 de mayo al 3 de junio.<br />
El público celebró con espontaneidad y a veces exaltaciones extemporáneas, los múltiples giros; las cargadas desafiantes; los saltos con un “ballon” notable; los arabesques penchées sostenidos; así como los balances “en pointe”; los chenées  en las diagonales de vértigo; los tours o promenades á la seconde, entre otros. Paralelamente, se desarrollaba la pantamomima con claridad interpretativa, que en ciertos momentos, con pinceladas de humor, provocaron discretas risas, por ejemplo, en la escena del acto I cuando Giselle y el duque deshojan la margarita; o cuando éste se disfraza de aldeano y olvida la suntuosa espada en su cintura.</p>
<p>El argumento fue concebido por Théophile Gautier, inspirado por una popular leyenda alemana contada por Heinrich Heine. La reconstrucción coreográfica, realizada inteligentemente por la propia Alicia Alonso, fue realizada a partir de la original de Jean Coralli y Jules Perrot (según la versión estrenada en 1841 por el Ballet de L´Opéra de Paris), con el soporte musical de la música compuesta por Adolphe Adam. Sin duda, mediante el paso de la coreografía a otras compañías, ésta se enriqueció o contaminó con aportes de sus repositores, como los del eminente maestro Marius Petipa durante su preeminencia en los ballets de la Rusia zarista.</p>
<div id="attachment_12817" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://www.danzahoy.com/home/wp-content/uploads/2018/06/BNC-Giselle-Viengsay-N.Reyes-3-3-18-360.jpg"><img class="size-large wp-image-12817" alt="Tres principales alternaron el rol titular, Viengsay Valdés con Patricio Revé (foto), Sadaise Arencibia y Grettel Morejón. Foto: Nancy Reyes. Gentileza JFKC." src="http://www.danzahoy.com/home/wp-content/uploads/2018/06/BNC-Giselle-Viengsay-N.Reyes-3-3-18-360-600x400.jpg" width="600" height="400" /></a><p class="wp-caption-text">Tres principales alternaron el rol titular, Viengsay Valdés con Patricio Revé (foto), Sadaise Arencibia y Grettel Morejón. Foto: Nancy Reyes. Gentileza JFKC.</p></div>
<p><b>La historia</b><br />
En esencia, aquí se relata la historia de una chica campesina asediada o cortejada por dos pretendientes: uno de ellos es el Duque de Silesia disfrazado como un aldeano y el otro es Hilarión, el guardabosque. La bella Giselle escapa de su hogar en la temporada de la vendimia para divertirse con sus amigos y el pretendiente favorito: el disfrazado duque. Pero su madre, Bertha, está preocupada por la frágil salud, y, eventualmente la reingresa en su casa, al estar temeros que su hija se sobrepase y pueda transformarse en una willi, atormentadas almas de jóvenes doncellas que murieron antes de sus bodas. Desafortunadamente, cuando Giselle es coronada reina de la vendimia, la rivalidad entre el duque y el guardabosque se acalora, irrumpe en la aldea el séquito de una cacería real en busca de refrescos y reposo, entonces el duque es descubierto como miembro de la realeza por Hilarión, y Giselle pierde su mente porque descubre que el duque está comprometido con otra de su clase y muere.</p>
<p>En el acto II, la acción tiene lugar ante la tumba de Giselle instalada en un claro del bosque. Hilarión está sollozando sobre la tumba, mientras que algunos otros aldeanos tratan de alejarlo y de quitarle de su mente la pena. Entonces aparecen extrañas luces (como fuegos fatuos): las wilis así anuncian su llegada y los lugareños salen en estampida. Cuando Giselle emerge, Myrtha, la reina de las wilis, celebra su iniciación en la cofradía y le ordena bailar con el duque hasta que muera. Entre tanto, las wilis apresaron a Hilarión. Pero su amor por el duque ha sobrevivido a su muerte, y trata de salvarlo. La aurora anuncia su llegada, el duque es salvado, las wilis se disipan con la luz del día y Albrecht se lanza sobre la tumba penando por siempre.</p>
<p>Sin duda, el cuerpo de baile femenino reiteró su profesionalismo y disciplina en sendos actos, pero demostró ser incomparable, referencial, en sus elegantes “maniobras” del espectral segundo acto: impecables en el tránsito de las wilis en posición de arabesque -desde coté cour a coté jardín -; las dos diagonales con una asombrosa precisión y sincronía en sus port des bras y los port des tetes, que incitaron cerrados aplausos -por  sólo mencionar lo más relevante.</p>
<p><b>Los protagonistas<br />
</b></p>
<div id="attachment_12818" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://www.danzahoy.com/home/wp-content/uploads/2018/06/GISELLE-Sadaise-Arencoibia-y-Raúl-Abreu-002-Foto-Nancy-Rreyes-e1528989087432.jpg"><img class="size-large wp-image-12818" alt="Sadaise Arencibia y Raúl Abreu interpretaron los roles principales en la primera función de “Giselle”, el 31 de mayo en el Opera House. Foto: Nancy Reyes. Gentileza JFKC. " src="http://www.danzahoy.com/home/wp-content/uploads/2018/06/GISELLE-Sadaise-Arencoibia-y-Raúl-Abreu-002-Foto-Nancy-Rreyes-600x399.jpg" width="600" height="399" /></a><p class="wp-caption-text">Sadaise Arencibia y Raúl Abreu interpretaron los roles principales en la primera función de “Giselle”, el 31 de mayo en el Opera House. Foto: Nancy Reyes. Gentileza JFKC.</p></div>
<p>Tres principales alternaron el rol titular, dos consagradas como Viengsay Valdés (electrizante por su fiabilidad en la ejecución y la pasión de su proyección escénica) y Sadaise Arencibia (un despliegue de lirismo y elegancia en la línea); además Grettel Morejón (juvenil debutante refinada y con una fresca y personal entrega). Cada una mostró sus distintivas personalidades al regalarnos a la aldeana traicionada en todos sus matices, en sus tesituras acordes con las demandas dramatúrgicas del rol: incluso en la figura espectral de la wili danzante hasta la muerte. Aquí, cada una exhibió su pericia en las difíciles batteries, o en los soubresauts italiano, o en los ligados petits battements.</p>
<p>El BNC demostró, en esta ocasión, que posee una infantería masculina de altos quilates, si bien interpretativamente algunos se revelan bisoños (con la madurez y el aprendizaje en este aspecto lograrán nuevos desarrollos). Notables  estuvieron los alternantes en el papel de Albrecht. Dani Hernández (el único “étoile” del BNC hasta hoy), con su porte de “danseur noble” y de hermosas piernas y trabajados empeines; los bailarines principales Raúl Abreu y Patricio Revé (talentos evidentes en ciernes, a un paso de la nominación como “principals”). Dos excelentes bailarines  “démi´charactére” alternaron en el desempeño del importante personaje de Hilarión, fue el caso de Ernesto Díaz, con confirmada veteranía, y el joven debutante Ariel Martínez, ambos revelaron sus cualidades histriónicas  y el atletismo propio de un guardabosques.<br />
Destacaremos el notable rigor en la entrega de las variaciones virtuosas de Ginett Moncho (intimidante reina de las wilis con elevados grands jetés y puntas portentosas), o la dupla alternante formada por las wilis Moyna y Zilma, en la piel de las juveniles Chavela Riera, Ivis Díaz o Ely Regina y Bárbara Fabelo (deslumbrantes en los renversés o los assemblés respectivos).</p>
<p>En esta versión, Alonso ha remplazado el tradicional pas de paysain por un festivo y brillante “pas de huit”,  donde destacan los solistas por su técnica, justeza y musicalidad;  en tanto los personajes de composición adquieren una relevancia no otorgada por otras versiones, ora Bathilde, la prometida del duque  o Berthe, la madre de Giselle.<br />
Reconozcamos, antes de concluir, que si bien algunos “props” y “costumes” del primero se muestran fatigados, susceptibles de renovación, ya sea en sus colores y sus figurines; el resto de la producción mantiene las adecuadas condiciones escénicas. En cuanto al segundo acto, la maestría de su factura sigue mereciendo el Grand Prix de la Ville de Paris, recibido hace varios lustros en el Festival de danza del Teatro de los Campos Elíseos.</p>
<p>No será ocioso apuntar la excelente entrega musical de The Kennedy Center Opera House Orchestra, esta vez bajo la batuta del maestro cubano Giovanni Duarte, el cual se benefició con las estupendas ejecuciones de la sección viento-metal y de la arpista solista Susan Robinson. Cada uno de los elementos que integraron estas funciones de “Giselle” colaboraron para que las imágenes de estos bailarines queden en la memoria para siempre.</p>
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