El valor del cuerpo
Todos somos prisioneros
Por Ana Cristina Sánchez Sierra (Colombia)
Docente y bailarina

El papel que juega el cuerpo humano en el proceso de formación y la responsabilidad de artistas y pedagogos a la hora de enseñar. Elementos que permiten que el estudiante esté comprometido en forma integral.

En todos los momentos de la historia y en todas las comunidades humanas, se han creado normas que de alguna manera limitan o reducen el cuerpo a una serie de códigos aceptados socialmente, fuera de los cuales aquellas acciones o interacciones corporales que no están comprendidas en dichos códigos se convierten en algo por desaprobar.

Es difícil establecer por falta de datos históricos reales el valor del cuerpo en las sociedades primitivas, sin embargo podemos señalar lo siguiente: fundamentalmente el cuerpo se asumía como un medio de comunicación con los otros hombres y con los dioses, se transmitían mensajes con los gestos, ya que la palabra tardó siglos en aparecer. Sobre esto podemos recalcar entonces que el cuerpo es “un vehículo de significación de mundo”.

Vale la pena revisar el valor del cuerpo en la sociedad griega porque de algún modo nuestra valoración actual de occidentales empieza allí; para los griegos, el cuerpo era la herramienta fundamental para develar el universo.

Todo hombre era educado en una cultura del cuerpo, junto a las más trascendentales materias del conocimiento tales como la matemática, la retórica, la música, la astronomía y la ética; el paradigma de un hombre pleno, integro era definitivamente un cuerpo sano, un cuerpo bello. El griego asume su cuerpo como un eje de la naturaleza dotado de múltiples capacidades; la vista, el oído, el gusto, el olfato, el tacto, el pensamiento y la imaginación son facultades corporales que nos permiten descubrir el misterio del cosmos.

Pero desafortunadamente es también en Grecia donde se da la ruptura ya que según con nuevos argumentos se dice que el cuerpo por su carácter mutable, estados de ánimo, enfermedades, cambios hormonales e incluso la muerte, no permite un conocimiento verdadero.

Después de los griegos

De allí en adelante se levanta entonces una serie de normas que pretenden señalar qué es lo correcto a nivel de las acciones corporales, pero lo que está en el fondo es que el cuerpo ha pasado de ser una herramienta de investigación del mundo a una simple herramienta de comportamiento social. Dicho de otra manera, el cuerpo perdió su condición como medio de conocimiento, como fuente de información emocional y vivencial, para convertirse en prisionero de una cultura de consumo.

Como artistas pedagogos debemos plantearnos que existe un terreno común, un patrimonio de todos los hombres, una unidad de expresión, algo tangible, cualificable, que absurdamente ha sido ignorada por muchos años, no es otra cosa que “el cuerpo”. El conocimiento de la dimensión corporal ha sido tan limitado que produce seres incompletos, incapaces de percibir su propio cuerpo como instrumento primordial para interactuar con el mundo.

Al privilegiarse el desarrollo intelectual sobre el desarrollo corporal, sin entender la necesidad de encontrar un equilibrio entre estas dos dimensiones, se desperdicia la posibilidad de formar niños, jóvenes, ciudadanos integrales que se permitan sentir, pensar y de expresarse con todo su cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. El joven en formación debe recibir herramientas no solo de conocimiento intelectual y de destrezas físicas sino que además le ayuden a interpretar y a construir saberes desde su individualidad y su conciencia social que le permitan interactuar con la sociedad y recrear su noción de mundo.

Es preciso generar una reflexión en torno de cuál es el papel que debe jugar el cuerpo humano en el proceso de formación y cuál es nuestra responsabilidad como artistas pedagogos a la hora de enseñar una técnica corporal en la que el estudiante está comprometido física, emocional e intelectualmente.

Este es el punto de partida para recordar cuál es el compromiso con nuestra vocación de artistas y de educadores en medio de una realidad en la que el arte y la cultura pasan a un segundo plano convirtiéndose en elemento decorativo del quehacer humano, cuando es claro que para muchas instituciones educativas oficiales y privadas antes que apoyar un programa artístico y alentar su crecimiento y continuidad, poco a poco lo van echando en el saco del olvido, donde reposan tantos esfuerzos, acciones y proyectos.

El hombre no solo se alimenta de conceptos y tradiciones, sino que las recrea, las mantiene vivas, es decir en movimiento, el cuerpo lejos de ser una simple forma, una imagen, se mantiene vigente, es la medida de las cosas, es nuestro vínculo directo con el mundo.

 
 

Después de los griegos, el cuerpo deja de ser una herramienta de investigación del mundo para convertirse en una simple herramienta de comportamiento social.
Foto gentileza de Ana Cristina Sánchez Sierra.

 
 
 
       
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