Tchaikovsky Perm Ballet
El lago de Makarova
Por Maritza Gueler (USA

 
 
Natalia Makarova puso un toque diferente y atractivo a “El lago de los cisnes”, interpretado por el Tchaikovsky Perm Ballet.
Fotos gentileza Cal Performances
 
 
 

La compañía de Perm llegó a CalPerformances con la versión de Makarova de “El lago de los cisnes”. La puesta permitió tomar contacto con una nueva mirada de esta obra con un toque diferente y atractivo.

Natalia Makarova, una de las más importantes y extraordinarias bailarinas que dio el Kirov en el siglo XX, se ha propuesto la misión de rescatar a los grandes clásicos del ballet a través de sus propias versiones, siempre basadas en las puestas originales. Si primera puesta fue en 1980 con “La Bayadera” para el American Ballet Theatre (ABT), luego “Giselle” para el Royal Swedish Ballet, posteriomente, “Paquita”, también para el ABT, “La bella durmiente” para el Royal Ballet de Londres, y finalmente, “El lago de los cisnes”, para el Ballet del teatro Municipal de Río de Janeiro durante el London Festival Ballet. El 2005, Makarova montó esa misma versión de “El lago…” para el Tchaikovsky Perm Ballet, una de las más reconocidas compañías rusas que a mediados de 1920 se confirmó como ballet. Y abrió su primera temporada de ballet en 1926 con la puesta de “Giselle”.

La ciudad, sede de la compañía, situada cerca de los montes Urales, tiene su propia historia dentro del mundo del ballet. Fue el lugar donde nació Sergei Diaghilev, y también la ciudad en donde el Kirov Ballet se refugió durante el sitio de Leningrado cuando se produjo la invasión nazi a Rusia en la Segunda Guerra Mundial. Desde hace más de 10 años, también es la sede del concurso Arabesque. La compañía de Perm llegó al escenario de CalPerformances con la versión de Makarova de “El lago de los cisnes”. Un espacio quizá demasiado pequeño para una compañía integrada por setenta personas, con decorados incluidos. No obstante, en el área de la Bahía de San Francisco Cal Perfomances a través del teatro Zellerbach Hall es el único lugar donde se pueden ver compañías extranjeras de ballet clásico como también otras nacionales como el New York City Ballet o el ABT cada vez que los dioses y las finanzas se apiadan del público de la bahía. No obstante, y más allá de la estrechez del escenario, la puesta de Makarova permitió tomar contacto con una nueva mirada de esta magnífica obra con música de Piotr I. Tchaikovsky.

Makarova puso un toque diferente y atractivo a este Lago, reestructuró la narrativa y puso al cuerpo de baile en un rol más activo y comprometido en el primer y último acto. En el acto II, Makarova sigue la línea de Lev Ivanov (1895), con algunos ligeros cambios. Y en el tercero propone la llegada de dos en dos de las seis princesas.

Valery Platonov dirigió la orquesta con maestría impecable, lo cual fue un punto que enalteció aún más esta bella puesta. Si bien el tempo estaba ligeramente retrasado. La escenografía de Peter Farmer planteó un diseño sencillo, clásico con atractivos detalles, especialmente en la escena del jardín y del lago. El vestuario, firmado por Galina Solovyeva, abordó una cierta mixtura de estilos y un gran predominio de colores brillantes y vivos. Imponente el traje de Von Rothbart (Igor Soloviev), envuelto en una estupenda capa que asemejaba inmensas alas desplegadas, diseñadas en tonos sombríos. Su máscara daba igualmente un toque amenazador al personaje, interpretado con acierto y destreza por Soloviev.

Sergei Mershin fue un Sigfrido casi adolescente, inexpresivo y con escasa fuerza dramática, lo cual impidió diferenciar las distintas etapas por las que transita el personaje. Técnicamente interesante, grandes extensiones, buenos saltos, precisión. Mientras que Benno, el amigo de Sigfrido, aun en sus escasas apariciones impone su presencia, su expresividad, su musicalidad y su alto nivel técnico. Excelente el pas de trois en el jardín junto a Yara Araptanova y Natalia Makina. Ambas bailarinas poseen un maravilloso port de bras y gran limpieza técnica. Las dos también fueron cisnes en el lago y dos de las princesas que pretendían conquistar al príncipe.

Natalia Moiseeva (Odette-Odile) es una bailarina estupenda. Hizo una Odile magnífica, con un maravilloso port de bras y unas fabulosas y fuertes piernas y un arco del pie absolutamente asombroso. Su malicia en Odette hizo un atractivo contraste. Intensa en la interpretación y refinada en su técnica, tal vez hubiera necesitado otro Sigfrido con quien establecer una verdadera comunicación.

La versión de Makarova no deja translucir las verdaderas razones del acercamiento entre Sigfrido y Odette, si bien el príncipe va de caza, en ningún momento aparece, como en otras versiones, la actitud de caza que provoca el encuentro. Entre algunos de los cambios, que no interfieren especialmente en la narrativa, quizás el más sustancial sea el del final cuando Malkarova despliega a los cisnes en círculos mientras Sigfrido busca desesperado a Odette entre esos cisnes. Ambos comienzan un diálogo en el cual no alcanzan a tocarse. Él pide perdón de rodillas. Luego, sobreviene un duelo entre Von Rothbart y Sigfrido mientras Odette intenta interponerse entre ambos y muere. Sigfrido carga a la mujer-cisne en sus brazos y entra en el lago, mientras Von Rothbart agoniza rodeado de desesperados cisnes. Makarova, también allí introduce un cambio al hacer aparecer cisnes negros y blancos en la escena.

La audiencia aplaudió de pie, mientras Makarova, sentada en una de las butacas de la platea, con un bello turbante, trataba de pasar ignorada por un público que puede reconocerla con gran facilidad. Con una humildad asombrosa, Makarova, desapareció de la platea y dejó al público de pie aplaudiendo a los bailarines.

 
 
En el acto III, la coreógrafa sigue la línea de Lev Ivanov (1895) en uno de los pas de deux más conmovedores del ballet clásico.
 
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