Trisha Brown Dance Company
La "poesía" tiene un límite
Por Isis Wirth (desde Francia)
 
 
 
 
 
 

La danza contemporánea y su relación con el movimiento, su posible significado lingüístico, y las "intenciones expresivas" del coreógrafo. Los límites de la metamorfosis y la "literaturización" de la danza.

La Trisha Brown Dance Company, en tanto agrupación invitada del Ballet de la Ópera de París, presentó en enero dos programas en la Ópera Garnier –la "archi-clásica"–, de los cuales uno de ellos nos conduce al título de este artículo.

Cuando en danza –de más está decir que se trata, sobre todo, de la "contemporánea"– la relación entre movimiento, su posible significado lingüístico, y las "intenciones expresivas" del coreógrafo no son suficientes en sí mismas. El verbo aparece, como un "S.O.S." desesperado. Ah, se trata entonces de la "poesía" del movimiento, de la "poética", personalísima, por supuesto, del coreógrafo en cuestión. Nada en contra de ello: a los "clásicos" lo que es de los "clásicos"; a los "contemporáneos" lo que es de los "contemporáneos". Y Trisha Brown tiene bien ganado su lugar en el panteón de los últimos.

Sin embargo, incluso esta "poesía" tiene un límite. Esas "metamorfosis" de la danza tienen un límite. Esa "literaturización" de la danza tiene un límite. De ahí que, lo confesamos sin sonrojo alguno, no nos hayamos molestado en leer las notas del primer programa, compuesto por: "How long does the subject linger" (2005); "Geometry of quiet" (2002); "Present tense" (2003). Porque los tres son muy similares, y terriblemente aburridos. Obsérvese, además, la coincidencia temática. ¿Por qué hacer más tediosas las obras con esas partituras –o creaciones sonoras– que ponen a prueba, sí, digámoslo, la resistencia de cualquiera y la buena voluntad del crítico? Entre esos títulos, el más atractivo es el último... gracias a la música de John Cage. O, el primero... gracias a las imágenes interactivas de Paul Kaiser, Shelley Eshkar y Marc Downie. Lo peor de todos: ese "lenguaje poético" es viejo, en unos quizá 30 años. Coincidimos en que "lo contemporáneo" no es precisamente la ausencia de "novedad".

Sin embargo, hay que decirlo, también, donde la "poesía" pareció no tener límites fue en el segundo programa, compuesto por una sola obra, "Winterreise", o sea, "El viaje de invierno", sobre la composición homónima de Schubert –ah, Schubert...–, para barítono y piano, basada a su vez en -¡al fin!- el poema del alemán Wilhelm Müller. Pero no es una coreografía, si no una "puesta en valor en el espacio" del impactante barítono inglés Simon Keenlyside, quien, de la otra parte, fue quien solicitó a Brown hacer esta pieza. Se comprende: en este particular género de aliar espacio con canto y música, subrayando con sutileza lo que estos expresan por otros medios que no son los de las notas, Brown excelente.

Keenlyside es el todo aquí: incluso, bailarín, o al menos, mucho más que sus tres acompañantes, "bailarines" –con perdón por las comillas–, casi estáticos la mayoría del tiempo. "Poesía" –esta vez sí que se partió de ella–, ahora refinada por un trabajo creativo en profundidad.

 

   
 
       
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