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Consideraciones sobre el estilo requerido
para el ballet Don Quijote observadas desde el punto
de vista del maestro Fernando Alonso. Los secretos técnicos
y los tipos físicos de bailarines que se necesitan
para cada rol.
Cuando pretendemos llevar esa obra literaria colosal
que es El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha,
de Miguel de Cervantes, al medio de la danza; nos enfrentamos
a una tarea bastante difícil. En primer lugar,
por la gran cantidad de versiones que sobre la obra
se han realizado para el mundo del ballet, y, a la vez,
porque igualar la grandeza del texto con la coreografía,
la música, la escenografía y el vestuario
es casi imposible.
Se trata de llevar a escena una novela de caballería
que marcó una época lejana en varios
sentidos de los adelantos científicos de
hoy día, esos que nos hacen perder la perspectiva
de la era de los caballeros andantes y sus amados ideales.
En el Don Quijote de Cervantes, Dulcinea del Toboso
puede semejar la imagen del Santo Grial tan codiciado
por las huestes caballerescas, lo que estimula un contraste
con la imagen viril de "El Caballero de la Triste
Figura". Aquí se inicia el conflicto en
cuanto a los ballets que se han creado sobre el tema.
Conste que el placer que sentí al leer la novela
cervantina nunca se ha repetido al acercarme a las numerosas
versiones danzadas que conozco. Los Quijotes llevados
a la danza tienen como protagonistas a la hermosa Quiteria
(también llamada Kitry) y al barbero Basilio,
mientras el hidalgo y su fiel escudero Sancho Panza
son tratados como secundarios y en no pocas ocasiones
con sentido peyorativo; salvo la que Georges Balanchine
hizo en 1965.
La imagen del caballero, por ejemplo, es bien compleja
y oscila entre la comedia, la tragedia y el absurdo.
Para los roles del Quijote y Sancho se precisa escoger
bailarines "tipos", entiéndase con
un prototipo físico similar al conferido por
Cervantes a cada personaje. Y es de vital trascendencia
que Quijote, Sancho, Kitry, Basilio, Camacho y los demás
mantengan su personalidad psicológica a lo largo
del ballet pues sus particularidades no sólo
les confieren vida sino que los distingue y enriquece
a los ojos del público. No en pocas oportunidades
sucede que siendo Basilio y Kiteria personajes de "demi-carácter"
en el 1er acto ¿en el tercero no lo son?
En esta obra como en otros ballets de acción,
el cuerpo de baile tiene suprema importancia pues conducen
al público hacia el dónde se está
produciendo la ya mencionada acción. Es el apoyo
de todo el drama y soy del criterio que debe ser bien
conducido, para mi el nivel de una compañía
no lo definen solamente sus primeras figuras; en esto
el cuerpo de baile es el todo. No hay papeles pequeños;
sino artistas pequeños.
Aunque la obra resulta agradable y útil para
mostrar la técnica, el virtuosismo y la versatilidad
también debe poner a prueba las cualidades histriónicas
de los intérpretes, cuyos caracteres deben reflejarse
durante toda la obra. No obstante mis preocupaciones
por los aspectos dramáticos en Don Quijote, los
principales desafíos actuales a los que se enfrentan
los bailarines son los técnicos. Admiro las vueltas
(pirouettes) y los balances (equilibrios sobre una pierna),
pero como en todos los pasos del ballet, la corrección
de sus ejecuciones debería ser el primer reto
a plantearse por el artista de la danza en cualquiera
de las épocas.
Los balances, esos interminables momentos inertes,
sobre una punta en las chicas y sobre la media punta
en los chicos deben ser espontáneos; nunca rebuscados.
Ellos exigen al bailarín un dominio absoluto
de la colocación del cuerpo en la que el eje
y el punto de apoyo ejercen un papel rector ("Dadme
un punto de apoyo
"). La conjunción
de estos factores es también indispensable en
la ejecución de toda clase de giros: "en-dehors",
"en-dedans", a la "second", en "attittude"
y "fouettes" en sus más disímiles
variantes.
En la actualidad varios bailarines descuidan el movimiento
de cabeza que complementa a cada paso, la correcta realización
de los "demi-plié" (1) y el "en
dehors" (virado de las piernas hacia afuera), o
peor, los sacrifican en aras de imprimir mayor rapidez
a las variaciones. El conocimiento de la coreografía
no puede llevarnos a la anticipación de los que
continúan en perjuicio de los anteriores. Cierto
es que cuando se interiorizan ya se bailan de manera
automática pero ha de tenerse sumo cuidado y
evitar atropellos que pudieran estropear la calidad
técnica.
La incorrecta colocación de los brazos en la
preparación y posterior desarrollo de los saltos
sólo contribuyen a su deslucimiento. Las manos
como se tomen y se apoyen dicen, explican desde el punto
de vista dramático-artístico mucho. "Actualmente
decía el crítico inglés Arnold
Haskell el ballet es un arte estilizado. (
)
No se trata de un entretenimiento, ni de una diversión,
sino de arte". Los saltos, otro momento de pirotecnia,
se ejecutan muchas veces sin el debido punteo de los
pies (2) y olvidando el factor de "aterrizaje",
que tanto repercute luego en lastimaduras.
En algunos momentos, la búsqueda de la espectacularidad
circense en la danza conduce a la alteración
de la coreografía propuesta por un determinado
artista, todo para ganar más aplausos. Un ejemplo
de ello es el "pas de chat portée"
del "entrée" en el pas de deux del
tercer acto que he visto violentado a menudo en detrimento
de su gran belleza. Por otra parte, la inclusión
de pantomimas, algo muy maltratado en el ballet actual
y que quizá sea el más antiguo contacto
escénico y dramático con el ballet de
siglos pasados, debe respetar la época. Cuando
el bailarín extrema la gesticulación,
como previniendo al auditorio de que "ahora si
viene lo bueno" o robando música para reponerse
entre un paso y otro, resta belleza al discurso coreográfico,
como si se hicieran pausas innecesarias en una conversación.
No todos los pasos tienen el mismo valor, es necesario
matizarlos sino el diálogo resulta aburrido.
Hay pasos de conjunción, otros que impulsan a
los siguientes y por eso insisto en los matices. En
Don Quijote, obra literaria del siglo XVII, se narran
hechos del medioevo caballeresco, por lo cual el gesto
reviste suma importancia.
En nuestros días no se baila como hace cuarenta
años. La técnica está cada vez
más desarrollada. Pero para el arte del movimiento,
la técnica es esencial no como dueña y
señora como decía Noverre
sino como sierva, es un medio, no un fin. Lo que fue
admirable antes aún puede serlo hoy: ahí
está Don Quijote, con su lanza y su Rocinante,
erguido cuatro siglos después.
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a Fernando Alonso, por Patricia Aulestia
* Aclaración:
Debido a los problemas ocasionados en Cuba por
el huracán Wilma, que fueron de público
conocimiento, este artículo especial de Fernando
Alonso no pudo llegar para el cierre de la edición
de homenaje a Don Quijote. Es un honor para la revista
Danzahoy en español publicarlo en este número.
Agradecemos infinitamente la colaboración del
maestro Fernando Alonso.
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