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70 años del Ballet del SODRE
Por
Tito Barbón (Uruguay)
Su historia se remonta a 1935. La era de esplendor
se vio empañada por la burocracia estatal y la falta
recursos. Después de 70 años, la troupe uruguaya
enfrenta una disyuntiva existencial y sin pautas fijas.
En el programa de mano cuyas letras el tiempo no ha borrado
aún, puede leerse lo que sigue: "Estudio Auditorio
SODRE, Sábado 23 de noviembre, a la hora 18.30, Estreno
del Primer Ballet Nacional, en 1 acto dividido en 4 cuadros
titulado, "Nocturno Nativo", del Dr. Víctor
Pérez Petit, con música del Mtro. Vicente Ascone,
Coreografía del Mtro. Alberto Pouyanne. Con intervención
de la soprano Sra. Wilma Fodor de Bodó y del Barítono
Sr. Jorge Veira. Maestro de Coros: Domingo Dente. Primer Bailarín:
Emilio Heiberger. Escenografía de José R. Olivetti.
Trajes diseñados por A. Lagartera y Omar Mantero Blanco.
Orquesta del S.O.D.R.E (OSSODRE) bajo la dirección
del Maestro Lamberto Baldi. Precio de las localidades
"
Daba comienzo de esa manera la actividad oficial del Cuerpo
de Baile del SODRE, creado por resolución de 27 de
agosto de 1935.
Historiar específicamente la peripecia de ese organismo
estatal, que por ser de condición artística
no deja de estar incrustado en la burocracia, es tarea casi
imposible; pero no lo es sintetizar los acontecimientos dispares
que marcaron su trayectoria hasta el presente.
Los comienzos fueron cautos, pero poco a poco se volvieron
ambiciosos en la medida en que el repertorio se ampliaba con
obras de verdadera envergadura que siempre eran acompañadas
por la OSSODRE. En esos tiempos eran frecuentes las visitas
de compañías y bailarines extranjeros que aportaban
conocimientos, estímulo y competencia a la joven troupe.
El coreógrafo fundador ya había cedido su lugar
a prestigiosos directores que llegaban del exterior. Ese hecho
aportó no sólo valiosas y eclécticas
obras que enriquecieron aún más el repertorio,
sino también disciplina y rigor técnico al elenco;
además de formar un público fervorosamente adicto
que llenaba la sala del viejo Auditorio de Andes y Mercedes.
Legendarias figuras de la danza bailaron con el Ballet del
SODRE en funciones memorables que todavía recuerdan
los balletómanos sobrevivientes. En aquellos tiempos
y hasta hoy, la estructura del Cuerpo de Baile, al igual que
en los grandes teatros oficiales de Europa o América
latina, se componía de rigurosas e inamovibles categorías:
Primeros Bailarines, Primeros Solistas, Solistas, Corifeos
y finalmente los integrantes del Cuerpo de Baile. Categorías
que se llenaban por concurso cuando se producía alguna
vacante. De esa forma ningún bailarín Solista,
por ejemplo, podía bailar detrás de otro con
categoría inferior a la suya.
Si bien las funciones eran esporádicas, respondían
a temporadas planificadas de antemano y se cumplían
rigurosamente. En cuanto a los rubros vestuario y escenografía,
se conservaban en perfecto estado y nunca recurrieron a viejas
producciones para tomar de ellas algún traje o trasto
necesario en otras.
Durante la temporada veraniega, el ballet llegaba hasta los
últimos rincones del país, en giras de las que
también participaba la OSSODRE. La Compañía
no era de primer nivel, pero con el tiempo todo hacía
suponer que lo alcanzaría. Claro, en ese entonces había
dinero y aunque al ballet siempre se le asignaron los remanentes
del presupuesto, el fenómeno cultural estaba asegurado.
El incendio
Pero llegó el fatídico sábado 17 de
septiembre de 1971. El fuego arrasó el edificio, ilusiones,
proyectos y lo que con tanto esfuerzo se había logrado.
Los Cuerpos Estables del Instituto fueron los que más
sufrieron las consecuencias de esa tragedia. Desmembrados,
deambularon de un lugar a otro en busca del espacio más
o menos apropiado donde ensayar y continuar la actividad artística
de la forma más digna posible. Años difíciles,
de frustración, que marcaron para siempre el futuro
de artistas de talento.
El ballet, quizás, resultó el más castigado.
Ya no hubo más coreógrafos o maestros del exterior.
Las prioridades obligaron a designar, en esos importantes
cargos, a artistas nacionales. Sin lugar a dudas, éstos
hicieron su trabajo con la mejor voluntad. Tal vez a algunos
les faltó liderazgo, o méritos artísticos,
o confundieron autoridad con prepotencia, o hubo cambios generacionales
que distorsionaron lo hasta entonces establecido; lo cierto
es que lentamente fue perdiéndose el respeto y la disciplina
interna del grupo, y eso es lo más grave que le puede
suceder a cualquier colectivo de danza.
Ante esa situación, un importante número de
promisorios bailarines dejaron el SODRE en busca de mejores
oportunidades en otros países. Como consecuencia inmediata,
comenzaron los altibajos en el hasta entonces prestigioso
ballet y en el rendimiento de los bailarines. El repertorio
se fue perdiendo y el vestuario saqueado, hasta el punto de
que ya no queda casi nada de él. Hubo sí momentos
prósperos, que no fueron pocos. En general coincidían
con la presencia aislada de algún coreógrafo
foráneo, llegado gracias a la benevolencia de embajadas
extranjeras, o según lo permitieran las arcas del Instituto.
Después de ellos
la rutina.
Renovación o estancamiento
Por otra parte, al no haber figuras de nivel sobresaliente,
se hacía insostenible el régimen de categorías
que todavía persiste en la compañía.
Eliminarlo sería ideal. También lo sería
la revisión de todos los integrantes del ballet, especialmente
si se tiene en cuenta que algunos elementos no están
en condiciones de continuar integrándolo.
Es cierto que se les considera empleados públicos
y no artistas; que reciben escasa remuneración, que
ejercen una profesión de vida útil demasiado
breve, y que no están debidamente amparados por un
sistema de retiro anticipado. Por eso un régimen de
contrataciones anuales, con salarios dignos, garantizaría,
siempre que el contratado cumpliera a rajatabla con las exigencias
de la profesión, el funcionamiento de la compañía
en inmejorables condiciones. Es interesante saber, que por
este régimen ha optado la mayoría de las compañías
de danza en todo el mundo.
Pero aquello que debe ser considerado primordial, es la necesidad
de establecer el perfil que se quiere dar a la compañía;
y una vez determinado el mismo, ser consecuentes con él.
No es lo mismo una compañía de repertorio clásico,
que otra de repertorio neoclásico u otra de danza contemporánea.
El carácter de una compañía, exige un
determinado estilo en los bailarines que la integrarán.
En la actualidad, la formación clásica Académica
del bailarín es considerada indispensable en cualquier
estilo de danza. En el caso de optar por una compañía
de Danza Contemporánea, los bailarines deberían
dominar además de esa técnica, las diferentes
formas de la danza contemporánea.
Cuando se haya decidido el estilo de danza que identifica
al Ballet del SODRE, entonces se estará en condiciones
de pensar qué director es conveniente, qué maestros
de clase lo asistirán, quiénes serán
los maestros ensayadores y a qué coreógrafos
invitar. La finalidad es enriquecer el repertorio, creando
obras en las que nuestros seleccionados bailarines se vean
en inmejorables condiciones. Y hasta cabría pensar
en designar a nuestro Cuerpo de Baile como Ballet Nacional
del Uruguay; ya que en el exterior es casi desconocido el
significado de la sigla SODRE. (Servicio Oficial de Radiotelevisión
y Espectáculos).
Que es necesaria una reestructuración total del envejecido
Ballet Oficial está fuera de discusión. También
lo está el reconquistar aquel público fervorosamente
adicto que otrora concurría a la vieja sala del Estudio
Auditorio. La empresa es difícil, pero si se analizan
los errores y virtudes y lo mucho que de ellos queda por aprender,
no será imposible.
De todas maneras, por lo que fue, por lo que no es y por
lo que podría ser; Feliz Cumpleaños.
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