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El tango
Las muchachas de antes no
usaban gomina
Por Maritza
Gueler (USA)
El tango fantasía y sus nuevas
formas a partir del siglo XXI. Los acróbatas del tango
versus los auténticos milongueros. Impresiones sobre
los tangos de otros tiempos y una búsqueda de la esencia
del baile.
Cuando era una niña recuerdo haberme quedado extasiada
cuando veía bailar el tango a mi tío Raúl.
Soñaba con crecer para poder bailar el tango con él.
En casa comentaban los premios que había ganado en
las milongas cuando era estudiante de medicina y tocaba el
violín en una orquesta típica. La gente hacía
rueda para verlo bailar y entre la muchachada competían
por la cantidad de figuras que podían hacer en una
baldosa.
La primera vez que bailamos juntos, recién había
cumplido 14 años, y estaba tan aterrada que lo único
que logré fue darle unos cuantos pisotones. Entre pisotones
y tropezones escuche una voz que me decía: "Escuchá
la música, sobrina, escuchá la música".
Transpiraba frío y caliente
me jugaba "una
fija" de que me rebotaría por "pata dura"
o por "sorda". Pero las clases siguieron.
Hoy, después de tantos años, cuando veo a las
nuevas generaciones de bailarines convertidos en acróbatas
del tango, recuerdo la voz desesperada de mi tío cuando
me decía: "Escuchá la música, sobrina,
metete la música adentro y después movete".
Bellas mujeres, sin duda, con un vestuario asombrosamente
seductor, engominadas como solían engominarse los compadritos,
como solía engominarse Gardel. Muchas de ellas con
una sólida formación en danza clásica,
parecen tratar de saciar algún frustrado protagónico
en "El lago de los Cisnes" o "Carmen"
y deciden pasarse la mayoría del tiempo con las "patas
para arriba", subidas en los hombros de los bailarines
haciendo piruetas por los aires.
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| Imagen de un libro basado en lecciones
de tango en inglés. |
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Y lo más grave es la bajada, cuando los pies tocan
nuevamente el suelo y tienen que vérselas, en serio,
con el ritmo. Entonces empiezan los firuletes a una velocidad
que casi no alcanzan a verse los pies mientras la platea,
asombrada, compra un tango fantasía y se deja seducir
por los malabares y la destreza de estos nuevos acróbatas
del tango. Amparados en una pseudo sensualidad, el contacto
entre el hombre y la mujer se transforma en una especie de
absurda y estereotipada lascivia. Y después de media
hora de show: "más de lo mismo". Rutinas
aprendidas y perfectamente trabajadas, cierta teatralidad
calcada, piernas que se entrelazan a una velocidad que supera
la visión, algún que otro pisotón que
se disimula con los años de escenario, aperturas de
piernas en el piso o en el aire que a veces superan
los 180 grados y unos saltos mortales que en cualquier momento
pueden desgraciar al compañero con una hernia de disco.
Pero cuánto aburrimiento, cuánto aburrimiento
después de media hora de ver el mismo baile con distinta
música. Cambian de trajes, de "alhajas" y
hasta de peinado, pero el baile es igualito.
"Empecemos de nuevo". Qué hubieran hecho
aquellas mujeres en los comienzos del siglo XX, con sus corsés
y sus faldas largas para pegar semejantes saltos y subirse,
con frondosos vestidos, a los hombros de sus compañeros.
Cómo hubieran hecho las mujeres de los 50, con
los prejuicios morales de la época, para usar vestidos
tan abiertos que les permitieran abrirse de piernas en continuos
"grand jetés", o si los hombres las hubieran
"reboleado" por los aires como lo hacen las parejas
de ahora.
Dónde quedaron, pregunto, aquellas "sentadas"
maravillosas que hacían Juan Carlos Copes y María
Nieves cuando daban lecciones de tango en ante un público
extasiado por la sensualidad, la calidad y la cadencia de
ese tango "canyengue" y al mismo tiempo estilizado.
Me preguntó qué habría hecho Virulazo
si hubiera tenido que levantar a Elvira en alguno de estos
"saltos mortales" que hacen las muchachas de ahora.
Qué hubiera dicho, Pepito Avellaneda, una de esas joyas
salidas de la milonga que Osvaldo Piro tuvo el coraje de llevar
a su propio show, allá por los finales de los 80.
Detrás de todo este "circo" ya incontenible
del "tango fantasía", está el furor
que el tango ha provocado en todo el mundo después
de "Tango Argentino". Los "pseudoprofesores"
surgen por todos lados y aseguran lecciones rápidas
con resultados efectivos. Los shows de tango se reproducen
como hongos en cualquier lugar del mundo y en la Argentina,
ya se ha convertido en una forma de ganarse la vida en medio
de una economía desvencijada.
Qué pasaría si un día, en el reino
de los sueños a alguien se le ocurriera volver a los
comienzos y tratar de recuperar aquel tango de los arrabales
de principio de siglo, aquel que también bailaban entre
hombres, y tenía el sabor de lo prohibido, y ese placer
apasionado por el baile.
Las muchachas de antes no usaban gomina
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