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Encuentro Académico 2004: "Investigar
para documentar o Documentar para investigar"
Opiniones y ponencias (Parte
II)
Por Patricia
Aulestia (México)
Segunda parte de las conclusiones del encuentro
sobre documentación realizado por el Centro de Investigación,
Documentación e Información de la Danza "José
Limón" del Instituto Nacional de Bellas Artes
(INBA).
La construcción del patrimonio documental artístico
del INBA (México)
Textos de Arturo Díaz Sandoval y Patricia Ruiz Rivera
(Coordinadores de documentación de los Cenidis teatro
y danza)
(Continuación de Danzahoy
en español N°38)
El traslado y congregación de los cuatro centros de
investigación del INBA (Cenidi danza, CITRU,
Cenidim y Cenidiap), en 1994, al Centro Nacional de las Artes
del CONACULTA, causaría una drástica modificación
de rumbo que significaba replantear las expectativas. Los
centros de investigación ostentaron desde sus orígenes
identidades autónomas sin una incidencia directa en
la educación artística, arraigando su interés
en las comunidades y en las prácticas artísticas,
procurando un medio de conocimiento especializado a través
del acopio, registro de información y producción
de obras de consulta, así como de la reflexión
de los fenómenos culturales que les son afines.
A pesar de esta vicisitud, el modo de operar permaneció
para los procesos de investigación. Para la documentación,
por el contrario, el curso de los acontecimientos desplazó
los propósitos del "Inbart" para emplazar
una reorganización bibliotecaria y la configuración
de otros esquemas de recolección, conservación
y consulta con lineamientos y formas de operación distintos
a los de un centro de documentación. Los Cenidis fueron
ubicados en la torre del complejo arquitectónico y
la mayor parte de sus acervos fueron trasladados a la biblioteca
de las artes. Al quedar en comodato las colecciones, fondos
y archivos, la función de documentación de los
centros se vio seriamente cuestionada y llegó incluso
a ser considerada innecesaria. Pero con el tiempo comenzaron
a manifestarse varios problemas de carácter documental,
tanto en los centros como en la biblioteca: acopio; integración
y consignación de fondos; determinación de encabezamientos
de materia, derechos de autor, transferencia de documentos,
conservación, preservación de materiales y espacio.
En el ámbito de la catalogación y clasificación
de los distintos materiales se han intentado aplicar los campos
de captura con base en las normas internacionales, tales como
las reglas de catalogación angloamericanas, que por
su naturaleza monográfica no consideran, por ejemplo,
al coreógrafo o al director de escena como entradas
principales o autores específicamente, como los consideramos
nosotros. Esto propicia la necesidad de establecer y unificar
criterios de captura distintos a los definidos por las bibliotecas
y otros centros especializados.
Por ahora velamos más por el registro documental y
custodia de estos acervos, en acuerdo con la biblioteca. Se
obtienen y albergan donaciones de personalidades artísticas,
otorgándoles criterios de organización y descripción.
La ubicación física de los materiales, los procesos
técnicos y el registro catalográfico, en sistema
ALEPH son resueltos por la Biblioteca de las Artes, en parte.
En medio de las alteraciones provocadas por las alternancias
de políticas sexenales, es gracias a la vocación
y permanencia de las personas y la naturaleza misma con que
se construye el acervo; en cuanto a su pertinencia y uso cotidiano,
que se puede contar con un seguimiento de los procesos y con
una atención estrecha sobre los distintos fondos y
colecciones, permitiendo su incremento, conservación
y empleo, mediante la aplicación de lineamientos que
responden a las exigencias y transformaciones tanto sociales
como gubernamentales. En este panorama, a diez años
de convivir el CENART, con su imponente infraestructura y
el INBA, con su productiva planta académica, el acervo
de los centros de investigación constituye un patrimonio
de enorme valor para el conocimiento del devenir artístico
mexicano, por lo que es nuestra inquietud considerar imperativa
la delineación de un marco legal que le dé reconocimiento
y protección, a este y a otros patrimonios documentales,
integrados, además de inapreciable información,
por documentos con valor artístico en sí mismos
o que involucran diversos tipos de derechos de distintos creadores
(pintores, escultores, escritores, fotógrafos, etc.).
Conscientes de las intermitencias políticas y del
flujo incesante de los acontecimientos nacionales y mundiales,
así como de la responsabilidad institucional, pero
sobre todo personal, hemos querido exponer aquí el
contexto en el que se hallan nuestros centros de documentación.
Honestamente, no cuidamos ni explotamos nuestra riqueza de
manera óptima, pero hemos pretendido ser generosos
en espera de que ciertas lógicas de reciprocidad social
y gubernamental encuentren su equivalencia en el aprecio de
la construcción del patrimonio documental, alejado
de valores monetarios, más cercana a los valores culturales
y espirituales que necesitamos los humanos.
Hemos llegado aquí para encontrar un equilibrio entre
lo que hacemos y los modos en que operamos, el arte no se
detiene, ni la sociedad lo puede terminar de aprehender. Los
espacios y presupuestos se reducen, las voluntades mitigan
y el bagaje simplemente está, ahí, de alguna
manera.
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