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American Ballet Theatre
Las galas de otoño
Por Célida
P. Villalón (U.S.A.)
Dos estrenos, "VIII", de Christopher Wheeldon
y "Pretty Good Year", de Trey McIntyre abrieron la temporada
de otoño del ABT. Varias reposiciones y un homenaje a Alessandra
Ferri forman parte del programa.
El otoño en la capital del mundo de la danza se vuelve más
hermoso y multicolor cuando el American Ballet Theatre, una de las
primeras compañías estadounidenses ¿y
por qué no decirlo? del mundo, sienta plaza por tres
semanas en el céntrico City Center de la Gran Manzana, bella
Manhattan.
Con dos estrenos ("VIII", original de Christopher Wheeldon
y música de Benjamin Britten, y "Pretty Good Year",
sobre coreografía de Trey McIntyre y partitura de Antón
Dvorak) así como varias reposiciones (entre las más
importantes, "El Espectro de la Rosa" y "Las Sílfides"),
la temporada tuvo sus inicios con una gran Gala que incluía
un homenaje a Alessandra Ferri, por sus 20 años de trabajo
bajo la égida del Ballet Theatre. Ferri hizo su aparición
en la segunda parte del programa, en la sublime pieza "Other
Dances" de Jerome Robbins, sobre composiciones de Chopin y
vestuario de Santo Loquasto, junto al admirado Ángel Corella,
y el acompañamiento al piano de David LaMarche. Una estampa
inigualable y delicada de puro baile y encantador intercambio entre
una pareja, que debería verse más a menudo.
"El Espectro de la Rosa", el primer número del
programa, fue creado por Michel Fokine en 1911 sobre la "Invitación
al Vals" de Weber, para aquel dios de la danza llamado Nijinsky.
Con escenografía y vestuario de Robert Perdziola, sobre los
originales de Leon Bakst, Herman Cornejo, sublimando el ensueño
de la joven que regresa del baile con una rosa en su escote en
este caso la deliciosa Xiomara Reyes, se convierte en el personaje
titular. Cornejo luce en todo momento varonil a la par que tierno
seductor, ofreciendo saltos tan portentosos que hacen al público
aguantar la respiración. El Nocturno de "Las Sílfides",
también de Fokine, sobre música para piano de Chopin,
y montaje de Kirk Peterson obra romántica por excelencia
que, dicho sea de paso, es el primer ballet abstracto de que se
tengan noticias, fue interpretado por Maxim Beloserkovky como
un soñador poeta, en cuya imaginación habitan aladas
sílfides, entre ellas Julie Kent (a quien le fue impuesto
un nuevo y exagerado braceo en los levantados), junto a María
Ricetto y Erica Cornejo en los otros solos. Varios Pas de Deux subieron
también a la escena, de los que se suprimieron las variaciones
individuales, y quedaron reducidos al "Entrée"
y la Coda solamente: "El Cisne Negro", con la esplendorosa
Paloma Herrera, secundada magistralmente por Marcelo Gomes; y "El
Corsario", con Gillian Murphy, excelsa en sus "fouettés"
triples, pero muy fría y distante de su compañero,
el siempre atento y efectivo José Manuel Carreño.
"La Muerte del Cisne", en la dramática interpretación
de Irina Dvorovenko, cosechó muchos aplausos. El fin de la
Gala tuvo lugar con"Sinfonietta" de Jirí Kylián,
sobre música de Janácek y vestuario de Walter Nobbe,
al igual que la escenografía que representa extensos campos
verdes. Los 14 intérpretes de ambos sexos que aparecieron
en escena ayudan a poner una vez más de manifiesto que el
ABT posee actualmente uno de los mejores elencos en el mundo de
la danza. La inspiración de Kylián, con la imponente
música de Janácek, resalta el espíritu libre
del hombre en toda su belleza y alegría de vivir, mientras
se deja arrastrar por las estridentes notas de la música,
que suenan a gran fanfarria en los metales de once hábiles
músicos colocados a ambos lados del proscenio. La magnífica
dirección orquestal estuvo a cargo, indistintamente, de LaMarche,
Ormsby Wilkins y Charles Barker.
Varios trabajos de McIntyre, coreógrafo asociado del Houston
Ballet, aparecen en distintas compañías de danza desde
hace algún tiempo. "Pretty Good Summer", sobre
el "Trío No. 1 en Si bemol mayor" de Antón
Dvorak, primer estreno de la temporada, es también la primera
obra del coreógrafo para el ABT. Las danzas de la figura
principal, el extraordinario Herman Cornejo, y otras tres magníficas
parejas, Zhong-Jing Fang, Stella Abrera y Sarawanee Tanatanit, junto
a Bo Busby, Alexander Hammoudi y Matthew Murphy, en atractivo vestuario
de Liz Prince, muestran gran brío y constante movimiento.
Las rutinas son complicadas y atractivas, pero se hace difícil
encontrar la relación del título con lo que sucede
en la escena. El brillante trío que ofreció el acompañamiento
estuvo integrado por Barbara Bilach, al piano, Ron Oakland, violín,
y Scott Ballantyne, cello.
La historia de Enrique VIII de Inglaterra ya es conocida hasta
la saciedad. El coreógrafo Wheeldon compuso para el Ballet
de Hamburgo, en 2001, un ballet sobre el tristemente célebre
monarca inglés y sus dos primeras esposas. Ahora, revisando
la obra para el ABT, Wheeldon ha instituido algunos cambios, reduciendo
también el número de personajes en la escena. En la
primera presentación, Ángel Corella apareció
como Enrique, con Alessandra Ferri como Catalina de Aragón,
su primera esposa, y Julie Kent como Ana Bolena, la segunda, y primera
de las dos que fueron decapitadas. También Jane Seymour hace
una fugaz aparición, mientras se sugiere brevemente la presencia
del futuro hijo varón del monarca.
La escenografía, original de Jean-Marc Puissant, destaca
la rosa de la casa Tudor en el telón de fondo, en tonos blancos
y negros. El vestuario, también original de Puissant, es
sobrio y elegante, aunque moderno, a excepción de las seis
figuras que desfilan por la escena, simbolizando las esposas del
rey, que llevan atuendos de la época. La partitura es de
Britten ("Variaciones sobre un tema de Frank Bridge, Op. 10"),
música algo disonante que resalta el drama que viven los
tres personajes principales. El rey desdeña a la trágica
Catalina; es seducido por Ana, hasta también cansarse de
ella, cambiando su interés en un breve momento coreográfico,
al final, por quien supone ser la Seymour, aunque el nombre no es
citado en el programa. Las escenas más movidas son encomendadas
al coro masculino, y a un cuarteto de enmascarados, formado por
Erica Cornejo, Carlos López, Jesús Pastor y Sascha
Radetsky, que proveen buen entretenimiento en una fiesta palaciega.
El role de Enrique VIII no necesita mucho virtuosismo; los bailes
con Ferri son trágicos, mientras con Kent domina la pasión.
Esta vez Corella tuvo que deponer su lado virtuoso en favor de dramático
estoicismo. Una pieza interesante que ofrece más de lo que
en realidad entrega. La dirección orquestal estuvo bajo la
batuta de Charles Barker.
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Herman Cornejo da que habla
Extracto del artículo publicado en The New
Yorker, noviembre 11 de 2004
Nuevas Alturas, por Joan Acocella - Traducción:
Célida P. Villalón
La gente habla sobre lo que llaman el cuerpo perfecto para
el ballet piernas largas, cuello alargado, empeines
altos, cara bonita, pero casi todos los bailarines clásicos
de la historia no han aparecido dotados de tales atributos.
Vaslav Nijinsky, en las palabras de un colega, parecía
"un trabajador de fábrica". Margot Fonteyn,
según su principal coreógrafo, Frederick Ashton,
tenía pies que podían compararse a la mantequilla...
De todas maneras, al menos para los hombres, hay una característica
física que representa una seria dificultad: ser corto
de estatura...
Mijail Baryshnikov, cuando era un estudiante de ballet
en Leningrado, vivía atormentado por no haber crecido
tanto como sus compañeros de clase... Herman Cornejo,
tiene 5´6 pies de estatura, y es bastante bien parecido....
En mi parecer, es el bailarín de mejor técnica
de los Estados Unidos.
Lo primero y más obvio que puede señalarse
de Cornejo, es su virtuosismo. Él puede ejecutar 5
"pirouettes", y terminar en un perfecto "attitude"...
Su salto parece como salido de una película de muñequitos
de la Warner Bros. Está ahí en el aire alto,
muy alto y regresa al suelo cuando lo desea. Su velocidad
es igualmente anormal. Cornejo puede pasar de una posición
a otra, mientras otros piensan cómo hacer la transición.
Ninguno de sus colegas, si de verdad valoran su reputación,
deberían bailar al unísono que él....
Pero lo más sobresaliente sobre su persona es su limpieza
en los pasos. Muchos bailarines jóvenes, especialmente
después de Nureyev y Baryshnikov, dieron comienzo a
la locura de la técnica (bravura) masculina, llevando
los pasos llamativos lo más lejos posible, hasta casi
caer al suelo. Cornejo no hace esto. De seguro que él
se esfuerza, pero nunca, jamás, sacrifica la forma.
Como resultado, ofrece más pasos, o sea, más
ballet por el mismo precio. Esto es igualmente cierto hasta
cuando está en el aire, el lugar más difícil
para mantener la forma, porque la gravedad trabaja en su contra.
Cornejo ha manifestado el deseo de hacer los principales
papeles de los clásicos, como debe ser. Especialmente
debería interpretar Romeo, y también Albrecht,
en "Giselle", así como James en "La
Sílfide", todos ellos hombres jóvenes,
con vidas interiores complicadas... Existen muchas bailarinas
de baja estatura en el ballet. ABT debería salir a
buscarlas y dejar que Cornejo interprete papeles principales.
El "danseur" noble tiene más opciones que
el bailarín demi-caractere, y Cornejo se merece que
le sean dadas esas oportunidades.
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