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Segundas Jornadas de Reflexión
y Análisis
Coreógrafos en combate
(Parte I)
Por Patricia
Aulestia (México)
"Neoliberalismo y Cultura: Ética
y estética de la creación coreográfica",
fue el tema de las jornadas de reflexión sobre la danza
mexicana. Danzahoy transcribe las ponencias de este encuentro
realizado por el Colegio Nacional de Coreógrafos.
Las Segundas Jornadas de Reflexión y Análisis.
"Neoliberalismo y Cultura: Ética y estética
de la creación coreográfica" del Colegio
Nacional de Coreógrafos organizadas por su presidenta
Rossana Filomarino, coordinadas por Cecilia Lugo y Lidya Romero
e inauguradas por Lucina Jiménez, directora general
del CENART, incluyeron tres mesas de discusión en las
cuales abordaron los "Principios éticos en la
creación coreográfica, los Principios estéticos
en la creación coreográfica y las Políticas
culturales y producción dancística nacional"
con la participación de Cecilia Lugo, Marco Ariel Rossi,
Mauricio Nava, Rocío Flores, Solange Lebourges, Leticia
Alvarado, Lidya Romero, Isabel Beteta, Jesús Laredo,
Irene Martínez, Benito González, Evoé
Sotelo, Cecilia Appleton, Alberto Dallal, Rolando Beattie,
Alejandro Swartz, Jorge Domínguez, Rossana Filomarino,
Marco Antonio Silva, como ponentes; Alberto Dallal, Gustavo
Emilio Rosales y Patricia Cardona como moderadores y Gabriela
Medina, Raquel Vázquez, Rodolfo y Saúl Maya,
Evangelina Villalón, Patricia Aulestia, Consuelo Sánchez,
entre otros, que intervinieron como público.
Las sesiones que se llevaron a cabo del 26 al 28 de agosto
de 2004, en el Aula Magna José Vasconcelos del Centro
Nacional de las Artes (CENART).
Una de las conclusiones de estas Segundas Jornadas fue la
de que conjuntamente con otras organizaciones culturales entre
ellas la Sociedad Mexicana de Coreógrafos SOMEC, propugnar
ante otras instancias gubernamentales y en las Cámaras
del Congreso Nacional iniciativas, leyes y programas que propicien
una creación coreográfica de calidad y sin que
el coreógrafo tenga que claudicar en sus principios.
Marco Antonio Silva, coordinador Nacional del INBA, reiteró
varias veces que la dependencia a su cargo atiende a la danza
del país en sus diversas especialidades y géneros.
A continuación la ponencia de la joven coreógrafa
Evoé Sotelo y las conclusiones de la mesa moderada
por Patricia Cardona, directora del CENIDI Danza "José
Limón":
Neoliberalismo cultural o el arte políticamente correcto
Evoé Sotelo
Para hablar del impacto que ejercen las políticas
institucionales en el ámbito de la producción
artística nacional, es necesario establecer una serie
de factores que determinan de manera esencial la forma en
que autor e institución se relacionan. En este sentido,
es imposible hacer a un lado el análisis obligado de
un concepto que rige hoy por hoy la lógica de las acciones
y el pensamiento del mundo en su totalidad, me refiero a eso
que llamamos en ocasiones despreocupada e irreflexivamente-
neoliberalismo.
Podríamos comenzar por definir al neoliberalismo como
el entorno político, económico y social que
exhibe el capitalismo mundial actual. En este contexto, se
establece nuestro devenir como un campo minado de relaciones
de mercado que tejen la lógica de desarrollo de las
sociedades y los individuos, exaltando ante todo el valor
del objeto-mercancía como fuente máxima de riqueza
y poder, de crecimiento y desarrollo en las sociedades avanzadas
de nuestro tiempo.
Bajo este esquema, las naciones poderosas ejercen su dominio
sobre los países subdesarrollados, instaurando su supremacía
económica, política e ideológica sobre
el resto que, en una clara desventaja de poder, termina comprometiendo
sus valores fundamentales, entre ellos: fuerza productiva,
riqueza natural e identidad cultural.
Es decir, la estructura del neoliberalismo funda sus bases
en las formas más exaltadas y perversas de un capitalismo
mundial cuyo afán de imparable ascenso económico
sacrifica aquello que, finalmente, constituye el sustento
real de toda sociedad: sus individuos, la identidad y los
valores culturales que aglutinan a cada ser en un colectivo
con nombre y rasgos particulares.
Con esta perspectiva a cuestas, resultan evidentes las estrategias
políticas e institucionales que rigen la vida cultural
en nuestro país. Éstas responden fielmente a
los cánones que determina la lógica neoliberal
en el mundo y buscan satisfacer las exigencias del exterior
antes que atender las necesidades concretas en su interior.
Como resultado tenemos a un país que ha empeñado
toda posibilidad de desarrollo artístico "real",
en orden de aceptar el sometimiento absoluto ante aquellas
naciones poderosas que determinan el curso del arte y la cultura
mundiales. Obedeciendo a este fenómeno, México
se convierte por consecuencia lógica, en un lugar de
asiduos imitadores e incondicionales seguidores de todo aquello
que -desde afuera- se nos determine como "la regla a
seguir" según el basamento imaginario y simbólico
establecido por la cultura hegemónica actual.
Bajo estas condiciones, nuestro ámbito cultural y
artístico no tiene posibilidad alguna de subsistir
(y mucho menos de trascender) si pretende acatar sus propias
reglas para la creación, salvaguardar su libertad artística
y defender sus propios procesos de investigación.
Establecido este panorama, encontramos que las políticas
neoliberales en el arte dan eficientemente en el traste con
toda posibilidad de expresión auténtica, original;
al exaltar y motivar efusivamente toda aquella producción
que siga -con gran ímpetu y mayor docilidad- las tendencias
extranjeras avaladas en el marco internacional del comercio
de las artes.
Bajo esta pobre perspectiva, podemos ubicar a un gremio dancístico
que no tiene más que dos opciones: la primera resulta
el camino fácil y más seguro, y consiste en
ablandar el cuerpo para que los azotes de la dictadura neoliberal
sean menos dolorosos. Dicha elección condiciona al
artista a seguir sin cuestionamiento los cánones que
se establecen como perfil de aquello que se denomina "alta
cultura" o "arte de calidad internacional".
Estos términos (bastante inconsistentes, por cierto),
buscan definir a ese sector productivo del arte y la cultura
nacional que ha consentido acatar las bases de participación
dentro de la contienda institucional por el "lugar supremo",
por el "título mayor". De tal forma, el propósito
artístico pervierte su sentido al asumir el acto creativo
como el desempeño de una tarea que consiste, básicamente,
en reproducir fielmente y sin distorsiones los lenguajes estilísticos
extranjeros que gozan de la mayor vigencia. Así, corroboramos
que el desfile interminable de las versiones mexicanas de
Graham, Bausch, Kilyan, Vandekeybus, y muchos otros más,
ha ocupado por generaciones las carteleras semanales de periódicos
y revistas nacionales, siempre con la fuerte ilusión
de ser descubiertas por la institución como la versión
más fiel del original. De esta manera se cumple el
"sueño mexicano" de la danza en nuestro país:
conquistando el trono de la réplica que nos permitirá
(mientras se conserve) representar cual reina de belleza a
nuestra nación en el extranjero por un período
más o menos seguro, acompañados por supuesto,
del nada despreciable aval moral de nuestros funcionarios
más destacados.
La segunda opción para subsistir dentro del esquema
neoliberal nacional es la más complicada, además
de que no ofrece grandes posibilidades de cetro y corona,
ni viajes de representación al extranjero, ni avales
morales institucionales. Esta alternativa representa, en sí
misma, una forma cultural de resistencia; consiste en desenvainar
la espada, acomodarse el ropaje y asumir con mucho corazón
y una buena parte de cerebro, la defensa de un modo propio
de expresión. El que se decide por esta opción
de supervivencia apostará su futuro protegiendo siempre
la libertad en la creación y el espacio sagrado para
la reflexión e indagación constante. Aquí,
la propuesta artística constituye una visión
crítica del mundo, y en este sentido, un planteamiento
ético y estético que busca transformar e incidir
en su entorno desde el discurso poético.
Al margen quedan el interés por los hits estilísticos
en boga o las tendencias primavera-verano dictadas por las
potencias del neoliberalismo corporal.
Desde esta postura creativa, las influencias en el lenguaje
y los intercambios de información producto de un mundo
globalizado, se asumen como elementos que constituirán
el material para la "deconstrucción" de un
universo complejo y personal. Aquí, la reelaboración
de nuestro entorno cercano y lejano funda el sustento mismo
de la propuesta, que se expresa mediante la interpretación
individual del mundo que vivimos.
Obviamente, todo esto resulta muy poco atractivo para los
principios de relación de mercado que establecen las
instituciones culturales instauradas, abiertamente, bajo la
lógica hegemónica del neoliberalismo mundial.
De esta manera, al no cumplir con las expectativas de homogeneidad
indispensables dentro del esquema globalizante, las posibilidades
de acceso a estrategias adecuadas para la producción,
difusión y promoción de la obra artística
que surge en la resistencia se reducen ampliamente, estableciéndose
un orden jerárquico claramente delimitado, en el cual
(como si se tratara del mundo al revés) la imitación,
la postura irreflexiva ante el arte y la sociedad y el sometimiento,
prevalecerán y tendrán mayores expectativas
de vida en contraste con la autenticidad, el sentido crítico
y el riesgo.
Asomarnos a nuestra realidad desde esta perspectiva resulta
por demás avasallador. Según Enrique Carpintero,
autor del ensayo "Metáfora del héroe colectivo",
en el mundo actual "la sensación de devastación
es lo que define la subjetividad colectiva e individual en
amplios sectores de la población"; en el neoliberalismo
el individuo y la colectividad pierden su identidad; no importa
lo que un individuo o grupo social piense o sienta, el poder
hegemónico del gran capitalismo mundial se encarga
de borrar las diferencias, las particularidades, las esencias.
Y aquí me pregunto, ¿qué es el arte si
no la expresión profunda de las particularidades de
un individuo y de una sociedad?, ¿cuál es la
función primera del arte si no la objetivación
de un universo interior personal, único e irrepetible,
capaz de sintetizar nuestra visión crítica sobre
el mundo que experimentamos?
Hegemonía y globalización, son conceptos intrínsecamente
relacionados a las políticas neoliberales. Ambos implican
una fuerte dosis de destrucción sistemática
de la identidad; entenderlos no conlleva a aceptarlos.
Eduardo Coiro, sociólogo y escritor argentino, establece
que, en el capitalismo, el poder (la institución) "nos
obliga a vivir en rituales de sometimiento, en chantaje fáctico
a la razón y como rehenes de la necesidad. En las instituciones
domina la regla de la productividad creciente del malestar,
y así, todos pueden aguantar un poco más."
Ante este estado de cosas, hacer arte en contra de los principios
que plantea el esquema neoliberal mundial, a la vez que defender
lo que queda de nuestra identidad individual y colectiva,
equivale a visualizarnos en medio de la noche más oscura,
en un inmenso mar enfurecido, con un remo y sin lancha.
Sin embargo, contra todos los pronósticos, por absurdo
que parezca, existen siempre algunos cuantos temerarios que
estarán dispuestos a aventar el remo y a buscar la
aurora emprendiendo el nado con sus propios brazos.
Continuará en el próximo número de Danzahoy
en español
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