Rosario Suárez
Charín: la primera leyenda de Miami
Por Emilio Surí Quesada (USA) *

Retrato de una de las bailarinas cubanas más destacadas en los Estados Unidos. Una mirada retrospectiva que permite recordar momentos y situaciones íntimas y personales que se fueron gestando entre el narrador y la protagonista de esta historia.

Con la llegada de Rosario Suárez, "Charín", ya sea bailando o dando clases en su Escuela de 27 Avenue y 11 Street, Miami, en el universo del ballet en particular, tiene la posibilidad de convertirse en lo que fue París a principios del siglo XX cuando arribó lo mejor de las escuelas rusas de ballet. A falta de poder grabar el talento, como se hace con el nombre de las estrellas, los pies de Rosario Suárez deberían estar ya marcados junto a los nombres que fulguran en la Calle 8. Pocas veces una ciudad tan joven tiene la suerte de tener, como escuela, a alguien que encarne tanta maravilla.

Una vez más, Charín, como artista y ser humano, me brinda, sin saberlo, en su escuela, la posibilidad de jugar con el tiempo y los espacios. Era como, si de nuevo, fuese la noche del 17 de septiembre de 1994, y, ella convertida en Giselle, en el teatro Albeniz, de Madrid, le dijera adiós al Ballet Nacional de Cuba para convertirse en una rara avis del exilio. Si alguna vez le he faltado al periodismo fue esa noche.

En Cuba, muchas veces le hice fotos a Charín. Si mal no recuerdo, creo haber visto el estreno de "Giselle" y fotografié su frente bañada de sudor en los ensayos finales de "Lago de los Cisnes". Tengo excelentes primeros planos de sus zapatillas rotas en la punta y, sobre todo, de su rodilla cuando la operaron de menisco. Aquella foto, para mí, es una evidencia de que las piernas de esta artista están bendecidas por los dioses. Esas imágenes son testimonio de que por mi cámara pasó la segunda gran bailarina que ha dado Cuba y una de las grandes en el ámbito mundial. Sin embargo, aquella noche, en Madrid, perdí el brillo que las lágrimas producían en los ojos de Charín.

Jamás recuerdo haber maldecido tanto. Nunca me sentí tan poco consecuente con la profesión. Mi instinto me recriminaba y todavía me cuestiona haber perdido aquel momento único. Ocurrió que en la mañana de aquel 17 de septiembre, recién llegado a Madrid y sin dinero, tuve que vender mi última cámara fotográfica para comprar una guitarra y ganarme la vida tocando en el metro.

Ahora, diez años después, volví a ver a Charín. Estaba sentada de perfil, atenta a lo que hacía un grupo de sus alumnas. Menuda y grande como ella solo puede serlo. Volví de nuevo a preguntarme cómo lograba engatusar con su magia las leyes de la gravedad. Ya no era una de aquellas bailarinas de Degás con que siempre la comparaba, sino el ave que Brancusi transformó en vuelo. Ahora no bailaba, sino que, al enseñar, les daba alas a sus alumnas. En sus ojos, esta vez, sólo vi unas chispitas de luz que siempre le aparecen cuando logra esos balances que trastruecan el tiempo de los simples mortales o cuando, sin aparente esfuerzo, remata los más de treinta "fouetté" que siguen sus admiradores con el corazón en la boca; el mismo chispear en la mirada que le vi cuando, después de una de sus noches memorables, sus "fans" le llevaban girasoles de regalo o cuando su hija Paula era niña y jugaba con su bóxer.

Una ciudad no debe medirse solo por la altura de sus rascacielos, sino también por el apoyo y reconocimiento que reciben sus artistas y creadores. Si para muchos, Rosario Suárez, en La Habana, era la última leyenda del Ballet Nacional de Cuba, para mí, es la primera leyenda de la danza en Miami. Así lo atestiguan los aplausos y, sobre todo, su quehacer y búsqueda constante para que lo más puro de su arte eche raíces en esta ciudad joven.

 
   

Emilio Surí Quesada

Nació y estudió en Cuba. En su país fue periodista y fotógrafo del diario "Juventud Rebelde", de la revista cultural "El Caimán Barbudo" y de la revista "Somos Jóvenes". También fue corresponsal en las guerras de Angola, Nicaragua, Sahara Occidental y Namibia, y realizó coberturas especiales en diferentes países. Recibió varios premios de poesía y periodismo, entre ellos, el Premio de Poesía 13 de Marzo. Universidad de La Habana, Premio Nacional Abril por una serie de reportajes sobre Nicaragua, reconocimiento Premio Casa de las Américas y el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí. Escribió varios libros de poesía y prosa y colaboró con diferentes publicaciones internacionales como la revista de la "Fundación Hispano Cubana", "La Nueva Cuba", "Mundo Hispánico" y "El Nuevo Herald" de Miami.

 
 
Rosario Suárez, un símbolo de la danza clásica de Cuba, hace historia como maestra y bailarina en los Estados Unidos.
 
 
 
 

Segundas Jornadas de Reflexión y Análisis
Coreógrafos en combate (Parte I)
Por Patricia Aulestia (México)

"Neoliberalismo y Cultura: Ética y estética de la creación coreográfica", fue el tema de las jornadas de reflexión sobre la danza mexicana. Danzahoy transcribe las ponencias de este encuentro realizado por el Colegio Nacional de Coreógrafos.

Las Segundas Jornadas de Reflexión y Análisis. "Neoliberalismo y Cultura: Ética y estética de la creación coreográfica" del Colegio Nacional de Coreógrafos organizadas por su presidenta Rossana Filomarino, coordinadas por Cecilia Lugo y Lidya Romero e inauguradas por Lucina Jiménez, directora general del CENART, incluyeron tres mesas de discusión en las cuales abordaron los "Principios éticos en la creación coreográfica, los Principios estéticos en la creación coreográfica y las Políticas culturales y producción dancística nacional" con la participación de Cecilia Lugo, Marco Ariel Rossi, Mauricio Nava, Rocío Flores, Solange Lebourges, Leticia Alvarado, Lidya Romero, Isabel Beteta, Jesús Laredo, Irene Martínez, Benito González, Evoé Sotelo, Cecilia Appleton, Alberto Dallal, Rolando Beattie, Alejandro Swartz, Jorge Domínguez, Rossana Filomarino, Marco Antonio Silva, como ponentes; Alberto Dallal, Gustavo Emilio Rosales y Patricia Cardona como moderadores y Gabriela Medina, Raquel Vázquez, Rodolfo y Saúl Maya, Evangelina Villalón, Patricia Aulestia, Consuelo Sánchez, entre otros, que intervinieron como público.

Las sesiones que se llevaron a cabo del 26 al 28 de agosto de 2004, en el Aula Magna José Vasconcelos del Centro Nacional de las Artes (CENART).
Una de las conclusiones de estas Segundas Jornadas fue la de que conjuntamente con otras organizaciones culturales entre ellas la Sociedad Mexicana de Coreógrafos SOMEC, propugnar ante otras instancias gubernamentales y en las Cámaras del Congreso Nacional iniciativas, leyes y programas que propicien una creación coreográfica de calidad y sin que el coreógrafo tenga que claudicar en sus principios.

Marco Antonio Silva, coordinador Nacional del INBA, reiteró varias veces que la dependencia a su cargo atiende a la danza del país en sus diversas especialidades y géneros.

A continuación la ponencia de la joven coreógrafa Evoé Sotelo y las conclusiones de la mesa moderada por Patricia Cardona, directora del CENIDI Danza "José Limón":

Neoliberalismo cultural o el arte políticamente correcto
Evoé Sotelo

Para hablar del impacto que ejercen las políticas institucionales en el ámbito de la producción artística nacional, es necesario establecer una serie de factores que determinan de manera esencial la forma en que autor e institución se relacionan. En este sentido, es imposible hacer a un lado el análisis obligado de un concepto que rige hoy por hoy la lógica de las acciones y el pensamiento del mundo en su totalidad, me refiero a eso que llamamos –en ocasiones despreocupada e irreflexivamente- neoliberalismo.

Podríamos comenzar por definir al neoliberalismo como el entorno político, económico y social que exhibe el capitalismo mundial actual. En este contexto, se establece nuestro devenir como un campo minado de relaciones de mercado que tejen la lógica de desarrollo de las sociedades y los individuos, exaltando ante todo el valor del objeto-mercancía como fuente máxima de riqueza y poder, de crecimiento y desarrollo en las sociedades avanzadas de nuestro tiempo.

Bajo este esquema, las naciones poderosas ejercen su dominio sobre los países subdesarrollados, instaurando su supremacía económica, política e ideológica sobre el resto que, en una clara desventaja de poder, termina comprometiendo sus valores fundamentales, entre ellos: fuerza productiva, riqueza natural e identidad cultural.

Es decir, la estructura del neoliberalismo funda sus bases en las formas más exaltadas y perversas de un capitalismo mundial cuyo afán de imparable ascenso económico sacrifica aquello que, finalmente, constituye el sustento real de toda sociedad: sus individuos, la identidad y los valores culturales que aglutinan a cada ser en un colectivo con nombre y rasgos particulares.

Con esta perspectiva a cuestas, resultan evidentes las estrategias políticas e institucionales que rigen la vida cultural en nuestro país. Éstas responden fielmente a los cánones que determina la lógica neoliberal en el mundo y buscan satisfacer las exigencias del exterior antes que atender las necesidades concretas en su interior.

Como resultado tenemos a un país que ha empeñado toda posibilidad de desarrollo artístico "real", en orden de aceptar el sometimiento absoluto ante aquellas naciones poderosas que determinan el curso del arte y la cultura mundiales. Obedeciendo a este fenómeno, México se convierte por consecuencia lógica, en un lugar de asiduos imitadores e incondicionales seguidores de todo aquello que -desde afuera- se nos determine como "la regla a seguir" según el basamento imaginario y simbólico establecido por la cultura hegemónica actual.

Bajo estas condiciones, nuestro ámbito cultural y artístico no tiene posibilidad alguna de subsistir (y mucho menos de trascender) si pretende acatar sus propias reglas para la creación, salvaguardar su libertad artística y defender sus propios procesos de investigación.

Establecido este panorama, encontramos que las políticas neoliberales en el arte dan eficientemente en el traste con toda posibilidad de expresión auténtica, original; al exaltar y motivar efusivamente toda aquella producción que siga -con gran ímpetu y mayor docilidad- las tendencias extranjeras avaladas en el marco internacional del comercio de las artes.

Bajo esta pobre perspectiva, podemos ubicar a un gremio dancístico que no tiene más que dos opciones: la primera resulta el camino fácil y más seguro, y consiste en ablandar el cuerpo para que los azotes de la dictadura neoliberal sean menos dolorosos. Dicha elección condiciona al artista a seguir sin cuestionamiento los cánones que se establecen como perfil de aquello que se denomina "alta cultura" o "arte de calidad internacional". Estos términos (bastante inconsistentes, por cierto), buscan definir a ese sector productivo del arte y la cultura nacional que ha consentido acatar las bases de participación dentro de la contienda institucional por el "lugar supremo", por el "título mayor". De tal forma, el propósito artístico pervierte su sentido al asumir el acto creativo como el desempeño de una tarea que consiste, básicamente, en reproducir fielmente y sin distorsiones los lenguajes estilísticos extranjeros que gozan de la mayor vigencia. Así, corroboramos que el desfile interminable de las versiones mexicanas de Graham, Bausch, Kilyan, Vandekeybus, y muchos otros más, ha ocupado por generaciones las carteleras semanales de periódicos y revistas nacionales, siempre con la fuerte ilusión de ser descubiertas por la institución como la versión más fiel del original. De esta manera se cumple el "sueño mexicano" de la danza en nuestro país: conquistando el trono de la réplica que nos permitirá (mientras se conserve) representar cual reina de belleza a nuestra nación en el extranjero por un período más o menos seguro, acompañados por supuesto, del nada despreciable aval moral de nuestros funcionarios más destacados.

La segunda opción para subsistir dentro del esquema neoliberal nacional es la más complicada, además de que no ofrece grandes posibilidades de cetro y corona, ni viajes de representación al extranjero, ni avales morales institucionales. Esta alternativa representa, en sí misma, una forma cultural de resistencia; consiste en desenvainar la espada, acomodarse el ropaje y asumir con mucho corazón y una buena parte de cerebro, la defensa de un modo propio de expresión. El que se decide por esta opción de supervivencia apostará su futuro protegiendo siempre la libertad en la creación y el espacio sagrado para la reflexión e indagación constante. Aquí, la propuesta artística constituye una visión crítica del mundo, y en este sentido, un planteamiento ético y estético que busca transformar e incidir en su entorno desde el discurso poético.

Al margen quedan el interés por los hits estilísticos en boga o las tendencias primavera-verano dictadas por las potencias del neoliberalismo corporal.

Desde esta postura creativa, las influencias en el lenguaje y los intercambios de información producto de un mundo globalizado, se asumen como elementos que constituirán el material para la "deconstrucción" de un universo complejo y personal. Aquí, la reelaboración de nuestro entorno cercano y lejano funda el sustento mismo de la propuesta, que se expresa mediante la interpretación individual del mundo que vivimos.

Obviamente, todo esto resulta muy poco atractivo para los principios de relación de mercado que establecen las instituciones culturales instauradas, abiertamente, bajo la lógica hegemónica del neoliberalismo mundial.

De esta manera, al no cumplir con las expectativas de homogeneidad indispensables dentro del esquema globalizante, las posibilidades de acceso a estrategias adecuadas para la producción, difusión y promoción de la obra artística que surge en la resistencia se reducen ampliamente, estableciéndose un orden jerárquico claramente delimitado, en el cual (como si se tratara del mundo al revés) la imitación, la postura irreflexiva ante el arte y la sociedad y el sometimiento, prevalecerán y tendrán mayores expectativas de vida en contraste con la autenticidad, el sentido crítico y el riesgo.

Asomarnos a nuestra realidad desde esta perspectiva resulta por demás avasallador. Según Enrique Carpintero, autor del ensayo "Metáfora del héroe colectivo", en el mundo actual "la sensación de devastación es lo que define la subjetividad colectiva e individual en amplios sectores de la población"; en el neoliberalismo el individuo y la colectividad pierden su identidad; no importa lo que un individuo o grupo social piense o sienta, el poder hegemónico del gran capitalismo mundial se encarga de borrar las diferencias, las particularidades, las esencias. Y aquí me pregunto, ¿qué es el arte si no la expresión profunda de las particularidades de un individuo y de una sociedad?, ¿cuál es la función primera del arte si no la objetivación de un universo interior personal, único e irrepetible, capaz de sintetizar nuestra visión crítica sobre el mundo que experimentamos?

Hegemonía y globalización, son conceptos intrínsecamente relacionados a las políticas neoliberales. Ambos implican una fuerte dosis de destrucción sistemática de la identidad; entenderlos no conlleva a aceptarlos.

Eduardo Coiro, sociólogo y escritor argentino, establece que, en el capitalismo, el poder (la institución) "nos obliga a vivir en rituales de sometimiento, en chantaje fáctico a la razón y como rehenes de la necesidad. En las instituciones domina la regla de la productividad creciente del malestar, y así, todos pueden aguantar un poco más."

Ante este estado de cosas, hacer arte en contra de los principios que plantea el esquema neoliberal mundial, a la vez que defender lo que queda de nuestra identidad individual y colectiva, equivale a visualizarnos en medio de la noche más oscura, en un inmenso mar enfurecido, con un remo y sin lancha.

Sin embargo, contra todos los pronósticos, por absurdo que parezca, existen siempre algunos cuantos temerarios que estarán dispuestos a aventar el remo y a buscar la aurora emprendiendo el nado con sus propios brazos.

Continuará en el próximo número de Danzahoy en español

 
       
    Volver al principio  
       
       
       
   
Recomienda este artículo
Tu Nombre   Tu e-mail
 
Nombre de tu amigo   E-mail de tu amigo