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El bailarín y coreógrafo
español murió el 20 de julio en
Madrid, a los 67 años, víctima de
un cáncer que padecía desde hacía
varios años. Su última voluntad.
Su vida, su obra y algunos de sus testimonios.
Sí, se pierde a un artista excepcional,
aunque a él agradase más la denominación
de "trabajador del baile", tan fiel
como murió a su confesa ideología
comunista. Pero cuán grande fue este peninsular,
nacido en 1936 en la zona de Alicante, bajo el
nombre real de Antonio Esteve Ródenas.
Fue otra grande Pilar López,
quien lo descubrió adolescente, hijo de
un albañil pobre, haciendo sus primeros
pasos en un espectáculo en el Circo Price,
de Madrid, a mediados del siglo XX, bailando junto
a La Palitos.
Siendo aún muy joven, ya deslumbraba por
su virilidad, su reciedumbre, y su descontado
amor por la danza... y las mujeres, en quienes
despertó fogosos amores. Pero aún
era un crudo a quien faltaba formación
técnica... y experiencia escénica.
De allí que tanto la gran bailaora como
Manolo Vargas le impartieran una enseñanza
exhaustiva sobre todo este último,
hasta hacer de él un primer bailarín.
Sus comienzos
El fogueo escénico se lo dieron el haber
ingresado a la Compañía de Pilar
López, y a la actuación en las obras
de su repertorio, "El Sombrero de Tres Picos",
"Concierto de Aranjuez", "El Amor
Brujo", todas ellas de tinte dramático,
que le posibilitaban lucirse, dada su vis actoral.
El joven prontamente dio muestras de creatividad,
coreografiando su primera obra "Ensueño".
En esta primera época también aceptó
el consejo de Pilar, La Argentinita, quien lo
indujo a tomar el apellido Gades, por resultar
más impactante que los propios. De aquellos
tiempos data su actuación sobresaliente
en un auto sacramental titulado "El Hospital
de los Locos".
Proyección internacional como bailarín
hubo de alcanzar al colaborar en 1962 con Anton
Dolin coreógrafo de la Ópera de
Roma. Dolin preparaba una versión del célebre
"Bolero" de Ravel, y pidió la
contratación de Gades para recibir su ayuda.
Teatros de esa fama y envergadura como la Ópera
y la Scala di Milano sorprendieron al bailaor
e incipiente coreógrafo. Conoció
y admiró a Carla Fracci, decidió
perfeccionar su pobre técnica clásica
nada menos que con Esmée Bulnes, "la
dama de hierro" de la Scala, forjadora de
talentos como la misma Fracci. Antes de ser "la
Signorina Bulnes", ya lo había hecho
en Buenos Aires por años, dejando un tendal
de primeras figuras como Olga Ferri, y numerosas
figuras del Colón, y el Argentino de La
Plata. Fueron los años en que Antonio Gades
comenzó a ser famoso...
Los vaivenes de la fama
Le encomendaron tres obras de García Lorca
para una Antología del Ballet. A fines
de 1962 debutó en la Scala como primer
bailarín y coreógrafo, allí
permaneció nueve meses. Italia encumbró
a Gades. Hasta filmó una película
con Vittorio Gassman, y realizó varias
actuaciones en la televisión. Cuando a
fines de 1963 estaba nuevamente en España,
el director cinematográfico Rovira Beleta
lo contrató para actuar en su film "Los
Tarantos". Fue en esa época en la
que comenzó a poner en práctica
su ideario de danza hispana. En primer lugar,
en una presentación en Barcelona decidió
despojar al máximo a sus obras de elementos
"extradanza", y resaltó el color
negro "para llegar al ballet más allá
de la danza", según lo afirmó
en su oportunidad. También de esos días
data su primer gran fracaso. Al montar su obra
"Don Juan", en el Teatro de la Zarzuela
de Madrid (1965) con textos de Mañás
y música de García Abril, no tuvo
el éxito esperado.
Sin dinero, y junto a la bailaora Curra Jiménez,
debió actuar en el Corral de la Morería,
tablao al fin... pero había que vivir y
no era de los que se arredraba... ¡nunca!
Como no perdió su fama, en 1968 fue convocado
por la Scala para intervenir en una programación
especial junto a la Fracci y Nureyev.
Gades en Buenos Aires
Gades actuó en París, en Nueva
York y en tantas ciudades de importancia, y recibió
premios de toda índole, también
de la crítica especializada. En el mismo
París se presentó hacia los comienzos
de los años '70 juntamente con el guitarrista
Paco de Lucía, con inmenso éxito.
Luego iniciaría una larga gira artística
por países de América y de Asia.
Fue en esa ocasión en la que lo vi actuar
por primera vez, en el teatro Avenida antes de
su incendio. Llevaba en el repertorio de la Compañía
a "El Amor Brujo". Quedé fascinado
como tanta gente que seguía sus evoluciones,
y contemplaba su ataque aquella noche del Avenida.
Cuando concibió para el Ballet Nacional
de Cuba su gran obra "Bodas de Sangre"
(1974) no imaginaba que el mismo Carlos Saura
la llevaría al cine estrenándola
en 1981, con él como coreógrafo
e intérprete principal. Luego seguirían
otras dos renombradas colaboraciones con Saura.
Vino enseguida a la Argentina con una compañía
en que descollaban El Güito y Cristina Hoyos,
más Juan Antonio, Elvira Andrés,
y Carmen Villena, entre otros notables del flamenco.
El viejo Teatro Odeón fue la sala que lo
recibió, y con lleno completo obtuvo resonante
triunfo no sólo en la obra basada en la
homónima de García Lorca, sino en
todo lo que bailó. En esos días
tuve una larga conversación con Gades en
los camarines del Odeón, luego de un ensayo.
Estaba lastimado interiormente, y no ocultaba
su rencor por haber sido despedido como director
del Ballet Nacional de España. Acusaba
a las autoridades, pero ocultaba cierto desorden
que había en el elenco por la manera en
que se conducía aquél. "Por
eso formé esta compañía como
cooperativa, con los que se solidarizaron conmigo..."
enfatizó. En esa entrevista me enteré
de que también había sido alumno
de Anton Dolin, y no dudó en serlo de Preobrajenska
y de Nora Kiss, tan querida por Béjart.
Y arguyó: "Cuando quise ser coreógrafo
también estudié pintura en París,
con Poliakov, y hasta el mismo Picaso me aconsejó".
Luego me dijo lo más interesante de su
aprendizaje como bailarín y creador: "Por
entonces me compré en España un
carro tirado por dos caballos, y recorrí
sus más recónditos lugares, conociendo
a la gente, asistiendo a las fiestas populares,
estudiando las costumbres. De esa experiencia
viva obtuve conclusiones que llevé a los
cursos que se dictaban en el Ballet Nacional.
Se debía estudiar antropología y
musicología... para que el resultado de
una obra no sea sólo bello, sino también
verosímil." Gades me dijo entre otros
conceptos: "Soy coreógrafo intuitivo.
La escena de la lucha y la muerte en Bodas
de Sangre, se basa sobre mis recuerdos del
cine con cámara lenta. Allí puse
todos los pensamientos de dos hombres que van
a matar por amor y por traición. Pero también
tuve en cuenta las palabras de un hombre que fue
herido y creyó que iba a morir".
Actuó también en el Teatro Liceo
y en el Colón cuando hace unos diez años
presentó allí su última gran
obra "Fuenteovejuna", sobre la homónima
de Lope de Vega. Todas estas características
y su infatigable carrera artística lo pintan
como era.
Sus pasiones
Claro está, también fue fiel a
sus ideas comunistas declaradas, no olvidemos
los homenajes de que fue objeto hasta por el propio
Fidel Castro, y que hasta pidió que sus
cenizas se depositaran en la isla del Caribe.
La vida afectiva del artista fue exuberante y
borrascosa. Cuatro matrimonios, y varias uniones
pasajeras le dieron cinco hijos (dos con Pilar
Sanclemente, tres con Marisol) y un nieto. Premiado
y hasta condecorado, Antonio Gades acaba de morir
luchando, a los 68 años.
Fue un verdadero hito de la danza hispana y del
ballet internacional. Es probable que esta nota
sea incompleta, pero constituye nuestro más
emotivo reconocimiento y homenaje al gran bailarín
y creador que fue.
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