Impresiones poéticas sobre el último espectáculo
de Pina Bausch presentado en Cataluña. Un trabajo
que apunta a recuperar los valores de la niñez,
del encanto primordial de la poesía y su mensaje
trascendente.
“El amor es el objeto eterno de nuestras aspiraciones
al cual no podemos renunciar; hacerlo significaría
privarse de cualquier esperanza, del sentido mismo de la
vida”.
Para entender, o más bien, ver la poesía
en tres dimensiones, es decir en “cuerpo y alma” –más
cuerpo, movimiento, cuna, que alma– hay que tener
el privilegio de poder ver a Pina Bausch, o más
bien, lo que de su mente sale y se hace Gólem, o
nube, o haiku en movimiento, o burbuja en susurro.
Pido disculpas, por emplear la poesía al hablar
de danza contemporánea, o más bien, por relatar
lo que ocurrió en el preestreno de la nueva obra
de Pina Bausch, que, con motivo del Forum 2004, inició su
ciclo de estreno desde el día 25 hasta el 30 de
mayo, en el Teatro Nacional de Catalunya (TNC). Pero, es
la única forma de dar cuenta de lo que sucede, o
acontece, o vuela, o narra, o “poetisa” en
el escenario, esta vez, austero, sencillo, inocente, de
blanco y negro, de negro y blanco.
En las coreografías de Pina (Philippine) Bausch,
de 63 años, al igual que un poema, existen, principalmente
la metáfora, pero también, y de manera exacerbada,
las aliteraciones, los encabalgamientos, las roturas de
sentimientos, la personificación; sinestesias, hipérboles
rimbombantes varias, y una rima asonante que cabalga por
cada cuerpo que se hace, o se nace, o se “desnace” en
el escenario, ante la mirada atenta de una Pina, vestida
de negro, observando cada sílaba, cada fonema del
movimiento, de sus hebras de movimiento.
Esta vez, en “Für die kinder von gestern,
heute und morgen” (Para los niños de ayer,
de hoy y de mañana), la artista nos pone la dedicatoria,
ni siquiera un título, sólo una pista latente
de lo que sucederá en el escenario, juegos de niños
producidos en una mente poética. No por ello lo
que le sigue es una “adultez pueril”, sino
en todo lo que basa sus espectáculos, el amor, la
negación a crecer, a perder la esperanza, y a ese
trazar el contorno del poema en el observador-actor que
mira, con suma subjetividad, lo que se traza con pinceladas
de movimiento en un entramado donde los abrazos y los besos,
las cunas y los vuelos de sueños, las nanas y los
cuentos de animales, los juegos y los columpios, el fuego
y el agua, el aliento y la vida, el barro y la arena, los
castillos y las paredes que se ciernen ante la madurez,
los empujones y las carretillas, son la palabra dicha,
la palabra dibujada en forma de danza, de teatro, a la “fi”,
de la más sublime expresión.
Todo lo que sucede después del título,
después de la llamada a callar al público,
es un poemario móvil con banda sonora propia en
cada una las páginas que escriben con sus apéndices-hilos
los danzantes-títeres.
Pido disculpas por no revelar más sobre el poema,
y es que esa es mi visión ulterior, mi visión
de poeta, así que volviendo a la esperanza de que
aún “No ha muerto la poesía” dejo
a la ingravidez del movimiento del verso, para que la mirada
ausente y austera de hoy en día, la socorra, con
una mirada, con varias miradas, que de seguro desatarán
la niñez, y la inocencia del que mira a través
de un caleidoscopio, y sigue soñando, ayer, hoy
y mañana. Volvamos a ser niños, a verle las
enaguas al poema… |
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| Juegos primarios producidos en una mente poética
que va al encuentro de los códigos esenciales
de la vida. |
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