Nota exclusiva para lectores suscriptos. Usuario:  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Escuela Departamental de Ballet
Una cuestión de "mercadeo"
Por Sonia Arias (Colombia)

 
 
Durante muchos años, la escuela (con más de cien estudiantes) funcionó en casas de familia y los espacios se adecuaban para las clases.
 
 
 

Reflexiones sobre las políticas culturales a partir del cierre de la única escuela de ballet del Departamento de Santander. La enseñanza formal y el auge de los talleres. Los gobernantes y los apoyos oficiales.

Los hechos:

  • a) Reconocimiento por parte de la Gobernación de Santander (1998) como "Ciudadano Meritorio" por una "labor pedagógica y cultural por logros ejemplarizantes para la ciudadanía. Con copia al Ministerio de Cultura Nacional y Decreto de Honores de la Alcaldía de Bucaramanga (Santander).
  • b) Reconocimiento por "formar talentos y generar movimientos de la Danza reconocidos en el contexto regional, nacional e internacional en beneficio del Arte" (2000).

Un mes después, el mismo gobierno da por terminada la única Escuela Oficial de Danza fundada en 1969 y en su defecto instala en los salones de clases y ensayos un centro artesanal de joyeros.

La historia

Es la radiografía que se repite en esta, nuestra América latina. Es la patética y aterradora imagen de los políticos a cargo de la cultura. No importa en qué ciudad o en qué país, la sinrazón es un lugar común cuando la cultura se mezcla con la política.

La Escuela Departamental de Ballet, única en su género en el Departamento de Santander, cumplía de manera oficial con carácter informal la enseñanza de la danza bajo la adaptación del método Vaganova. Durante veinticinco años y basado en laboratorios de investigación, mantuvo grupos de danza contemporánea, clásica y danza-teatro. Incluyó entre sus estudiantes, niños huérfanos de clases marginadas, programas que las autoridades sólo dejaron durar un año por decisión de un juez de familia que los destinó a realizar trabajos en zapatería y otros menesteres.

La divulgación artística y didáctica se cumplía en teatros, colegios, estadios deportivos, escenarios naturales, escuelas públicas, en eventos culturales, sociales, científicos y en distintas ciudades de Colombia. Durante muchos años, la escuela (con más de cien estudiantes) funcionó en casas de familia, en salas y comedores tan pequeños que obligaban a pasar al patio de baldosa para realizar el trabajo de centro y diagonales. Para los ensayos se conseguían sitios prestados o espacios al aire libre, sin olvidar que se suspendían las clases porque las goteras del techo llegaban a inundar el salón. El cambio de casas al que estuvo sometida la institución obligaba al un receso mientras se adecuaba la sala para las clases (colocación de barras y espejos u otras modificaciones).

Casi todos los años desfilaban nuevas autoridades dispuestas a desbaratar los programas establecidos por las anteriores, a pesar de las protestas y cartas de mi parte como directora, de estudiantes y padres de familia. Uno de los directores llegó a prohibir las presentaciones ya programadas del grupo artístico, hasta que la junta directiva los autorizara, con lo cual entorpecía la labor de divulgación de la escuela. El resultado de todo esto fue mi destitución. No obstante, después de un año, el secretario de Educación me restituyó en el cargo.

Más allá de las disputas, se realizaron varios de los montajes de danza-teatro donde se vinculaban maestros de talla internacional como Eduardo Ramírez Villamizar, Blas Emilio Atehortua, Sonia Gutiérrez , Mantilla Caballero, Agustín Núñez y otros no menos importantes en disciplinas como la pintura, la escultura, el teatro, la música y otras. Actividades que se presentaban en la Televisora Nacional y teatros del país y por las que nadie recibía retribución monetaria alguna, dado que nunca hubo un presupuesto de apoyo.

En medio de esta caótica situación fundé la Asociación de Amigos del Ballet, que fue de gran ayuda en su momento. A través de esta institución pudimos comprar equipos y vestuario, invertimos en capacitación y en talleres de diferentes disciplinas. La escuela tuvo entonces una mejor producción en todos los órdenes. En esa época logramos –con el gobernador de turno– construir la única sala (entregada hoy a los artesanos joyeros) con el piso adecuado para la danza. Allí se formaron muchos bailarines que luego se vieron obligados a abrir sus propias escuelas particulares con los consiguientes problemas para su mantenimiento.

La inestabilidad, el desmejoramiento laboral de los profesores, la falta de motivación que producía la lucha estéril de todos en un medio que se esfuerza y lucha solo por conseguir votos y escaños de orden político, fue acabando poco a poco con la Dirección de Cultura Artística de Santander, el único centro de enseñanza artística no formal.

Es tal el despiste de nuestros directores de cultura, que hace unos años, el Ministerio de Cultura, la Universidad Industrial de Santander y el Instituto Municipal de Cultura, organizaron un simposio con el claro objetivo de comercializar el arte de nuestra región. La intención era hacer del arte un negocio autosostenible. Un pequeño detalle: carecían de información en cuanto a la ausencia total de una Escuela de Bellas Artes en Santander como para pensar en posicionar nuestra producción a nivel internacional. Si partimos de la base de que no existen políticas culturales para el país y por ende, contamos con un público que desconoce o no ha podido "saborear" con permanencia el arte en sus distintas manifestaciones, cuáles pueden ser las pautas de calidad. Muy seguramente, si tiene que escoger entre un cuarteto de cámara y un grupo de mariachis, se quedará con la segunda opción. Y esa medida regirá su criterio en general porque no ha tenido la oportunidad de tomar contacto con el arte desde su formación primaria. Sufrimos de "tallerismos", convencidos de que esta modalidad formará maestros de Arte. Son precisamente los talleres los que oficialmente están reemplazando la escuela con el obvio perjuicio para nuestro Arte Colombiano. Como miembro del Consejo Cultural he manifestado mi total desacuerdo con los talleres como entes formativos.

Frente a la posibilidad de optar por una educación artística más formal y académica, he presentado proyectos para la creación de una facultad de danza a dos de las universidades de la región. Pero la respuesta es que el estudio de mercadeo no lo acepta. Económicamente no es pertinente.

Inevitablemente surge la pregunta: ¿no es el arte una inversión necesaria para el desarrollo de los pueblos? ¿Debe la universidad pública y gratuita inmiscuirse en cuestiones de mercadeo? El arte se trata de la vida misma y también forma parte del futuro.

  Sonia Arias

Como coreógrafa, ha realizado más de treinta obras clásicas y contemporáneas. Iniciadora y promotora de la danza clásica y contemporánea en Santander, fue directora de la Escuela Departamental de Ballet de esa ciudad. Su vinculación al trabajo de reconocidos artistas plásticos, músicos, escritores, sociólogos, fotógrafos, le permitió establecer vínculos entre la danza y las demás artes. Fue la precursora de la corriente de danza-teatro en Colombia y también creó los Laboratorios de Investigación de Danza y metodología de la enseñanza en la formación de bailarines. Artista de planta de la Televisora Nacional de Colombia por más de diez años, Sonia Arias fue fundadora Cooperativa de Artistas en Bogotá, del Teatro El Buho y de la Asociación de Amigos del Ballet y del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, Santander.

   
 
       
    Volver al principio  
       
       
       
   
   
     
  Puedes recomendarlo hasta a 3 amigos  
     
 
 
     
     
         
     
1    
       
2    
       
3    
         
 
 
     
   
 
       
    © 2004 - Todos los derechos reservados.