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  Ballet Independiente • Magnolia Flores
 
 
 
 
 
 
 
 

ARGENTINA: DANZA BAJO AMENAZAS Y ATENTADOS
Los fantasmas de la represión
Por Maritza Gueler (USA)

El coreógrafo Mauricio Wainrot y la coordinadora artística Andrea Chinetti reciben amenazas por correo electrónico con el objetivo de eliminarlos de sus cargos. Un atentado provocó un incendio en la sede de la compañía.

Durante el gobierno del General Perón (1945-1955), los opositores al gobierno fueron víctimas de la intolerancia y la represión que culminaron, casi al final de la presidencia del General, con el incendio a las iglesias de la ciudad de Buenos Aires como acto de represalia a la oposición. Era junio de 1955. Otra dictadura volvió a instaurarse en el país, para luego dar paso a un brevísimo período democrático, que fue derrocado por una nueva dictadura militar. Los intelectuales y científicos debieron emigrar ante las amenazas del oscurantismo.

Ya a principios de la década del ’70, la muerte comenzó a asolar el país con atentados perpetrados por la guerrilla, los grupos paramilitares y la represión del gobierno militar que, en 1976, se había apoderado del gobierno nuevamente.

La muerte adoptó las formas más despreciables y cobardes, mientras los intelectuales intentaban crear bastiones de resistencia. El emblema irrevocable de esa represión devastadora fue el incendio, en 1981, del teatro El Picadero. Fue precisamente allí donde los teatreros y artistas gestaron el movimiento más importante de la historia del teatro argentino y de la resistencia ideológica: Teatro Abierto.

De aquel horror de los ‘70 hasta hoy han pasado ya 23 años. En la memoria quedaron 60.000 muertos o "desaparecidos". Es importante "No olvidar".

En diciembre de 2003, en plena época democrática, un atentado cayó sobre el estudio y sede del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, en Buenos Aires, Argentina. Piano, tapete, aire acondicionado, cortinados, barras y otros elementos de la sala de trabajo ubicada en el octavo piso del Teatro San Martín quedaron destruidos por el fuego. Dos días después, el director de la compañía, Mauricio Wainrot, recibió un nuevo e-mail, de los tantos anónimos que estuvo recibiendo desde septiembre de ese mismo año, en el que esos sujetos que firman "Ku Klux Klan" enmascarados en el anonimato, se adjudicaban el atentado.

Hace pocas semanas apareció un nuevo e-mail, que amenazaba con quemar el teatro si Wainrot y la coordinadora artística del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, Andrea Chinetti, no renunciaban de sus puestos. El secretario de Cultura de la ciudad, Gustavo López y el director general del teatro Kive Staiff hicieron público un comunicado en el cual apoyan la gestión del coreógrafo cuya trayectoria es incuestionable y deploran enérgicamente estos hechos y metodología.

La electrónica instaura ahora, en forma sofisticada y moderna, nuevos métodos de represión e intimidación. Los viejos fantasmas del pasado reaparecen, con mayor o menor intensidad, pero reaparecen al fin. No obstante, la libertad de pensamiento se enfrenta ante cualquier barbarie.

Hoy, una de las más destacadas compañías de América del Sur, el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, se encuentra frente a esta nueva forma represiva que combina la electrónica con la vieja barbarie de la destrucción.

De nada sirven las treinta obras que se estrenaron en la compañía desde la asunción de Wainrot en 1999, ni las funciones a sala llena, ni los éxitos y reconocimientos del coreógrafo en el exterior. Hace menos de un año Wainrot estuvo nominado a los premios Benois de la danza y fue coreógrafo invitado en varias compañías europeas.

Al parecer, la era de la intimidación no ha terminado su ciclo. Los protagonistas, entes anónimos que quizás sólo tengan expectativas minúsculas de poder, disparan contra la excelencia. ¿Cabe, en todo caso pensar que la danza o el arte pueden ser, en plena democracia, víctimas de semejante demencia?

 
 
Mauricio Wainrot, director del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín.
 
 

BALLET INDEPENDIENTE
Magnolia Flores
Por Patricia Aulestia (desde México)

Magnolia Flores, la incansable promotora de Ballet Independiente, vive momentos de gran conflicto debido a su decisión por reestructurar la compañía.

Magnolia, de pequeña estatura y espigada figura, nació en León, Guanajuato, y creció entre dos ciudades: su natal León y el Distrito Federal, ambientes culturales ricos en manifestaciones artísticas, que provocaron en ella desde su niñez la pasión por las artes. Con el tiempo estudió pintura en La Esmeralda, Escuela Superior de Artes Plásticas del INBA, con la orientación de los maestros Assad y Benito Messeguer. Sin embargo, la inquietud y el interés por comprender todo lo relacionado con las artes la llevó hacia la danza, la que estudió con Carlos Gaona y Raúl Flores Canelo.

Desde ese momento hasta estos días, su vida se ha desarrollado en el ambiente artístico, y ha ampliado sus conocimientos a través de su trabajo en la coordinación de vestuario en Ballet Nacional, asistente de dirección en Ballet Independiente que fundó Raúl Flores Canelo, coordinación general del mismo conjunto, hasta estos días donde es la directora general, y promotora de Ballet Independiente, cuidando las relaciones con las organizaciones gubernamentales y privadas que han permitido la supervivencia y la difusión de la obra coreográfica de Flores Canelo.

Es secretaria general de la Sociedad Mexicana de Coreógrafos (SOMEC) en la cual desde su fundación hace más de diez años ha luchado por los derechos autorales de los creadores y junto con otras sociedades autorales ha llevado hasta la Cámara de diputados propuestas para beneficiar a la comunidad dancística.

Callada, con gran capacidad de trabajo y mucha paciencia, ha desarrollado múltiples estrategias para lograr los fines de las organizaciones a las cuales pertenece, por ello creemos que saldrá adelante en esta confrontación que ante los medios de comunicación mexicanos ha tomado dimensiones insospechadas.

Magnolia Flores desea retomar los principios de Flores Canelo, que cuando presentaba a Ballet Independiente declaraba: "Somos una comunidad artística sin dogmas, con pensamientos simples y sencillos. Nos une la sola idea de bailar. Con nuestras diferentes personalidades, razas y credos, tratamos de hacer un pequeño grupo donde el amor a la danza se convierte en un objetivo ideal,... expresamos con todo nuestro contenido intelectual y físico la danza, vínculo que nos une al público, juez y mantenedor de nuestro arte".

Con la reestructuración, la compañía mantendrá sus objetivos fundamentales difundiendo la danza en México y en el extranjero, el legado artístico de su fundador, luchando por la libertad de expresión, fomentando la creación coreográfica y la enseñanza, estimulando a los nuevos creadores, apuntalando y proyectando la cultura interesada en la transformación del quehacer dancístico y produciendo un arte que refleje a nuestro país.

Ballet Independiente reafirmará su compromiso en el presente año 2004, atendiendo la exigencia de los cambios que se suscitan en el ámbito global, sin perder el espíritu e idiosincrasia del pueblo mexicano a quien se debe y a quien debe servir, alcanzando los parámetros de calidad y excelencia con los cuales se enriquezca esta compañía y la cultura de esta Nación.

Para llevar a cabo este cometido, Magnolia Flores cuenta con Socorro Meza, como coordinadora artística del conjunto. Socorro cuya trayectoria artística y profesional como bailarina e intérprete es respaldada por su participación en diversas compañías profesionales de danza como Ballet Contemporáneo, Expansión 7 y el propio Ballet Independiente donde maduró experiencia y conocimientos bajo la tutela de Raúl Flores Canelo. También ha participado en eventos culturales, artísticos, festivales y temporadas de danza contemporánea en el Palacio de Bellas Artes, giras internacionales a Cuba, USA y Argentina. Ha sido maestra de danza clásica, contemporánea y coreógrafa durante tres décadas, con una experiencia ininterrumpida en la Academia de la Danza Mexicana donde fue directora durante ocho años.

 
       
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