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OSTEOPOROSIS
Por Lya Contreras
del Toro (México)
Médico especialista en rehabilitación
Enfermedad que se caracteriza por la
disminución de la masa ósea y por el aumento
de la fragilidad del hueso. Riesgos de fractura.
En general, las atletas y bailarinas jóvenes
tienden a padecer de una interrelación de tres
alteraciones básicas dependientes, en cierta
forma, de la actividad física que realizan. En
ellas están involucradas las alteraciones alimentarias,
las del ciclo menstrual y la osteoporosis.
La osteoporosis está definida como una enfermedad
que se caracteriza por una disminución de la
masa ósea y por deterioro microarquitectónico
del tejido óseo, que lleva a un aumento de la
fragilidad del hueso y a un incremento consecuente del
riesgo de fractura. Durante las últimas décadas,
la evaluación y diagnóstico de la osteoporosis
han avanzado, a través del desarrollo y la aplicación
de técnicas no invasivas para evaluar la masa
ósea y la pérdida de hueso. Estas técnicas
no sólo incrementaron la comprensión sobre
el metabolismo esquelético, sino que también
han permitido diagnosticar y estudiar el desarrollo
de la osteoporosis, así como valorar el impacto
de diferentes regímenes terapéuticos.
En particular, los métodos altamente sofisticados
para cuantificar la masa ósea, como aquellos
que ofrecen la absorciometría de Rayos X y fotones
o la tomografía axial computarizada, permiten
valorar el grado de pérdida de hueso en áreas
anatómicas clínicamente relevantes. Por
lo tanto, aunque el examen radiológico sigue
siendo el diagnóstico de mayor valor para las
fracturas por osteoporosis, estas nuevas técnicas
brindan una evaluación confiable de la progresión
de la enfermedad y de la respuesta terapéutica,
mucho antes de que haya ocurrido la fractura.
La densitometría ósea ofrece una ventaja
significativa sobre la radiografía estándar,
en la valoración y diagnóstico de la osteoporosis.
Es capaz de medir la masa ósea en las áreas
clínicamente relevantes, tales como la cadera,
vértebras y la muñeca, ya que los diferentes
huesos pierden masa ósea a tasas diferentes.
Debido a que la resistencia del hueso es proporcional
a la masa ósea, dichas técnicas pueden
ser utilizadas no sólo para diagnosticar la osteoporosis
sino también para predecir el riesgo de fractura
individual del paciente.
Los métodos más comúnmente utilizados
en la actualidad para medir la masa ósea son:
- Absorciometría de fotón simple (SPA)
- Absorciometría de fotón dual (DPA)
- Absorciometría de Rayos X con doble energía
(DEXA)
- Tomografía cuantitativa computarizada (QCT)
Aunque, en general, estas técnicas miden el
contenido mineral óseo, con frecuencia se refiere
a estas técnicas como medición de la densidad
mineral ósea o masa ósea, y los tres términos
se utilizan en forma indistinta.
Al utilizar la fuente de rayos X, en vez de radioisótopos,
la absorciometría de Rayos X de doble energía
(DEXA) representa una nueva generación de técnicas
para medir la masa ósea. Con una precisión
mejorada y un tiempo de rastreo más rápido
(dos a tres minutos), la DEXA ofrece algunas ventajas
sobre la SPA y la DPA.
Las áreas más comúnmente medidas
por la DEXA incluyen la columna vertebral y la cadera.
También puede medir el calcio corporal total
y la grasa. Sofisticados programas de computación
convierten la energía transmitida en una representación
de color visual, ya sea en la pantalla, o en un reporte
impreso en láser.
La gran mayoría de los autores que se han dedicado
a evaluar la densidad mineral ósea en relación
con las alteraciones alimentarias, concluyen que de
éstas, las más graves y de mayor interés
son la anorexia nerviosa y la bulimia. Ambas, demostraron
tener un efecto directo negativo sobre la densidad mineral
ósea, la cual puede agravarse si se combina con
otros factores como la intensidad de la actividad física
y las alteraciones en el ciclo menstrual.
También se ha comprobado que atletas con
algún tipo de alteración alimentaria,
sometidos a un entrenamiento intenso, incrementaban
el riesgo de sufrir fracturas por estrés inclusive
en mujeres con densidad ósea normal.
Por su parte, el ballet clásico en el plano
profesional no constituye un ejercicio físico
de intensa actividad sino, por el contrario, resulta
tener ciertas características osteogénicas
importantes fundamentadas principalmente en las fuerzas
de impacto sobre el hueso. El ejercicio al que está
sometido un bailarín es capaz de contrarrestar
los efectos negativos sobre la densidad mineral ósea.
Por lo tanto el ballet clásico no disminuye la
DMO y por ende, las bailarinas no presentan riesgo de
fractura patológica. Por lo general, las bailarinas
no se fracturan por mala calidad ósea, sino que
por el contrario, deben buscarse otros factores que
influyan en esto. Es importante considerar las características
anatómicas individuales de cada bailarín
y los efectos biomecánicos que sufre el hueso
al someterse a dicha actividad durante varias horas
de entrenamiento.
Artículos relacionados:
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Danza Nº 19; 20 y 21: Densidad
mineral ósea
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