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DANZA AFECTIVA
¡Viva la vida!
Por Francisco Huneeus (Chile) *
 
 
En penumbras y con músicas diversas, la Danza afectiva es un trabajo corporal cuyo objetivo es despertar las emociones.
Foto gentileza de Editorial Cuatro Vientos.
 
 
   
     
Un camino diferente para romper con los prejuicios del cuerpo y acercarse a las emociones. La "danza libre" se realiza en penumbras y permite tomar contacto con diferentes expresiones creativas.

La danza surge de la expresión de un estado de ánimo colectivo. Los estados de ánimo van más allá de las 5 ó 6 emociones darwinianas, y como éstas, tienen un valor de supervivencia, es decir, sirven para llevarnos a encarar situaciones de la vida real con el tipo y nivel de energía necesarios como para vivirlas satisfactoriamente. La vida cotidiana requiere una elasticidad afectiva continua para no quedarse pegado o atascado en situaciones. El ejercitar la fantasía y la respuesta afectiva conducida por la música y el movimiento es un excelente modo para recuperar potencialidades perdidas o nunca bien desarrolladas como el sentido de sintonización con la situación y con el otro, la energización, el humor, la fantasía, la alegría u otras.

En buenas cuentas, es una forma de ejercitar la inteligencia emocional a través de la acción, además de mejorar increíblemente nuestro estado físico y de "amigarnos" con el cuerpo. Esta actividad –a través de una secuencia de piezas musicales– permite lograr la "explosión a la alegría" descrita por Perls, como una de las cuatro explosiones (o descontroles ocasionales) necesarias para encarar la vida. Será "joie de vivre" o "Elán Vital"o simplemente adrenalina o endorfina feliz.

La Danza Afectiva está dirigida a todas aquellas personas que quieren bailar libremente diversos tipos de música, pero que por alguna razón –edad, falta de experiencia previa o timidez– no han tenido la oportunidad de hacerlo. También es para estudiantes de danza y bailarines que simplemente quieran dejarse llevar, improvisar y explorar nuevos movimientos sin estar ceñidos a un plan o pasos determinados.

Las clases son sesiones de aproximadamente 2 horas de duración en una sala grande en penumbra (para paliar la vergüenza). Al inicio, el profesor da algunas indicaciones sencillas que pueden seguir los que quieran, y que sirven para entrar en contacto con la música, la situación y el cuerpo. Esta primera parte dura unos 20 minutos y generalmente se realiza al compás de una raga hindú. Después se incorporan otros tipos de música: clásica, romántica, música de ballet para llegar luego a otros estilos como música contemporánea, caribeña, music hall y otras, para concluir con música afroamericana u otra alegre y rítmica.

La Danza Afectiva es un modo de expresar y sentir la música y los diversos estados afectivos que ésta expresa en la forma más natural y comprometida posible, sin restricciones de técnica ni de las miradas de un público o un profesor enjuiciador. No está relacionada con la psicodanza, la biodanza o la danza-terapia. Surge de una experiencia llamada "Free Dance", o danza libre que ya se practicaba en los Estados Unidos en la década del ’60.

Como en todas las cosas, para vivir esta experiencia de Danza Afectiva, es importante tener cierta constancia. Por ello se exige participar en al menos cuatro sesiones. El efecto "sorpresa" que puede ocasionar la primera sesión va cambiando cuando uno ya sabe qué esperar y de qué se trata.

La música, que en la vida diaria es solo melodía inerte, en este espacio se transforma en algo vivo, que traspasa energía movilizadora, que motiva distintos estados de ánimo y que genera un espacio de contacto con uno mismo que se expresa a través del propio cuerpo. El cuerpo es capaz de traducir la música, para así expresar lo sentido en una danza, una expresión corporal que signifique lo que no se puede decir con palabras, solo a través del cuerpo, a través del descubrimiento de otro lenguaje, el de los sentimientos y las emociones...

   
   
 

Francisco Huneeus

Se recibió de médico en 1961, se fue a trabajar al Departamento de Biología del MIT (Massachusetts Institute of Technology) en el área de neurobiología y neuroquímica. En forma paralela a su trabajo como investigador en medicina, se inició en el "Free Dance" y estudió danza moderna en la Escuela de Joan Turner y Patricio Bunster. Luego de 10 años retornó a Chile, donde inició su trabajo en psiquiatría, con especial interés en psicoterapia. Desde hace algunos años dirige la Editorial Cuatro Vientos, y dicta clases de danza afectiva o danza libre. Francisco se desempeña también como cronista de música de cámara, y es trompetista de jazz tradicional. Entre sus publicaciones se destaca el libro "Lenguaje, enfermedad y pensamiento".

 
 
       
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