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Las bailarinas realizan actividades de entrenamiento físico extremo, no obstante, las horas de trabajo se combinan con períodos de descanso frecuentes.
Foto: Rodolfo Lo Bianco.
 
 
   
     

EFECTO DE LA ACTIVIDAD FISICA EN LA DENSIDAD ÓSEA
El misterio de los huesos (Parte II)
Por Lya Contreras del Toro (México)
Médico especialista en rehabilitación

Segunda parte del informe especial sobre densidad ósea. Estudio comparativo entre bailarinas y otros grupos de mujeres ajenos a esta disciplina. Tendencias y factores que influyen en su evolución.

La densidad mineral ósea (DMO) en las atletas puede estar influida por muchas variables tales como el consumo de calcio, la masa corporal, la historia menstrual, las alteraciones alimentarias y la actividad física, entre otras. De todas ellas, las tres últimas constituyen las de mayor importancia ya que son las que mayor efecto tienen sobre la DMO. Las atletas que parecen estar en mayor riesgo de desarrollar oligomenorrea (disminución de la frecuencia del número de menstruaciones) o amenorrea (falta de menstruación) son aquellas que inician un entrenamiento físico intenso en edades tempranas sobre todo antes de la primera menstruación. Algunos estudios demostraron que la recuperación de los ciclos menstruales en las atletas que padecían de amenorrea beneficiaron la DMO de la columna lumbar.

Se ha comprobado a través de diferentes investigaciones que, si bien la actividad con peso está asociada con un incremento en la densidad mineral ósea, el ejercicio excesivo puede influir notoriamente en las irregularidades menstruales y su consecuencia directa en la reducción de DMO. Generalmente, las mujeres con ciclos menstruales normales que hacen actividad física antes de la menopausia, tienen mayor masa ósea que las que son más sedentarias. Por otra parte, las mujeres con ciclos menstruales normales que realizaron una actividad física moderada tienen mayor densidad ósea a nivel lumbar que en aquellas que se entrenaron exhaustivamente y en quienes se reportó un número considerable de fracturas por estrés.

Un entrenamiento vigoroso puede causar, inclusive, cambios hormonales sutiles, tan pequeños que no producen amenorrea, pero que de alguna manera influyen perjudicialmente a la salud ósea. La disminución de la masa ósea puede conllevar a múltiples lesiones. Se convierte, inevitablemente, en un factor de riesgo para fracturas debido a que un ejercicio extremadamente intenso puede producir una fractura por estrés, aun en un hueso normal que está sometido a tensión repetitiva. También es cierto que numerosos estudios en atletas y no atletas indican que un incremento en la carga mecánica a través de la aplicación de resistencia (entrenamiento con peso) o el incremento de actividades con peso (tales como la carrera) aumentan la masa ósea.

Un modo de actividad atlética como el que desempeñan las gimnastas involucra altas cargas de impacto y tensión sobre el hueso, lo que propicia un alto efecto osteogénico (efecto formador del hueso). Inclusive existen reportes que aseguran mejor densidad ósea en mujeres gimnastas que en corredoras, nadadoras o mujeres no atletas.

Cierto tipo de ejercicios colaboran a incrementar la densidad mineral ósea. Los deportes de alto impacto (básquet o baloncesto) y mediano impacto (hockey y carrera) se asocian con un incremento de la DMO en contraste con las actividades que no tienen impacto como la natación. El efecto benéfico del ejercicio regular proporciona bases útiles en el mantenimiento de la masa ósea.

Las bailarinas de ballet clásico están sometidas a actividades de entrenamiento físico extremo, lo cual permite pensar que las probabilidades de disminución de la densidad mineral ósea se verán incrementadas. No obstante, un estudio realizado con treinta bailarinas profesionales de la Compañía Nacional de Danza INBA y del taller coreográfico de la UNAM, permitió observar el desarrollo de la densidad ósea bajo diferentes circunstancias. Este grupo fue comparado con un "grupo control" de treinta mujeres en el mismo rango de edad que realizaban alguna actividad física con carga de peso sin exceder 10 horas a la semana.

Los resultados acusaron un porcentaje promedio de DMO en las bailarinas de ballet, de103.1 contra 95.0 obtenido de la investigación del "grupo control". En segundo lugar, si bien ambos grupos eran de similar estatura (163,2 cm vs. 160 cm) la diferencia de peso fue significativa ya que el "grupo control" oscilaba en un peso promedio de 54.5 Kg contra, aproximadamente 48,2 de las bailarinas. En tercer lugar, las bailarinas refirieron un porcentaje tres veces mayor con respecto a la presencia de dolor crónico (66,6 % contra 20 %). En cuarto lugar, embarazos y lactancia fueron mayores en las bailarinas y, al contrario, hubo más fumadoras y consumidoras de secuestradores de calcio (conservadores utilizados en alimentos envasados) en el otro grupo. En quinto lugar, en las bailarinas se reportó un porcentaje más elevado (33,3 %) de amenorrea y oligomenorrea. Finalmente, anorexia nerviosa y bulimia se presentaron con una frecuencia del 13,3 % contra un 0 % del "grupo control".

CUADRO 1
Datos generales de ambos grupos de estudio
Cifras promedio en cada variable

 

 
     
Variables   Bailarinas   Controles
Edad   24   24
Peso   48,2   54,5
Estatura en cm.   163,2   160
Antecedentes de Osteoporosis   6,6 %   13,2 %
Horas de Entrenamiento semanal   47,3   5,6
Antecedentes de fractura   20 %   16,6 %
Dolor crónico   66,6 %   20 %
Menarca   13,2   12
Ciclo menstrual Ameno/Oligomenorrea   33,3 %   6,6 %
Anticonceptivos orales   10 %   13,3 %
Embarazos   30 %   10 %
Lactancia   20 %   6 %
Tabaquismo   40 %   30 %
Ingesta leche   90 %   86,7 %
Cafeína   43,3 %   53,3 %
Secuestradores de calcio*   36 %   56,7 %
Anorexia nerviosa   13,3 %   0 %
Bulimia   13,3 %   0 %
% DMO   103,1   95
         
* Secuestradores de calcio: conservadores químicos que se utilizan en alimentos envasados y/o enlatados, como por ejemplo, los embutidos y todos aquellos alimentos que contengan aditivos como el benzoato de calcio o similares.
   
     

Análisis del cuadro:

En las bailarinas, el porcentaje de DMO era exactamente igual entre aquellas con un peso igual o menor al promedio (48 Kg), que en aquellas con un peso mayor a los 48 Kg. Por otra parte, el porcentaje de DMO varió desde 107 ± 8,6 a 97,5 ± 9,1 en las bailarinas que además de las horas de entrenamiento de ballet, también dedicaban otras horas de actividad física extra. En este aspecto, un hallazgo importante es que las bailarinas que realizan otra actividad física se iniciaron en el ballet a los 7 u 8 años. Otras que se iniciaron en el ballet antes de los 7 años tienen un porcentaje de DMO mayor (111) que quienes comenzaron después de los 8 años (102). Los datos también demostraron que quienes no realizan otra actividad física se iniciaron en el ballet a los 9 años y su porcentaje de DMO es de 101,7. Dentro del subgrupo de quienes dedican 30 horas de entrenamiento, el porcentaje de DMO es de 99 contra 102,3 y 108 de quienes dedican 36 y hasta 42 horas a la semana respectivamente.

En otro rubro, las bailarinas que manifiestan tener antecedentes de fracturas tuvieron un porcentaje de DMO menor (98,6) que aquellas sin antecedentes de fracturas (104,2); por lo tanto, las primeras, tendrían tres veces más riesgo de tener dolor crónico que las segundas.

En cuanto a las variables ginecológicas y hormonales, las bailarinas que comenzaron su ciclo menstrual a los 13 años (o menos), el porcentaje de DMO es mayor que en aquellas cuya menarca empezó después de los 13 años (104,3 vs 101,2). Si al primer caso se le suma la edad de inicio en el ballet (menor a los 8 años), más horas de entrenamiento en otra actividad física, el porcentaje de DMO es mayor (111) comparado con aquellas cuya menarca empezó después de los 13 años, que no hacen actividad física extra y comenzaron a bailar después de los 8 años (100,3 DMO).

El consumo de anticonceptivos orales estableció una ligera diferencia en el porcentaje de DMO, así, quienes manifestaron consumirlos tienen un porcentaje de 107,3 contra 102,6 de quienes manifestaron no consumirlos. En relación con los factores nutricionales que influyen predominantemente sobre la DMO se encontró una diferencia significativa de un 13,3 % tanto para anorexia nerviosa como para bulimia. En este caso, el porcentaje de DMO en pacientes que sufren anorexia es ligeramente menor que sus contrarias (102,7 vs. 103,1). Similares resultados se dieron en las personas bulímicas, quienes presentaron un porcentaje de 100.7 de DMO en comparación con las bailarinas no bulímicas cuyo porcentaje es de 103,5.

En cuanto al consumo de leche, las bailarinas que toman entre dos y tres vasos de leche, no consumen cafeína y no consumen secuestradores de calcio tienen siempre más porcentaje de DMO que sus contrarias.

Dentro del "grupo control", las que dedican más de 7 horas a la semana de ejercicio físico tienen una ligera ventaja en la DMO, la cual se incrementa cuando el tiempo de ejercicio excede a los 3 años.

Los resultados de este estudio demostraron que el porcentaje de densidad mineral ósea (DMO) en la cadera de las bailarinas fue significativamente mayor a la encontrada en el "grupo control" después de un entrenamiento intenso y prolongado. A pesar de que las bailarinas de este estudio dedican muchas horas de entrenamiento semanal por un período bastante largo, las horas netas de actividad no son las referidas ya que durante las horas de clase y ensayos hay siempre espacios de inactividad física entre los diferentes ejercicios. Por tal motivo, el ballet clásico no es considerado como una actividad aeróbica ya que un bailarín pocas veces alcanza el 80% de su frecuencia cardiaca máxima, y si lo alcanzara, esto no se mantendría por un espacio suficiente pues se vería interrumpida por un período de inactividad.

Otros estudios comparativos sobre el contenido mineral óseo de 24 levantadores de pesas y 21 profesionales de ballet dieron resultados semejantes entre ambos grupos. Sin embargo, se advirtió un incremento ligeramente mayor en el grupo de bailarines que iniciaron su actividad física a temprana edad.

Continuará en el próximo número de Danza en español

   
     
 
Los deportes de alto impacto, como el básquet, y mediano impacto, como las carreras, se asocian con un incremento de la densidad mineral ósea.
Foto: Rodolfo Lo Bianco.
 
 
   
 
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