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REFLEXIONES SOBRE LA NUEVA DANZA
Una visita al Museo Nacional de Bellas Artes
Por Mabel Diana (Chile)

Problemas creativos, elementos que no pueden faltar a la hora de llevar a escena una pieza coreográfica. La danza y el resto de las artes, técnicas y elementos de seducción.

Hice una incursión por el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago y fue precisamente esa visita el detonante de esta reflexión. En la exposición fotográfica "India-México - Vientos Paralelos", tres fotógrafos, el brasileño Sebastião Salgado, la mexicana Graciela Iturbide y el indio Raghu Rai, redescubren con sus miradas a dos pueblos tan lejanos como similares entre sí. Captan lo esencial de cada uno y hacen de las imágenes una síntesis de lo complejo. Esa capacidad de síntesis y de abstracción es lo que muchos espectadores, entendidos o no, desearíamos encontrar en el contenido de la danza contemporánea. Cómo lograr decir tanto con tanta economía de espacio, de color, de discurso.

Al recorrer la exposición, las obras de los fotógrafos, nos atraen, nos deslumbran, nos hacen pensar, sentir, recordar. Todo lo que deseamos que ocurra cuando participamos de una puesta en escena. Los espectáculos de danza contemporánea muchas veces nos bombardean con movimientos sin razón, sin motivo. Nos apabullan de técnicas y nos dejan inconmovibles, son como chispazos de luces y sonidos que se pierden y nos dejan tan vacíos como cuando nos sentamos a esperar que algo suceda.

El contemplar en una fotografía una tormenta de arena sobre gente tratando de cubrirse sin poder evitarla, el fotógrafo nos da en un instante, con un solo movimiento todo lo que necesitamos para saber qué sucede, o qué quiere él que veamos de lo que sucede. ¿Podrán los coreógrafos seducirnos, atraparnos con un movimiento, como pudo el fotógrafo?

Pensamos que las artes brotan al unísono, como retoños de semillas sembradas en la misma tierra y con el mismo abono. Algunas son más lentas que otras. Quizá a la danza y al teatro les ha tocado ser las más lentas en su desarrollo. Los artistas plásticos, los compositores, escritores y poetas trabajan solos y pueden avanzar tan rápido como se lo propongan. Las artes escénicas necesitan que los bailarines, actores, escenógrafos, músicos, iluminadores y diseñadores de vestuario interpreten lo que coreógrafos, dramaturgos y directores quieren decir, y eso hace que el proceso sea más lento y los resultados no siempre lo que los creadores idearon.

En una época en donde el cine, los videos, la música y la fotografía están tan presentes en la vida cotidiana, la danza no puede competir en velocidad y tecnicismo. La danza tiene que volver a reinventarse. No tiene por qué alcanzar la velocidad del cine, ni el estatismo de la fotografía. Debe encontrar su propio "tempo". El cuerpo humano es su instrumento, ejecutarlo sin emoción es convertirlo en una precisa herramienta de trabajo carente de significado.

Los bailarines y coreógrafos necesitan moverse. Muchas veces lo hacen sin reflexionar y eso no importa al comienzo. El impulso creador es como un aguijón clavado que no los deja descansar. Pero luego hay que detenerse a ver el resultado. Y allí comienza la labor de limpieza y ajuste.

En el Museo Nacional de Bellas Artes también había otras muestras: pintores holandeses del siglo XVII, una exposición del pintor uruguayo José Gurvich, otra del inglés Damián Hirst y una de esculturas en maderas de Ricardo Pascale enmarcada por cuatro de ellas con velas de tela blanca como una bella escenografía. Todas diametralmente opuestas, nacidas en lugares y épocas diferentes y sin embargo, cada una de ellas seducía por sí misma. No importó qué técnica o qué material utilizaron sus autores, las obras nos atraparon. Sólo con eso lograron su objetivo: cautivarnos.

La danza contemporánea necesita de la misma habilidad que cualquier otra manifestación artística, no dejar que nuestra atención se diluya. Como Scherezade en "Las mil y una noches", los coreógrafos y bailarines deben cautivar al público para que quiera regresar mil y una vez.

   
 
 
       
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