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Con esta nueva presentación en los Estados Unidos,
se cuentan seis las veces que el grupo conocido como
Ballet Eifman de San Petersburgo ha actuado en la capital
del mundo de la danza (léase Nueva York). El
estreno de esta visita llevó por título
"Who´s "Who", inspirado en música
de compositores americanos y de otros dos de diferente
estilo y fama. La temporada, que se extendió
durante tres semanas, incluyó además dos
funciones del ballet "Pinocho", ya realizado
en visitas anteriores.
Boris Eifman -sin duda alguna un innovador de la danza
del antiguo Leningrado-, desde que fundó su compañía
en 1977 de la que es único coreógrafo,
ya tiene bien cimentada su reputación como buen
hombre de teatro. No obstante, por la necesidad imperiosa
de aumentar el repertorio y, según reportes de
prensa, "mi carta de amor al pueblo americano después
de la tragedia del 11 de septiembre", Eifman quiso
componer esta vez una pieza ligera y sin las usuales
tragedias que parece preferir, y se inspiró en
parte en el llamado "sueño americano".
En ella usa mayormente música de jazz, mezclada
con el "Adagio para Cuerdas", de Samuel Barber,
y las "Danzas Sinfónicas", de Rachmaninoff.
Un total de alrededor de veintidós piezas populares,
además de las dos clásicas mencionadas,
forman el acompañamiento electrónico de
la obra. La historia se basa en el popular film "Some
Like it Hot", en el que el triunvirato que formaban
Jack Lemmon, Marilyn Monroe y Tony Curtis, grabó
para siempre en letras de oro una comedia imposible
de olvidar o mejorar en la historia del cine. Ahora,
la mente febril de Eifman, remedando la película,
intercala en su versión que se desarrolla
en la turbulenta era de los años 20
situaciones relacionadas con inmigración, gángsters
y revistas musicales, éstas últimas muy
al estilo de Las Vegas. La trama trata de dos hermanos
bailarines de ballet, Alex y Max (Alexey Turko e Igor
Siadzko) que emigran a la añorada América
para huir de a la revolución bolchevique. Una
vez en este lado del Atlántico, se ven envueltos
en situaciones peligrosas con gángsters y bellas
coristas, hasta que finalmente logran conseguir trabajo
en el coro de un show, al disfrazarse ambos de mujer.
Max, el más inconforme y menos afortunado, celebra
una boda judía con un cameraman que, sin conocer
su verdadera identidad, se enamora de él. No
obstante, al final, desecha la peluca para descubrir
el engaño, y totalmente desilusionado de la tierra
de promisión, decide regresar a su patria. Alex,
por su parte, se enamora de Lynn (Vera Arbuzova), una
bella corista, a quien le regala un par de zapatillas
de punta, la insta a que aprenda ballet y con sólo
una corta lección, la convierte en ballerina.
Finalmente, la suerte le sonríe y logra establecer
en su país adoptivo un conjunto de danza clásica
de primera categoría, a lo Balanchine.
Para darle forma de ballet a este extravagante material,
Eifman, en su estilo particular de teatro danzante (entremezclado
con baile académico), ha basado su obra en ritmos
estadounidenses. Sin embargo, su escaso conocimiento
de ellos tiene como resultado una estampa más
bien acrobática y aparatosa, con gestos demasiado
exagerados, que poco tiene que ver con el jazz que le
sirve de acompañamiento.
Turko es el prototipo del bailarín del estilo
Eifman: manifiestamente dramático a la vez que
atlético, mientras Arbuzova, que ha sido aplaudida
en temporadas anteriores, en esta instancia, por tratar
de seguir el tiempo vertiginoso y sincopado del acompañamiento
de jazz, se mueve disparatadamente. Aunque en las situaciones
de amor con Alex, bajo los acordes de Barber y Rachmaninoff,
sus largas piernas y movimientos lánguidos la
colocan de nuevo en su medio usual y logra un hermoso
coloquio amoroso. Los momentos mejores, sin embargo,
son las escenas de las coristas: No puede negarse que
las plumas, las lentejuelas y los múltiples reflectores
de colores siempre consiguen un resultado espectacular.
Siadzko, el otro protagonista, no aporta mucho al desenvolvimiento
de la trama, aunque vestido de mujer tiene un parecido
físico extraordinario con Lemmon, originario
en la pantalla en uno de los roles jocosos en "drag"
de mayor comicidad. Entre los otros personajes, Johnny,
el gángster, a cargo de Yuri Ananyan, y Bill,
el cameraman judío, interpretado por Albert Galichanin,
logran simpáticas estampas en sus respectivos
papeles.
El decorado, original de Slava Okunev, está
compuesto de piezas movibles de metal que son cambiadas
de posición en las diferentes escenas, que podrían
recordar la Babel de Hierro o cualquier otra ciudad
estadounidense. El vestuario, también de Okunev,
cumple su cometido. El público asistente al teatro
durante las usuales temporadas de Eifman, compatriota
de los artistas en su inmensa mayoría, se mantiene
fiel a sus raíces y recibe el espectáculo,
una y otra vez, con la mayor complacencia y alboroto.
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