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Mito indiscutible de la justicia social, héroe
romántico y modelo casi extinguido dentro de
una sociedad que progresivamente se transforma en el
adalid del individualismo. Las hazañas de Robin
Hood, convertidas hoy en piezas de la literatura para
niños, formaron parte de una serie de baladas
que fueron transmitiéndose en forma oral durante
varios siglos. Esas baladas anónimas, cantadas
o recitadas por los juglares, fueron hilvanando la historia
de este enigmático héroe que robaba a
los ricos para ayudar a los pobres. En el caso de Robin
Hood, sus hazañas se narran en más de
treinta baladas que formaron un poema épico titulado
"The gest of Robin Hood". Paul Vasterling,
director del Nashville Ballet, recuperó a este
bello personaje en "Robin Hood", ballet en
dos actos estrenado en 1998 y repuesto por la compañía
en el final de esta temporada.
La obra, impresa alrededor del año 1500, agrupa
los distintos episodios sobre la vida del héroe
que posteriormente inspiraron varias piezas de la literatura
universal como "Ivanhoe" (1819), de Walter
Scott. Asimismo, la vida del héroe de Sherwood
llegó al cine en diferentes versiones. Cuenta
la leyenda de la cual existen muchas versiones,
que a principios del siglo XIV, por las profundidades
del bosque de Sherwood vagaba un proscrito cuyas hazañas
lo convirtieron en el principal héroe popular
de su época. Algunos historiadores creen que
los relatos del héroe-duende están vinculados
con el espíritu de los bosques, que forma parte
de la mitología pagana, dado que Robin era un
nombre que los paganos solían atribuir a los
seres sobrenaturales. También se especula con
la teoría según la cual Robin Hood era
sencillamente uno de los personajes de las antiguas
ceremonias del primer día de mayo, convertido
a través de los años en un presunto personaje
histórico.
Sin embargo, las pruebas documentales indican que entre
los siglos XIII y XIV un hombre llamado Robin Hood vivió
en Wakefield, en el condado de York; él puede
haber sido el proscrito de la romántica leyenda.
Paul Vasterling se interna en la narración de
las hazañas del héroe a través
de la estructura argumental más conocida. De
manera directa, sencilla y lineal, describe los personajes
que integran esta trama con arcos y flechas, con bravos
espadachines, y con situaciones pícaras y sugestivas
que dejan espacio a la imaginación y a la fantasía.
El coreógrafo, desde su punto de vista, busca
un lenguaje claro para plantear las diferencias entre
opuestos: la pobreza y la riqueza, la justicia y la
injusticia, la bondad y la maldad. Esos universos también
se describen con sutileza a través de un vestuario
austero pero imaginativo, creado por David Heuvel y
Meter Cazalet.
El primer acto comienza cuando el malvado Sheriff de
Nottingham está contando el dinero que logró
sacar a los pobres campesinos como pago de sus impuestos.
A partir de allí se plantea el conflicto entre
Robin Hood y sus seguidores frente al lascivo sheriff
que pretende apropiarse de todo lo que se la cruza ante
sus ojos. De esta forma se van incorporando los personajes
emblemáticos de la historia ya tradicional
de Robin Hood, como Little John, su amigo incondicional,
y Marian. Atractivos despliegues coreográficos
realizados por los integrantes de la compañía,
sirven de nexo entre las diferentes situaciones que
determinan la trama. A través de un pas de deux
de gran intensidad lírica, Marian y Robin describen
su amor. Jennifer McNamara (Marian), bailarina de exquisita
línea, delicado port de bras y grandes condiciones
actorales, da vida a este personaje con la intensidad
justa en cada una de las secuencias. Matthew Christensen,
un Robin al que tal vez le falte algo de encanto y seducción,
dada la envergadura de su personaje, es un excelente
partenaire, cuidadoso y atento.
Ya en el segundo acto, cuando Marian cae bajo las garras
del Sheriff, Vasterling hace hincapié en otra
dinámica coreográfica más
cercana al lenguaje cinematográfico, que
sólo se distiende a través del patetismo
del pas de deux entre Marian y Robin, sustentado con
soberbia convicción por McNamara, bailarina-actriz
que se lleva las palmas. Desde la visión opuesta,
pero igualmente válida, Christopher Mohnani,
el maligno Sheriff de Nottingham, hace una fantástica
composición de su personaje, le agrega un toque
sarcástico y cómico que lo convierte en
una de las estrellas de la obra. Estupenda interpretación,
justo y medido en el desarrollo de sus secuencias. Mientras
tanto, la compañía, compenetrada con la
propuesta, realizó un muy buen desempeño,
con especial énfasis en el trabajo del grupo
femenino.
Vasterling apela en esta coreografía a elementos
de la danza clásica con una fuerte impronta de
la expresividad exigida por la danza contemporánea.
Ambos lenguajes se funden en perfecta armonía.
La música de Erich Wolfgang Korngold, con arreglos
de Vasterling y de Joseph Irrera forma parte de esta
acertada realización que, ajena a los efectos
especiales y a los trucos escenográficos, apela
al buen sentido estético, a la austeridad y a
la supremacía de la creatividad.
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