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BALLET DE SANTIAGO
Los sueños de Don Quijote
Por Valerio Cesio (Desde Chile)
Reportaje:
Una Kitri carioca
 
 
"Don Quijote" en la versión que el coreógrafo chileno Jaime Pinto estrenó en 1991, dio comienzo a la temporada del Teatro Minicipal.
 
 
 

El Ballet de Santiago, cuya sede es el Teatro Municipal de la capital chilena, viene desarrollando una programación seria que merece atención. La temporada 2003 se inició con "Don Quijote" en la versión que el maître y coreógrafo chileno Jaime Pinto estrenó en 1991 y que tuvo intérpretes del calibre de Paloma Herrera, Laureen Anderson, Sara Nieto en los roles femeninos. Mientras que los masculinos también reúnen nombres no menos importantes como Carlos (Junior) Acosta, Julio Bocca, Rolando Candia y el actual primer bailarín de la compañía, Luis Ortigoza. Esta temporada (que finalizó en Pascua) tuvo como primera bailarina invitada a Priscilla Yokoi, joven promesa del ballet clásico brasileño que a los 19 años, ya cuenta en su haber con importantes créditos internacionales como Varna, Nueva York, Lausanne y Nagoya.

La versión de Jaime Pinto tiene numerosos méritos, entre ellos el acentuado tratamiento humorístico y la interesante elaboración espacial. No obstante, son las pantomimas las que precisan de dramaturgia de sostén más sólida. Pero sin duda se trata de una producción digna, bien terminada y con buen diseño visual, en la que se destaca la simple pero eficiente propuesta escenográfica de German Draguetti y el cromáticamente equilibrado vestuario de Imme Möller.

Priscilla Yokoi dio un show de técnica, pirotecnia y frescura. Su juventud y desembarazo la ayudaron a construir una Kitri perspicaz, ingenua y seductora en la medida cierta. Sus largos equilibrios y su giro inusual (fouettés triples en la coda del pas de deux del segundo acto) conquistaron el público chileno. Los especialistas prefirieron su delicioso instinto musical.

Luis Ortigoza es el Malakhov latinoamericano (ambos compartieron el podio del IV concurso de Jackson y el resultado fue: Ortigoza, medalla de plata, Malakov, de bronce y el oro quedó desierto); su aspecto siempre juvenil no se reduce a la apariencia física, su musculatura y su desenfadado estilo de interpretar gozan de una perenne efervescencia juvenil. Técnica impecable y un manejo escénico de dar envidia a mas de una estrella.

Miguel Ángel Serrano es otro buen elemento de la compañía, bellos pies y dinámica viril caracterizan su interpretación de gitano, el mismo papel fue también desempeñado con eficiencia por José Manuel Ghiso. El papel de Mercedes fue interpretado por Lidia Olmos y Andreza Randizek, esta última con algunas refinadas soluciones. La reina de las dríadas fue resuelta con solvencia y no poco encanto por Natalia Berrios y la joven Ludmila Pagliero también hizo buen papel en el segundo acto. La escena de las dríadas, artísticamente bien resuelta, pone en evidencia la capacidad de Valentina Chepatcheva y Pablo Aharonian. Cabe observar, que si bien la túnica es un buen hallazgo para el cuerpo de baile, para la variación del "cupidito" es totalmente inapropiada, dado que cubre excesivamente las piernas de la bailarina y le resta dinámica a la coreografía.

La interpretación de César Morales, como el Joven Quijote, merece destacarse. Se trata de un bailarín delicado, austero, de increíble serenidad, especialísimas proporciones físicas y buenas dotes de partenaire; algo raro en el paisaje de los bailarines hombres de América latina. La Orquesta Filarmónica de Santiago se comportó a la altura de la obra y tuvo en la feliz batuta de José Luis Domínguez su mayor triunfo.

Actualmente liderado por Luz Lorca, el Ballet de Santiago muestra que 44 años de vida artística no sirven sólo para fortalecer los clásicos vicios burocráticos de los cuerpos estables sino para hacer de la organización interna un paradigma de la seriedad y la eficiencia. Todo en esta compañía respira organización. Allí, rigor y flexibilidad bailan el virtuoso pas de deux que les permite ser parte de un contexto y tener la mira apuntando hacia el futuro.

   
 

Una Kitri carioca
Por Rosito di Carmine (Brasil)

 
   

Priscilla Yokoi, bailarina brasileña, ganadora de premios internacionales interpretó a Kitri en "Don Quijote" en Chile.
Foto gentileza del Ballet de Santiago.

 
   
   
   

Priscilla Yokoi, joven bailarina brasileña, ganadora de premios en New York, Lausanne y Nagoya, fue Kitri en "Don Quijote", en la apertura de la temporada 2003 del Ballet de Santiago. Con 19 años está considerada como una de las grandes revelaciones del ballet clásico brasileño. Inició sus estudios con Aracy y Guivalde de Almeida y se perfeccionó con Niurka Naranjo y Laura Alonso, entre otros maestros. En 1998 se clasificó en el cuarto lugar en el concurso de Varna (Bulgaria) con un premio especial del jurado y fue semifinalista en la Competencia de Jackson (USA). Fue elegida la mejor bailarina clásica del Festival de Danza de Joinville y ganó la medalla de oro en el Festival de Danza del Mercosur. En 2000 fue finalista del prestigioso Prix de Lausanne y del International Ballet Competition de Nueva York (USA) donde obtuvo el "Grand Prix Sansha". En 2001 fue invitada por Laura Alonso para protagonizar "La Fille Mal Gardeé" y en 2002 ganó la medalla de plata en la Competencia Internacional de Ballet y Danza Moderna de Nagoya (Japón). Actualmente es primera bailarina de la Compañía de Danzas Clásicas de San Pablo. Entre sus partenaires figuran Lázaro Carreño y Humberto Acosta, entre otros. Es modelo exclusiva de la gran firma de indumentaria para danza, Capézio de Brasil.

Danza: ¿Cómo fue tu experiencia como bailarina invitada del Ballet de Santiago?
Priscila Yokoi: Fue una experiencia única en términos de aprendizaje, lo que recibí de los maestros, de Luis Ortigoza, de la compañía. Lo que ellos pudieron pasarme fue una cosa completamente nueva para mi, fue maravilloso.

D: ¿Cómo definirías a Kitri?
PY: Me gusta mucho interpretarla porque ella es muy astuta, muy inteligente, y al mismo tiempo, a pesar de su juventud, sabe cómo seducir a Basilio y cómo convencer a su padre de que Basilio es lo mejor para ella, por más que su padre no lo acepte. Lo que me atrae en Kitri es su espontaneidad.

D: Si pensaras en integrar una compañía estable, ¿cuál sería?
PY: Esta es una excelente compañía, tendría placer de pertenecer a ella, me gustó trabajar ocho horas al día en lugar de seis como en Brasil, pero no sé si vendría. No sé si dejaría Brasil tan pronto, pero cuando lo haga, será para el American Ballet Theatre o para el Ballet de Santiago.

D: ¿Cuál fue el balance de las clases que tomaste con el Ballet de Santiago?
PY: Fueron de extrema importancia, porque empecé a notar la diferencia del físico de las bailarinas, hasta hablé con una de las maestras respecto del cambio de mi físico, cosa que yo vengo trabajando hace tiempo.

D: ¿Cuál es la actitud más recomendable para una bailarina de tu generación?
PY: Determinación y fuerza de voluntad. Creo que lo fundamental es no desistir de ninguna forma y tener fe en sí mismo. Dificultades siempre vamos a encontrar. Pero no hay que darse por vencido en ningún momento. Mucha fe, yo creo que es eso.

 
 
   
 
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