|
La segunda gran obra del ballet romántico "Giselle",
de Adam-Coralli-Perrot- Petipa, en cuidada versión
de Gustavo Mollajoli, se repuso en el Teatro Colón
con la primera bailarina Karina Olmedo y Maximiliano
Guerra en los protagónicos y el Ballet Estable
del Teatro Colón, bajo la dirección de
Marta García. Fue una de esas noches grabadas
como inolvidables por la exactitud de la puesta en escena
y la excelente actuación de ambos artistas. La
puesta contó, además, con disciplinadísima
intervención del cuerpo de baile y solistas en
el segundo acto (notable Natalia Saraceno como Myrta
reina de las wilis). Olmedo dotó de fresca apariencia
a la joven aldeana engañada en su más
sublime afecto, que muere enloquecida ante la traumática
evidencia del engaño de su amado. Un engaño
señalado por Hilarión, encarnado magníficamente
por Vagram Ambartsumián, cuya danza se enriquece
con exacerbada pantomima al antiguo estilo italiano.
Grande fue la alegría del reencuentro con Guerra
(Loys-Albrecht) en la sala desbordada de público.
Su labor aseguró a la protagonista en el primer
acto, y le permitió lograr una relevante interpretación
de la jovencita desesperada que muere orate en brazos
de su madre. El entorno suma dramatismo al romántico
desenlace, mientras singular combate enfrenta a Albrecht
e Hilarión. El pas-des-paysans no tuvo en José
María Varela el vuelo técnico requerido,
mientras Lila Flores cumplió graciosa su tarea.
El segundo acto superó toda expectativa y Olmedo
reapareció como espectro inasible wili-
de novia engañada, con Guerra en extraordinario
actor, enlutado e inconsolable. Si el reiterado "arabesque"
de Giselle es la sublimación del Romanticismo,
pareja cualidad expone Albretch en sus virtuosos "entrechats"
como dramatismo romántico, enfatizados por la
música de Adam y la severa dirección de
Javier Logioia Orbe. El final melancólico
y emotivo encumbró a Guerra en una de sus
más sólidas actuaciones como bailarín-actor.
En el Argentino
"La Sylphide" de Lovenskjold-August Bournonville-Mario
Galizzi, ocupó la sala del Teatro Argentino de
la Plata. La obra contó con la participación
del primer bailarín Luis Ortigoza, acompañado
por el Ballet del Teatro Argentino, dirigido por Oscar
Araiz. Relevante puesta del primer ballet romántico,
versión Bournonville, por el talentoso Mario
Galizzi. El Teatro Argentino de la ciudad de La Plata
viste así de gala con tan difícil estilo,
a la dinámica y elegante manera del coreógrafo
danés. La joven bailarina Nadia Muzyca asumió
el travieso protagónico con convincente delicadeza
y el perfil etéreo propio del Romanticismo. Por
su parte, el invitado Luis Ortigoza entusiasmó
con su fina figura, exacta técnica de rapidísimos
pasos, cambiantes direcciones y acentuados matices interpretativos.
Es notable "danseur" surgido de las aulas
del Instituto del Teatro Colón, aunque hace años
revista como primer bailarín del Ballet del Teatro
Municipal de Santiago de Chile.
El cuerpo de baile y solistas del Teatro Argentino
de La Plata (sobre todo Fernanda Bianchi-Gaik Kadjberounian)
consustanciados con el autor, bailaron encomiablemente
jigas y estilizadas danzas del primer acto. El segundo
llamativamente sin luz de luna romántica
atrajo la atención con los efectos del vuelo
de sílfides en el bosque umbrío, y la
fuerte interpretación mimada en grotesco de la
bruja Madge (Lucas Aón). Excelente trabajo de
equipo, y en particular, la labor investigativa de Galizzi.
La música del compositor danés Lovenskjold
anima, ambienta y sostiene eficientemente ambos actos.
|
|
|