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Un cuento de hadas con ciertos visos de realidad que
con el tiempo ha permitido a los psicólogos hacer
sus conjeturas y elaborar estereotipos. "La Cenicienta"
pertenece al género de los relatos infantiles
inolvidables, transmitidos por tradición oral
y recuperados por Charles Perrault en su libro "Cuentos
de mi madre la Oca" (1697). La historia de la dulce
y bondadosa Cenicienta que sirve como criada a su malvada
madrastra y a sus hijas también tuvo su espacio
en el teatro y en el ballet. La primera realización
coreográfica de esta fábula se estrenó
en 1822 y fue realizada por François Decombe,
con música del español Fernando Sor. Más
de un siglo después, en 1945, Sergei Prokofiev
compuso su segundo ballet luego de "Romeo
y Julieta" que llevó coreografía
de Rostislav Zakharov y se estrenó en el Teatro
Bolshoi con Olga Lepescinkaia en el rol principal.
El coreógrafo Septime Webre, director artístico
del Washington Ballet, se lanza con su propia versión
de "La Cenicienta", con música de Prokofiev
y toma como base los lineamientos estructurales del
cuento. La obra, interpretada por el Washington Ballet,
se presentará desde el 28 de mayo hasta el 1
de junio en el Eisenhower Theater del John F. Kennedy
Center for the Performing Arts de Washington D C. "Siempre
admiré la partitura de Prokofiev confiesa
Webre. Es fantástica." La música
fue su primera inspiración. No obstante, cuando
Webre pensó en "La Cenicienta", inmediatamente
se le cruzaron tres de sus bailarinas: la puertorriqueña
Michele Jiménez, la cubana Laura Urgellés
y la canadiense Brianne Bland.
"Cenicienta fue uno de los primeros ballet que
bailé cuando era pequeña comenta
Michele Jiménez. Me encanta el rol y es
algo que toda bailarina sueña con bailar. Desde
que empezamos a trabajar hemos ido construyendo el personaje
de una forma muy atractiva e interesante. Cada vez que
trabajo con Webre es una aventura porque es muy creativo
y además es una persona con mucha energía."
En este estreno mundial del clásico cuento infantil,
Webre optó por un estilo neoclásico, cercano
al de Balanchine, sin olvidar los toques de humor y
comicidad. La obra transcurre en la Francia del siglo
XVIII, y el vestuario, de estilo marcadamente rococó,
está diseñado por Judanna Lynn, reconocida
diseñadora de ballet. Bellos diseños de
organza de seda bordada, y una amplia gama de colores
donde predominan los blancos, los dorados, los azules
y los plateados, se combinan con amarillos y púrpuras
para describir las características particulares
de los personajes.
Después de hablar con Webre acerca de esta nueva
Cenicienta, Lynn comenzó a pensar en cada uno
de los protagonistas de esta historia. Hizo los primeros
bocetos y cuando llegó la aprobación,
salió en busca de las telas y de las modistas.
Entre Pittsburgh y Altanta, el vestuario cayó
en manos de excelentes costureras. "Cuando pensé
en el vestido de Cenicienta asegura Lynn,
tuve en cuenta que casi todas las niñas sueñan
con ser mayores, me situé en esta historia de
hadas y traté de imaginar el más hermoso
vestido que una niña puede soñar. Pensé
en algo etéreo que la hiciera hermosa, y en algo
extremadamente femenino."
A los personajes principales de la historia original,
Webre les agregó una serie de personajes secundarios
que le otorgan el toque mágico a la trama. Por
allí también desfila un bufón,
mariposas, libélulas y un enjambre de abejorros
interpretado por niños de 6 y 7 años que
cursan el primer año de la DanceDC de la John
Eaton Elementary School. El coreógrafo inició
su trabajo a partir de la partitura, elaboró
las líneas narrativas y buscó los caminos
más eficaces para contar la historia. Inventó
desde cero cada uno de los pasos. "La partitura
de Cenicienta fue escrita en el 45
comenta Webre, y los coreógrafos
que realizaron esta obra trabajaron desde un punto de
vista clásico y moderno. No obstante, no existe
una Cenicienta estándar como ocurre con un ballet
clásico como El Lago de los cisnes.
Eso me permitió empezar desde el principio sin
tomar como base a ninguna de las versiones anteriores.
Sin duda, los personajes principales están allí,
eso no ha cambiado, pero traté de mantener mi
punto de vista."
Con ciertos toques de vodevil y una mirada romántica
al mismo tiempo, Webre apunta a mostrar la evolución
y la maduración de la protagonista. "Esta
experiencia de mi vida remarca Jiménez,
que me obliga a estar lejos de mi familia, y el hecho
de no tener a mi madre cerca, me ayuda a comprender
más el mundo de Cenicienta. Webre nos guía
para llevarnos por el camino más correcto, el
que nos ayuda a desarrollar el personaje que él
desea y al mismo tiempo, nos da la libertad de elaborarlo
desde nuestra propia visión.
Una historia plena de simbolismos que recupera el encanto
de los cuentos mágicos y que, de alguna manera,
forma parte de la fantasía juvenil. Cenicienta,
con la ayuda de su hada madrina, logrará llegar
al baile del palacio, resplandeciente y misteriosa,
y encontrará a su príncipe. Sin embargo,
cuando suenen las doce campanadas deberá huir
antes de que se rompa el hechizo. Un pequeño
zapato de cristal permitirá que, una vez más,
el cuento de hadas vuelva a contarse.
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El coreógrafo Septime
Webre y Michele Jiménez durante los ensayos
de "La Cenicienta".
Foto: Brianne Barrow. |
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