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Ocupamos un mundo marcado por el duro y afilado contraste
de la dualidad y el cambio. Esta órbita de barro
es una puesta en escena que gira dentro del bumerán
de ascenso y caída del ciclo del mundo. Todos
somos jugadores en esta dramática danza cósmica.
Héroes o villanos, partidarios del amor o del
odio. Nuestra es la elección. Unir los dos opuestos
semejantes, la oscuridad y la luz, la alegría
y el dolor, la vida y la muerte, constituye el tejido
que sostiene los planetas. El cambio incesante nos rodea.
Estas estructuras pueden resumirse en dos poderosas
fuerzas, positivo y negativo. Las dos funcionan. Si
los pensamientos positivos se agitan continuamente en
tu cabeza sin reparar en las circunstancias, morarás
en la montaña de la victoria. Y si tu mente es
macerada con los ácidos corrosivos de los pensamientos
negativos, te condenas a ti mismo a una vida de miseria
y derrota.
El egoísmo, la codicia, el racismo, el sectarismo
religioso, todas las divisiones que nos engañan
y nos hacen creer que somos diferentes de los otros
siempre continuarán engañándonos
hasta que nos demos cuenta de que nuestras similitudes
son mucho más profundas que nuestras diferencias.
La negación del sufrimiento y el deseo de disfrutar
es común al género humano, sea cual fuere
el camino hacia donde se dirija.
Yogananda resume esto perfectamente cuando sostiene:
"La batalla es entre el amor y el dolor, y nuestro
amor debe ser más grande que nuestro dolor".
Nuestra decisión debe ser no permitir que ninguna
circunstancia extinga nuestra llama interior. Debemos
construir un mundo interior al que tenemos que proteger
y alimentar. Un reino que no pueda ser contaminado por
lo que pase en el mundo exterior. No una fuga cobarde.
Debemos crear un espacio de paz al que podamos acceder
cuando todo a nuestro alrededor se esté cayendo
en pedazos. La persona que está en calma con
su espíritu es la que tiene la capacidad de dar
y de esa manera se convierte en la ayuda más
valiosa y eficiente en una emergencia.
Ahora más que nunca tenemos que llamar al espíritu
del arte para hablar con su voz. El espíritu
del arte siempre ha sido la luz en medio de la oscuridad,
el ojo que ve más allá y capta la verdadera
esencia. Los grandes trabajos del arte son sermones
de verdad, son los bálsamos curadores, los oráculos
que nos permiten ver detrás de la gruesa pared
del conflicto. Nada nos detendrá si recurrimos
al principio creativo que está en cada uno de
nosotros. Nuestro deber es mantener el brillo de la
luz. Aún aturdidos por el horroroso comportamiento
que existe en el planeta y sus desastrosos efectos,
nosotros tenemos que seguir moviéndonos.
Guerra y cataclismo han estado en erupción durante
el transcurso de la historia, y la belleza y la verdad
han brillado continuamente a través de la creación.
Gran trabajo el del arte que fue construyéndose
durante tiempos de desolación, y muchas veces,
creada por artistas que estaban en el más terrible
momento de sus vidas. En estos tiempos, cuando el contraste
entre la luz y la oscuridad es tan afilado, es cuando
reconocemos el costoso efecto de nuestra indiferencia.
Debemos mantenernos en movimiento. Debemos continuar
contribuyendo a la belleza de este mundo. Nosotros estamos
haciendo una obra de arte y ese proceso no puede ser
interrumpido. Individualmente debemos examinar nuestras
vidas personales y erradicar todo lo que agregue una
nueva toxicidad al entorno. Nosotros nos derrumbaremos,
eso es lo que se supone que pasará. Esa caída
nos humillará y hará que pidamos ayuda.
Pero lo que es importante es que nosotros tendremos
el recurso del arte. Los que estamos involucrados con
la danza, el ideal está antes que nosotros. Podremos
caernos, no importa cuántas veces nos caigamos,
pero siempre está presente nuestro objetivo primordial
hasta que logramos llegar a él. El demonio puede
causar pena y desánimo. No obstante, el amor
es la única respuesta efectiva contra el golpe
del demonio.
La danza sugiere una forma de vivir. Cuando bailas
estas viviendo ese momento. Baila a través de
esta guerra, baila a través de este mundo, baila
en todas tus relaciones. Inspira a otros a danzar. El
mundo entero baila, se expande y derrumba en un acto
de malabarismo ordenado por estrellas y planetas ubicados
coreográficamente. Mundos en órbitas y
cometas sibilantes, como el giro de los derviches. No
hay forma de escaparse de la danza. Pero es nuestra
decisión elegir la danza que queremos bailar.
Danza para el fracaso o para la victoria.
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Alonzo
King
Coreógrafo y director artístico
de la compañía Alonzo Kings
Lines Ballet. En su trayectoria como coreógrafo
trabajó en el repertorio de más
de cincuenta compañías de diferentes
partes del mundo como el Frankfurt Ballet, el
Joffrey Ballet, Alvin Ailey Dance Theatre, el
Hong Kong Ballet, el Dresden Ballet y otros. Creó
dos trabajos para la "prima ballerina"
Natalia Makarova y para el film de Patrick Swayze,
"Without a Word". Reconocido como uno
de los grandes maestros de los Estados Unidos,
Alonzo King dirige su propia escuela de ballet
y su propia compañía. Valorado por
sus trabajos integradores de elementos representativos
de otras culturas, durante los últimos
años recibió cuatro premios Isadora
Duncan y otros reconocimientos a su trayectoria
y a la excelencia de su trabajo.
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