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STUTTGART BALLET
Los eternos amantes de Verona
Por Maritza
Gueler (USA)
Obra maestra de la literatura, el drama de William
Shakespeare, no sólo es un clásico del
teatro sino que, desde hace más de 60 años,
también es uno de los grandes clásicos
del ballet. Tan bella como su desarrollo argumental
es la música de Sergei Prokofiev, que se permite
ciertas estridencias, renovadoras para la época
de su composición en 1934. El primer verdadero
estreno de esta obra fue en Brno, Checoslovaquia. No
obstante, la primera referencia histórica prefiere
situarse en la realización de Leonid Lovrovski,
en 1940, con Galina Ulanova como Julieta y Konstantin
Sergeyev como Romeo. Frederick Ashton hizo su propia
versión en 1955 y tres años después,
en 1958, John Cranko (1927-1973) realizó su primera
puesta en tres actos, que se estrenó en el Teatro
Verde con el Ballet de la Scala de Milán y Carla
Fracci en el rol principal.
El coreógrafo sudafricano, que había
llegado en 1961 al Stuttgart Ballet, cuando aún
se llamaba Opera Ballet Ensemble of the State Theater
of Wuttemberg, conmocionó a la audiencia y a
la crítica con una versión de "Romeo
y Julieta" que, aún hoy se la considera
una de las mejores en la historia de este ballet. Aquella
primera puesta que Cranko realizó sobe la historia
de los amantes de Verona, tuvo su estreno en diciembre
de 1962, con la inolvidable Marcia Haydée y Richard
Cragun. El Stuttgart Ballet llegó al Zellerbach
Hall de UCBerkeley, con esta maravillosa versión
de quien fue el "alma mater" de la compañía
y uno de los coreógrafos capaces de delinear
secuencias dramáticas con maestría e intensidad.
Esta nueva generación de bailarines que forman
la troupe del Stuttgart Ballet, mantiene la misma excelencia
que siempre distinguió a la compañía.
Fuertes en cuanto a la técnica y sutiles, intensos,
dramáticos y comprometidos desde el punto de
vista de la actuación. Estos bailarines, tanto
los que integran el cuerpo de baile como los solistas
o los principales, se juegan en el escenario con una
extraordinaria convicción, hasta el punto de
conmover al espectador en cada una de las escenas. Nadie
puede permanecer indiferente ante tanto compromiso escénico,
aun los que ya conocen la puesta, el argumento, la coreografía
y hasta los mínimos desplazamientos. Actualmente
dirigida por Reid Anderson, digno sucesor de Glen Tetley
y de Marcia Haydée, la compañía
mantiene ese alto nivel de excelencia que la ha colocado
desde hace años entre las mejores del mundo.
Si bien la magia de las realizaciones de Cranko radica,
justamente, en esa mezcla perfecta de danza, interpretación,
desarrollo argumental y ascetismo estético, la
compañía hace un importante aporte al
valor intrínseco de esta bella realización.
Los papeles principales de la última noche de
"Romeo y Julieta" en el Zellebach Hall, estuvieron
a cargo de Jason Reilly y de una Julieta debutante y
también, novísima primera bailarina, Alicia
Amatriain. Ambos hacen una dupla de una química
poco frecuente. Amatriain fue una apasionada Julieta
que supo dar la interpretación justa al personaje
a medida que transcurría la trama. Con una intuición
casi visceral transita, inmersa en su Julieta, con una
extraordinaria naturalidad. Fresca y vivaz, inocente
y tierna, la bella adolescente adquiere una gran intensidad
dramática en las escenas finales. Difícil
no conmoverse. Técnica impecable, brazos ligeros
y expresivos, saltos perfectos y, especialmente, un
ajustado sentido del "tempo" y la musicalidad.
Por su parte, Reilly, como Romeo, fue un excelente
partenaire; acompañó y cuidó a
su compañera con gran maestría. Su Romeo
fue fresco, soñador y apasionado. Logró
momentos atractivos junto a Mercucio y a Benvolio y
escenas fuertes y tensas durante su duelo con Teobaldo,
interpretado con corrección pero sin excesiva
malicia, por Jirí Jelinek. Un capítulo
especial merece Thomas Lempertz, en su composición
de Mercuzio. Sus dotes de clown para las primeras escenas
y su máscara trágica y desarticulada en
la escena de la muerte hacen una perfecta combinación.
Sencillamente, magnífico.
En medio de una puesta en escena despojada de ornamentación,
el vestuario es una bella paleta de colores pastel,
destinados a la gente del pueblo, que se desplazan hacia
los dorados, púrpuras, verdes intensos y negros,
para los nobles. Un ensamble impecable de escenografía
y vestuario creado por Jürgen Rose. James Tuggle,
director musical del Stuttgart Ballet, fue el encargado
de dirigir a la Berkeley Symphony Orchestra. Con maestría
absoluta, hizo sonar maravillosamente a la orquesta
en tan bella partitura. El Stuttgart Ballet sigue brillando
con brillo propio en la escena del ballet internacional
con una nueva camada de bailarines que ponen corazón
y técnica para lograr la magia necesaria del
arte verdadero.
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"Romeo y Julieta",
una de las obras más reconocidas del coreógrafo
John Cranko, "alma mater " del Stuttgart
Ballet.
Foto: Leslie E. Spatt. Gentileza de Cal Performances
UCBerkeley. |
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