Untitled Document
   
 
 
 
   
  -Especial Tango
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
BALLET ESTABLE DEL TEATRO COLÓN
Un sueño feérico
Por Enrique Honorio Destaville (Argentina)
 
 
El Ballet Estable del Teatro Colón inició la temporada con la versión de "La Bella Durmiente del Bosque", creada por el coreógrafo Mario Galizzi.
Foto gentileza del Teatro Colón.
 
 
 

Comienza bien la actividad de 2003 en el Teatro Colón de Buenos Aires con la feérica obra de Marius Petipa, en versión que Mario Galizzi ya había estrenado en 1990. Ciertamente, se trata del ballet que resalta las características del academicismo ruso, y el comienzo de la fructífera colaboración de aquél con Piotr Ilich Tchaicovski. En la larga historia del arte del ballet, es el primero que combina inspiración y genio musicales de la talla de Tchaicovski, con sus pares coreográficos, a la altura de un verdadero creador como lo fue el "maître de ballet" Petipa. De la importancia de la obra, deviene que tantos coreógrafos –con suerte diversa– hayan realizado sus propios intentos, aunque conservando lo principal del ballet estrenado en 1890.

Galizzi no ha sido excepción a la regla, de manera que se ha conducido con respeto hacia los brillantes fragmentos del adagio de la rosa, del pas-de-deux final, de "El Pájaro Azul", de las Joyas. Y aún con la introducción de nuevos pasos, se observa y se intuye que ha seguido a Petipa. Galizzi es uno de los bailarines, maestros y coreógrafos argentinos más preparados y experimentados. Se inició joven y actuó en una etapa primera en Buenos Aires, para radicarse después largo tiempo en Alemania como primer bailarín. Allí trabajó próximo a Alfonso Catà, y a varios creadores, para culminar en la primera compañía de Oscar Araiz, y en el Teatro Colón más tarde, donde supo actuar y admirar la obra de Jack Carter, y de Pierre Lacotte, entre otros grandes.

En "La Bella Durmiente del Bosque", su ostensible aporte son las variaciones y danzas de conjunto que ha diseñado con pasos más dificultosos, en la búsqueda siempre vigente de la perfección técnica. Su caneva coreográfico merece el elogio: Es dinámico, y en su habitual refinamiento hasta elimina lo grotesco de la primigenia Carabosse. Elabora, en cambio, un personaje vital, creíble, cara malévola de la remanida dualidad bien-mal, pero hada al fin, que baila como antagonista de la bondadosa Lila. Sin embargo, aparece extraño al estilo su casi desnudo cortejo de caracteres diabólicos. Otra novedad de la versión Galizzi es la bien sincronizada y bella variación creada para el hada de la Elocuencia, sobre música correspondiente a las Joyas del tercer acto. A los caballeros del adagio de la rosa les ha adjudicado una etnia, en algunos casos exótica (hindú, tártara), e introdujo una corta danza de gitanos que remplaza al juego del gallo ciego en el patio del palacio de Florimond. Finalmente, para Galizzi las hadas no desaparecen sin dejar rastros, como en las versiones que conocemos. Reaparecen con sus acompañantes en el acto final para danzar antes y después del pas-de-deux de los protagonistas. Otras innovaciones determinan la iluminación parcial de la sala antes del final, con lo cual crean una especial atmósfera festiva.

Los equipos técnicos del gran Teatro Colón trabajaron bien y obtuvieron notables efectos escénicos, sobre todo con las luces y en los movimientos de escenografía, propios de "féerie" no truculenta (aparición del hada Lila bajo una lluvia de luces). En cambio, el vestuario (atribuido en parte a Norman Mac Dowell y correspondiente a la versión que en 1967 montó Jack Carter); y la escenografía del talentoso Nicola Benois, resultan heteróclitos en el ensamble. Demasiado chillones ciertos coloridos de pelucas y algunos atavíos. En tanto que los diseños de Benois resaltan por su majestuosidad, cordura y armonía, mucho más cercanos al espíritu versallesco ideado por Petipa y Vsevolojvski (quien era director de los Teatros Imperiales).

Karina Olmedo cumplió encomiablemente con el papel protagónico. En ella prevalecen seguridad técnica, belleza y simpatía, le faltan algunos detalles de la princesa adolescente. Jorge Amarante (Florimond) interpretó noble personaje, viril y agraciado con su elegante peluca siglo XVIII. Buen partenaire, mostró esta vez exultante alegría que otrora retaceó en papeles nobles. El siguiente reparto deparó la excelencia de Silvina Perillo, graciosa, exacta en el papel, de giros perfectos, verdadera estrella de la compañía, acompañada de Eduardo Trabalón como discreto Florimond.

El día del estreno, la misma Silvina Perillo hizo una magnífica y vibrante de Carabosse, plena de matices pantomímicos burlescos y dramáticos. De suave figura que afronta con éxito dificultosos pasos, el hada Lila de Gabriela Alberti. Posteriormente y en esas caracterizaciones también lucieron Laura Becacceci y Marta Despérès (notable belleza). Por su parte, Alberti también encarnó a Aurora con simpatía y refinamiento en su delicada figura junto al mismo Amarante.

Del nutrido elenco deben resaltarse las virtudes técnicas e interpretativas de Noemí Szleszynsky (Hada de la Elocuencia y una Carabosse excepcionalmente dramática sin perder la femenina seducción), Maricel De Mitri (Hada de la Belleza), Silvina Vacarelli (Hada de la Alegría), Dalmiro Astesiano (oro), Graciela Bertotti (Amatista), Natalia Saraceno (Diamante), Lila Flores (princesa Florisse), Leonardo Reale (Pulgarcito), la continuada labor de Miguel Angel Miranda y de Igor Gopkalo (Caballeros del Hada Lila); y el cuerpo de baile, en general, con brío, aunque algunos estén aún fuera de "training". Totalmente desdibujado y sin vuelo, el Pájaro Azul de José María Varela. Mientras, otros repartos de ese pas-de-deux dieron ocasión de lucimiento a la limpia técnica de Leonardo Reale y al etéreo y refinado estilo de Maricel De Mitri, así como a la radiante técnica y juventud de Astesiano con Silvina Vacarelli. Muy buena intervención la del contingente de bailarines provenientes del Instituto de Arte del Teatro Colón. La Orquesta Filarmónica tuvo notables momentos en la ejecución de la bella partitura, bajo la firme batuta de Logioia Orbe. Y aunque redundante... ¡Qué gran inspiración y qué talento el de Tchaicovski para componer música para la escena!

  Volver al
principio
 
 
   
 
 
 
   
     
  Puedes recomendarlo hasta a 3 amigos  
     
 
 
     
     
         
     
1    
       
2    
       
3    
         
 
 
     
   
 
 
    © 2003 - Todos los derechos reservados.