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BALLET TECH
Baryshnikov es "Mr.
XYZ".
Por Célida
P. Villalón (USA)
Las galas de ballet son siempre funciones ostentosas,
en donde se reúnen varias personalidades del
mundo de la danza. Esta vez, para abrir la temporada
de primavera del Ballet Tech, en el teatro Joyce de
Nueva York, Eliot Feld, su director artístico,
logró algo fuera de lo usual: la presencia de
Mikhail Baryshnikov, para estrenar en solitario, "Mr.
XYZ". Esta nueva coreografía de Feld se
basa en diferentes temas musicales cantados, en una
grabación de León Redbone. La ocasión
fue aprovechada, a la misma vez, para festejar la larga
asociación del bailarín ruso con el coreógrafo
norteamericano. Los otros artistas anunciados en el
programa no necesitaban presentación, tales como
Paloma Herrera y Damián Woetzel (figuras principales
del American Ballet Theatre y el New York City Ballet
respectivamente). No obstante, para esta gala Woetzel
se lastimó y fue sustituido por un miembro del
conjunto. Wu-Kan Chen intervino en su lugar con la afamada
bailarina argentina en "Variations on America",
también creación de Feld para el propio
Baryshnikov y Christine Sarry en 1977. Otro invitado
fue el actor Ossie Davis, quien tuvo a su cargo la parte
narrativa en "Lincoln Portrait", un estreno
del año anterior. ¿Qué más
pueden apetecer los balletómanos neoyorquinos
si, sobre todo lo dicho anteriormente, brindaron con
champán y disfrutaron de suculentos canapés
en el entreacto?
Haber visto a Baryshnikov durante sus mejores años,
ya fuera como Basilio, Sigfrido o Vestris, es un recuerdo
que siempre estará grabado indeleblemente en
la memoria de quienes tuvieron la oportunidad de aplaudirlo.
Misha, como le dice el público que lo ha adorado
a través de su larga carrera, es uno de los pocos
bailarines que, a la edad natural del retiro para los
que practican la danza académica, cambió
su depurado estilo clásico por uno que le permite
continuar desplegando con dignidad el arte que adora.
Las razones para ello las ha definido él mismo
en más de una ocasión: la gran curiosidad
por investigar movimientos nuevos. Ya no intenta su
virtuosismo inherente al pasado, pero si bien sus actuaciones
son ahora diferentes, su calidad extraordinaria de artista
sublime se mantiene intacta.
El propio Feld habló al comienzo del espectáculo,
para explicar que la recaudación de la noche
se dedicaría a la escuela del Ballet Tech, integrada
por estudiantes que son escogidos del sistema escolar
de la ciudad. Con palabras expresivas y de fácil
comprensión para los no conocedores del léxico
de la danza, Feld aprovechó la ocasión
para resumir lo que Baryshnikov ha significado para
la danza en el mundo entero; definió su "verticalidad"
y su "total silencio al volver al tablado después
de un salto maravilloso" como parte principal de
su grandeza.
La primera parte estuvo cubierta por "Meshugana
Dance", sobre música de Klezmer, por estudiantes
de la escuela. Los niños, de todos los tamaños
y razas, se divirtieron zapateando, revolcándose
por el piso y sudando copiosamente después de
muchos minutos de movimiento constante. Un buen comienzo
para una noche inolvidable. Acto seguido subió
a escena la lírica y hermosa pieza, "Endsong",
a la que se le ha tenido que suprimir el acompañamiento
musical sobre el cual se hizo la coreografía
inicialmente las tres últimas canciones
compuestas por Richard Strauss, por decisión
de los herederos. Con plétora de braceos suaves
y movimientos ondulantes, el coro femenino permitió
imaginar las melodías. La sutil Patricia Tuthill,
secundada por Patrick LaVoie (bailarín invitado
del Ballet Nacional de Canadá) y las nueve danzarinas
que los acompañaron, llenaron el escenario de
paz y frescura, simulando una mística fraternidad
que se mueve como palmas sopladas por la brisa. Exquisito
el vestuario de Willa Kim, igual que la luminotecnia,
a cargo de Allen Leo Hughes.
La segunda parte incluyó tres bailes esperados
ansiosamente: en el primero, "Variations on America",
Herrera y Chen se complementaron lo mejor que pudieron,
debido al accidente sufrido por Woetzel. Herrera es
siempre la "ballerina" correcta, de técnica
límpida y giros múltiples, mientras Chen
actuó como un buen profesional, y acompañó
a su compañera con destreza. A esto siguió
el atractivo Nickemil Concepción, uno de los
jóvenes solistas del Ballet Tech, que interpretó
"Tongue and Groove", otra obra de Feld creada
para Baryshnikov en 1995. Esta pieza no tiene música,
sino ritmos de Steven Reich ("Clapping Music"),
que en esta ocasión fue acompañada por
las palmadas de Alan Pierson y Jason Treuting (pertenecientes
al Alarm Will Sound). Concepción estuvo simpático,
determinado y moderno, e hizo buen uso del chiste intrínseco
que la producción conlleva.
Cuando al fin apareció en escena la solitaria
figura de Baryshnikov, ataviado con un pequeño
sombrero de paja encajado hasta las cejas, gafas oscuras,
camisa blanca, pantalones color marrón sostenidos
por tirantes y zapatos blancos, los asistentes quedaron
sobrecogidos. Los momentos iniciales dieron la pauta
de lo que seguiría: una deliciosa pantomima,
en la que el bailarín comenzó a moverse
tentativa y temblorosamente, apoyado en un bastón,
replicando con gestos la letra de la canción
que se escuchaba. A veces simuló ser un anciano,
otras, dio rienda suelta a su comicidad, bailando con
un maniquí de mujer montado sobre ruedas, al
que atrajo con el bastón, que hizo recordar las
películas de Fred Astaire. Posteriormente apareció
en escena una silla, también con ruedas en sus
patas, en la que el bailarín se sentó,
para deslizarse vertiginosamente a todo lo largo y ancho
de la escena, y realizar varias diabluras más.
Por último, dos bailarinas le entregaron un ramo
de lirios blancos, los que él dejó caer
sobre el suelo, uno a uno, mientras retrocedía
cómodamente sentado, como lo hizo muchas veces
frente a la tumba de Giselle. Al final, todo el público
de pie, lo aclamó con bravos estentóreos,
si bien él, ante la insistencia de los aplausos,
se quitó finalmente el sombrero y los lentes,
y con aparente humildad, dejó ver al Misha verdadero:
un genio indiscutible, admirado y respetado en esta
nueva encarnación por todos los que saben apreciar
el buen arte.
La función finalizó con "Lincoln
Portrait", en la voz potente y dicción perfecta
de Ossie Davis, que repetía, una y otra vez,
"This Is What He Said", a la vez que un grupo
de bailarines hacía sus rutinas y aprovechaban
la situación para blandir al aire la insignia
de las rayas y las estrellas. Por otra parte, una multitud
diversa, de distintas razas, edades y épocas,
que nunca habían pisado un escenario, transitaba
por el proscenio, escuchando las inolvidables palabras
del decimosexto presidente de los Estados Unidos (1861-1865).
Mientras tanto, "Fanfare for the Common Man",
de Aaron Copland, resonaba solemne en los ámbitos
de la sala como música de fondo.
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Mikhail
Baryshnikov, reaparece en escena con un solo de
Eliot Feld y muestra nuevamente su calidad de artista
sublime.
Foto: Robert Whitman. |
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