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GUSTAVO ZAJAC EN "NINE"
Un argentino en Nueva York
Por Patricia Aulestia (Desde Nueva York)
 
 
En pleno ensayo, Antonio Banderas, Chita Rivera y Gustavo Zajac ante el desafío del debut en Broadway con "Nine", el musical sobre Federico Fellini.
 
 
 
Se debatía entre la diplomacia o el teatro. Cuando le propusieron traducir "Nine" del inglés al español y manejar las relaciones interpersonales con directores que llegaban de Inglaterra a Buenos Aires, sintió que las dos carreras se unían en un mismo punto. Al principio sólo se trató de traducir y poco a poco fue cubriendo roles de asistencia al coreógrafo y al director. Finalmente, terminó como director residente de la obra en Buenos Aires. A esa altura, Gustavo Zajac se hacía cargo del cuidado cotidiano de "Nine", pieza que se basa en la famosa película de Federico Fellini "8 1/2".

Hoy es coreógrafo asistente de Jonathan Butterell en esta reposición de la obra en los escenarios de Broadway. Los protagonistas: Antonio Banderas, la inefable Chita Rivera, y un elenco de reconocidos artistas. El estreno fue el 10 de abril en el Eugene O’Neill Theatre. Zajac se ocupó de la preparación corporal y coreográfica de actores y bailarines de esta puesta dirigida por David Leveaux sobre un guión de Kevin Stites.

Zajac, quien alguna vez soñó con llegar a Broadway, a los 9 años comenzó a estudiar danzas folklóricas israelíes en una escuela judía, dado el origen de su familia. A los 14, se inició en danza clásica y a los 18, el jazz capturó su vida. En esta nueva puesta de "Nine", el coreógrafo, bailarín y maestro argentino se sumerge en el proceso creativo de la puesta, lo cual implica rearmar la obra sin dejar de lado el espíritu original de su primera puesta en Londres. "Lo más importante de esta obra es la historia –comenta Zajac–, no importa si es con coreografía o con palabras o con canciones. La historia es la vida de este hombre que está rodeado de mujeres y que, en realidad, no puede amar a ninguna porque ama a todas. Lo singular de ‘Nine’ es que toda la obra está coreografiada, si bien hay dos o tres cuadros que son de baile específicamente."

Danza: ¿En qué se diferencia esta obra de cualquier otro musical?
Gustavo Zajac: Tiene una historia, profunda, comprometida, una historia dolorosa y además, tiene un tipo de lenguaje que no es lineal y que al mismo tiempo se conjugan distintos tiempos, se mezcla el pasado con el presente en forma permanente y hay que estar muy atento porque no es tan fácil de poder seguir el argumento. Creo que el espectador es llevado a otro tiempo y a otro momento, sin ser avisado previamente.

D: ¿De qué manera te impactó trabajar en Broadway?
GZ: Lo principal en esta carrera de ser coreógrafo y director es que es muy difícil encontrar un marco académico para una profesión como esta, si bien es cierto que hay universidades que ofrecen títulos. Sin embargo, eso no necesariamente implica que podrán ejercer la profesión. Si bien estudié en la universidad, no estudie para ser director de teatro, pero lo importante es que uno pueda llevar adelante el trabajo como un aprendiz. Así como el carpintero aprende del carpintero mayor. Trabajar con Sam Mendes y con David Leveaux, que son, según mi criterio, dos de los directores más grandes que hay en este momento en teatro, es como ir a la universidad. Es una oportunidad increíble. El tiempo de formación es esencial, no se puede decir: "Hasta aquí llegué y paro". Por eso, mientras trabajo aquí sigo tomando clases de danza, o viendo espectáculos porque siempre aprendo. Además de aprender de mis propios errores.

D: ¿Cuáles serían los pros y los contras de estar en Broadway?
GZ: Los pros es el aprendizaje, si bien aquí también hay falencias, uno aprende porque los medios, los tiempos, el dinero, la organización, la tecnología, el profesionalismo están disponibles. Y de todo eso se aprende. La contra es que estrenamos y mi familia no estaba aquí y que no van a ver el espectáculo. Y que mis amigos tampoco estaban aquí y tampoco lo van a ver. Cuando hago alguna obra en Buenos Aires, mi familia está en la primera fila. Pero al mismo tiempo, esta distancia me permite trabajar con mayor libertad porque en Buenos Aires siempre estoy pensando en la aprobación de mi familia o de mis amigos. Y aquí me pude liberar de todo eso y contribuir con lo que yo sentía que era lo mejor y no con lo que les iba a gustar a ellos.

D: ¿Cuáles son los precios que hay que pagar para estar en Broadway?
GZ: El sacrificio es estar lejos de casa, lejos de la gente que uno más ama, hablar otro idioma 24 horas al día, no estar en mi propia casa. El teatro es igual en todo el mundo, el verdadero sacrificio es estar lejos de lo que uno ama.

D: ¿Cómo es trabajar con estrellas como Banderas, que es la primera vez que hace un musical en Broadway, y con Chita Rivera, que es veterana en este campo?
GZ: Antes de llegar, uno tiembla y tiene miedo sobre lo que puede pasar y cómo pueden ser. Y te preguntas qué hay que darle a esta gente tan increíble para que se luzcan, para que estén satisfechos con el trabajo y les guste lo que hacemos. La verdad es que ha sido un placer y un honor trabajar con ellos. Increíble. Desde el primer ensayo, tanto Banderas como Chita leyeron sus partes y cantaron sus partes como si estuvieran en una función. Eso estableció un precedente para toda la compañía y demostró que ellos estaban dispuestos a trabajar tan duro como el resto y que no tenían aires de estrellas. Todo lo que hemos sugerido, en cuanto a la coreografía o a la puesta, todo lo han aceptado. Ver a Banderas trabajar en el escenario es un placer.

D: Desde tu ojo de coreógrafo, ¿cuál fue la actitud de Banderas frente a este nuevo desafío?
GZ: Para él, trabajar en Broadway es como un juego nuevo. Es una gran lección para mí ver cómo disfruta al salir a hacer cada función. Ensayaba la obra en su casa, la coreografía la traía sabida todos los días y en cuanto tenía un minuto libre se ponía a practicar con Chita. Banderas hace yoga y tiene un excelente manejo corporal, por lo tanto, a todos los pasos que le dimos les encontraba una línea estética increíble. A veces te preguntas cómo es posible que este hombre entienda lo que a uno como bailarín o como coreógrafo le cuesta tanto tiempo conseguir. Antonio enseguida entiende dónde va el brazo, dónde va la pierna para lograr la línea y que se lo vea bien. Parecería que hubiera bailado toda la vida.

D: Y Chita Rivera, ¿cómo reaccionó frente a la propuesta de trabajo?
GZ: Chita es increíble, es una bailarina que a cualquier paso le agrega el toque de estilo que ella tiene y que termina siendo una marca registrada, porque sólo ella puede bailar así. Como ocurre con Liza Minelli o con Mikhail Baryshnikov. Ellos bailan como nadie puede bailar en el mundo.

D: ¿De qué manera pesa esta experiencia para un bailarín que viene del sur del continente americano?
GZ: Y... (su voz cambia, los ojos se le iluminan y su sonrisa se insinúa con cierta picardía y nostalgia) Para los que estamos allá abajo, es como el sueño del niño, porque uno siempre mira para arriba y se imagina que es un lugar imposible de alcanzar. A veces también me cuesta pensarme a mí mismo acá, haciendo este trabajo. Creo que todavía no he caído en la cuenta porque no puedo tomar distancia. Desde que empezamos, tenemos un ritmo feroz, estamos trabajando seis días a la semana hasta 12 horas por día. Todavía no puedo darme cuenta de dónde estoy y de lo que estoy haciendo realmente. De pronto vengo a trabajar con Antonio Banderas y para mí ya es Antonio y es un actor más. Y cuando vuelva a la Argentina, quizás recién me dé cuenta de la dimensión de las figuras con las que estoy trabajando y también del lugar en donde estoy trabajando. Y si bien Broadway siempre estuvo en mi cabeza, también siempre pensé que era un sueño imposible. Nunca imaginé que iba a pasar. Creo que de la única manera que esto es posible es si peleamos por nuestros sueños.

 

Entretelones

DANZA: ¿Cómo se planteó el trabajo con los bailarines?
GZ: Lo que tratamos de buscar con Butterell es un código corporal común dentro de la obra. Es decir, buscamos homogeneidad en los movimientos, que el elenco camine de una forma determinada, que se muevan de una misma manera, que tengan un ritmo especial dentro del escenario. Para lograrlo, durante casi dos meses empezamos los ensayos con una pequeña sesión de masaje que se da en parejas en forma recíproca. De esta manera se estableció un contacto corporal entre los actores y esto permitió que se dejen de lado las vergüenzas, los prejuicios, para poder establecer una pequeña comunidad de ensayo. Después, una hora de entrenamiento físico (elongación, disociación, abdominales, relevé, caminatas). Este trabajo, que lo hacíamos todas las mañanas casi una hora por día, fue creando un lenguaje común a toda la compañía. Después, continuamos con las secuencias de las coreografías, sin ninguna puesta específica y una vez que el elenco tenía bien claras esas secuencias, iniciamos con la puesta espacial. Al final se agregaron los elementos; las plumas, los abanicos, las sillas. Y posterior a todo, se hace el trabajo de limpieza hasta que se llega al resultado final.

 
"La llamada del vaticano" una escena sumamente erótica entre Antonio Banderas y Jane Krakowski.
Foto: Joan Marcus. (Archivo Banderas Krakowski)

DANZA: ¿Cuánto de tu aporte en cuanto a técnica coreográfica tiene "Nine"?
GZ: Creo que mucho, en cuanto a las secuencias, al estilo que manejo. Por ejemplo, en el cuadro principal, que originalmente es un vals que el protagonista baila con el personaje que ahora encarna Chita Rivera, en esta puesta se transformó en un tango. Por lo tanto, pude colaborar un poco en eso también. Además, estoy increíblemente agradecido con Butterell que es mi socio en esta obra. Y me resultaría difícil decirte qué paso es de quién, porque siempre hay algo de los dos en cada secuencia. Hemos conseguido amalgamarnos de una manera increíble en la puesta coreográfica. Trabajamos como un equipo tal como nunca he trabajado en mi vida.

DANZA: Desde que se hizo "8 1/2" hasta ahora ya han pasado muchos años, ¿de qué manera lo han actualizado?
GZ: "Nine" se escribió hace alrededor de 23 años y estaba más cerca de Fellini. Hay muchas cosas que tienen que ver mucho con el lenguaje de Fellini y esto se ha tenido en cuenta con el vestuario y la escenografía. Ciertos conceptos de movimiento los hemos rescatado de fotos de las películas.

 
 
"Chita Rivera es una bailarina que a cualquier paso le agrega el toque de estilo que ella tiene y que termina siendo una marca registrada", dice Zajac.
 
 
 

Nine en tela de juicio
Por Patricia Aulestia

"Nine", el musical basado en la película "8 1û2 " de Federico Fellini ha vuelto a estrenarse en Nueva York en el Teatro Eugene O‘Neill de Broadway. Esta nueva versión ha sido recreada para el disfrute de los amantes del buen teatro, especialmente para los entusiastas admiradores de dos estrellas como lo son Antonio Banderas y Chita Rivera. La puesta en escena difiere de la presentada hace 20 años, protagonizada por Raúl Juliá y Liliane Montevecchi.

El libreto de Arthur Kopit se ha ajustado a la actual conceptualización de su director, David Leveaux, quién hace que la obra se desarrolle centrada en la historia personal de Guido Contini en un momento decisivo de creación como lo es la realización de una película. No es más que la interpretación de lo que es ser "italiano". Un hombre apasionado en el que conviven mujeres diferentes, amantes de tiempos distintos, amores diversos, en los cuales su mujer, su madre, no pueden ser desplazadas por las perturbadoras vivencias de sus inolvidables amantes momentáneas. Así es él. Un hombre en el cual lo acontecido en su niñez determina su destino de adulto.

Contini es un hombre-niño. Es un director de cine al que le cuesta realizar una película. Para ello, Leveaux cuenta con la excelente música y las expresivas canciones de Maury Yeston, y las espléndidas escenografías de Scott Pask y la coreografía de Jonathan Butterell con las que propician el lucimiento de los protagonistas y el desplazamiento ininterrumpido de las múltiples y contrastantes mujeres. El resultado es una escenificación plena de ensoñaciones y añoranzas, cuidada y fina, con breves momentos alucinantes, situada en un balneario veneciano a principios de los años sesenta.

Antonio Banderas y Chita Rivera en "Nine" calzan perfectamente la horma de sus zapatos. Muy especiales, cada uno aporta todo de sus brillantes personalidades. Cantan y actúan de maravillas. Banderas, que encarna a Contini, logra imponentes metáforas; es el hombre ideal para hacer creíble al seductor personaje, se ve sensual y tierno. En este, su debut en Broadway ha puesto una enorme entrega, lo cual propicia su personal éxito.

La escena de "La llamada del vaticano" con Jane Krakowski como Carla esta muy lograda, sumamente erótica. Ella baja de la cornisa en una sensual danza aérea que termina de cabeza ante la sorpresa de todos, después de cruzar las piernas sin dejar ver cuales son sus apoyos en la cuerda que la sube.

Chita Rivera como Liliane Le Fleur, la productora, recuerda sus mejores tiempos en "Folies Bergeres" Muestra sus maravillosas piernas, habla con el publico y hace de las suyas en un apasionado baile que interpreta junto con Banderas. Los dos: sensacionales. Se lucen bailando un tango sencillo pero con toques de gran efecto. Las mujeres sobresalen también haciendo rutinas emplumadas como si fuesen las espectaculares "girls" el famoso lugar. Todo el cuadro es muy medido y presentado con gran finura. Ovación.

La secuencia de Guido niño con Seraghina –Myra Lucretia Taylor–, rememora a la mujer que inicia a Contini en las no tan inocentes escaramuzas sexuales. Esta Seraghina casi no toca el suelo de lo liviana que se ve, contrastando sus ágiles movimientos con su abultado cuerpo. La madre de Guido (Maty Beth Peil), Luisa, su esposa (Mary Stuart Masterson) y Claudia, la actriz (Laura Benanti) dominan con plenitud sus papeles.

Uno de los aspectos relevantes del montaje es el estilo de movimiento de las mujeres, que se advierten que no son bailarinas. Desde el comienzo hasta el final del espectáculo se desplazan de arriba a abajo (por la escalera o trepadas en sillas o sobre una mesa), de lado a lado (por los corredores) y por todo los espacios posibles. Transitan impecablemente el escenario y mantienen siempre una caracterización. El uso de brazos, plumas, abanicos y velas es muy elaborado, pero concebido sin concesiones vulgares o exageradas. Se perciben para su consecución muchas horas de trabajo y minuciosa limpieza en los aspectos coreográficos. Un verdadero hallazgo estético de Butterell, asistido por el argentino Gustavo Zajac. Los coreógrafos también aciertan con Banderas y Rivera, a quienes los hacen mover muy bien y destacan las calidades corporales de cada uno de ellos.

 
 
       
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