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DANZA CONTEMPORÁNEA
¿Y ahora qué decimos?
Por Mabel
Diana (Desde México)
"El miedo es como un globo
Que cuando lo inflas demasiado
¡Estalla!
Y cuando lo dejas de soplar
Se vuelve débil.
Por ello
he decidido comenzar
esta historia
con hombres y mujeres
que jugaban globos."
Erika Torres
Oscuro total. En el silencio de la sala comenzaró
a oírse un sonido agudo. Aire que escapaba. Al primer
sonido se sumaron otros iguales con ritmos distintos. Después,
la luz comenzó a vislumbrar espacios. Cuatro personas
en línea con un globo blanco delante de sus caras.
Los sonidos de los globos fueron marcando el camino del movimiento.
Los bailarines se desplazaban, relacionaban y hablaban a través
de esos sonidos.
La luz también jugó con ellos, determinó
espacios, cambió la intensidad y las zonas donde los
intérpretes se movían. Durante toda la función,
el sonido de los globos fue la constante. Se inflaron y desinflaron.
Erika Torres, coreógrafa nacida en Yucatán,
México, en 1972, decidió incorporar un objeto
y llevarlo hasta el límite de sus posibilidades.
La atención y las risas del público, niños
y adultos, acompañaron la representación. El
vestuario, muy simple: pantalones negros, camiseta y saco
blanco abierto. Tres mujeres, un hombre, y alguien en la oscuridad.
Sólo un cambio de vestuario, vestidos blancos largos
ellas, una túnica él.
La obra, dedicada a los niños, fue como un respiro
después de ver tantos grupos y coreografías
donde la repetición de secuencias conocidas y adivinadas
nos dejan inconmovibles en las butacas de los teatros. El
afán por complicarlo todo, sin escapar de los códigos
convencionales, produce un resultado anodino, en el que no
existe diferencia entre una u otra obra.
En "Danzas en el carapacho del Armadi-yo (cantos y danzas
para ahuyentar los miedos)", la simpleza de la propuesta,
que contada, puede parecer insignificante o intrascendente,
logró mantener al público prendido en este juego.
Los espectadores estallaron en carcajadas ante los mínimos
gestos de los intérpretes. Y de eso se trata. De conmover,
sacudir, hacer reír o llorar, pero provocar algo en
el espectador.
Erika Torres, coreógrafa experimental, investigadora
y docente, lleva años pensando la danza. Su trabajo
indica que no pretende repetir esquemas. No está en
sus planes dejar de investigar, y lo más importante,
es que no admite la posibilidad de dejar de lado lo lúdico
del arte. En "Danzas en el carapacho del Armadi-yo (cantos
y danzas para ahuyentar los miedos)", fue responsable
de la dirección, la coreografía, el diseño
de vestuario, la utilería, la iluminación y
también de la música, que estuvo inspirada en
Jhon Zörn, Ligetti y cantos tjak de Bali. Esta creación
fue realizada para el proyecto "Las niñas y los
niños en el Arte", del Programa de Desarrollo
Infantil "Alas y Raices a los niños yucatecos".
Los bailarines actores, Tania Solomonof, Gabriela Saldaña,
Gerardo Trejoluna y Claudia Landavazo, se apropiaron de la
propuesta, con gran compenetración y confianza entre
ellos. Todo sucedió como aceitado, sin cortes ni caídas
de la energía. La frescura nos hizo pensar en un trabajo
de improvisación, pero las escenas, las entradas, salidas,
cambios de luces y el vestuario, mostraron una exactitud pensada
y ensayada al máximo.
Después de asistir a esta obra, cabe reflexionar nuevamente
acerca del concepto. ¿Qué es danza contemporánea?
La gama extensa en la que se incluyen los grupos y las compañías
que hacen danza contemporánea, muchas veces nos hacen
dudar sobre el concepto de contemporaneidad. En este amplio
espectro, existen compañías que se entrenan
en técnica clásica y usan ese lenguaje para
expresar su contemporaneidad. También por esos carriles
desfilan los posmodernos, los teatros de movimiento, los teatros
del cuerpo, la danza butoh, y las compañías
que ya se han convertido en "clásicas" por
ser compañías de repertorio y ya dejaron de
lado el proceso de investigación y la búsqueda
de nuevos lenguajes o propuestas.
De todo este conglomerado, vale la pena rescatar a los creadores
que, de forma incontrolable, continúan inventando y
reinventando la danza. Esos artistas que superan la presión
de convertirse solamente en cuerpos "hiperentrenados"
y perfectos sin nada que decir. El público agradece
la oportunidad de ser sorprendido, de poder participar desde
la oscuridad de la butaca a través de una respuesta
instintiva frente a lo que sucede en el foro. Una risa, un
suspiro, una emoción incontenible, son el mejor aplauso
a una obra.
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