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NEW YORK CITY BALLET
Las delicias para el final
Por Célida P. Villalón (USA)
 
 
"Piano Pieces", una obra que incluye pasos que llevan la firma indeleble de Robbins.
Foto: Paul Kolnik. Gentileza del NYCB.
 
 
 
Describir el trabajo de Jerome Robbins, uno de los más geniales coreógrafos del Siglo XX, que abarcó distintas facetas coreográficas a través de su impresionante carrera, es siempre interesante. La presentación de tres de sus obras en un solo programa, resulta un homenaje muy apropiado para tan gran artista. En una de las últimas semanas de la temporada invernal del New York City Ballet (NYCB), tres obras de épocas diferentes, subieron a la escena del State Theatre: "Interplay", del compositor norteamericano Morton Gould, estrenado en junio de 1945, "Piano Pieces", de Tchaikowski, y "I´m Old Fashioned", sobre partituras de Gould y Jerome Kern; estos dos últimos ballet estrenados en la década de los ‘80.

El grupo de ocho bailarines que se entregan a las delicias del "swing" y del "jive", bailes que fueron muy populares entre los jóvenes de la época de los años 40, están presentes en muchas de las secuencias bailables de "Interplay". Los intérpretes aparecen vestidos sencillamente por Santo Loquasto, las mujeres, con túnicas de diferentes colores, y los hombres, con mallas y camisetas en colores contrastantes. Hubo solos confiados a Adam Hedrickson ("Free Play"), al potente Daniel Ulbricht ("Horseplay"), y a la encantadora brasileña, Carla Körbes, junto a Stephen Hanna, que llenaron la suave sensualidad de un melódico "blue" con juvenil inocencia. La parte del piano solista fue cubierta por Elaine Chelton, que recibió bien ganados aplausos.

Ya es sabida la atracción que Robbins sentía por la música de piano. "Dances at a Gathering", "In the Night"y "Other Dances", todas con música de Chopin, creadas en 1969, 1970 y 1976, respectivamente, dan fe de ello. En 1981 surgiría otra obra maestra de ese estilo: "Piano Pieces", inspirada en las composiciones que Tchaikowski escribió específicamente para ese instrumento, que en esta función tuvo una vigorosa y correcta interpretación de Cameron Grant. La coreografía de "Piano Pieces" incluye pasos que llevan la "firma" indeleble de Robbins: cambio de dirección en la danza, momentos chistosos y toques folclóricos, en esta instancia, rusos. El vestuario, del que es autor Ben Benson, tiene también el sabor de la tierra de los zares. Hay un elenco de diez parejas, con tres parejas solistas y un personaje gracioso, a cargo de Antonio Carmena que, aunque baila en el coro, constantemente se aleja de su compañera para irrumpir en la escena en atractivos solos, llamados "Le Petit Cavalier", "La Sorciere" y "Polka de Salon", además de ir a la cabeza del "Scherzo a la Russe" final. La gracia española de Carmena, con una amplia sonrisa que ilumina sus facciones, lo hace parecer un travieso diablillo, lleno de picardía y jocosidad.

Los solistas, además de bailar en dúo, tuvieron cada uno de ellos solos por su cuenta. Jenni Somogyi, fue magníficamente secundada por Seth Orza, en el exquisito pas de deux, "Reverie"; después, ella bailó en solitario el exquisito "Natha Waltz", que puede describirse como uno de los momentos sobresalientes de la noche. Alexandra Ansanelli y Sébastien Marcovici tuvieron a su cargo la pieza titulada "November-Troika", de tal intensidad que hubieran podido derretir la nieve de la Siberia; a la misma vez que el solo de Ansanelli, "June-Barcarolle", gracias a su lirismo y exquisitez, resulta como un reclamo al luminoso resplandor de la primavera. La "Mazurka" de Marcovici, fue otro momento estelar de la pieza. Por su parte, Maria Kowroski, de piernas tan largas que pudieran tocar el cielo, secundada magníficamente por Stephen Hanna, bailaron con los acordes de "October-Chant d´Autonme". Ambos lograron una sublime estampa otoñal que sólo los mejores convierten en realidad.

En una noche de homenajes, no podía faltar el que el coreógrafo dedicara a Fred Astaire en 1983, año en que montó "I´m Old Fashioned", que lleva un elegante vestuario "de salón" de Florence Koltz. Con una pantalla gigante suspendida sobre el proscenio, y la proyección cinematográfica de una escena de la cinta fílmica "You Were Never Lovelier", los inolvidables Astaire y Rita Hayworth aparecen en la pantalla en una corta secuencia bailable. Luego, la pantalla sube, y los bailarines, veinte en total, con tres parejas solistas (Rachel Rutherford y Archie Higgins, Maria Kowroski y Philip Neal, y Jenifer Ringer con Sébastien Marcovici), se adueñan de la escena en grupos, dúos y solos, para terminar bailando todos delante de la secuencia fílmica -que aparece de nuevo-, mientras tratan de imitar, paso a paso, las variaciones de Hayworth y Astaire, acompañados por la magnífica orquesta bajo la dirección de Hugo Fiorato.

¿Que mejor espectáculo que un programa completo de ballets de Robbins, en donde éste, a su vez, dedica un tributo a Astaire, el inolvidable genio del "tap"?

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