| Describir el trabajo de Jerome Robbins,
uno de los más geniales coreógrafos del
Siglo XX, que abarcó distintas facetas coreográficas
a través de su impresionante carrera, es siempre
interesante. La presentación de tres de sus obras
en un solo programa, resulta un homenaje muy apropiado
para tan gran artista. En una de las últimas semanas
de la temporada invernal del New York City Ballet (NYCB),
tres obras de épocas diferentes, subieron a la
escena del State Theatre: "Interplay", del compositor
norteamericano Morton Gould, estrenado en junio de 1945,
"Piano Pieces", de Tchaikowski, y "I´m
Old Fashioned", sobre partituras de Gould y Jerome
Kern; estos dos últimos ballet estrenados en la
década de los 80.
El grupo de ocho bailarines que se entregan a las delicias
del "swing" y del "jive", bailes
que fueron muy populares entre los jóvenes de
la época de los años 40, están
presentes en muchas de las secuencias bailables de "Interplay".
Los intérpretes aparecen vestidos sencillamente
por Santo Loquasto, las mujeres, con túnicas
de diferentes colores, y los hombres, con mallas y camisetas
en colores contrastantes. Hubo solos confiados a Adam
Hedrickson ("Free Play"), al potente Daniel
Ulbricht ("Horseplay"), y a la encantadora
brasileña, Carla Körbes, junto a Stephen
Hanna, que llenaron la suave sensualidad de un melódico
"blue" con juvenil inocencia. La parte del
piano solista fue cubierta por Elaine Chelton, que recibió
bien ganados aplausos.
Ya es sabida la atracción que Robbins sentía
por la música de piano. "Dances at a Gathering",
"In the Night"y "Other Dances",
todas con música de Chopin, creadas en 1969,
1970 y 1976, respectivamente, dan fe de ello. En 1981
surgiría otra obra maestra de ese estilo: "Piano
Pieces", inspirada en las composiciones que Tchaikowski
escribió específicamente para ese instrumento,
que en esta función tuvo una vigorosa y correcta
interpretación de Cameron Grant. La coreografía
de "Piano Pieces" incluye pasos que llevan
la "firma" indeleble de Robbins: cambio de
dirección en la danza, momentos chistosos y toques
folclóricos, en esta instancia, rusos. El vestuario,
del que es autor Ben Benson, tiene también el
sabor de la tierra de los zares. Hay un elenco de diez
parejas, con tres parejas solistas y un personaje gracioso,
a cargo de Antonio Carmena que, aunque baila en el coro,
constantemente se aleja de su compañera para
irrumpir en la escena en atractivos solos, llamados
"Le Petit Cavalier", "La Sorciere"
y "Polka de Salon", además de ir a
la cabeza del "Scherzo a la Russe" final.
La gracia española de Carmena, con una amplia
sonrisa que ilumina sus facciones, lo hace parecer un
travieso diablillo, lleno de picardía y jocosidad.
Los solistas, además de bailar en dúo,
tuvieron cada uno de ellos solos por su cuenta. Jenni
Somogyi, fue magníficamente secundada por Seth
Orza, en el exquisito pas de deux, "Reverie";
después, ella bailó en solitario el exquisito
"Natha Waltz", que puede describirse como
uno de los momentos sobresalientes de la noche. Alexandra
Ansanelli y Sébastien Marcovici tuvieron a su
cargo la pieza titulada "November-Troika",
de tal intensidad que hubieran podido derretir la nieve
de la Siberia; a la misma vez que el solo de Ansanelli,
"June-Barcarolle", gracias a su lirismo y
exquisitez, resulta como un reclamo al luminoso resplandor
de la primavera. La "Mazurka" de Marcovici,
fue otro momento estelar de la pieza. Por su parte,
Maria Kowroski, de piernas tan largas que pudieran tocar
el cielo, secundada magníficamente por Stephen
Hanna, bailaron con los acordes de "October-Chant
d´Autonme". Ambos lograron una sublime estampa
otoñal que sólo los mejores convierten
en realidad.
En una noche de homenajes, no podía faltar el
que el coreógrafo dedicara a Fred Astaire en
1983, año en que montó "I´m
Old Fashioned", que lleva un elegante vestuario
"de salón" de Florence Koltz. Con una
pantalla gigante suspendida sobre el proscenio, y la
proyección cinematográfica de una escena
de la cinta fílmica "You Were Never Lovelier",
los inolvidables Astaire y Rita Hayworth aparecen en
la pantalla en una corta secuencia bailable. Luego,
la pantalla sube, y los bailarines, veinte en total,
con tres parejas solistas (Rachel Rutherford y Archie
Higgins, Maria Kowroski y Philip Neal, y Jenifer Ringer
con Sébastien Marcovici), se adueñan de
la escena en grupos, dúos y solos, para terminar
bailando todos delante de la secuencia fílmica
-que aparece de nuevo-, mientras tratan de imitar, paso
a paso, las variaciones de Hayworth y Astaire, acompañados
por la magnífica orquesta bajo la dirección
de Hugo Fiorato.
¿Que mejor espectáculo que un programa
completo de ballets de Robbins, en donde éste,
a su vez, dedica un tributo a Astaire, el inolvidable
genio del "tap"?
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