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MIAMI CITY BALLET
Una joya más
Krysten y Vivian Villalón (USA)
En la tercera fase de su temporada, el Miami City Ballet
(MCB) añadió una joya más a su
cofre de repertorio con el estreno de "Coppélia".
Aunque esta compañía hasta hace poco era
conocida por su devoción al estilo de Balanchine
en particular, recientemente se anotó dos grandes
éxitos con sus versiones de dos de los más
aclamados ballets de la era romántica del siglo
XIX: "Giselle" (el pasado año) y ahora
"Coppélia", gracias a la colaboración
de Eve Lawson y Eric Quillère. La primera obra
fue considerada la "gran tragedia del ballet",
y la segunda, la "gran comedia". Edward Villela,
el fundador y director artístico del MCB, considera
que "Coppélia" le da oportunidad a
la compañía de expandirse más allá
de lo neoclásico y le permite la oportunidad
de abordar diferentes estilos. Sin duda, su empeño
es acertado. Una muestra de ello es la taquilla de los
tres teatros donde se representó este ballet:
las ventas superaron las de temporadas pasadas y el
público cerró las presentaciones con largas
ovaciones.
"Coppélia" es un ballet en tres actos,
basado en la historia de E.T.A. Hoffman y presentado
por primera vez en el Théatre Imperial de L´Opera,
París, el 15 de mayo de 1870, con coreografía
de Arthur Saint-Léon y partitura musical de Leo
Delibes. La historia de este ballet tiene aspectos oscuros,
ya que fue presentado justo antes del comienzo de la
guerra franco-prusiana, que causó el cierre de
la Ópera. Durante el asedio de París,
la bailarina Giuseppina Bozacchi, que había protagonizado
la obra, murió víctima de una epidemia
de viruelas. También se dice que hay rastros
siniestros en este cuento, sobre todo alrededor de la
figura del Dr. Coppelius y su obsesión por la
muñeca Coppélia. Es interesante que este
ballet se presente justo en estos momentos históricos
en los que este país y el mundo, están
en vísperas de guerra, peligro de terrorismo
y ataques biológicos.
Los ballets románticos se distinguen de los
clásicos en su naturaleza expresiva y por el
desarrollo dramático de la historia. En este
caso se trata de Swanilda, una bella aldeana de Europa
oriental, enamorada de un joven llamado Franz. Se trata
a su vez, de los celos de Swanilda cuando Frank demuestra
interés por la misteriosa figura femenina que
siempre está leyendo en el balcón de la
casa del excéntrico inventor. Una enigmática
figura de la que todos creen que es la hija del Dr.
Coppelius.
La impetuosa Swanilda logra entrar con sus amigas en
casa del inventor y descubre que su rival no es más
que una muñeca mecánica. Al regresar el
viejo doctor, todas las intrusas huyen, menos Swanilda,
que se esconde. Franz, quien entró por una ventana,
también queda atrapado en la casa. Coppelius
descubre el interés de Franz por Coppélia,
e intenta robarle el alma para transferirle vida a su
adorada creación. Swanilda, vestida con la ropa
de la muñeca, provoca una serie descalabrada
de confusiones hasta que, finalmente, se descubre su
verdadera identidad. La desilusión de Coppelius
es una de las emociones más profundas que se
captan en el desenlace de la historia. El ballet concluye
felizmente con una gran fiesta en el pueblo.
En la función que se realizó en el Broward
Center for the Performing Arts, el papel de Swanilda
estuvo a cargo de la bailarina venezolana, Mary Carmen
Catoya, quien le dio al personaje un toque de altanería,
más que de travesura. Su técnica es muy
limpia, posee mucha seguridad en todas sus transiciones
y el movimiento de los brazos de destaca por su gracia
y fluidez, aunque no ocurre lo mismo con sus manos.
Su línea es correcta, y todos los giros que hizo
los clavó al compás de la música.
El rol de Franz lo desempeñó estupendamente
el carismático Mijail Iliyn. Su gozo en el escenario
es tan obvio que resulta extremadamente contagioso.
Posee unas piernas excepcionales, y sus brincos y vueltas
los hace con mínimo esfuerzo aparente. El bailarín
cubano Luis Serrano hizo del Dr. Coppelius el centro
de atracción de la obra. Su dominio de la pantomima
fue extremadamente efectivo, y sin caer en ninguna ridiculez,
le dio al papel un verdadero perfil cómico y
divertido. El cuerpo de baile ejecutó las czardas
y las mazurkas con mucho entusiasmo y brío. Callye
Robinson y Donna Seay también se destacaron como
el Alba e Hilandera, respectivamente. La muñeca
de Jeanette Delgado fue tan correcta que era imposible
verla pestañear.
La música de este ballet estuvo interpretada
por Orquesta Clásica de Florida, de Clotilde
Otranto. Entre sus credenciales, su formación
en Brasil en piano y ballet, quizás le dan una
gran ventaja, y su deleite en esta labor se observa
claramente, ya que su batuta parece bailar cl compás
de la música.
La ambientación de este ballet fue maravillosa,
gracias también a los decorados de Júpiter
Scenic, Inc. y el vestuario (en préstamo del
American Ballet Theatre). Los adornos de cabeza y los
exquisitos trajes en bellas combinaciones de colores,
recuerdan frutas (mangos, fresas, naranjas, limas, melocotones),
terminados con finos apliques y guarniciones, que hicieron
de este ballet un espectáculo elegante y esplendoroso.
El Miami City Ballet tiene otra joya que, al parecer
brillará por largo tiempo en el repertorio de
la compañía.
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Swanilda y el Dr. Coppelius
juegan escenas divertidas, con un gran dominio del
lenguaje corporal que oscila entre la pantomima
y la danza.
Fotos: Joe Gato. Gentileza del Miami City
Ballet. |
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