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HISTORIA
DEL BALLET KIROV (PARTE II)
En la ciudad
de los zares
Por Enrique
Honorio Destaville (Argentina)
La
revolución comunista y sus consecuencias
La
revolución bolchevique de 1917 afectó
aún más al Ballet del Teatro María,
que siempre había sido protegido y mantenido
con los fondos imperiales. A la ya visible pobreza
y las carencias (hasta se recurrió a los
cortinados para confeccionar el vestuario para
la compañía y para la escuela ubicada
en el número 2 de la calle Arquitecto Rossi),
llegaron el frío no atemperado por la suspensión
de la calefacción y las enfermedades. El
rigor invernal era tan grande que fueron necesarios
numerosos ruegos y promesas de lealtad de trabajar
en "pro del proletariado" para lograr
condiciones aceptables. También aparecieron
el hambre y sus secuelas... y junto a ellas, la
opresión política del "nuevo
orden" comunista, en los primeros tiempos,
suavizada por el primer Comisario del Pueblo para
la Cultura, Anatoli Lunacharski. Personaje que,
al fin y al cabo, ¡era balletómano
y culto! Todo aquello determinó que gran
parte de las huestes del María intentara
la huida. Si bien este éxodo no se concretó
de una sola vez. Poco a poco fueron escapando
casi todos en la búsqueda de nuevos horizontes.
Su radicación en Europa occidental y en
diversas partes de América determinó
la revitalización o el nacimiento del ballet
en los nuevos lugares de asentamiento.
Entre
los que quedaron estaba la esforzada Vagánova,
quien fue puesta a la cabeza de la Escuela (que
hoy lleva su nombre), y que habría de revelarse
como una de las más grandes pedagogas de
la Historia del Ballet. En los años 30,
al Teatro María se le impuso el nombre
de Kirov, en honor a un revolucionario bolchevique
muerto a fines de los años 20 por
orden del propio Stalin, aunque se ocultara la
verdad.
Actualmente,
con el derrumbe de las Repúblicas Socialistas
Soviéticas, el legendario Teatro recuperó
el nombre de María (o Mariinski) pero la
troupe conserva el nombre de Kirov, nombre que
la hizo también famosa mundialmente en
las últimas décadas del Siglo XX.
Otros bailarines brillantes aparecen en la escena
del rebautizado Kirov: Marina Semiónova,
Galina Ulánova (ambas, antes de ser transferidas
al Bolshoi de Moscú, elevado a la cima
por el gobierno soviético), Natalia Dudinskaia,
Alla Chelest, Vera Volkova, Leonid Lavrovski,
Leonid Leontiev, Yermolayev, Vajtang Chabukiani,
Fiodor Lopujov y Rotislav Zajarov.
Aparecen
nuevos coreógrafos y nuevos músicos.
Entre
los primeros, Zajárov ("La Fuente
de Bakchisarai"), Vassili Vainonen ("Las
Llamas de París"), Chabukiani ("Laurencia"),
Lavrovski (el famoso "Romeo y Julieta").
Durante la Segunda Guerra Mundial, y ante el asedio
de la ciudad por parte de las tropas alemanas,
que la bombardeaban sin piedad, el Teatro María
también sufrió daños. Fue
entonces cuando las autoridades soviéticas
trasladaron toda la troupe a la ciudad de Perm,
llamada por entonces, Molotov, donde con éxito
y denodado esfuerzo se estrenó "Gayaneh"
(1942), con música de Jachaturian.
Los
últimos 40 años.
Los
años pasaron y las antiguas diferencias
entre las compañías del Mariinski
y del Bolshoi de Moscú fueron desapareciendo,
en algunos casos, por acción de los pedagogos
(surgidos de la primera sobre todo). La nobleza
fue una característica de los artistas
del María y del Kirov. De allí que
los moscovitas los acusaran de "fría
solemnidad" y de un "culto exagerado
a las formas clásicas". En cambio,
las diferencias se agudizaron a favor de los privilegiados
del Bolshoi, donde el gobierno comunista siempre
depositó sus preferencias, desde los primeros
años posteriores a la revolución
comunista. Ulánova, Semiónova y
tantos otros habían surgido en el Kirov,
pero desde Moscú se ordenaba su pase a
la troupe del Bolshoi.
Las
últimas décadas vieron surgir en
la prestigiosa compañía a artistas
tan notables y excepcionales como Rudolf Nureyev,
Yuri Soloviev, Natalia Makarova, Mikhail Baryshnikov.
Su huida para trabajar en occidente y el suicidio
de Soloviev forman también, parte de la
historia de la compañía. En el excelso
escenario del Mariinski siguieron brillando otros
tan grandes como Irina Kolpákova, Gabriela
Komleva, Galina Metsenzeva, Constantin Zaklinski,
Elena Evteeva, Olga Chenchikova y Alla Sizova.
Hasta él se acercaron creadores y especialistas
tan destacados como Maurice Béjart y Pierre
Lacotte, para montar algunas de sus obras que
ellos veían prestigiadas en la interpretación
de los artistas del Kirov. Y hasta ballets de
George Balanchine -también formado en ese
ámbito- se repusieron en la ilustre sala,
con magnífica interpretación de
quienes no habían conocido a Balanchine.
Luego
de Oleg Vinogradov, director artístico
de la compañía durante casi 30 años,
a finales de los 90, Makhar Vaziev asumió
la dirección artística del teatro
liderado por Valery Gergiev. Más allá
de las vicisitudes económicas por las que
la compañía debió pasar durante
los primeros años de la era postsoviética,
aún hoy sigue siendo un pilar indiscutible
en la historia del ballet clásico.
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El
Kirov en Buenos Aires
La
notable influencia que tuvieron los artistas
salidos del Teatro María en la gestación
y desarrollo del Ballet del Teatro Colón
de Buenos Aires es, sin lugar a dudas, insoslayable.
Desde 1924, se presentaron en la sala del
primer coliseo de la ciudad, nombres como
Georgi Kyacht, Adolf Bolm, Anatoli Vilzak,
Ludmila Schollar, Bronislava Fomichnina
Nijinska, Boris Románov (a quien
se debe el primer ballet argentino "La
Flor del Irupé"), Elena Smirnova,
y Anatoli Obújov, el mismo Fokin.
Todos ellos se ocuparon de formar, coreografiar
y bailar. Y como visitantes exclusivos en
el área de la interpretación
Anna Pavlova y Olga Spessitzeva. Eran los
artistas de la emigración, de la
obligada diáspora posterior a 1917.
El
Kirov volvió a Buenos Aires en 1996
con "El Lago de los Cisnes" de
Tchaicovski-Petipa-Ivánov, y con
una serie de fragmentos de obras clásicas
como el celebrado "divertissement"
de "Paquita" de Minkus-Petipa,
presentación que constituyó
toda una atracción y uno de los momentos
cumbres de esa temporada. Entre sus figuras
resaltaban Iulia Majalina, Farukh Ruzimátov,
Igor Zelenski, Viacheslav Samodurov y una
extraordinaria bailarina exponente de todas
las virtudes de la legendaria troupe: Uliana
Lopatkina. Pocos años antes -en 1991-
había actuado en el Teatro Colón
una delegación de primeras figuras
quienes dejaron un recuerdo indeleble. En
ambas, acompañó al elenco
el controvertido director Oleg Vinogradov
que había sido objeto de acusaciones
relacionadas con oscuros manejos financieros
del trascendental repertorio. Al cabo de
poco tiempo, Vinogradov fue remplazado,
aunque luego regresó con un cargo
directivo de menor poder. Vinogradov fue
también coreógrafo de la Compañía.
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