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BALLET ROSARIO SUÁREZ
Mezcla milagrosa
Por Vivian y Krysten Villalón (USA)

Quizás pueda decirse que la presentación "Coppelius Tableau", puesta en escena por el Ballet Rosario Suárez, fue una magnífica secuela de la temporada de "El Cascanueces", que recién había concluido en Miami. La compañía se presentó el 20 de enero en el auditorio del Ransom Everglades School, en Coconut Grove, Florida. Para los aficionados a las golosinas, sueños y reinos mágicos, esta adaptación libre basada primordialmente en el primer y segundo acto de "Coppélia", que incorpora a la vez, elementos de otros conocidos ballets, como "Petrouchka", "El Cascanueces", "Harlequinade" y "Fairy Doll", es, sin duda, otra oportunidad para disfrutar de un mundo maravilloso de muñecos, arlequines y fantasía.

El primer acto de "Coppelia", según la coreografía de Arthur Saint León y música de Leo Delibes, comienza en una pequeña plaza europea de siglos pasados donde Swanilda baila frente a la casa del misterioso doctor Coppelius, con la esperanza de llamar la atención de su supuesta hija, Coppelia, que permanece, inmóvil, leyendo junto a una ventana. Swanilda se enfada cuando se percata del interés de su amado Franz por la enigmática lectora. Al salir el doctor Coppelius de su casa, Swanilda lo exaspera hasta tal grado con sus trucos y monerías, que el anciano ni siquiera advierte que se le cae la llave de su casa. Swanilda y sus amigas la encuentran, e impulsadas por la curiosidad, entran a la casa. Por su parte, Franz, cree que el anciano está ausente, y entra por una ventana.

El interior de la casa del doctor Coppelius, repleto de muñecos y juguetes, es donde toma lugar el segundo acto. Swanilda se sorprende al descubrir que Coppelia no es más que una muñeca mecánica. Las muchachas toman prestados los trajes de las muñecas y dan rienda suelta a sus fantasías. Al entrar el furioso Coppelius y descubrir a los intrusos en su casa, todos desaparecen, menos la intrépida Swanilda -que decide hacerse pasar por la muñeca de la ventana-, y Franz, que confiesa su amor por la bella Coppelia. El viejo le ofrece una bebida, con el deseo de transferir "mágicamente" el alma de Franz a su muñeca favorita, Coppelia. Swanilda, mientras posa, observa lo que acontece a su alrededor, y simula haberse transformado de muñeca a mujer. Convertida en una muñeca mecánica viva, baila una danza española y una escocesa. El doctor Coppelius cree que su muñeca tiene vida, pero Swanilda, ya aburrida del juego, pone a los otros muñecos a bailar con la intención de hacer despertar a Franz. Cuando el doctor Coppelius descubre a la desarropada Coppelia tirada en una silla, la abraza desconsolado. Swanilda acaba por tener piedad del viejo, y trata de demostrarle la verdadera belleza de su alma.

Este "tableau" es una recopilación de personajes sacados de otras obras, que aparecen como muñecos que cobran vida en la casa del doctor Coppelius. Matices sutiles al igual que brillantes, van formando una imagen colorida y divertida a través, mas que nada, de la pantomima y acrobacias en la tradición de "La Commedia dell’arte". Allí se reúnen las obras de Fokine, Balanchine, Ivanov, Petipa, Legat, para hacer una combinación ingeniosa de géneros y estilos. Esta obra esta muy bien concebida para la reconocida bailarina de origen cubano Rosario Suárez, o como sus fervientes admiradores la llaman, Charín. Suárez dirige la compañía e interpreta a Swanilda. Su madurez profesional le permite encarar este rol con frescura y exuberancia notables. Es una artista expresiva, y por lo tanto, el papel de joven impulsiva, curiosa y divertida, le cae justo, ya que tiene una especial ductilidad para la pantomima y la comedia. Su técnica es brillante y segura, y la caracteriza un braceo exquisito, y un balance superior, que inspira al público a aplaudirla con mucha emoción en los pasajes donde puede exhibirlo en plenitud. En el papel de Franz, el bailarín de Bélgica, Kevin Carron, no estuvo quizás a la talla de su compañera, pero por su fisonomía, fue muy convincente en este cómico personaje. José Medina estuvo estupendo como el doctor Coppelius, ya que también parece sentirse muy confortable en este tipo de papel de carácter. Paula Roque fue parte del pas de trois del "Fairy Doll" y se destacó por sus sólidos "fuettes". El cuerpo de baile, compuesto mayormente por alumnas de la escuela, demuestra mucha disciplina. Es una verdadera promesa. Entre otros, participaron Sarah Lozoff, Giannina Muñizaga, Adriana y Alina Viera, Armandito González, y Miguel Ángel Quiñónez.

La escenografía, a cargo de Ismael Gomez Peralta, graduado de la Escuela de Arte de San Alejandro en Cuba fue una sorpresa interesante. Con los escasos recursos que tiene una compañía regional, es admirable la ambientación adecuada que sus telones dieron a esta obra. La calidad de la grabación musical no permitió echar de menos a una orquesta en vivo. El vestuario, aunque sencillo, también brilló por su buen gusto.

Los niños del público se mostraron fascinados con el espectáculo. Este evidente entusiasmo reafirmó las palabras del maestro de ceremonia, quien enfatizó la importancia de la existencia de compañías como la de Rosario Suárez que, no sólo son una opción más de entretenimiento cultural para el público, sino que sirven de guía y modelo para los jóvenes en este camino hacia la inspiración artística y hacia la nobleza de espíritu.

 
 
Rosario Suárez encarna a una encantadora Swanilda en la casa del doctor Coppelius (José Medina).
Fotos: Pedro Portal.
 
 
 
Un fresco divertimento para toda la familia interpretado por la compañía Ballet Rosario Suárez.
 
 
       
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