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Para
los artistas, la celebración es el trabajo y
la alegría del disfrute pleno sobre el escenario.
Merce Cunningham Dance Company, comenzó a celebrar
sus 50 años de existencia con una gira europea,
que se inició casi a finales del año pasado.
Tal como ocurre habitualmente, la compañía
dirigida por el gran maestro de la danza contemporánea,
hace una inteligente selección de obras. Cada
una de ellas permite observar la evolución coreográfica
y las diferentes etapas creativas del Merce Cunningham.
En su celebración en California, en el Zellerbach
Hall UCBerkeley, la compañía se presentó
sólo por dos noches con dos programas diferentes.
La
primera presentación incluyó dos obras
del 2002, "MinEvent", con música de
John Cage, interpretada en vivo por los integrantes
del Kronos Quartet y "Fluid Canvas", con música
de John King, obra realizada por encargo del Barbican
Center de Londres y Cal Performances de Berkeley. Integró
también este programa una pieza de 1956-1958,
"Suite for five", también con música
de John Cage, indiscutible colaborador de muchos años.
El segundo programa, incluyó "Fluid Canvas",
"Pictures", con música de David Behrman
y "How to Pass, Kick, Fall and Run" (Estrenada
en Chicago en 1965) con música de Cage.
Cunningham
estableció su propio estilo a lo largo de estos
años, el cual mantiene su vigencia y frescura.
La belleza y la armonía se funden en cada una
de sus obras con esa perfección de las grandes
obras de arte que perduran a lo largo de la historia.
Es un verdadero privilegio para el espectador acceder
al nuevo y al viejo repertorio de la compañía.
El goce es aún mayor. "Pictures", obra
de 1984, en la que tríos, dúos y trabajos
grupales arman una serie de cuadros casi estáticos
que, por momentos, se permiten jugar sin la apoyatura
de la música. Un magnífico juego lumínico,
diseñado por Josh Johnson, crea los climas apropiados
para la conjunción de estas imágenes.
La segunda obra del segundo programa que presentó
la compañía, "Fluis Canvas",
es una de las creaciones más recientes (2002).
Al comienzo, un juego de luces se proyectan sobre el
ciclorama negro como si fueran cometas que caen a la
tierra. Las imágenes se convierten en diseños
cambiantes como los que podría proyectar la pantalla
de una computadora. Marc Downie, Shelley Eshkar y Paul
Kaiser con la apoyatura del software Lifelike, fueron
creando esas imágenes que se proyectaban mientras
los bailarines adoptaban diferentes formas corporales.
Mallas metalizadas, música electroacústica,
percusión, sonidos mecánicos y discordantes.
"How
to pass, kick, fall and run", obra que, a pesar
de los años, mantiene una asombrosa vigencia.
Cunningham, pionero de la experimentación y de
la fusión de diferentes elementos, deja el escenario
desnudo. Los bailarines deben moverse a través
de la musicalidad de los relatos que, entre el mismo
Cunningham y David Vaughan, leen breves e irónicas
historias escritas por John Cage. Ambos lectores, tienen
una asombrosa vocalización y un concepto claro
del "tempo" de la palabra, la emisión
y la respiración. Si bien por momentos, cada
uno de ellos relata, simultáneamente, historias
diferentes, casi pueden captarse ambas sin dificultad.
Mientras, muchos de los espectadores deben de haberse
quedado prendados de semejante magia y quizás
no prestaron atención a los movimientos. Los
textos y esa neutralidad de las voces fueron envolviendo
las secuencias que los bailarines diseñaban en
el escenario. Por momentos, los relatos cesaban y aparecía
la música de Cage. ¡Ovasión! El
público, de pie, aplaudió -a rabiar- al
gran maestro que, con sus 83 años y sin abandonar
su bastón, saludó junto a los bailarines
de su compañía. Una lección de
vida. Una lección de danza en estado puro.
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