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COMPAÑÍA NACIONAL DE DANZA
Con las mejores notas
Por Iratxe de Arantzibia (España)

La Compañía Nacional de Danza (CND), bajo la dirección artística de Nacho Duato, cristalizó una magnífica actuación en el Auditorium del Kursaal (País Vasco). El programa estuvo integrado por cuatro piezas -"Sueños de éter" y "Castrati", de Nacho Duato, "No more play", de Jiri Kylian, y "Solo for two", de Mats Ek. Estas obras abordan temáticas variopintas que van desde un octeto femenino sumergido en un mundo onírico, un intelectual juego para cinco contendientes, un entrañable dúo sobre una relación de pareja, para terminar con la doliente historia de un "castrati", esta vez, en clave de danza.

"Sueños de éter", creada por Duato para la compañía holandesa Nederlands Dans Theater (NDT) en 1986, se inmiscuye en los sueños y pesadillas de ocho mujeres, en una atmósfera cargada de opresión y sufrimiento. La alegría, la meditación, la pena, la frustración, el deseo, todas las emociones que desarrolla el octeto de intérpretes de este ballet tienen, de algún modo, su origen en el "Concierto para ondas Martenot" para percusión y orquesta de cuerdas del compositor francés Marcel Landowski. Elementos como almohadas, camas y sábanas se convierten en el atrezzo necesario para la narración del coreógrafo valenciano.

El descubrimiento de las claves secretas de un aparente y sencillo juego de mesa, turba al espectador en "No more play", creación de Jiri Kylian, estrenada por la NDT (1988). Cinco bailarines juegan bajo las reglas de este extraño entretenimiento, una partida en la que construyen y destruyen bellas formas geométricas. De hecho, la importancia de la geometría ya viene determinada por el diseño de luces de Joop Caboort. Mediante la iluminación, se divide el espacio escénico en dos rectángulos, un cuadrado e innumerables polígonos. La música de Antón Webern da la pauta rítmica a la contienda lúdica. De modo que este juego coreográfico de cuerpos estructurales, mente, sonido y luz, es una metáfora de un juego con reglas extremadamente severas, que alguien escribió en un lenguaje hace mucho tiempo olvidado.

La dualidad del elemento femenino y masculino dentro de una relación de pareja es la temática abordada por el creador sueco Mats Ek en "Solo for two". Creada, en su origen, para televisión bajo el título de "Smoke", Ek la readaptó para el escenario, y el Ballet Culberg la estrenó en 1996. Esta pieza es un dúo de amor melancólico, enigmático y riguroso, feliz encuentro entre la danza clásica y contemporánea. Ante la fachada de una humilde casa rural con escalera lateral incluida, los dos bailarines -Tamako Akiyama y Thomas Klein- discuten, se reconcilian y, en definitiva, danzan esta tierna y entrañable obra que reflexiona sobre la comunicación en las relaciones de pareja. Emerge la contradicción de los roles -femenino y masculino- adecuadamente expresado a través del intercambio de vestuario entre los intérpretes, además de la necesaria alteración en la calidad de movimiento de ambos. Akiyama explora el lado masculino de su personalidad, mientras que Klein navega por su vena femenina. Ciertamente, no es la primera vez que Mats Ek emplea el travestismo dentro de su creación coreográfica, de hecho, el propio coreógrafo interpretó a Bernarda Alba en la pieza homónima, basada en la obra del genial Federico García Lorca. Eso sí, "Solo for two" se nutre, además, del sutil sentido del humor del sueco.

Nacho Duato, también responsable de "Castrati" (2002), pieza que aborda el fenómeno de los "castrati", jóvenes a los que se les mutilaban los genitales antes de la pubertad, para que conservaran sus voces blancas. Este selecto grupo de eunucos cantantes vivió su época de gloria durante el barroco. Dado que por entonces las mujeres tenían prohibido el acceso al bel canto, ellos coparon los papeles femeninos en las óperas con sus prodigiosas voces. Nueve bailarines interpretan las luces y las sombras de la casta de los "castrati". La lucha de un personaje -quizás un nuevo Farinelli antes de su mutilación- contra el infinito sacrificio en pro de unas mejores aptitudes vocales, emerge como un torbellino, donde el octeto restante parece un hierático ejército inquebrantable. Despojado de su ropaje, cual nuevo Jesucristo ante su crucifixión, el bailarín combate contra lo inevitable. Finalmente, se consuma la castración, ahora es un miembro más de esa secta de dioses de la voz. La música de Vivaldi engrandece, aún más, la bella composición coreográfica del valenciano.

A estas alturas, resulta un tópico hablar del grandísimo trabajo de Nacho Duato en cuanto a la formación de una sólida compañía con una identidad propia, así como de la sabia elección de bailarines con una gran profesionalidad y talento. Así se demostró sobradamente en esta magnífica velada de danza. La CND volvió a triunfar en los escenarios donostiarras con un espectáculo que encandiló a público, que aplaudió, vitoreó y ovacionó el estupendo trabajo solventado por la magnífica actuación de los treinta bailarines tutelados por Duato. La altísima preparación y talento de los intérpretes obtuvo un sobresaliente "cum laude".

 
 
La CND volvió a triunfar en suelo vasco con cuatro obras de diferentes coreógrafos y variadas temáticas.
Foto: Fernando Marcos. Gentileza de la Fundación Kursaal.
 
 
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