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EL
DANZÓN
Inmoral y sospechoso
Por Rocío Echevarría
(México)
A
finales del siglo XX, después de haber
asimilado los escandalosos movimientos pélvicos
del rocanrolero Elvis Presley, y de presenciar
el furor del "heavy metal", los videos
eróticos de Madonna y el auge de bailes
como el rap, el slam y el hip-hop, resulta increíble
pensar que el danzón fue considerado, en
algún momento, un baile indecente, inmoral,
sospechoso, alcahuete y hasta morboso. Al menos
así lo creyeron la Liga de la Decencia,
algunos periodistas y prominentes miembros de
la burguesía mexicana a principios de este
siglo.
El
danzón llegó a México a finales
de 1800 directamente desde Cuba, y quienes lo
menospreciaron, ignoraban que este género
tenía cerca de cuatrocientos años
de trayectoria y que fusionaba algunas de las
tradiciones culturales más ricas de Europa
y América. Las raíces del danzón,
considerado el baile nacional de Cuba -que ahora
forma parte de las tradiciones mexicanas más
arraigadas-, provienen de las danzas inglesas
de origen campesino del siglo XVI, denominadas
"country dance", bailes colectivos muy
sencillos acompañados de instrumentos de
viento.
El
"country dance" se extendió a
otros países, entre ellos Francia, donde
se le dio el nombre de "contre danse".
Este baile tuvo aceptación inmediata entre
la clase trabajadora y luego en las fiestas de
la burguesía francesa, pero nunca alcanzó
a establecerse en los grandes salones de la alta
aristocracia, por considerarla una danza plebeya
sin dificultad coreográfica. No obstante,
fue en Francia en donde los bailarines del "contre
danse", con la intención de impregnarle
a sus bailes un toque cortesano, introdujeron
los paseos y las figuras de los bailes aristocráticos,
elementos en los que más tarde se basaría
la complejidad de los pasos del danzón.
Cuando
Francia tomó posesión de lo que
hoy son Haití y República Dominicana,
varios colonos franceses emigraron a los nuevos
territorios, y así fue como el "contre
danse" llegó a América. A finales
del siglo XVIII, a causa de la rebelión
de esclavos que culminó en la abolición
de la esclavitud, las colonias francesas se vieron
obligadas a emigrar de nuevo y una gran parte
de ellas fue a parar a Cuba. Cuando el "contre
danse" se topó con los negros y mestizos
de América, el baile se mezcló con
ritmos africanos tradicionales y se interpretó
de una manera mucho más libre y alegre.
Así mismo, la estructura musical se enriqueció
con nuevos elementos: tambores, percusiones, timbales,
violines y contrabajos.
En
Cuba, el "contre danse" se convirtió
en contradanza y más tarde derivó
en danza y habanera. De esta última surgió
un baile popular con movimientos más lentos
y cadenciosos a los que les quedaba rápida
la música; es decir, una danza con una
estructura coreográfica que le quedó
grande a la música. Así, en 1877
se planteó oficialmente entre los músicos
cubanos, la necesidad de modificar la estructura
musical para que se adecuara a los nuevos pasos
y a la gracia de los bailarines, lo cual daría
como resultado un producto netamente nacional:
el danzón.
Dos
años más tarde, el 1° de enero
de 1879, se presentó en Matanzas el primer
danzón, titulado "A las alturas del
Simpson", creado por Miguel Faílde
y Pérez. Resulta muy peculiar que un género
popular tenga fecha exacta de nacimiento, pero
ésta es la muestra de que el danzón
es único en más de un sentido. El
investigador Ángel Trejo cuenta que Faílde
dedicó su primer danzón a un rico
finquero de apellido Simpson, debido a que éste
le había donado un terreno a él
y a sus amigos para que jugaran béisbol.
Este grupo, no sólo utilizaba el espacio
para jugar, sino también para conspirar
contra el dominio de los españoles sobre
Cuba, pues Faílde y compañía
formaban parte del movimiento independentista
que encabezaba José Martí.
Gracias
a la cercanía geográfica entre México
y Cuba, el danzón se introdujo en territorio
mexicano pocos años después de su
nacimiento. Hay quienes afirman que primero llegó
a la península yucateca, otros aseguran
que arribó directamente a Veracruz, pero
el caso es que la fascinación que provocó
este género fue tal, que al poco tiempo
surgieron grandes bailadores, compositores y orquestas
que le impregnaron al danzón el sabor y
el ritmo de la tierra caliente mexicana, y establecieron
diferencias que lo distinguen del cubano.
El
danzón llegó a la ciudad de México
después de haberse arraigado en el sureste.
Durante las primeras décadas del siglo
proliferaron los salones de baile -que dejaron
una huella imborrable en la historia de la capital-,
cuyo atractivo principal eran las danzoneras y
los concursos de danzón. Las puertas de
estos salones estaban abiertas a quien quisiera
y gozara del baile, sin distinción de clases
sociales. No obstante, siempre predominó
un ambiente popular, lo cual provocó el
disgusto de los defensores de la "alta cultura"
y las "buenas costumbres", quienes consideraban
indignos, indecentes y vulgares los ritmos populares.
Hace algunos años, un famoso bailarín
de danzón declaró: "¿Morboso
el danzón? ¡No, hombre, el danzón
es tan puro y cándido como el ballet clásico!".
En la actualidad, el danzón está
catalogado como un "baile fino de salón",
y se lo considera uno los bailes más elegantes
y distinguidos de América.
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