Homer Ávila fue bailarín "freelance" en compañías como las de Mark Morris, Twyla Tharp y Momix.
Fotos: Rodolfo Lo Bianco
 

HOMER ÁVILA, BAILARÍN Y COREÓGRAFO
"Difícil es bailar a los 40"
Por Maritza Gueler (USA)

En marzo del 2001 el diagnóstico fue irrevocable: cáncer. El único camino era la cirugía, con el resultado de la amputación total de su pierna y cadera derechas. No obstante, Homer Ávila, en ningún momento pensó que no volvería a bailar. No sabía cómo iba a hacerlo, pero tenía la certeza de que lo haría de una manera o de otra. Quizás, la prueba más dura del destino.

Después de haber trabajado como bailarín "freelance" en compañías como las de Twyla Tharp o Momix y con coreógrafos como Mark Morris, Bill T. Jones o Ralph Lemon, se encontraba ante un nuevo desafío. Luego de seis semanas y media en el hospital y de un período de rehabilitación a través de fisioterapia, empezó con sus clases de ballet. No habían pasado dos meses cuando se fue a Hawai a tomar un curso de técnica de colocación. "Allí aprendí cómo colocarme sentado y parado. Fue una meditación muy profunda sobre mi nuevo cuerpo."

Cuando llegó el verano del 2001 sorprendió a Alonzo King con un llamado: quería integrarse al seminario de verano dedicado a alumnos avanzados. A King le pareció demasiado apresurado para empezar con tanta exigencia técnica. "Si espero hasta el próximo año he perdido un año de desarrollo", le dijo Ávila sin titubear, con tono pausado, casi angélico. King dijo que sí, subyugado por ese hombre de 40 años que quería seguir bailando. "Alonzo entendió que mi mente y espíritu ayudarían al cuerpo a sobreponerse con las tareas, para lograr adaptar las cosas y aprender lo esencial. En ese seminario empecé los primeros pasos de mi nueva vida. Cada momento, cada paso era muy difícil, más difícil de lo que yo podía hacer, pero la idea no era hacer ‘pirouettes’, lo principal era saber cómo manejarme con mis propios sentimientos de miedo. Eso fue lo más importante de ese curso, hacer lo que uno puede hacer con lo que uno tiene." En el último día de ese seminario, Homer Ávila bailó por primera vez. Cuando terminó, buscó sus muletas y vio que estaban del otro lado del salón. "¡Cómo mis muletas llegaron tan lejos!", pensó.

A principio de diciembre del 2002, y luego de varios meses de intensa actividad, viajes a diferentes partes del país, espectáculos y clases, Homer Ávila hacía sus maletas para viajar a Alemania. Allá lo esperaba Dana Caspersen para iniciar los ensayos de una obra que estrenará con el Ballet Frankfurt.

Primer hijo nacido en los Estados Unidos, de una salvadoreña y de un hondureño radicados en Nueva Orleáns. Empezó a bailar cuando tenía 20 años, casi por casualidad, mientras estudiaba en la Universidad de Tennessee. En uno de los semestres tuvo que optar entre tomar clases de lucha libre o danza. La elección no fue difícil. Hasta entonces, poco conocía de danza, pero allí estuvo.

DANZA: ¿Por qué te decidiste por la danza?
Homer Ávila: En esa primera clase que tomé en la universidad supe que me había encontrado con mi futuro. Si bien antes no había visto espectáculos de danza, sentí algo que me tocó el corazón. Comencé a bailar en un bar que se llamaba "La cantina", recuerdo que era música muy fuerte, y así empecé a sentir el movimiento del baile en mi cuerpo, con esos pasitos me inicié. Allí tomé conciencia de que la danza era algo muy profundo en mí y cuando tuve la oportunidad de tomar clases de ballet se reforzó ese sentimiento. Aquel verano, en lugar de regresar a Nueva Orleáns, me quede en Tennessee para tomar clases con un coreógrafo de Nueva York. Al final del curso me invitó a ir a la ciudad y me dijo que él pensaba que yo tenía un futuro en la danza, si estaba dispuesto a entrenarme y a hacer el esfuerzo que significa ser un bailarín. Con esa invitación y sin saber nada, hice mis oraciones y me fui a Nueva York. Y ya pasaron 20 años.

D: ¿Qué pasó en tu casa cuando dijiste que te dedicarías a la danza?
HA: Ohhh! ¡Fue dramático! Muchos latinos, especialmente los centroamericanos, no conocen mucho sobre las artes y para mi madre era impensable que dejara el colegio para hacer danza. Se me hizo muy difícil. Mi madre no podía entender por qué lo quería hacer. Pero finalmente ella comprendió que esa decisión estaba en mi corazón y esa fue la razón por la que, de alguna manera, me concedió la posibilidad de dejar la escuela para dedicarme a la danza. Mi madre aún se preocupa porque sabe que la vida en el arte es muy difícil.

D: ¿Cómo fueron tus primeros contactos con las compañías en las que trabajaste?
HA: Mi reconocimiento creció poco a poco; muchos me llamaban para bailar y otras veces, les encargaba trabajos a los coreógrafos. Así me fui relacionando.

D: Después de trabajar en compañías reconocidas internacionalmente, ¿cuáles fueron las enseñanzas que recibiste de ellas?
HA: He tenido la suerte de trabajar con los coreógrafos que considero que son lo máximo en el mundo de la danza, cada uno de ellos crea un mundo entero. Ellos toman un pensamiento y lo profundizan, llegan hasta el fondo y continúan hasta que encuentran cuál es el sentimiento correcto. Eso es el arte, ir tras tus intuiciones y pensamientos y acercarse a ellos desde diferentes ángulos, cocinar todo eso, ponerlo junto con la música, la coreografía, la iluminación, el vestuario. Lo que aprendí de los coreógrafos con los que trabajé me ayuda en esta etapa de mi vida. Ellos me enseñaron que no es importante tenerlo todo sino que lo más importante es tomar conciencia de las limitaciones. Hay que tener muy claro lo que no puedes hacer y focalizarte en ver las posibilidades que tienes dentro de esas limitaciones. Es en ese momento cuando empiezas a hacer el movimiento y la danza genuina y auténtica. Otra cosa que aprendí es que no importa lo que dicen los críticos sino que lo importante es estar bien dentro de uno y estar convencido de lo que uno está haciendo. No se baila para el éxito.

D: Pero de alguna manera, el éxito tiene su peso…
HA: Lo importante es buscar por dentro lo que habla en tu interior, y si lo encuentras, el público lo va a reconocer. Eso es esencial. La danza trasciende el idioma, la religión, la edad. Cuando el movimiento del cuerpo es genuino, ese lenguaje lo entienden todos. De esa forma, la gente puede salir del teatro y tener la danza viva en su mente y en su espíritu. Por eso la danza es más importante que el cine. El cine, igual que un caramelo, te lo pones en la boca y se derrite, en cambio la danza tiene la posibilidad de cambiar a la gente.

D: ¿Cuántos espectáculos hiciste desde tu operación?
HA: Desde octubre del año pasado he hecho cuatro solos y dos en grupo con coreografía mía. Todo empezó con Alonzo (King). Al principio fue sólo una idea. ¿Quién podía saber lo que pasaría? Mi intención no era hacer una obra de danza sino investigar qué era lo que se podía hacer con este cuerpo. A Alonzo le gustó ese desafío e hicimos un buen trabajo juntos. Luego comencé a consultar con otros coreógrafos.

D: Este espíritu que te lleva a seguir peleando contra las dificultades, ¿es un rasgo de tu personalidad?
HA: Creo que lo he tenido en el pasado, pero siempre con muchas dudas. Mis intuiciones me hablan con mayor intensidad ahora, ellas son las que guían mis pasos y sé que todo lo que viene a mis ojos tiene una razón, ya sea porque tengo algo para aprender o algo para dar. Ahora no pregunto tanto y tampoco tengo las dudas de antes. Cada cosa que me pasa o cada intuición que tengo, por algo es.

D: ¿Cómo peleas con tus depresiones?
HA: Cuando estoy deprimido, trato de descansar más, de comer algo bueno y rico, y dejo que pase ese tiempito así, porque sé que el próximo día voy a tener un poco más de energía y que la depresión va a pasar. Es difícil. Tampoco puedo decir que no estoy deprimido, lo estoy, pero tengo que seguir. Gracias al Señor he aprendido mucho.

D: ¿Y cuál es el balance después de 20 años?
HA: La gente cree que lo difícil es bailar con una sola pierna, pero no, lo más difícil es bailar a los 40 años. A esta edad podría haber terminado, sin embargo, todavía el espíritu de la danza está en mi alma. Para los humanos, la danza es como para las aves poder volar. La danza es el vuelo. Y cuando tienes una buena coreografía es como la realización de la vida.

 
 
"Lo importante es buscar por dentro lo que habla en tu interior, y si lo encuentras, el público lo va a reconocer.", Homer Ávila.
 
 
 
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Rachel Beaujean, Sabrino van der Kamp, Leon Pronk interpretan esta versión holandesa de "El Cascanueces".
Foto: Deen van Meer. Gentileza del Het Nationale Ballet.
 

HET NATIONALE BALLET
Cascanueces a la holandesa
Por Rosa C. Corral (Holanda)

Hay un ballet que en diciembre equivale al teatro lo que el pesebre o el arbolito iluminado en las casas. No es que sea obligado, pero queda bien y, como cualquier tradición, es una especie de rito y de celebración. En Holanda, "El cascanueces" se introdujo en 1941, en plena guerra mundial, y empezó a representarse con regularidad en los años cincuenta. Pero fue el Scapino Ballet el que a partir del 1975 lo llevó cada año a todo el país, durante diciembre y parte de enero, con la entrañable coreografía de Armando Navarro. El nueve de enero de 1994 el Scapino bailó "El Cascanueces" por última vez. Dos diciembres (el del ´94 y el del ´95) el público holandés tuvo que depender de compañías extranjeras hasta que en el ´96 el Het Nationale Ballet sorprendió al público con la superproducción "Notenkraker & Muizenkoning" ("El Cascanueces y el Rey de los Ratones").

Se supone que es responsabilidad de la compañía nacional, preservadora de los clásicos en este país, realizar este ballet de Navidad. Así lo comprendió el entonces director Wayne Eagling. Su primera idea fue tomar la versión de Rudolph Nureyev que él mismo había bailado en el Royal, mas en segunda instancia, se decidió por crear una nueva y hacerlo junto con el coreógrafo de la casa, Toer van Schayk. Si bien Eagling y Van Schayk son dos personalidades opuestas -en todos los sentidos-, a la hora de trabajar juntos forman un buen equipo. Desde el punto de vista artístico se pueden advertir dos perfiles diferentes: a Eagling le interesa en primer lugar el virtuosismo y la técnica, la belleza formal; a Van Schayk la vehemencia, la emoción, la fuerza expresiva. El resultado es entonces, una coreografía donde se advierten ambas tendencias. Van Schayk asumió las de carácter y las narrativas, y Eagling las abstractas, lo que suma mayor diversidad a un espectáculo variado en sí mismo.

En el estreno mundial el bailarín favorito de Van Schayk, Clint Farha, interpretó el rol de rey de los ratones. Nathalie Caris y Wim Broeckx, los papeles de Clara adulta y el príncipe, mientras que Altin A. Kaftira el del cascanueces. Este año, los protagonistas son: Igone de Jongh de Clara adulta, Raphaël C. Marquet como príncipe, y Leon Pronk y Rubinald Rofino Pronk bailan el rey de los ratones por primera vez.

Eagling y Van Schayk crearon un cascanueces holandés. La acción tiene lugar en Amsterdam a principios de diciembre de 1810 en una casa al lado de un canal helado por donde patina la gente y a donde van llegando los invitados. Dentro de la casa no se celebra la Navidad sino San Nicolás, que es el santo que trae los juguetes a los niños holandeses. Por lo tanto, no hay árbol con lucecitas pero sí aparece el santo con sus pajes y muchos paquetes. El doctor Drosselmeyer, hace de contrapunto entre fantasía y realidad. Con su lámpara mágica cuenta la historia del rey de los ratones que pide la mano a una princesa. Al ser rechazado embruja al príncipe que ha de casarse con ella y lo convierte en un muñeco-cascanueces. En esta realización, que es una de las innumerables versiones de este clásico, poco se conserva del original aparte del Grand Pas de Deux del segundo acto. Lo que permanece intacto es la música, el hechizo de la maravillosa partitura de Tchaikovski, según algunos la principal razón del éxito universal de este ballet.

El coreógrafo holandés Toer van Schayk es un "multitalentoso" que siempre sorprende a la hora de poner en escena los grandes clásicos. Suyo es, además de su parte en la coreografía, el diseño de los espectaculares decorados y los ochenta y cuatro diferentes trajes. Además del elenco del Het Nationale Ballet bailan en "El Cascanueces" cuarenta y ocho alumnos de la Nationale Ballet Academie en los papeles de ratoncitos, soldaditos, niños en la fiesta y los protagonistas Clara y su hermano Frits en varios repartos. Por lo sofisticado del montaje técnico y el tamaño de los decorados "El Cacanueces" del Het Nationale Ballet solamente puede ser representado en su sede, el Muziektheater de Amsterdam. Dado que Holanda es un país pequeño, el público de La Haya tarda media hora en tren para llegar a la capital, los que llegan desde Rótterdam, una hora, y los de Amberes (Bélgica), dos horas.

 
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BALLET NACIONAL DE MEXICO
Música viva
Por Patricia Aulestia (México)

Ya no son los tiempos de Serge Diaghilev y sus Ballets Russes, ni los años de Miguel Covarrubias y el Ballet Mexicano de la Academia de la Danza Mexicana. Ahora, son los tiempos de Guillermina Bravo y el Ballet Nacional de México (BNM) con un hecho inusitado: una temporada de danza contemporánea acompañada con música en vivo, tal como lo presentaron Diaghilev o Covarrubias en su época. La visionaria dirección de Bravo con su equipo de coreógrafos y bailarines, apoyados por los gobiernos de los Estados de Querétaro y Guanajuato, hace posible un fenómeno que desde hace largo tiempo no ocurría en México: la presentación de la compañía junto a la orquesta sinfónica de la universidad guanajuatense dirigida por el valenciano José Luis Castillo. Más de ciento veinte artistas en el esplendoroso escenario del Palacio de Bellas Artes.

Bravo, creadora emérita, fundó en la capital de Querétaro el Centro Nacional de Danza Contemporánea en 1991. Allí se albergan el BNM (1948) y el Colegio Nacional de Danza Contemporánea (1991). La orquesta está festejando su 50 aniversario. El resultado: dos instituciones de reconocida trayectoria nacional que unidas logran crear un espectáculo único "La consagración… y otras primaveras" en el que abordan obras significativas de tres grandes compositores, Vivaldi, Debussy y Stravinsky y de tres talentosos coreógrafos Luis Arreguín Rossana Filomarino y Jaime Blanc.

La temporada comenzó en el Auditorio del Estado de Guanajuato y continuó en el Palacio de Bellas Artes. Para Bravo, trabajar con música en vivo después de tantos años de hacerlo con música grabada, significó un reto en sí mismo. "Estamos acostumbrados a un tiempo exacto -confiesa- y cada director de orquesta tiene su propia interpretación, por lo tanto, aunque sea la misma partitura, melodía y ritmo, hay un cambio en los tiempos a los que los bailarines tienen que responder. Esta situación implica un doble desafío para ellos. Por un lado está la energía que comparten con el público, y por el otro, la que comparten con los músicos."

"La Consagración…y otras primaveras" fue concebido por coreógrafos, bailarines y músicos con la idea de hacer un espectáculo que trascendiera ciertas pautas. "Por ello -comenta Castillo- pensamos en estas tres reflexiones de un mismo hecho visto por tres compositores que pertenecen a épocas distinta, y por un trío de creadores radicalmente diferentes. Esto la convierte en una producción con una propuesta muy temeraria".

Arreguín en "La primavera" basada en "Las cuatro estaciones" (1725), de Antonio Vivaldi creó una obra satírica que casi llega al absurdo, con diseños de vestuario de Cordelia Dvorak e iluminación de Gabriel Pascal y Vanessa Hernández. Según José Luis Castillo el soneto que se incluye en la partitura se presupone que es de Vivaldi: "…A los alegres sonidos de la rústica gaita ninfas y pastores danzan en su lugar favorito cuando aparece brillante la primavera".

Filomarino, en el "Canto a la primavera" realiza una obra que se sustenta en "Primavera", de Claude Debussy, las ideas de Xavier Villaurrutia y las imágenes de los pintores impresionistas. De esta manera logra metáforas líricas contrastadas con impulsos corporales crecientes en los que sus intérpretes tienen el sello vigoroso del BNM. El diseño de vestuario es de Rossana y la iluminación es de Mónica Kubli.

Blanc en "La consagración de la primavera" de Igor Stravinsky tomó la decisión de hacer la coreografía a partir del guión original de la obra, que trata fundamentalmente del sacrificio de una doncella, en beneficio de la comunidad, para que la primavera vuelva a ese lugar". Con un lenguaje –en el cual pretende utilizar la técnica de la danza contemporánea– Blanc da sentido a lo primitivo, lo ritual, lo ceremonial. El vestuario es diseño de Dvorak y la iluminación y escenografía es de Kubli.

José Luis Castillo informó que este proyecto conjunto se inició con el montaje de "Carmina Burana" de Carl Orff, con coreografía de Luis Arreguín. Esta obra se representó en el reciente "Homenaje a Guillermina Bravo" que realizó la Temporada Internacional de Danza Contemporánea de Colombia, donde se reconocieron los méritos de la maestra, por su vida, su obra y su legado en la danza, hecho que culminó con la entrega de la Condecoración de la Gobernación de Antioquía en Medellín. Castillo también señalo el trabajo titánico realizado por las promotoras Verónica Rodríguez y Adriana Camarena quienes aunaron los apoyos gubernamentales y de la iniciativa privada para realizar esta temporada extraordinaria.

 
 
"Carmina Burana" de Carl Orff, con coreografía de Luis Arreguín dio el puntapié inicial para este ciclo con música en vivo.
 
 
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Linda Haymes y Derek Gaffney, una historia de amor que se mezcla con los olores y sabores de la cocina.
Fotos: Derek Gaffney
 
 
 

"THE DANCING GOURMET" RECIPES TO KEEP YOU ON YOUR TOES! LIBRO DE LYNDA HYME
Viva la danza, viva la panza
Por Maritza Gueler (USA)

Ya en la barra, en primera posición, los "Appetizers", también llamados "entrée" en francés o "entradas" en español. El "Pas de Soupe" viene en la segunda posición, y a partir de allí, el trabajo de precalentamiento comienza a hacerse más sofisticado. Ensaladas en la tercera, diseños vegetarianos para la cuarta, y para la quinta, en el centro del escenario, el despliegue del plato principal. En la sexta posición, un viaje al país de los dulces termina con una clase de danza y sabores que Lynda Hymes se ocupó de desglosar a través de largos años de experiencia en uno y en otro bando. "The Dancing Gourmet. Recipes to Keep You on Your Toes!", no es un libro de recetas dietéticas dedicada a los bailarines, tampoco es una guía nutricional para mantenerse en forma, es, simplemente, un libro del buen comer. Con fotos realizadas por el fotógrafo Derek Gaffney, el libro hace un recorrido por una variedad de platos que pertenecen a la cocina china, japonesa, europea y mediterránea. "Este es un libro internacional, igual que la danza", acota Derek.

Sabores, olores, colores y texturas diferentes, se suman en esta colección de más de cien recetas "saludables" que sirven de guía y modelo para los bailarines y también, para los que no lo son. Casi una historia de vida que se plasma en la experiencia recogida de viajes a diferentes partes del mundo y también de años de entrenamiento dentro del mundo de la danza. Si la historia comenzara con el tradicional "Había una vez…", se podría decir que Lynda Hymes comenzó a cocinar a los 8 años. Su padre le había asignado un menú con sus precios respectivos y todos los días le tocaba hacer un plato distinto. Allí comenzó a ganar sus primeros dinerillos, apenas unos centavos simbólicos que la estimulaban a seguir. "Ese fue mi primer restaurante", confiesa. Después, sus clases de ballet, la escuela secundaria y la universidad la tuvieron muy ocupada durante un largo período. Linda tenía como objetivo ser una bailarina profesional, y lo logró. Pasó por la School of American Ballet en Nueva York, bailó durante 15 años en el Pennsylvania Ballet Company, San Francisco Dance Theatre y como "principal dancer" en el American Ballet Company y en el Ohio Ballet.

Fue justamente en Ohio donde logró alquilar un departamento amplio, con una cocina grande. "Esa fue la primera posibilidad que tuve en muchos años de comprar sartenes y cacerolas sin pensar en el espacio -confiesa- y comencé a coleccionar más recetas y a desarrollar mi propio estilo." Cada vez que compraba un nuevo libro de cocina hacía una fiesta con sus compañeros de la compañía para que probaran sus nuevas recetas. En Ohio también, encontró el amor. Por entonces, Derek Gaffney era dueño del único bistró que había en la ciudad. Allí iban todos los bailarines del Ohio Ballet después de las funciones para escapar de la comida "chatarra" de las típicas cadenas de restaurantes americanos. Cuando se conocieron, ella le comentó que quería hacer un libro de cocina y allí comenzó la historia de "The Dancing Gourmet. Recipes to Keep You on Your Toes!". Linda ya tenía un borrador con todas sus recetas. Sabía que algún día las organizaría. Así fue surgiendo la idea de hacer algo para los bailarines, sin ser excluyente.

Mientras la idea se "cocinaba", Linda dejó de bailar y se fue a Londres para alistarse en la más clásica y prestigiosa escuela de cocina del mundo: Le Cordon Bleu Ecole de Cuisine. Cuando volvió, trabajó en restaurantes en Nueva York y en San Francisco y comenzó a hacer "catering" en tándem con Derek, quien se ocupa de hacer las fotos para las ocasiones especiales. Ya decididos a hacer el libro soñado, pusieron manos a la obra. En el estudio de su antigua casa: luz natural, comida real y recién preparada. De la cocina al estudio en un abrir y cerrar de ojos. Hoy, el libro recibió el premio Gourmand World Cookbook por la mejor fotografía e ilustración. "Tratamos de mostrar cada uno de los platos como algo sencillo de hacer -dice Derek-, sin que la foto intimide. La idea era proponer comidas que no llevaran mucho tiempo, que no fueran complejas como para que un amateur pueda hacerlas sin complicaciones y sin sentirse intimidado."

La presentación fue durante el famoso International Ballet Competition de Jackson, Mississippi. En tres meses vendieron más de 6.000 ejemplares. Parte de las ganancias de las ventas están destinadas a Career Transitions for Dancers, una institución sin fines de lucro que se dedica a apoyar a los bailarines retirados. También se extendió esta idea entre las escuelas de danza y muchas de ellas están usando el libro como un medio para obtener fondos. "Es muy difícil obtener dinero para las artes -dice Derek- y vender un libro de cocina no es lo mismo que pedir dinero. Además, el libro puede ayudar a los padres de los bailarines jóvenes. Es muy importante que los bailarines coman realmente bien." Si bien el mundo de la danza es el mercado primario en el que se sustenta la venta del libro, no es el único. El objetivo es llegar a otros grupos y ampliar el mercado.

Comer bien, rescatar los sabores y el placer de la comida son los ejes de este libro. Por otra parte, también se presenta como una nueva alternativa para que la comida no sea un pecado. "Creo que muchas veces habría que decir: no te preocupes sobre los valores nutritivos de la comida, aquí tienes los platos que puedes comer y piensa en el sabor", afirma Linda, convencida de que ése es un buen camino para mantenerse saludable, sin vivir torturado por los gramos de más o de menos, por las calorías y por el porcentaje de fibra o de grasa que contiene cada alimento. "Disfrutar de la comida es parte del propio bienestar -continúa-. La danza es lo suficientemente dura como para no disfrutar de lo que se come. Creo que no hay que tener miedo de la comida."

En contra del fantasma de la bulimia y la anorexia, en contra de la obsesión por comer y de la idea del hambre permanente que suele atormentar a los bailarines, "The Dancing Gourmet. Recipes to Keep You on Your Toes!" propone revalorizar el placer de disfrutar los sabores y la frescura de las comidas para estar fuertes a la hora del entrenamiento diario. "El único camino para tener una dieta exitosa es algo que no se sienta como una dieta. Lo importante es tener un verdadero acercamiento a una forma de cocinar que la puedas llevar durante toda tu vida sin preocuparte ni estar estresado por la comida y la dieta. La idea es poder disfrutar de la comida y de la danza. En la medida que elijas la comida correcta ya no estarás condicionado psicológicamente para tener hambre todo el tiempo. Por eso la he denominado cocina gourmet y divertida."

 

Direcciones:

www.dancinggourmet.com.
Lindergaff Books - 698 DeHaro St. Unit A - San Francisco, California - 94107 (415)285-2912 or 1-866 NUTCRACKER (688-2722) sales@dancinggourmet.com

 
"The Dancing Gourmet. Recipes to Keep You on Your Toes!", un libro de recetas fáciles y sabrosas.
 
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RUDOLF NUREYEV A 10 AÑOS DE SU MUERTE
Inolvidable
Por Maritza Gueler (USA)

El jueves 17 de marzo de 1938 Farida Nureyev se ubicó, incómoda, en su asiento del Expreso Transiberiano Número Diecisiete que la llevaría hasta Vladivostok para encontrarse con su marido. Hamet Nureyev, era comisario político del ejército en Kalkhim-gole, una base de artillería cercana a uno de los puertos más importantes de la Unión Soviética. Farida viajaba con sus tres hijas, Rosa (de 10 años), Lilia (de 5 años) y Rezida,(de 3 años). Por entonces, estaba embarazada y con grandes esperanzas de tener un varón. Para una familia musulmana de raíces tártaras, un hijo varón era esencial. El tren transitaba por un pintoresco pueblo llamado Razdolnaya cuando Farida no pudo más. Rudolf Nureyev fue "sacado del útero a sacudones", tal como él mismo comentó alguna vez. Cuando el transiberiano hizo la siguiente parada en Razdolnaya, Rosa envió un telegrama a su padre para darle la noticia de que, al fin, había llegado el varón. "Me agrada pensar en mi nacimiento… Siempre lo considero el suceso más romántico de mi vida", dijo Nureyev años después.

Ya terminaba 1945, y era la víspera de Año Nuevo cuando Rudolf pisó por primera vez un teatro. "Fue amor a primera vista", dijo. Su madre había conseguido una sola entrada para una gala especial del Ballet de Ufa. A pesar de eso, Razida fue con tres de sus hijos, en un intento por conseguir alguna más. Cuando llegaron, la gente se apretujaba contra la puerta hasta que terminaron derrumbándolas. En medio de la confusión Razida buscó su butaca y se sentó con sus tres hijos. El ballet interpretaba esa noche "Canción de las grullas", una historia bashkiri sobre el bien y el mal. Rudolf Nureyev, con sus siete años, permaneció inmóvil durante toda la función. "Desde el momento en que entré en ese lugar mágico -dijo en su autobiografía- sentí que de verdad había dejado el mundo, llevado muy lejos de todo lo que conocía, por un sueño escenificado para mí solo…Quedé si habla." Desde aquel momento supo que lo que más quería en su vida era bailar. No sabía cómo lo lograría, pero quería ser bailarín clásico.

"La danza no lleva comida a la mesa", le dijo su padre. No obstante, como miembro del cuerpo de baile del ballet de la Ópera de Ufa, Rudolf llegó a ganar igual o más que su padre, con quien, progresivamente, iba empeorando la relación. Al principio estudió danzas folklóricas, hasta que en 1955 ingresó en la Escuela de Ballet Vaganova de Leningrado, y dos años más tarde, al Ballet Kirov, donde se convirtió en solista.

Luego de una exitosa gira por Europa junto a la compañía rusa, en 1961, al llegar a París, Nureyev pidió asilo político. En su primera conferencia de prensa en Occidente, mientras soportaba el acoso de los flashes, la pregunta acerca de su temor a las represalias sobre su familia fue inevitable. "Más me preocupa mi profesor de danza en Leningrado -confesó-. Viví en su casa estos últimos años, es mi mejor amigo y temo que le adjudiquen responsabilidad en esta determinación". Durante los meses siguientes Alexander Ivanovich Pushkin, el profesor de mayor reputación de la Escuela Vaganova del Ballet Kirov, fue interrogado por la KGB por hacerlo responsable de la deserción de su alumno favorito. Algo de razón había en todo eso. Pushkin cobijó a aquel tardío aprendiz con escasa formación técnica, lo estimuló para encontrar la libertad de pensamiento y comprendió cada una de sus demandas afectivas y emocionales.

Ya en occidente, Nureyev era un "alma solitaria". Bailaba en la compañía del Marqués de Cuevas cuando viajó a Dinamarca y allí se produjo el primer encuentro con el bailarín Erik Bruhm. Para Nureyev, así como para muchos en el mundo de la danza, Bruhm resultaba irresistible. Era la primera vez que Rudolf estaba enamorado. Ambos vivieron una relación muy especial durante varios años. Un día, el teléfono sonó y una voz pequeña dijo: "Habla Margot Fonteyn, ¿Le gustaría bailar en mi gala en Londres?". Rudolf quedó perplejo, pero halagado al mismo tiempo. Se embarcó para Londres en una misión casi secreta para ultimar los detalles de aquella gala y para conocer a una de las más reconocidas bailarinas del Royal Ballet de Londres. No quería escándalos con la prensa, si bien por ese entonces su fama no había alcanzado los niveles a los que llegó años más tarde.

Después de ensayos conflictivos, la gala llegó. Cuando se oyeron los primeros compases del "Poema trágico" de Scriabin sobre el que Frederick Ashton había creado una obra para el recién llegado, el público contuvo el aliento. Al final de la función, la gente no se conformaba con un autógrafo, querían tocarlo, besarlo. Allí quedó signado ese extraño magnetismo que sólo ostentan los genios. "A partir del momento en que Rudolf Nureyev tomó conciencia de su talento y de su conflictiva e incontrolable personalidad –observa Tito Barbon (ver Quiénes somos)–, no pudo, o no supo conciliar esa ambivalencia. Fue un loco solitario, pero un loco genial. Tenía la cuota de locura que todo verdadero artista lleva consigo; sin ella, serían personas comunes y no ‘elegidos’. En el caso de Nureyev, esa cuota rebasó. Pensar que la danza en occidente, y sobre todo la masculina, tuvo un antes y un después de Rudolf Nureyev es una realidad."

Su afán perfeccionista, su memoria incomparable para captar los movimientos, su talento como dibujante y su extraordinaria sensibilidad, a veces se empañaban con la violencia de su carácter. Cuando en 1962 debutó junto a Margot Fonteyn en Londres en el Covent Garden, "Giselle" fue la primera obra que bailaron juntos, hito irrevocable de una dupla que, tanto en la vida como el arte estuvo marcada por la pasión y un amor entrañable. Detrás del bailarín, el coreógrafo. Polifacético, Nureyev fue también director y actor de cine en las películas "Don Quijote" (1972) y "Valentino"(1977) respectivamente. Después de su retiro tardío como bailarín fue director de orquesta (1991/2). Durante la última función, de "La Bayadera", en octubre de 1992, Rudolf Nureyev dio sus últimos pasos sobre el escenario. Apenas caminaba. Ese mismo día, el ministro de cultura de Francia Jacques Lang lo nombró "Chevalier de la Légion d'Honneur" y "Commandeur des Arts et des Lettres". Nureyev había peleado desde hacía casi 10 años con el SIDA, en los tiempos en que comenzaban a hacerse las primeras investigaciones. El 6 de enero, de 1993, a las 3:45, Rudolf Nureyev murió en su casa.

 
 
Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev en el Pas de deux de "El Corsario", teatro alla Scala de Milán, 1966.
Foto: Archivo.
 
 

 

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Zenaida Armenteros, bailarina emérita, cantante y profesora de las más puras tradiciones afrocubanas.
 
 
 

ZENAIDA ARMENTEROS
Medio siglo para una diva
Por Enrique Águila Torres (Cuba)

"Diva de ébano del folklore cubano", Zenaida Armenteros lleva sobre sus espaldas más de 55 años de vida artística. No obstante, su fama cobró vuelo a partir de su debut en el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba (CFN), fundado por el célebre Rogelio Martínez Furé. Allí interpretó los principales papeles como bailarina y se desdobló como extraordinaria actriz y magnífica cantante. Tantos años de tablas parecen demasiado para una morena cubana que llegó a la cima del baile folklórico, de la misma manera que Alicia Alonso lo fue en la danza clásica.

Delgada, elegante, fina, locuaz, auténtica hija de la "Caridad del cobre", patrona de Cuba. Reina del sincretismo escénico, Armenteros, aclamada en Cuba y en el mundo, es frágil y exuberante en todas sus danzas: "Oyá", la terrible dueña del cementerio, "Yemaya", la diosa de las aguas vibra en su sangre. Antes de que se fundara el CFN, su nombre ya había comenzado a sonar de la mano de Obdulio Morales en espectáculos de finales de los ‘50. Confesó Martínez Furé alguna vez que no necesitó verla bailar o escucharla cantar para saber que aquella mujer establecería su propio reinado en el ámbito de las tradiciones culturales cubanas.

En su voz se mecen las habaneras. Una "Oración Caribe" que nadie cantó en Cuba, creación indiscutible de Agustín Lara, reaparece en cada homenaje celebrado en honor del maestro mexicano. Nadie olvida ese final desgarrador con el que cierra uno de los temas que la justifican como leyenda, "El Alafín de Oyó", como también, "Odebí el cazador". La diva se ha convertido, a lo largo de todos estos años en un emblema de la mixtura artística de las tradiciones africanas y su transculturación en Cuba. No obstante, Armenteros abarca un espectro aún más amplio y puede multiplicar su figura en la ejecución de un "Guateque", o en una fantástica habanera. Seductora como la reina de Tákna, mantiene la fuerza y la vigencia de una estrella.

Martínez Furé, admite que Armenteros "ha sido y es maestra de la más profunda y esencial cubanía en las artes escénicas". En diciembre del año 2001 se inició esta serie de festejos con carácter de homenaje que se ensamblan a su vez con los 40 años del CFN. Luego, la diva, también pasó por la Bienal de Lyon, con su enhiesta figura y su bagaje de historia y tradición. Una "diosa negra" inimitable que permite que los ritmos afrocubanos revivan y la danza se vuelva poesía y rito al mismo tiempo.

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HOMENAJE A LUCY TELGE
A la maestra con cariño
Por Vannia Ibargüen (Perú)

Tal como ocurre todos los años, el Consejo Nacional de Danza del Perú elige a una personalidad destacada por su labor en pro del arte de la danza. Esta vez, la entidad dirigida por Sylvia Whilar de Muelle, con el apoyo del Centro de Artes Escénicas de Lima, presentó su segunda edición de la Gala de la Danza, evento en el que se rindió homenaje a Lucy Telge, fundadora y directora del Ballet del Teatro Municipal de Lima. Desde hace 44 años Telge está dedicada a la formación de bailarines profesionales del más alto nivel. Pilar esencial de la danza clásica en el Perú, su tarea principal fue la de mantener vivo el legado de los grandes ballets.

En 1967 fundó su Estudio de Ballet y viajó en diferentes oportunidades al extranjero para perfeccionarse en la enseñanza. En su larga trayectoria, ocupó cargos fundamentales en la promoción de la educación artística en el país y ya por el año 1983, formó el ahora reconocido Ballet del Teatro Municipal de Lima. Tres años más tarde montó el ballet "El Lago de los Cisnes" en su versión completa, un hecho inédito en el Perú. De esta manera inició un ciclo destinado a las obras de repertorio clásico.

Más allá de las distinciones formales que recibió repetidas veces de instituciones importantes relacionadas con la cultura y el gobierno peruano, sus mejores premios son sus logros como maestra preparadora. Muchos de sus alumnos obtuvieron galardones en concursos internacionales, como también becas y contratos de trabajo en las escuelas y compañías de ballet del extranjero.

Cuando comenzó con la compañía, ella misma se ocupaba de toda la producción. "La primera vez que me propuse encargarme de la confección del vestuario estaba preocupada -confiesa-, no sabía nada de costura. Pero, como siempre, cuando uno hace algo por primera vez quizá no salga perfecto, la segunda vez habrá menos errores y la siguiente, mejorará." Si bien en estos nuevos tiempos la compañía cuenta con personal dedicado a labores de vestuario, montaje, promoción y producción, Telge, con gran profesionalismo, y un cariño casi maternal, cuida los más mínimos detalles de cada puesta en escena.

Con este programa especial, a través del cual se cierra la temporada de ballet, el Consejo Nacional de Danza de Perú eligió reconocer la trayectoria y la dedicación de Lucy Telge. Sorpresas coreográficas que regresaron del pasado, obras del presente, y también estrenos. Nadie faltó a la cita. Primero llegaron las alumnas que "la maestra" formó desde niñas, primeras bailarinas de otros tiempos y ahora, maestras y directoras de importantes grupos. Para esta ocasión interpretaron una coreografía de Telge realizada en 1969.

Integraron este espectáculo obras de danza contemporánea a cargo de los grupos Danza Viva y Contémpora, y de danza clásica como la variación de "Coppélia" -interpretada por Marisol López, alumna de Telge que ganó la Medalla de Oro en el Festival Internacional de Ballet de Trujillo (Perú, 2001). Los primeros bailarines del Ballet del Teatro Municipal de Lima llegaron con fragmentos de "Don Quijote" y "El lago de los cisnes" y las alumnas de la clase avanzada del Estudio de Ballet Lucy Telge, interpretaron una alegre pieza norteamericana llamada "Interplay", con un derroche de vitalidad que contagió al público. Finalmente, y para recordar el éxito que tuvieron en la Gala del Concurso Internacional de Helsinki hace 8 años, subió a escena "Nous Sommes" de Jimmy Gamonet, ex-alumno de Lucy Telge y reconocido coreógrafo residente del Miami City Ballet. Esta pieza fue catalogada como lo mejor de la noche a través de una ovación similar a la que tuvo en la gala del concurso. Como final de fiesta: un recorrido por la vida de la homenajeada a través de una emotiva exposición multimedia, que destacó momentos de su vida dedicada al ballet.

   
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  Hechos y protagonistas    
 

Una chilena en México
Por Mabel Diana (Desde México)

Después de enviar su propuesta coreográfica en un video, con un adelanto de tres minutos de la obra, la coreógrafa chilena Isabel Croxatto fue una de los diez coreógrafos seleccionados en la categoría A y la única de una compañía extranjera, para participar en el Premio INBA-UAM, Concurso de Composición Coreográfica Contemporánea en México. Los otros extranjeros fueron Darryl Thomas y Valerie Bergman en la categoría B y varios latinoamericanos que participaron con compañías mexicanas.

Durante un maratón de seis días consecutivos, desde el 8 hasta el 13 de noviembre, treinta y siete compañías de danza, casi en su totalidad mexicanas, formaron parte de este encuentro. Las coreografías debían tener como máximo 12 minutos de duración. Presentarse en un concurso siempre tiene el inconveniente de no saber que es lo que atraerá más al jurado, y las reglas para medir la creación siempre son diferentes según quien las maneje. Lo subjetivo no deja de jugar, y siempre hay disconformes.

Esta vez el público, fiel asistente, tenía sus favoritos que, como era previsible, no eran los mismos que los que eligió el jurado. Una de las favoritas fue Isabel Croxatto. Su participación fue realmente impecable. Su coreografía "Diosas", mantuvo en suspenso a la audiencia los 12 minutos que duró la obra. Las tres bailarinas, Paula Olivares, Isabel Croxatto y Javiera Alarcón atraparon la atención del público a través de una atmósfera de ensoñación. El espacio cubierto de varas de bambú que surgían del suelo hasta perderse en el cielo del foro, lo transformaron en una selva de colores verdes-azules. Carlos Gallardo el escenógrafo, resolvió toda la ambientación con estructuras livianas de telas transparentes. Las "diosas" se movían entre ellas, creando diseños lineales y circulares, con cambios de niveles y de dinámicas que permitían entrar en un mundo sensual y onírico.

Elías Sepúlveda sostuvo el clima con una iluminación que resaltó los rasgos y marcó los contornos de las bailarinas y la escenografía. El vestuario de Beatriz Zamora fue otro acierto. Una falda larga, con cintura ancha, con profundos tajos a cada lado, permitía ver el movimiento de las piernas. Su color verde tornasolado, contrastaba con la tanga roja que aparecía repentinamente. Los pechos desnudos y una larga trenza completaban el atuendo. Las bailarinas, con sus diferentes personalidades, se aunaban en los movimientos. La música original de Cuty Aste al ser compuesta en paralelo con la coreografía, fue otro de los personajes de la historia. Un cerrado aplauso y un coro de bravos coronaron su actuación.

No ganaron. Pero esta presentación sirvió para que las invitaran el próximo año a hacer una gira por diferentes ciudades de México. Isabel Croxatto es la directora de la compañía Abundanza. Esta presentación en México le permitirá seguir abriendo espacios para la danza contemporánea chilena.

 
 
   
Evoé Sotelo, coreógrafa ganadora del primer premio en la categoría A por su obra "Sombrero de cinco picos".
 

PREMIO INBA-UAM, CONCURSO DE COMPOSICION COREOGRAFICA CONTEMPORANEA
De aquí y de allá
Por Patricia Aulestia (México)

Desde hace 23 años la danza mexicana tiene un espacio dedicado a quienes están involucrados directamente en la producción y realización de espectáculos coreográficos. Nadie queda fuera de juego en el Premio INBA-UAM, Concurso de Composición Coreográfica Contemporánea. Este año, los galardones cayeron sobre ocho coreógrafos, dos bailarines, un compositor y un iluminador.

El jurado estuvo integrado por el crítico venezolano Carlos Paolillo, la española, directora de la Compañía de Danza Tránsit y los coreógrafos mexicanos Leticia Alvarado, Cora Flores y Francisco Illescas. Durante los seis días que duró esta muestra-concurso, espectáculos de diferentes estilos y tendencias desfilaron con nuevas propuestas y nuevos nombres. Los premios se otorgan por categorías establecidas de acuerdo con la trayectoria. La "A", está destinada a coreógrafos cuya primera obra presentada públicamente tenga más de 10 años de antigüedad y recibe $6.500 dólares al cambio actual. La categoría "B" engloba a coreógrafos cuya primera obra tiene menos de 10 años y más de tres de haberse estrenado a la fecha del Concurso. El premio en este caso es de $3.500 dólares. Los coreógrafos que pueden participar en la categoría "C" son aquellos cuya primera obra presentada en público tiene menos de tres años de haberse estrenado en relación con la fecha del concurso y el premio es de $3.500 dólares.

Los primeros lugares en las categorías A, B y C fueron para los coreógrafos Evoé Sotelo por "Sombrero de cinco picos" interpretado por el grupo Quiatora Monorriel, Omar Carrum por "Mi mente en polvo" que llevó a escena el ensamble Delfos Danza Contemporánea y Magdalena Brezzo por "Historias múltiples", que tuvo como intérpretes a los integrantes del equipo Camerino 4. En cuanto a los segundos puestos correspondientes a las tres categorías, Jaime Camarena por "Libro del cero" realizado por el grupo A Poc A Poc Danza, Marcos Ariel Rossi por "Sólo x 1…instante! (cambie mi vida, sólo por un instante de…)" interpretado por el Foramen M. Ballet, y Xitlali Piña Poujol por "Rutas y voces" a cargo de la Escuela Profesional de Danza Contemporánea de Mazatlán, Sinaloa.

Claudia Lavista y Camilo Chapela fueron señalados como los mejores ejecutantes. Manuel Mendoza y Serfio Díaz, mejor iluminación y música original respectivamente. El "Sombrero de cinco picos" también fue la coreografía ganadora del Cuarto Premio de la Crítica de Danza.

En la Gala previa al anuncio de los ganadores, se presentaron algunos de los grupos galardonados en años anteriores. "Lazos", de Duane Cochran con música de Igor Stravinsky, fue interpretada por el grupo Aksenti Danza Contemporánea, Cochran (piano) y Ulises Aguirre (violín). Una obra premiada en 1989, "¿Y ahora qué? A la luz de la luna llena todos los corazones pintan pálido" de Rodolfo Maya, realizada por el Ballet Moderno de México. "Trío y cordón" de Víctor Manuel Ruiz y Claudia Lavista fue interpretada por Delfos Danza Contemporánea y "México City" de Vicente Silva Sanjinés, por el Proyecto Ensemble Tiempo de Bailar.

Este premio, esperado todos los años por coreógrafos y bailarines es uno de los hechos más relevantes de la danza mexicana. Por otra parte, constituye uno de los más importantes apoyos económicos para las paupérrimas arcas de los coreógrafos y también de los grupos de danza que, todos los años, se endeudan para producir la nueva obra que competirá para este evento. El Premio INBA-UAM, Concurso de Composición Coreográfica Contemporánea, sin duda, ha sido el eje para el desarrollo de lo que hoy es la danza contemporánea mexicana.

 
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