|
|
|
| |
|
PALOMA
HERRERA "PRINCIPAL DANCER" DEL
AMERICAN BALLET THEATRE
La fuerza
del destino
Por Maritza
Gueler (USA)
"Quiero
zapatillas de punta y quiero bailar",
dijo, con determinación irrevocable
cuando tenía 7 años. Sus padres
se miraron, y en ese momento supieron que
no podrían con ella. Su pasión,
su compromiso, su vida, estaban puestos
en esas zapatillas de punta que fue atesorando,
aún cuando ya no le servían.
Nadie podía parar a Paloma Herrera.
Si se portaba mal, el castigo era no ir
a su clase de danza. No obstante, a escondidas,
se escapaba rumbo al estudio de Olga Ferri,
su maestra entrañable. "Mi mamá
no me podía poner límites
afirma. Cuando tenía
algo en la cabeza, no había quién
me lo sacara. Nunca faltaba a una clase,
así lloviera, se inundaran las calles
o tuviera fiebre. Era un dolor de cabeza
para mi mamá. Pero era porque me
encantaba bailar. Nadie me obligaba, nadie
me impuso pautas ni modelos. Recuerdo que
decía: Yo tengo que ir a la
clase, y voy a ir, y voy a ir, y no me importa
nada, yo tengo que ir."
Empezó
con una maestra que se ocupaba de las alumnas
más chicas. A los seis meses ya estaba
trabajando con Ferri, y a los 8 años
entró a la escuela del Teatro Colón;
no obstante, siguió tomando clases
con "su maestra". "Mi relación
con Olga siempre fue muy especial, fue como
mi mamá (se emociona, los ojos se
le humedecen y la voz se hace más
baja y contenida). Olga era lo máximo
que me podía pasar, siempre quería
ir con ella a los concursos para aprovechar
ese tiempo extra que tenía para trabajar
y estar con ella. El vínculo que
tuve con Olga fue muy intenso..."
 |
|
| |
|
Paloma
a los 14 años, pocos días
antes de entrar a la School of American
Ballet en Nueva York.
Foto: Victor DeLiso. |
|
| |
|
| |
|
| |
|
Llegó
a Nueva York a los 15 años. Había
ganado una beca de seis meses en la School
of American Ballet y su idea era regresar
en cuanto terminara el curso. Cuando ya
tenía el pasaje de vuelta para Buenos
Aires y las maletas listas, justo el día
anterior fue a una audición en el
American Ballet Theatre (ABT). "Con
tal de entrar al Metropolitan y ver cómo
trabajaban los grandes bailarines que en
aquel momento estaban haciendo la temporada,
me fui a la audición para tomar una
clase con la compañía. Saqué
las primeras zapatillas que encontré
en mis valijas y partí. ¡Estaba
maravillada, era mi sueño! Cuando
terminó la clase, me dijeron: tenemos
contrato. ¡Esa es una de las
experiencias que nunca me olvidaré
en mi vida! Salí saltando, corriendo,
gritando por la calle. ¡No lo podía
creer! Firmé, llamé a mis
padres y les dije: me quedo, acabo
de entrar al ABT."
DANZA:
¿Y tus padres
que dijeron?
Paloma Herrera: Me parece que se
lo veían venir. Mis padres me dejaron
muy libre, por eso me tienen tanta confianza.
Ellos saben que puedo estar sola acá
en Nueva York y confían en mí.
Siempre fue así. Además, sé
que ellos están ahí. La relación
con mis padres fue la base de lo que soy
hoy; fueron el apoyo de toda mi vida. El
amor y el agradecimiento que tengo por ellos,
es infinito. (Vuelve a emocionarse y sus
ojos brillan con una tranquila alegría)
D:
¿Cómo
fue vivir, a los 15 años, sola en
Nueva York?
PH: Mi vida cambiaba. Había
firmado contrato con el ABT y no tenía
conciencia de nada. Fui a vivir a la casa
de los Salvati (Eduardo A. Salvati), que
fueron mi familia en los Estados Unidos.
Ahí tomé conciencia de que
tenía que aprender inglés.
Poco a poco fui acomodándome. Tenía
la seguridad de que mis padres estaban conmigo
y que la puerta de mi casa estaba abierta
en el caso de que quisiera volver. Nadie
me obligaba a nada. No tenía ninguna
presión, lo hacía porque quería.
Me dije: estoy en la compañía
que siempre fue mi sueño, estoy feliz,
estoy acá. No extrañaba,
no se me hacía difícil. No
cambiaría esa experiencia por nada.
D:
¿Por qué
el ABT y no otra compañía?
PH: El ABT siempre fue mi sueño
desde las épocas de Baryshnikov.
Cuando vine, me encantó el repertorio
y me dieron muchas oportunidades. Kevin
McKenzie fue muy acertado en sus decisiones,
me dio los roles que yo podía hacer
en ese momento y me sentí muy resguardada
por todos mis maestros. Nunca me hicieron
hacer cosas para las que no estaba preparada.
Haber estado en la compañía
desde tan chica me ayudó mucho.
D:
¿Cómo
fue el balance entre tu vida personal y
tu carrera?
PH: Mi carrera siempre fue fundamental,
pero tuve a mi familia que me apoyó
muchísimo; un entorno familiar que
no me dejó caer en la obsesión
por el ballet y nada más que el ballet.
Este balance, que creo que puedo hacerlo
especialmente ahora, me ayuda a poner muchas
cosas en perspectiva y a aprender algo más
de la vida. Todo forma parte de la evolución
personal. Cuando empecé con la compañía,
cada viaje, cada libro, cada lugar, me dieron
una experiencia diferente, y todo eso se
deposita en el escenario.
D:
¿Cómo
escapaste de esa disciplina tan estricta
a la que debe someterse una bailarina que
está en una de las compañías
más importantes del mundo?
PH: Cuando era chica era muy obsesiva,
y tal vez por eso ahora soy lo que soy.
Aún hoy sigo siendo muy obsesiva
hasta en la forma en que acomodo los libros.
Eso lo heredé de mi papá.
Cuando entré en la compañía,
muchas cosas se acomodaron en mi vida. Poco
a poco empecé a hacer una vida más
normal porque estaba muy acostumbrada a
tomar muchas clases por día y a hacer
un montón de cosas. Después
me di cuenta de que no siempre, si te dedicas
al ballet exclusivamente, es una garantía
de que te va a ir bien. Es importante tener
una vida personal porque te va a ayudar
más en el ballet y vas a estar feliz.
Eso se aprende con la experiencia. También
hay gente que no lo aprende nunca.
D:
¿De qué
manera te ayudan tus vivencias personales
a la hora de encarar los personajes del
mundo del ballet?
PH: Eso ayuda muchísimo. Sin
embargo, cuando hice por primera vez "Romeo
y Julieta" no había pasado aún
por esa experiencia, pero sin embargo sabía
lo que era estar enamorada. En aquel momento
estaba súper enamorada, pero era
un amor platónico. Para interpretar
un drogadicto no necesariamente hay que
ser drogadicto, tampoco hay que estar loco
para interpretar la locura de Giselle. No
necesariamente hay que vivenciar ciertas
cosas de la realidad para después
interpretarlas en el escenario; para eso
somos artistas. De todas maneras, el hecho
de poder vivir un poco más la vida
cotidiana te permite estar más relajada.
De lo contrario, uno está demasiado
metido en lo de uno y se escapan las pequeñas
cosas. Muchas veces los bailarines somos
muy cerrados y estamos muy focalizados en
la danza; pensamos que tenemos que tener
dedicación exclusiva. Uno cree que
hay cosas que te van a sacar el tiempo para
ser la mejor y que cualquier distracción
significaría no ser la mejor. Y es
una equivocación, eso significa que
estarás más tranquila y, sin
querer, te va a ayudar a ser mejor.
D:
Pero eso
de querer ser "la mejor"era algo
personal, nunca una presión de tus
padres.
PH: Todo bailarín quiere ser
bueno o el mejor o llegar a ser principal,
pero en un momento sentí que tenía
que abrir la cabeza. Hoy me doy cuenta de
que hay bailarinas que me gustan más
que otras. Eso es arte, son puntos de vista
y no se puede pretender que todo el mundo
piense exactamente igual. Mi ideal no es
el mismo que el que tiene otra persona.
Por eso en un momento me dije: "vos
salís a hacer lo mejor, las personas
que están ahí van porque te
quieren ver y por más que te esfuerces,
no a todo el mundo le va a gustar como bailas,
y no porque no bailes bien, sino porque
cada uno tiene su estilo". Por eso
no salgo a probar nada, porque no puedo
ser otra persona, soy quien soy y hago lo
mejor. De lo contrario, por el afán
de contentar a un montón de gente,
no soy nadie. Eso también llega con
la experiencia.
D:
¿Qué
pasó la primera vez que subiste a
un escenario y recibiste el primer aplauso?
PH: No sé si me impresionó
mucho el primer aplauso, no me acuerdo de
eso, sí me acuerdo de lo que significaba
para mí el escenario. Me encantaba
estar ahí arriba, no importaba lo
que hacía. Siempre tuve los mismos
nervios, la misma excitación, iba
al teatro 80 horas antes, me preparada como
si fuera la estrella principal y estaba
fascinada por estar arriba del escenario.
Cuando entré al ABT tuve que hacer
roles de solista, de cuerpo de baile o cosas
menores como salir con un almohadoncito
en "Pájaro de Fuego", pero
los nervios y la excitación eran
exactamente iguales. Para mí no hay
roles difíciles o fáciles,
creo que tiene que ver con ese respeto que
hay entre el público y el artista.
D:
Dado que
siempre se comenta sobre la gran competencia
que hay dentro del mundo del ballet, ¿has
notado situaciones de ese tipo o de envidias
durante este período ascendente en
tu carrera?
PH: Jamás. Siempre soy la
última en enterarme de todo. Tal
vez porque eso no me interesa. Quizás
ocurren esas cosas, pero no las escucho.
Hace 10 años que estoy en el ABT
y jamás he tenido problemas con nadie.
Me he llevado muy bien con toda la compañía
en todas las épocas. Tal vez esto
no suceda en el ABT porque Kevin McKenzie
nunca establece competencias entre los bailarines,
no hace juegos de cabeza de compañía.
Creo que Kevin siempre manejó muy
bien los hilos y cada bailarín tiene
sus funciones. Cuando estoy en la platea
disfruto terriblemente al ver a otros bailarines
y jamás critico lo que no hizo o
lo que hizo mal. Eso me hace mal a mí
como persona.
D:
Después
de vivir tanto tiempo sola, ¿cómo
organizas tu vida en pareja?
PH: No hay nada como poder compartir
las cosas con otro. Sé que lo bueno
o lo malo lo puedo compartir con él.
De qué me sirve tener una función
fantástica, si después, cruzo
la calle y me quedo sola en casa diciendo:
"qué función maravillosa".
¿Y? Si bien es cierto, que siempre
tuve a mi familia y ellos siempre me escucharon
con una oreja gigantesca. Pero ahora aparece
esta nueva etapa que me permite compartirlo
con él. El fenómeno de la
soledad es muy frecuente en los bailarines.
Mucha gente de quien uno pensaba que lo
tenían todo, se bajaban del escenario
y no tenían absolutamente nada. Es
muy triste no poder compartir tu vida con
alguien.
D:
Y ahora, al subir al escenario, ¿las
cosas son diferentes?
PH: Mi vida ha cambiado mucho porque
la puedo compartir con él y con el
público. Estoy en el escenario por
el público, sin el público
no somos nadie. Muchos se creen que los
bailarines son algo especial, y somos seres
humanos como cualquier otro. Si bien tenemos
experiencias increíbles y especiales,
somos personas comunes y corrientes y esto
de poder compartirlo con alguien es fundamental.
D:
Sin embargo puede haber bailarines que prefieren
vivir una vida más sofisticada.
PH: Hubo épocas en las que
los bailarines eran divos "de limosinas,
joyas y guardaespaldas". Eran otras
épocas. Eso no es tan cierto. El
bailarín no es Dios, puede ser excelente,
pero nada más.
D:
¿Cuándo
supiste que serías bailarina?
PH: Nunca tuve la menor duda. Cuando
era chica y me preguntaban qué iba
a ser cuando fuera grande, yo decía:
"¡bailarina!" Como si respondiera:
"¿Pero qué me estas preguntando?,
bailarina, sin duda". Por eso no entendí
a mi hermana cuando quiso hacer un test
vocacional. ¡No me entraba en la cabeza!
Siempre creí que uno nacía
sabiendo lo que quería ser. Para
mí eso era normal. Desde los 7 años
que estaba absolutamente segura de que sería
bailarina.
|
| |
|
A
modo de racconto
Paloma
Herrera nació en la Argentina
en 1975 y comenzó a estudiar
danza a los 7 años. A los 8,
ya había ingresado al Instituto
Superior de Arte del Teatro Colón
y, a los 15, obtuvo su diploma con
las más altas calificaciones.
Participó
con el límite mínimo
de edad en su categoría (de
14 a 19 años) en la XIV Competencia
Internacional de Ballet de Varna,
en Bulgaria, donde fue finalista.
El
maestro Héctor Zaraspe, después
de ver su actuación en el Concurso
Latinoamericano de Ballet, la invita
a pasar una audición en la
School of American Ballet en Nueva
York. Allí ingresó en
el nivel de los alumnos más
avanzados y de inmediato le asignaron
el rol principal en "Variaciones
de Raymonda" de Balanchine en
el "Workshop" de la escuela.
Con
apenas 15 años la contrató
el American Ballet Theatre y dos años
después la promovieron a solista,
hecho inédito dada la categoría
y su edad. En 1994 fue tapa de la
revista del domingo del "New
York Times" y fue elegida por
los críticos especializados
como "uno de los treinta artistas
jóvenes que cambiarán
los próximos 30 años
de la danza." A los 19 años
fue "principal dancer" del
ABT, una promoción que marcó
un hito dentro de la compañía
dado que fue la bailarina más
joven en alcanzar ese nivel en toda
la historia del ABT.
La
coreógrafa Twyla Tharp creó
la coreografía "How Near
Heaven" para Paloma Herrera y
Katherine Moore en los roles principales.
En el 2001, recibió en la ciudad
de Nueva York, el Immigrant Achievement
Awards, "como uno de los cuatro
inmigrantes cuya contribución
ha enriquecido grandemente a nuestra
nación".
|
|
|
|
 |
| |
Paloma
Herrera cuando tenía 10 años,
en una clase con su entrañable maestra
Olga Ferri.
Foto: Alicia Sanguinetti
Fotos gentileza de FH Producciones |
| |
| |
| |
 |
| |
"Giselle"
en el Teatro Colón de Buenos Aires,
junto a Damian Woetsel (New York City Ballet)
uno de sus más admirados "partenaires".
Foto: Alicia Sanguinetti. |
| |
| |
|
 |
| |
|
Con Maia Plisetskaya en la gala del Teatro
Bolshoi de Moscú en noviembre del 2000. |
|
|
|
| |
| |
|
 |
| |
| "Pienso
en el público todo el tiempo -afirma Debora
Colker-. Escucho lo que dicen y sé que les
gusta lo que hago porque se sorprenden." |
| |
| |
|
|
|
DEBORAH
COLKER
La niña
terrible de Brasil
Por Fátima
Nollén (Londres)
En
Brasil, la discusión sobre si lo que hacía
Deborah Colker era danza, se terminó cuando
la coreógrafa se convirtió en la
primera brasileña en recibir el premio
Lawrence Olivier (Londres, 2001) por sus sobresalientes
logros en danza. Por un lado, en sus obras apela
a movimientos atléticos, acrobáticos,
deportivos, y por otro, en su currículum
figuran estudios de piano, psicología,
y una carrera en voleibol a nivel competitivo
que parecen tener poco que ver con la danza. También
cuenta en su haber con tareas dispares, muchas
de las cuales continúan hasta hoy, como
ser directora de movimiento de obras de teatro,
coreógrafa de docenas de videoclips, desfiles
de modelos y escuelas de samba. Tuvo entrenamiento
formal en danza contemporánea con la uruguaya
Graciela Figueroa y su grupo Coringa, del que
Colker fue bailarina, coreógrafa y directora
hasta que fundó su propia compañía
a fines de 1993.
Pequeña
y rubia, acostumbra a presentarse como la síntesis
de todo lo que es y lo que hizo: mujer, madre,
bailarina, judía y obsesiva del movimiento.
Es, al hablar y al trabajar, una pila de energía.
Incansable, investigadora, y entusiasta. A veces,
parece disfrutar de incomodar a la crítica
que no logra clasificarla, mientras se regodea
en la tremenda popularidad que adquirió
en casi diez años de trabajo en su país
y en el exterior. Sólo en Brasil la vieron
más de doscientas mil personas y sus temporadas
alcanzaron hasta nueve semanas consecutivas en
un mismo teatro. Sin duda, Deborah Colker se hizo
su propio lugar en el mundo de la danza contemporánea
brasileña donde resuenan nombres como el
Grupo Corpo y Cisne Negro, sólo para mencionar
algunos. Sus compromisos internacionales la llevarán
a Washington DC, donde presentará su última
creación, "4x4", en el Kennedy
Center for the Performing Arts, desde el 19 al
22 de noviembre.
A
pesar de su éxito, sólo tiene un
único reparto, así es que si alguien
se lastima, ese lugar debe ser distribuido entre
el resto de la compañía, dado que
prefiere trabajar "muy personalmente"
con cada bailarín. El grupo funciona como
una pequeña empresa, con el patrocinio
exclusivo de compañía petrolera
Petrobras. Además de bailarines y staff
administrativo, hay ingenieros, diseñadores,
iluminadores y músicos. "Antes -confiesa-
quería que mis bailarines fuera gente de
diferentes orígenes, modelos, actores.
Ahora quiero que tengan una fuerte formación
técnica. El ballet clásico es la
base para todo tipo de movimiento. Necesito que
mi gente realmente pueda moverse muy ágilmente.
Trabajamos siete horas por día y hacemos
clases de clásico y contemporáneo,
que son en círculo, no por algo místico,
sino porque considero que el espejo en otra persona
es mejor que el espejo real para aprender y motivarse.
Si alguien que tiene un currículum interesante
se acerca para pedir que lo vea, lo invito a tomar
clases con nosotros."
Cuando
necesita bailarines convoca a audiciones multitudinarias
a las que se presentan de entre cien y doscientas
personas. "Creo que lo más importante
en un bailarín es que sea abierto de cabeza
y en "dehors", claro (se ríe).
Pero cuando veo que un bailarín no puede
darme más, no puede seguir creciendo, lamentablemente,
tiene que dejar el grupo." Para la directora
carioca, sin embargo, bailar tiene que generar
placer, aunque haya competencia que "es natural
para desarrollarse". Pero a diferencia de
otras compañías de tendencia clásica,
donde pareciera que el único objetivo es
"ser mejor que los otros 70", en la
suya, según dice, "los movimientos
se piensan y se discuten de forma democrática".
Y si en ello no hay placer, "mejor quedarse
en casa con la familia", apunta.
Sus
definiciones y propuestas siempre generan controversia.
Un ejemplo de ello es que considera al actor Bruce
Lee y al jugador de fútbol Pelé
como los mejores bailarines "porque son precisos,
definidos en su cuerpo y diseño de movimientos,
son elegantes, pero por sobre todo, por la simpleza
de sus movimientos". Más polémico
todavía es el hecho de que aunque jamás
usó zapatillas de punta, y desde que acostumbró
a todos a sus audaces incursiones acrobáticas
en el escenario, esta vez usa ese medio en una
de las cuatro escenas de "4x4", en la
que además, vuelve a su primer amor, el
piano. Ella misma ejecuta una sonata de Mozart
sin miedo a la crítica musical.
Su
estudio está ubicado en una antigua fundición
de hierro en el centro histórico de Río
de Janeiro, con espacio suficiente para albergar
las grandes instalaciones que son parte habitual
de sus creaciones, como una enorme rueda de parque
de diversiones para "Rota" (1997), una
pared de gran altura con arneses usada en "Velox"(1995)
y una estructura de andamios de dos pisos para
"Casa" (1999). Allí también
guarda las obras de arte que forman parte de "4x4",
estrenado en julio de este año en el Festival
de danza de Joinville, Brasil, el festival más
importante del país.
La
idea de "4x4" surgió cuando estaba
presentando "Casa" en Nueva York (1999),
en una muestra en el Museo Guggenheim. Allí
decidió que su próxima obra estaría
ligada a las artes plásticas. En este caso,
invitó a cuatro artistas brasileños
y a partir de sus obras, que ocupan espacios determinados,
imaginó nuevos movimientos para cada uno.
La idea fue encontrar nuevas posibilidades de
bailar y de trabajar con el universo de cada pieza
artística. En esta oportunidad, además
de Gringo Cardía, que generalmente diseña
sus escenarios, invitó a Cildo Meireles,
al duo Chelpa Ferro y a Vitor Arruda, notorios
representantes de las artes visuales.
El
trabajo con el espacio es uno de los principales
puntos en los que centra su investigación.
"Me interesan los diferentes planos -acota-,
por eso a veces la compañía tiene
que recurrir a otras técnicas como kung
fu o alpinismo, para prepararse para alcanzar
las demandas musculares impuestas por un escenario
distinto. Como dice Buda, me interesa el universo
de cada cosa. Hablar coreográficamente
de las cosas simples de la vida diaria, del mundo
real, de los gestos y movimientos comunes, de
lo que sucede alrededor. La danza contemporánea
me ofrece el vehículo apropiado para contactarme
con el mundo en que vivimos. Como dice su nombre,
danza contemporánea es arte para ahora,
por eso tengo que ser libre para usar la técnica
clásica.
En
sus otras obras no hay historia, sino impacto
visual a través de movimientos simples
que encantan al público. Como dice Colker,
"nadie muere en "4x4", sólo
asombra el riesgo de lo delicado, la emoción
de la forma". Para esta obra la compañía
de danza de Deborah Colker, trabajó un
año y nueve meses y las limitaciones espaciales
de bailar entre y con las obras de arte, les brindó
un nuevo foco o nivel de concentración
a los bailarines. Para Colker este es otro "aspecto
fundamental en el trabajo diario cuando se es
democrático".
"Pienso
en el público todo el tiempo -afirma-.
Escucho lo que dicen. Y sé que les gusta
lo que hago porque se sorprenden. Claro que quiero
atraerlos, pero no es lo que me mueve al decidir
tal o cual movimiento o utilería. No me
gustan las pretensiones. Me considero una niña
que está haciendo algo lindo con otros
quince chicos. Lo que quiero es comunicarme sin
concesiones. Al final, hasta el día de
la premier, nunca se sabe qué va a pasar
con el público. Por ejemplo en Londres,
que es la tercera vez que vengo, me siento más
relajada, porque me entienden. Pero siempre prefiero
que el público se ría a que se quede
con la boca abierta."
Sin
embargo, el público se queda con la boca
abierta cuando en vez de bailar, la coreógrafa
y directora toca el piano en "4x4".
Mujer multidisciplinaria, talentosa, con dos hijos
adolescentes, una casa enorme y cinco perros y
las exigencias propias de dirigir una compañía
de ballet. "Amo bailar y compartir la danza
con mis bailarines. Respiro danza. Mientras pueda
seguiré bailando. Lamentablemente el día
tiene sólo 24 horas."
|
|
| |
|
| |
 |
| |
|
"Casa", espectáculo de
Colker cuyo espacio escénico es una
gigantesca estructura de tres pisos de cinco
toneladas de peso. |
|
|
Invitados
a la "Casa"
(Comentario sobre el espectáculo)
Por Fátima
Nollén (Londres)
La
compañía de la coreógrafa
brasileña Deborah Colker, es habitué
de los escenarios londinenses donde en los últimos
años conquistó al público
de forma inusual. Basta decir que al final de
su presentación apertura en el Teatro Barbican
hubo aplausos de pie, gritos y silbidos de aprobación
y como todavía sonaba la música
de fondo, la gente se unió a los quince
bailarines en escena y batió palmas al
ritmo por varios minutos.
Como
parte del ciclo BITE-Dance Umbrella, Deborah Colker
presentó su cuarto proyecto unitario, "Casa",
estrenado en Río de Janeiro en 1999. Su
marca registrada son enormes instalaciones con
las que los bailarines interactúan, y como
su nombre lo indica, para la realización
de esta obra, usó una gigantesca estructura
de tres pisos y cinco toneladas de peso, cuyas
paredes, techos y pisos van abriéndose
gradualmente, según la escena lo requiera,
para mostrar acciones cotidianas fáciles
de reconocer en cualquier hogar. El arquitecto
y diseñador Gringo Cardía, es una
vez más el autor de la escenografía,
que se completa con la luz de Jorginho de Carvalho,
dinámica y vertiginosa como la coreografía.
El
lenguaje de Colker es atlético, exigente
para los bailarines, y combina en esta obra movimientos
de acrobacia, desafiantes de la gravedad y repeticiones
obsesivas de gestos que representan el comer,
vestirse, desvestirse, peleas familiares, alegrías,
o son obvios como "literalmente" tomar
una ducha. Dúos en contrapunto realizan
las mismas secuencias en diferentes pisos de la
casa. Otras veces, todos hacen algo diferente
al mismo tiempo. Grupos que se arman y desarman
ocupando cada espacio de la morada. Se baila en
los techos y paredes como en un film de Fred Astaire,
se cuelgan de barrales, se deslizan por tubos
de bomberos para llegar nuevamente al escenario.
La creadora sostiene que "bailar es ocupar
espacios, es la arquitectura del movimiento",
y eso hace. Se cubre todo el espacio real con
movimientos simples pero arriesgados que marcan
todos los planos posibles: vertical, horizontal,
inclinado, de gran efecto en dúos, tríos
y cuartetos. Tal vez la fórmula para ganarse
al público donde sea que se presente, pero
que divide a la crítica.
Los
bailarines, exquisitamente formados y dotados,
dan lo mejor de sí en esta obra, donde
la propia Colker también baila. Hay armonía,
cohesión y precisión. "Casa"
es una idea abstracta, más que argumental,
pero hay pasión y humor, todo acompañado
por el fantástico vestuario de YamÍ
Reis. Sin embargo, desde su estreno en Brasil,
Colker revisó algunas secuencias y también
la música utilizada en el '99. La dirección
musical es de Berna Ceppas, Alexandre Kassin y
Sergio Mekler.
Una
recomendación: "Casa" es una
obra que se disfruta mejor en teatros con poco
ángulo lateral en la platea, es decir bien
de frente, porque las columnas de la estructura
pueden obstruir la visión completa.
Del
modo en que la "Casa" abre sus puertas
y ventanas al público, cierra sus puertas,
igual que cuando una visita se retira de una casa.
El público es el invitado. Y en materia
de gustos, es el único que define cómo
lo pasó en esa velada. En Londres, parece
que muy bien.
|
|
|
| |
| |
|
|
BALLET
MUNICIPAL DE LIMA
Blancanieves
en tiempo de ballet
Por Vannia
Ibargüen (Perú)
El
Ballet del Teatro Municipal de Lima presentó
para su temporada de Primavera 2002, "Blancanieves
y los Siete Enanos", conocido cuento de hadas
que ganó, con éxito, el cine y la
televisión. Una historia que permaneció
a través de generaciones de niños
gracias a su trama en la cual triunfa el bien
sobre el mal. Las funciones, que se realizaron
del 25 de octubre al 3 de noviembre en el Teatro
Peruano-Japonés de Lima (Perú),
tuvieron, como era de esperar, una respuesta positiva
por parte del público. La familia entera
asistió a esta cita con la fantasía.
Los
niños bailaron delante de sus butacas al
ritmo de la alegre música de los enanos
y de los adorables animalitos del bosque. Cabe
resaltar la gran calidad interpretativa de los
bailarines para lograr que los niños reconozcan
a sus personajes favoritos en el escenario. Para
su realización, la puesta contó
con la colaboración del mismo coreógrafo
que realizó la versión original:
Boris Miagkov. Esta primera versión de
uno de los cuentos de hadas más famosos
de la historia, se realizó en Rusia en
1997 con la Compañía de Teatro,
Ópera y Ballet del Teatro de Kazañ.
Entonces, los roles principales fueron de E. Sheglova
como Blancanieves, B. Smagulaev como el Príncipe,
y L. Mukhametgaleeva como la Madrastra.
La
música fue encomendada al compositor Karen
Khatchaturian, hermano del célebre Aram,
quien supo interpretar las ideas del coreógrafo
con matices que resaltan los diferentes momentos
de la obra. Así por ejemplo, las partes
de las difíciles variaciones de los enanos
contrastan, por su alegría, con el pas
de deux romántico que baila en sueños
Blancanieves con su príncipe. Por otra
parte, los pasajes llenos de maldad de la Reina
Madrastra y su séquito de cuervos, se oponen
a la dulzura de las ardillas, los conejos, los
mapaches, los ciervos y los pájaros del
bosque. En síntesis, a los tiernos amigos
que ayudan a Blancanieves en su huída por
el bosque.
La
historia, más que conocida, cuenta que
Blancanieves había nacido un día
de primavera, y sus padres, los reyes de aquel
inmenso país, estaban muy orgullosos de
su única heredera. La Princesa era muy
feliz, hasta que un día su madre, la Reina,
murió repentinamente. El Rey, exigido por
las costumbres monárquicas, debió
casarse nuevamente. La desafortunada elección
cayó sobre una esposa egoísta y
muy vanidosa que se deleitaba oyendo a su espejo
mágico que sólo decía: "Sólo
tú eres la mujer más bella de la
tierra."
Cuando
Blancanieves cumplió 15 años, su
madrastra, no pudo soportar la belleza de la joven
y, ciega por el odio, ordenó matarla. El
cazador que debía cumplir esa tarea, no
se atrevió a hacerlo y Blancanieves quedó
abandonada en el bosque. Los animales del bosque,
la llevaron a una pequeñísima casa
donde vivían siete enanitos. Al ver frustrado
su propósito, la madrastra de Blanca Nieves
decide disfrazarse de vieja campesina y salir
en busca de Blancanieves. Una manzana envenenada
es la causa de la muerte de la princesa. No obstante,
y tal como sucede en todos los cuentos de hadas,
llegará el príncipe a romper el
hechizo y despertará a la princesa con
un beso.
Los
protagónicos, en esta oportunidad, cayeron
sobre los bailarines principales del Ballet del
Teatro Municipal de Lima: Patricia Cano, Diana
Silva y Gesell Izaguirre como Blancanieves. Vania
Masías y Guadalupe Sosa encarnaron a la
malvada Madrastra. Maikel Solas y Antonino Risica
asumieron el rol de príncipe. La dirección
general estuvo bajo la batuta de Lucy Telge de
Linder y la dirección artística,
a cargo del maestro Mikhail Koukharev.
|
|
|
 |
| |
"Blancanieves y los siete enanos",
un cuento de hadas tradicional, convertido en un
ballet para toda la familia.
Foto gentileza de Ballet Municipal de Lima.
|
| |
| |
|
| |
|
| |
| Volver
al principio |
| |
|
 |
| |
|
La NDT2 es una compañía integrada por
catorce bailarines cuyas edades oscilan entre los 17 y
los 22 años. |
| |
|
 |
| |
Stefan Zeromski y Nancy Euverink del NDT 1 en
la obra Arcimboldo de Jiri Kylian
Fotos: Joris-Jan Bos. Gentileza del NDT. |
| |
| |
|
|
|
NEDERLANDS
DANS THEATER
Santísima
Trinidad
Por Rosa
C. Corral (Holanda)
Se
lo podría comparar con la Santísima
Trinidad: Tres compañías diferentes
en una sola y verdadera. Su nombre y el de Jiri
Kylian están íntimamente ligados;
fue su director artístico durante veinticuatro
años y también, el creador del NDT
2 y el NDT 3. El Nederlands Dans Theater (NDT)
se fundó en 1959 en La Haya. Su primer
director fue Benjamin Harkavy, a quien siguieron
Hans van Manen y Glen Tetly. En 1971 Van Manen
abandonó el NDT, pero la crisis dentro
del grupo ya tenía su historia. Dos años
más tarde, el entonces bailarín
y joven coreógrafo del Stuttgart Ballet
de John Cranko, Jiri Kylian, creó la primera
coreografía para la compañía
holandesa y en 1975 tomó las riendas de
la dirección artística y sacó
al ballet del bache en el que estaba.
Una
de las medidas que tomó el nuevo director
fue reemplazar paulatinamente a los bailarines
que no le interesaban. Aquéllos de bajo
nivel técnico o interpretativo o quienes,
simplemente, no lograban acoplarse a las exigencias
del nuevo jefe checo, fueron despedidos. Esta
experiencia -según confesó Kylian-
fue, en algunos casos, muy dolorosa pero necesaria
para poner al grupo a la altura en que se puso
en pocos años. De este modo el elenco que
estaba compuesto casi exclusivamente por holandeses,
acogía cada vez más a bailarines
de otros países.
Las
academias y escuelas superiores de danza holandesas
no producían al "bailarín Kylian":
un bailarín de gran perfección técnica,
con cualidades líricas y dramáticas,
educado a la vez en el clasicismo académico
y en las técnicas modernas con énfasis
en la Graham, muy flexible, rápido y ágil,
sin olvidar, por supuesto, el sentido de la musicalidad.
Para formar a los bailarines en este estilo, se
creó en 1978, un segundo grupo dentro del
NDT con el nombre "Springplank" (trampolín),
que en realidad se asemejaba a una especie de
escuela de posgraduados. Los mejores, pasaban
al entonces llamado -simplemente- Nederlands Dans
Theater o, para los de la casa, "el grupo
grande".
El
"trampolín" pasó a llamarse
luego, en 1981, "NDT Juniors" y comenzó
a perfilarse como grupo que también daba
espectáculos. A medida que los "juniors"
fueron adquiriendo reconocimiento, tanto en Holanda
como en el extranjero, se consolida su estructura,
evoluciona como entidad en cierta medida autónoma,
con repertorio y características propias.
De ahí que en 1987 su nombre volvió
a cambiar para convertirse desde entonces en "NDT
2".
¿Una
compañía con dos compañías?
Puede parecer algo excepcional, pero lo que sí
es un caso único es una compañía
que alberga tres en su seno, y éste es
el caso del Nederlands Dans Theater desde 1991,
año en el que se creó el NDT3 para
bailarines mayores de 40 años.
Los
tres grupos del NDT, debido a la edad de los bailarines,
se presentan ante el público como tres
entes artísticos independientes. Asimismo
el carácter de las coreografías
es diferente en cada grupo. En el NDT2 las piezas
son de gran dinamismo donde la rapidez y la acrobacia
son ingredientes comunes. En el NDT1, el lirismo
y la calidad interpretativa alcanzan la plena
madurez, mientras que el repertorio del NDT3 consta
de obras más teatrales en las que las cualidades
dramáticas de los bailarines logran la
máxima expresión; su experiencia
hace que la danza se enriquezca en este sentido,
aunque pierda en dificultad física.
El
NDT 2 consta de catorce bailarines con edades
comprendidas entre 17 y 22 años. Su director
artístico es el norteamericano Gerald Tibbs.
El NDT 1: treinta y dos bailarines cuyas edades
oscilan entre los 22 y los 40 años. Su
director es el estadounidense Glenn Edgerton.
De los cinco bailarines que forman el NDT3, ninguno
es holandés. Su director es el danés
Egon Madsen. La directora artística del
Nederlands Dans Theater es la holandesa Marian
Sarstädt que sucedió a Kylian en este
cargo en 1999. Los tres grupos tienen sus coreógrafos
favoritos que crean especialmente piezas para
ellos, aunque algunos como Jiri Kylian, Hans van
Manen o Paul Lightfoot igual se adaptan a unos
como a otros a la hora de coreografiar.
|
|
|
| |
| |
|
|
EL
PROCESO CREATIVO EN LA DANZA CONTEMPORANEA
Cuestiones de la vanguardia
Por Mabel
Diana (Chile)
A
principios de octubre, en la Universidad Arcis de Santiago
de Chile, coreógrafos, estudiantes y bailarines
se reunieron en pos de un tema en común que inquieta
a más de un creador joven: el proceso creativo
en la danza contemporánea. Las coreógrafas
y bailarinas Almoneda Garrido y Daniela Marini expusieron
sus ideas, para luego confrontar y analizar diferentes
posturas y conceptos. La visión de Garrido se
sustenta en la teoría de que cada coreógrafo
tiene su propio camino, el cual permite que sus procesos
creativos sean interesantes de conocer. Por su parte,
también afirma: "Hay elementos fundamentales
a tener en cuenta en la creación: la danza en
sí, como por ejemplo, la música, el vestuario,
la iluminación y la escenografía. La danza
se desarrolla a partir de una colocación corporal
determinada, en una dirección, con un ritmo y
una dinámica definida. Se convierte en una melodía
dentro del pulso de la música. Esa música
es la que tiene la capacidad de sugerir los estados
de ánimo. El vestuario ayuda a la creación
de los personajes y la iluminación define las
escenas, crea ambientes y atmósferas diferentes.
La escenografía remite al lugar donde se desarrolla
la obra."
Daniela
Marini, por su parte, enfatiza que el proceso creativo
en sí mismo implica una metodología. "El
coreógrafo puede tener una motivación
para hacer su obra -afirma-, pero a partir de ello,
el proceso necesita una disciplina de trabajo para llevar
la idea a su realización. Además, el resultado
final debe estar sustentado por un trabajo de investigación
muy intenso." Marini también apunta que
existen dos planos donde se debe trabajar: el macro
-sobre la obra en sí- y el micro -el movimiento
del cuerpo-. En el proceso hay que tener en cuenta que
todo lo que está en la obra habla: el vestuario,
la música y la escenografía. Todo se conjuga
para dar un significado y crea una estética.
Marini
considera a la improvisación como construcción
de la obra, y ve en la honestidad del coreógrafo
la herramienta para conmover al público. En este
proceso, también se pueden tener en cuenta dos
formas posibles de trabajo. Una de ellas se apoya en
que el coreógrafo defina lo que quiere y así
exija a sus bailarines la interpretación exacta.
La otra, dejar al bailarín la libertad de componer
su parte, bajo las indicaciones y la supervisión
del coreógrafo. Las obras de un mismo coreógrafo
pueden tener procesos creativos diferentes, dados por
la obra en sí.
A
partir de las exposiciones de Garrido y Marini surgen
cuestionamientos, dudas, preguntas que permiten continuar
elaborando teorías y especulaciones en torno
a este misterioso proceso de la creación. Entre
los temas que dieron lugar al debate, surgió
el concepto de que la danza es un lenguaje que va evolucionando.
Cada coreógrafo, a partir de su madurez, de sus
experiencias, de su contacto con otros creadores no
dedicados exclusivamente a la danza, va incorporando
nuevas ideas, nuevas formas de moverse y de interpretar.
En danza no hay un método de composición
único, como lo hay en otras artes, dónde,
como en la música, existe un registro escrito,
una partitura con la cual se sabe qué tocar y
cómo se debe interpretar. Una coreografía
puede contarse, y hasta verse ahora en un video, pero
siempre la reposición es una nueva creación,
por la imposibilidad de una lectura y repetición
exacta.
La
investigación de las obras de los coreógrafos
del pasado y de los actuales, surge como una necesidad
insoslayable y, al mismo tiempo, como un camino para
poder conocerlos mejor y no repetirse. Si bien es cierto
que no hay movimientos totalmente originales, se podría
hablar de una forma individual de interpretarlos y de
otras motivaciones, lo que hace que se vean nuevos.
La
reunión y el intercambio de experiencias entre
coreógrafos y estudiantes es otro de los caminos
para descubrir las diferentes metodologías. Por
otra parte, también se puede afirmar que en danza
contemporánea, cuando se llega a estructurar
un método para la creación, muere la contemporaneidad.
La definición de contemporáneo trae consigo
la limitación para reconocer como tal, lo que
se hace en este momento, y no lo que se hizo ayer y
ya se puede repetir. ¿Deberían los coreógrafos
de danza contemporánea no dejarse atrapar por
las estructuras de un método? ¿O proclamar
como Gigi Caciuleanu en su libro Viento ,Volúmenes,
Vectores: la estructura detrás de la locura?
|
|
|
| |
|
| Volver
al principio |
| |
| |
|
 |
| |
Creado
en 1970, el Ballet Hispánico establece una
síntesis entre dos culturas.
Foto gentileza del Ballet Hispánico. |
| |
| |
|
|
BALLET
HISPANICO
Cuenta regresiva
Por Patricia
Aulestia (Desde Nueva York)
El
3 de diciembre, a la hora señalada, el Ballet
Hispánico hará una nueva presentación
en el Joyce Theatre. Un rito que viene celebrándose
desde hace varios años y que alberga una larga
historia. Cuando en 1970, Tina Ramírez creó
el Ballet Hispánico en Nueva York, inició
un camino que permitió el encuentro de dos culturas
a través de una clara definición de estilos.
Con más de 30 años de historia, la compañía
se mueve hoy en un país en el que los hispanos
son la segunda minoría étnica. Un panorama
totalmente diferente al que se presentaba cuando comenzó.
"Si no hubiera sido en Nueva York, no lo hubiera
podido hacer -afirma-. Por entonces la ciudad tenía
muchos inmigrantes y todos tuvimos que trabajar juntos.
En los 70, en mi escuela tenía unas discípulas
fabulosas que querían bailar y ser bailarinas
profesionales; con ellas formé la compañía.
Aunque éramos menos hispanos, todos nos conocíamos
y cuando había una fiesta nos invitaban a bailar.
Así fue como comencé con la compañía
profesional."
Su
directora, hija de un torero mexicano y de una maestra
puertorriqueña, nació en Venezuela y creció
en Nueva York. Fiel a sus raíces, Ramírez
recuperó ritmos y tradiciones, y creó
un grupo cuyo repertorio cuenta con más de setenta
obras de reconocidos coreógrafos. "Cuando
comenzamos -comenta-, quería que la gente conociera
a los hispanos como somos de verdad, con las riquezas
de nuestro pasado. Al principio no apreciaban la música
hispana tan a fondo, pero hoy en día desean comprendernos
más."
Ramírez
persistió en el incansable trabajo de recuperar
las raíces de la danza hispana a través
de coreografías que identificaran la fibra y
el sentir latino, sin caer en extravagancias ni en pactos
comerciales. De esta forma, todos los años, el
Ballet Hispánico presenta obras nuevas y otras
que forman parte de su repertorio habitual, en una muestra
de trabajo y persistencia estética. Antes de
su debut anual en el Joyce Theater (desde 3 al 15 de
diciembre) el Ballet Hispánico ofreció
una velada privada en la sede de la compañía
donde se presentaron, a modo de preestreno, fragmentos
de dos de las obras que se verán en la próxima
temporada.
Entre
los anticipos: una obra del coreógrafo cubano
Pedro Ruiz, quien en esta ocasión estrenará
su tercer trabajo de larga duración, "Cecilia",
con música de Leo Brouwer, Ernesto Lecuona, Okrun,
Roig y Vitier. La obra está inspirada en la trágica
novela del siglo XIX de Cirilo Villaverde que narra
la apasionada historia de amor de Cecilia Valdés,
hija ilegitima del español Cándido de
Gamboa y de su amante mulata Rosario. Ruiz incorporó
a esta pieza elementos que refieren a la gran influencia
de los chinos en Cuba, al crear un personaje que se
mezcla en el relato para dar un nuevo viso a la tragedia.
Interpretada por Jennifer DePalo, Irene Hogarth, Yarden
Ronen y el propio Pedro Ruiz, el fragmento de "Cecilia"
impresiona por su finura estilística, expresiva
representación y la interiorización de
los personajes. Ruiz domina un lenguaje corporal que
se presta a vivenciar los más profundos sentimientos
de seres que se debaten entre sentimientos pasionales
impropios de una sociedad cerrada y contradictoria.
Los diseños de "Cecilia": escenografía
de Neil Patel, vestuario de Candice Donnelly y luces
de Michael Chybowski.
Ann
Reinking, la laureada coreógrafa estadounidense
creó esta vez para el Ballet Hispánico,
"Slices. (A Slice of Life in Four Variations)",
con música de Hamilton, Harburg&Arlen, Sierra,
Thiele y Weiss. Reinking, en la última variación,
sobrepasa el deseo de que sus interpretes se "saquen
los zapatos y bailen como si nadie los viera".
Es tal el vigor, la sensualidad y el colorido de los
movimientos, que las imágenes que ofrece impregnan
los sentidos. A veces los bailes llegan a tal extremo,
que al ondear simplemente la falda de una de las bailarinas,
los bailarines provocan un estallido exuberante. Tal
como afirmó Ramírez: "Esas imágenes
nos llevan a imaginar una flor hispánica representativa
de nuestra cultura." Los diseños de vestuario
son de Donnelly y la iluminación de Vivien Leone.
La temporada contará también con la reposición
de "Cada noche
Tango" de Graciela Daniele
con música de Astor Piazzolla y obras favoritas
del repertorio de Ballet Hispánico como "Bésame',
"Club Havana", "Guajira" y "Ritmo
y Ruido".
Benefactores,
empresarios, prensa, colaboradores y amigos, formaron
parte de este grupo privilegiado que se anticipó
a los estrenos de la temporada y que, al mismo tiempo,
recorrió las instalaciones de The Ballet Hispanico
School, instituto de enseñanza creado por Ramírez
que alberga más de seiscientos estudiantes. Clases
de danza en diferentes disciplinas y estilos (ballet
clásico, técnica, danzas étnicas,
danza moderna y técnica Limón) son parte
del programa de estudios dirigido por Zelma Bustillo.
Un espacio abierto a todas las nacionalidades que sólo
tiene en cuenta el lenguaje del cuerpo.
|
| Volver
al principio |
|
| |
| |
|
|
MONACO
DANCE FORUM
Baile en el principado
Por Noemí Grau (USA)
Luminarias
de la danza de todo el mundo, el público
en general y la familia real de Mónaco
se reunirán para celebrar una segunda edición
del Mónaco Dance Forum que se realizará
en Mónaco desde el 10 hasta el 14 de diciembre.
La presentación de la muestra coreográfica
"The International American Choreographers
Showcase," se suma a una larga lista de espectáculos
de danza que se presentarán en varios teatros
del Grimaldi Forum, centro cultural que será
la sede de esta celebración.
Un
programa variado y ecléctico donde intervienen
compañías internacionales como el
Nederlands Dans Theater (Holanda), el Centre Choréographique
de Caen (Francia), Rennie Harris Puremovement
(Estados Unidos), Kneehigh Theatres Company (Gran
Bretaña), como también realizadores
de cinedanza y danzas aborígenes.
Cinco días en los que el público,
bailarines y coreógrafos vivirán
un maratón de espectáculos que se
caracterizan por la diversidad de las formas y
tendencias coreográficas actuales y por
diferentes estilos que van desde el neoclásico,
contemporáneo, danzas de distintas partes
del mundo, hip-hop, danza teatro y cine-danza.
Este
festival internacional propone una diversidad
de actividades relacionadas con la danza y otras
formas del arte, también incluye en su
programación seminarios para jóvenes
donde se dictan clases de hip-hop, teatro, crítica
de danza, reuniones y debates diarios. Una variada
producción de trabajos que incluyen nuevas
tecnologías audiovisuales, forman parte
de los concursos que se realizarán durante
estas cinco jornadas. A ello se sumarán
muestras de cine y video referidos a trabajos
coreográficos.
El
Mónaco Dance Forum culmina con una función
de gala en la que miembros de la familia real
de Mónaco y destacadas personalidades entregarán
el Premio Nijinsky 2002 al mejor trabajo coreográfico,
al mejor coreógrafo, al mejor coreógrafo
emergente, al mejor bailarín y a la mejor
bailarina del 2001. (Ver recuadro). Los nominados,
creadores y bailarines, fueron seleccionados en
treinta y ocho países por ciento cincuenta
| | | |