Inspirada Inspiración
Por Célida P. Villalón (USA)
 
 

"L'Allegro" de Handel, según el superlativo montaje de Mark Morris.
Foto: Ken Friedman. Gentileza del MMDG.

 
     

La presencia del Mark Morris Dance Group en el Festival Mostly Mozart, añadió una nota diferente al verano del Lincoln Center. Ver convertida en danza en el amplio escenario del State Theatre, la obra titulada "L´Allegro, Il Penseroso ed Il Moderato", sobre la gloriosa partitura de George Frederic Handel, de 1740, textos de John Milton y un corto poema de Charles Jennens, es una agradable experiencia. La fama del coreógrafo Morris quedó cimentada en la década de los años 80, cuando aceptó el nombramiento como director del Teatro de la Moneda de Bruselas, y desde entonces le fue posible seguir libremente los dictados de su inspiración. A su regreso a los Estados Unidos, formó un grupo que a pesar de basar su estilo en la danza de escuela, expresa los movimientos con entera libertad.

"L´Allegro" se estrenó en 1988 y ahora volvió a la escena del coliseo neoyorquino con veinticuatro bailarines, acompañados por la Orquesta Barroca Philarmonia -que usan instrumentos de la época-, bajo la dirección de Nicholas McGegan. A ellos se suma la intervención de las sopranos Christine Brandes y Dominique Labelle, el tenor John Mark Ainsley, el barítono Philip Cutlip y los Coros Desoff. Todos en el foso de la orquesta. La escenografía de Adrianne Lobel -telones de variados colores que encuadran el proscenio, y bajan y suben constantemente-, junto al vestuario de Christine Van Loon -túnicas para las mujeres, y mallas y blusones para los hombres, de tonos opacos en la primera parte y colores vibrantes en la segunda-, y la acertada luminotécnia de James F. Ingalls, complementaron la hermosa ambientación.

La fluida coreografía, concebida con la usual musicalidad de Morris y diseñada mayormente para grupos, es un tributo a la naturaleza, al espíritu humano y a la alegría, si bien es posible encontrar en ella momentos de melancolía, igual que gestos cómicos o situaciones simpáticas de la vida cotidiana. Los intérpretes aparecen descalzos y surcan el aire con gran ligereza, así como, en contraste, caminan con total desenfado. Cualquier objeto inanimado o ser viviente es motivo de inspiración para Morris, y puede surgir inesperadamente en su trabajo. "Nada humano me es ajeno" es, en definitiva, el mensaje enviado al espectador.

El resumen de la noche fue muy satisfactorio. Al final, el coreógrafo, vestido con sobriedad, con sandalias (thongs o flip-flops) de playa, tuvo que salir al proscenio infinidad de veces, rodeado de todos los que contribuyeron al éxito.

   
 
 
 
"El visitante", de la coreógrafa Tania Pérez-Salas, una nueva creación interpretada por la compañía Mnemosine.
Foto: José Jorge Carreón. Gentileza de Mnemosine.
 
 
 

Imágenes del alma
Por Patricia Aulestia (México)

Después de ocho años de trayectoria, la compañía Mnemosine, dirigida por la valiosa bailarina y prometedora coreógrafa Tania Pérez-Salas presentó un programa que refleja su evolución coreográfica. Pese a que su fundadora considera que la danza es el arte más castigado de México porque se menosprecia como profesión, la compañía consiguió sobrevivir a estos embates.

Las obras de Mnemosine no cuentan historias sino que se refieren a obras literarias o plásticas. Las coreografías emergen de ámbitos diversos como la fotografía y la pintura, en una búsqueda que pretende crear imágenes visuales que logren conmover y tocar el alma del espectador.

Pérez Salas se ha propuesto luchar por tener teatros llenos y buscar auspicios para cada una de sus producciones. Tal vez esto sea lo que la diferencia de sus otros colegas que solamente se entregan al proceso de creación. Prueba de ello fue la última función que presentó en la Sala Covarrubias en la cual un público joven -que abarrotó el teatro- la ovacionó de pie.

El "Visitante", "Las horas" (2001) y "Anabiosis" (2000) conforman el programa que también se presentará en la Bienal de la Danza de Lyon del 20 al 22 de septiembre y en el Mercado Mundial de Artes Escénicas de Montreal del 19 al 23 de noviembre.

En el "Visitante" Pérez Salas recrea un mundo desolador, seres contemporáneos perdidos en sus propias obsesiones, solitarios aún en compañía, cuerpos mecanizados, automatizados, indiferentes, vencidos, que llegan a la violencia cuando sacuden sus miserias, que se desmoronan una y otra vez ante un ambiente depresivo, que no encuentran salida y deambulan extraviados. Similares acciones que se repiten reiterativamente a través de todas sus coreografías, esta vez, reforzadas por la música de Plastikman, Consumed The Delta y System 7. La amplitud del escenario desnudo y el movimiento de bloques escenográficos dan un marco angustioso y devastador.

Metáforas regidas por el movimiento, apoyadas en una puesta en escena espectacular, con elementos escenográficos y de iluminación ofrecen un perfil estético especial. "Las horas", por su parte, es una obra femenina basada "Las horas", de Michael Cunninghamm, y "Océano mar", de Alessandro Baricco, textos que disparan la imaginación de la coreógrafa. Inspirada en "La llama doble" y "Amor y erotismo", de Octavio Paz, Pérez-Salas recrea una poética esencial del movimiento que se plasma en "Anabiosis" y reafirma su estilo a través de la consistencia conceptual.

Su aporte coreográfico cautiva y emociona al ser interpretado por cuerpos excepcionalmente educados que llegan al unísono a incursionar en movimientos amplios, precisos, virtuosos, sensibles, expresivos. Los bailarines Alejandra Llorente, Débora Díaz, Jessica Sandoval, Gustavo Sanders, Ugo Ruiz, Iván Vega, Carolina Patiño, Graciela Navarro, Emir Meza, Mario Alberto Frías y la misma Pérez-Salas muestran su plenitud técnica e interpretativa.

Mnemosine es una compañía singular, destaca por la belleza de sus talentosos integrantes y por la entrega de su joven coreógrafa que aún tiene mucho por crear. Tras los resultados artísticos se percibe un arduo y disciplinado trabajo.

 
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El Amor y las Dríadas de "Don Quijote", en el aparatoso montaje de Les Ballets Trockadero de Monte Carlo.
Foto: Sascha Vaughnn. Gentileza de Ellen Jacobs Associates.

   
     

Una vez más: Los Trocks
Por Célida P. Villalón (USA)

Conocido afectuosamente como "Los Trocks", este grupo (que podría llamarse "veterano" dado que lleva más de veinticinco años sobre las tablas), tiene sus seguidores, a pesar de no gustar a todos los públicos. A algunos les resulta cómico ver hombres de alta estatura, hombros atléticos y piernas y brazos musculosos, vestir tutús, calzar zapatillas de punta y usar adornos en la cabeza, mientras otros consideran el espectáculo una falta de respeto a esa disciplina tan exquisita que se conoce como ballet. Sin embargo, mantener activo un repertorio de obras antiguas que muchos conjuntos modernos tiran por la borda en favor de piezas nuevas, merece de antemano que se le preste atención a su trabajo. Si hace años los Les Ballets Trockadero de Monte Carlo eran menos proficientes, hoy día, entrenados seria y diestramente por Pamela Pribisco, se atreven a atacar la técnica con gran desparpajo e igualmente pueden levantar las piernas alto, que hacer rápidos "bourrées" en punta. Como nota adicional hay que destacar que cada intérprete usa en el programa más de un nombre, de acuerdo con el sexo que le toque interpretar. Todos ellos invocan a una estrella de la era en la cual el ballet era potestativo de los rusos (o soviéticos).

Antes de abrirse el telón, una voz con fuerte acento ruso, a través del micrófono, prepara al público para las excentricidades que va a presenciar. Un chiste repetido en demasía, sin embargo, puede perder su impacto; es por ello que el primer ballet del programa, el segundo acto de "El Lago de los Cisnes", resultó el más efectivo. Svetlana Lofatkina/Fernando Medina Gallego, como Odette, hizo gala de buenos "arabesques" e infinidad de "pirouettes". Al mismo tiempo, le sacó buen partido a las situaciones chistosas intercaladas en la trama. Igor Slowpokin/Manolo Molina, como Benno, ayudante del Príncipe, casi le roba el sitio estelar a Sigfrido, Pepe Dufka/Raffaele Morra, quien no deja entrever siquiera una sonrisa para hacer más notable su languidez. No podían faltar los cuatro cisnecitos del Pas de Quatre, que aquí hicieron travesuras a granel.

De las otras obras presentadas, el solo "a lo Degas", titulado "Debut at the Opera", original de Agnes de Mille sobre música de Delibes, pasó sin pena ni gloria, y lo mismo puede decirse de "La Vivandiere", una antigua pieza de Pugni-Saint-Leon, con seis "ballerinas" y una pareja principal, donde lo más simpático resultó ser la diferencia de estatura entre la solista, Nadia Rambova/Jai Williams, de aproximadamente seis pies, y su compañero, Kravlji Snepek/Hiroto Natori, de escasos cinco y medio. El Paso a Dos de "Stars and Stripes", de Souza-Balanchine, que Robert La Fosse montó a Robert Carter y Jason Hadley, proveyó los suficientes "fuegos artificiales" para que el auditorio aplaudiera a rabiar. El fin de fiesta lo ocupó un "Don Quijote" lleno de variantes, donde no aparecen ni el Don, ni Sancho Panza y por otro lado, Lorenzo, el padre de Quiteria se convierte en una mamá regañona que amenaza a todos con una escoba. La traviesa señorita y su barbero, Molina (como Quiteria) y Medina Gallego (como Basilio), son unidos por los flechazos de un Amor gigantesco, interpretado por Williams, que baila rodeado de imperturbables y míticas dríadas. Como era de esperar, al conocido Grand Pas de Deux final no le faltaron el coqueteo del abanico, ni los treinta y dos "fouettés" obligados de Quiteria.

   
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  Transparencias, abstracción y protagonismo de música y movimiento son los ejes de "Holberg Suite", de Tony Fabre, interpretada por la CND2.
Foto: Michael Slobodian. Gentileza de CND.
   
   
   

La fuerza de la juventud
Por Noemí Sabaté (España)

La colaboración habitual de la Compañía Nacional de Danza (CND) en el Festival Grec de Barcelona, se concretó este año con la presentación de la Compañía Nacional de Danza 2 (CND2). Esta compañía, creada en octubre de 1999 por iniciativa de Nacho Duato, es un trampolín entre el mundo profesional y los conservatorios y escuelas de danza. Todos los años, en septiembre, entran doce bailarines que tienen entre 17 y 21 años, de los cuales el 60% son españoles. Todos ellos permanecen en el grupo sólo por dos temporadas consecutivas como máximo, luego se incorporan a la CND o a otras compañías de danza del exterior.

La CND2 llegó a Barcelona con la voluntad de acercar la danza al público y convertirse en una presencia habitual en la capital catalana. Coherente con este propósito, escogieron un teatro no especializado en danza, el Poliorama, para realizar doce actuaciones. En cada una de ellas lograron colgar el cartel: "No hay más localidades".

Obras de Duato, estrenadas en temporadas anteriores como "Duende", "Na floresta" con música de Heitor Villa-Lobos y Wagner Tiso y "Sinfonía india" con música de Carlos Chávez integraron los dos programas que presentó la compañía. Otro punto interesante fue la presentación de trabajos de jóvenes coreógrafos como Yoko Taira, Patric de Bana y Tony Fabre.

Ocho bailarines, con un vestuario negro extremadamente transparente interpretaron "Holberg suite", de Fabre. La obra está inspirada en la música que Edvard Grieg -primer compositor escandinavo conocido internacionalmente-, compuso para la celebración del bicentenario del nacimiento del dramaturgo noruego Ludvig Holberg, también conocido como el "Moliere del Norte". Un trabajo abstracto, sin una relación argumental y con ausencia absoluta de escenografía, deja los papeles protagónicos a la música y a la coreografía y permite al coreógrafo una total libertad de creación. No obstante, Fabre forma parte del pasado más formal, previsible, perfecto y riguroso de los primeros tiempos de Duato.

En "Holberg Suite", dos de los bailarines encontraron el estilo justo y demostraron una gran madurez interpretativa, el resto no logró hallar la expresividad necesaria. Algunas imprecisiones en el enlace de las frases, miradas en direcciones diferentes y estilos -quizás- excesivamente clásicos se evidenciaron en la interpretación de esta obra.

Aires refrescantes trae "Érase una vez...", una obra que posee una estética más próxima al mundo del teatro y al de los cuentos, con coreografía de Yoko Taira y música tradicional japonesa de Joji Hirota y Shoji Yamashirol. Taira exige a sus bailarines más dotes interpretativas que técnicas, y eso se extraña. Presenta un mundo de sueños al que le falta concreción para dar credibilidad a sus personajes.

"Duende", una de las piezas más reconocidas de Duato por su riqueza de registros, ampliada desde lo que podría llamarse "la mediterranización lírica del coreógrafo", fue la mejor de la noche. Fue estrenada con anterioridad por el Nederlands Dans Theater en el AT&T Danstheater de La Haya en 1991 y por la CND en el Teatro de la Zarzuela de Madrid un año más tarde. Las ideas de Duato a la hora de crear una coreografía van precedidas de la elección de la música. En este caso su fuente de inspiración es la música de Claude Debusy: "Pastorale y Finale de la Sonata para Flauta, Viola y Arpa", "Syrinx" y "Danse Sacrée et Danse Profane". Duato crea una coreografía sin argumento, prácticamente escultural, en la que cuerpo y melodía construyen su propio universo.

La decisión de incorporar "Duende" en el repertorio de la CND2 se debe a que la compañía logró superar el nivel del año anterior. Las características de la música y el planteo coreográfico permitieron que los bailarines se entregaran plenamente a la propuesta. Una coreografía compleja y rica en registros, así como abarrotada de movimientos que no permiten el más mínimo error.

La creación de esta compañía-puente es una muy buena contribución al mundo de la danza desde un doble objetivo: la puesta en contacto con el mundo profesional por parte de los jóvenes que acaban sus estudios de danza y la creación de una cantera que nutra a la CND. Los bailarines de la compañía, Lucía Barbadilo, Erika Bouvar, Débora Maiques, Andrea Méndez, Inés Pereira, Edurne Sanz, Raquel Rey, Gabriel Blanco, Francisco Bosch, Jonathan de Luis Mazagatos, Raúl Díaz-Maroto, Johannes Dohl, Héctor Torres y Miguel Ángel Pla, seducen rápidamente a espectadores y críticos. El depurado nivel técnico, ejecutado con el vigor, el dinamismo y la precisión que han caracterizado siempre a los bailarines de Duato, se hace evidente en cada obra. Esta compañía que emana creatividad y un entusiasmo contagioso, permite vislumbrar un rico futuro para la danza contemporánea en España.

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Susana Reyes recupera la memoria colectiva del hombre a través de su espectáculo de danza butoh, "Memorias de arcilla".
Fotos: Dolores Ochoa R.
 
 
 

Puentes de la memoria
Por Patricia Aulestia (Ecuador)

Susana Reyes, la coreógrafa, bailarina y maestra ecuatoriana, vive un proceso creativo en el que ya no hay nada que representar, sólo desear ser. Estos 25 años de trabajo fueron como un torrente que no se detuvo en escarbar los misterios de los orígenes. Su vida con la danza estuvo plasmada a través de la exigencia en busca de un arte puro, humano, verdadero, sin ataduras de códigos ni conceptos preestablecidos. Reyes siempre buscó un compromiso con la vida.

Su último espectáculo, "Memorias de Arcilla", se estrenó en Quito, Ecuador. Obra anunciada como danza butoh de los Andes que intenta sumergirse en las profundidades del alma y el cuerpo a través del misterio primigenio del barro y la arcilla.

Producto de un largo y minucioso proceso de investigación, y de una búsqueda por los terrenos de los recuerdos y del subconsciente, la pieza de Reyes surge como un nuevo ritual escénico creado mediante un universo de greda en el que se amalgaman la danza, la música, la fotografía y las instalaciones. Un torrente de imágenes y sensaciones que movilizan los sentidos. Estos materiales estéticos brotaron de un largo encierro en su propio mundo: elementos que conforman su vida y la de todos, el ser de barro, sangre y esperanza. Cada uno de ellos constituye una evocación del proceso evolutivo del hombre y su relación con la tierra, el aire, el fuego y el agua, padres y madres que dan vida a la arcilla. Desde estos recuerdos Reyes buscó las manos curtidas y la voz antigua de las madres alfareras, el corazón hundido en el barro de los escultores y el tibio candor de cuerpos danzantes. Los buscó para decir: "esto somos y esto soñamos."

En esta obra, estructurada en nueve escenas, la coreógrafa entreteje sensiblemente diversos momentos, inmersos en el mundo orgánico del barro, primera forma de materialización del espíritu del hombre. "Memorias de Arcilla" establece un contacto profundo, visual y sensitivo con el espectador y lo sumerge en una atmósfera que lo conduce al encuentro con su propio ser, con su historia y con su futuro. Por otra parte, conjuga un universo de sonidos e imágenes, enriquecido sólidamente con la obra musical de Moti Deren (voces y espíritus de vientos, ríos, montañas y seres originarios de estas tierras) y el montaje de una instalación de trabajo colectivo en el que se oficia la danza.

Su escenario de representación son los vastos espacios del Banco Central del Ecuador, lugar donde se exhibe una majestuosa colección de elementos sagrados y de uso cotidiano de diversos pueblos y culturas ecuatorianas. Todos ellos se funden con el espíritu de esta obra. Allí la danza se convierte en un nexo entre el mundo de la greda y la reminiscencia del espectador. Las acciones se concentran en una especie de espiral de diferentes tipos y colores de tierra que forman una gran vasija madre como escenario, ubicada en el centro mismo de la sala. En el contorno de esta gran espiral se instalan cántaros de diferentes formas y orígenes, pedazos de vasijas y piezas arqueológicas que crean escenarios paralelos de los que salen cuatro rampas como puertas, dirigidas hacia las cuatro direcciones donde se ubica el público. El rededor del edificio queda visualmente integrado a este escenario. Reyes, hundida en estas vasijas antiguas incursiona por las sendas sagradas del amor, la vida, la muerte, la cotidianidad y el rito.

Vasijas que son mujeres, madres, ataúdes, cuna y el universo mismo. Cántaros rotos como la historia misma del ser humano, recipientes de barro de los que aún nacen nuevos hijos, pájaros y flores de arcilla eterna. Alrededor de esta nueva obra se halla un equipo de creadores que abrigan este espectáculo único.

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Merce Cunnigham, el calígrafo del movimiento
Por Fátima Nollén (Londres)

No importa qué pase en el mundo, no importa qué edad se tenga, un artista siempre está creando. Y la nueva criatura de Merce Cunnigham, "Fluid Canvas", vio la luz por primera vez en el Teatro Barbican de Londres, como producto de un convenio entre el ciclo americano Dance Umbrella y su par londinense BITE, quien co-comisionó la obra para presentarse aquí como parte de los festejos de los 50 años de la Merce Cunningham Dance Company.

Padre del movimiento por el movimiento mismo, salido de las filas de otra grande, Martha Graham, a su vez maestra del drama y de las emociones en la danza moderna. Cunnigham continúa siendo, a los 83 años, un innovador, curioso del movimiento, aunque su transgresión ya se haya convertido paradójicamente en un clásico.

Sus obras no siempre resultan fáciles de deglutir, pero siempre marcan claramente la búsqueda de nuevas posibilidades de movimiento para el cuerpo de sus bailarines que, constantemente, desafían la gravedad y el normal posicionamiento de la forma humana para parecer otros cuerpos de la naturaleza.

"Fluid Canvas" es una coreografía en la que dieciséis bailarines exploran diferentes secuencias de pasos en distintas direcciones, lo cual otorga al espectador la libertad de seguir a uno o a otro grupo, pero difícilmente, apreciar el todo. Si bien su belleza es indiscutible, esta obra no es muy diferente de otros trabajos. Sin duda, la calidad técnica de los intérpretes hace que cada paso y cada transición de una posición a otra –siempre por primeras para llegar a segundas y cuartas muy abiertas y colocadas–, resulten de ejecución brillante y de fácil lectura. Torsos y brazos, con mallas metálicas en grises y púrpura (de James Hall), siguen un ritmo diferente del de las piernas. Hay por momentos, composiciones de dúos y tríos interesantes, así como un final linear y con algo de canon. Un telón de fondo transmite fantásticos diseños digitales (de Marc Downie, Shelley Eshkar y Paul Kaiser con el software Lifelike), tal vez de un espacio sideral, que se alterna con las propias manos de Cunnigham, quien parece digitar desde allí a sus bailarines, a modo de un hábil titiritero, en una excelente caligrafía de movimientos.

La música electrónica de John King, ejecutada en vivo por el autor, con la participación de la pianista Takehisha Kosugi, parece una compilación de sonidos molestos, chirridos, percusión y notas de un piano discordante, que podría simplemente no estar, ya que siendo típicamente Cunningham, la danza no se sostiene en la partitura. Los saltos, equilibrios y el juego de contracciones, torsiones y extensiones hacen de esta obra, lo que su título indica, una tela en la que el movimiento surge, ocurre y se va con fluidez.

La noche concluyó con la reposición de "Interscape", una obra de gran color, tanto en el "décor" como en los "leotards", ambos de Robert Raushemberg, que contrasta con el estudio para violoncelo de John Cage "One8 and-or 108" lleno de silencios y exploración sonora.

Nuevamente el excelente conjunto ofrece un desempeño impecable, en el que cabrioles, pirouettes y souplesses mientras mantiene un arabesque o un relevé, parecen de ejecución fácil y cotidiana, cuando en realidad su lentitud y duración pueden resultar agobiantes. Solos y dúos dan origen a un trío en el que los bailarines participan por turnos -de a tres en escena-, para llegar luego a un inesperado final.

Fue una noche que celebró los 50 años de un hacedor de la danza, un amante de la vida, un artista que con su temple incansable trajo el antídoto contra la tristeza del recuerdo del primer año del ataque contra las Torres Gemelas. Merce fue ovacionado de pie.

 

 
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