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Educación
y voluntad
(Parte II)
Por Natalia
Sokovikova (Rusia)
i
bien es cierto lo dicho anteriormente (Parte I) respecto
de la forma en que el niño incorpora las herramientas
de trabajo y trata de esforzarse para tener en cuenta
cada una de las posiciones aprendidas, surgen algunos
problemas en función de esta experiencia. Muchas
veces pasa largo tiempo antes de que se encuentren errores
y, tal vez a esa altura, el estudiante ya tuvo tiempo
de fijar la preparación incorrecta. En segundo
lugar, no todos los maestros son capaces de reconocer
como propios los errores de aprendizaje. La falta, generalmente,
recae sobre el niño. En este caso, la maestra,
en lugar de corregir el error desde la raíz,
es decir, en el basamento de las herramientas de trabajo,
trata de enmendarlo relativamente y se agrava aún
más el problema.
Otro
inconveniente que se presenta es cuando el maestro deja
al niño en descanso, lo cual provoca una sensación
de balance natural, una sensación que no puede
ser estable. Todo ello infringe el trabajo muscular
y ese error, como una espina, puede continuar complicando
el trabajo y el mejoramiento del proceso para desarrollar
los reflejos estáticos y cinéticos que
conservan el tono muscular durante toda la clase.
La
retención del tono muscular es demasiado compleja
para la capacidad intelectual del niño, lo cual
no permite guardar en la memoria las imágenes
que provienen del maestro. Es necesario que el profesor
recuerde que enseñar danza no crea precondiciones
de formación. Las situaciones confusas y la falta
de una motivación concreta reducen el tono muscular
y la actividad máxima del sistema nervioso. Mientras
que la disposición activa de los hemisferios
cerebrales, genera mejores condiciones para la comunicación
temporaria.
En
el desarrollo de los movimientos para la danza clásica
es necesario aplicar un fuerte esfuerzo de voluntad
para poder aproximarse al estándar. En ese trabajo
el maestro no debe romper con las leyes individuales
de la biomecánica, la psicología y la
estética de la danza clásica. Al principio
del entrenamiento, la voluntad del alumno no está
en condiciones óptimas y puede desarrollar malos
hábitos. Como consecuencia, esto puede ser la
razón del traumatismo.
La
ingeniería específica de la danza clásica
requiere una habilidad adicional que es conveniente
que sea guiada en el proceso educativo. Ese talento
adicional es necesario para traer, a través de
la improvisación, el impulso de las reacciones
que da lugar a que los músculos se hagan más
fuertes.
Los
impulsos que se producen durante las improvisaciones
permiten que surjan los rasgos del carácter,
los cuales se van definiendo gradualmente hasta convertirse
en parte del talento personal. La realización
de cualquier actividad es imposible sin la participación
de la conciencia.
Es
necesario tener en cuenta dos aspectos durante el entrenamiento
para la danza, la sensibilidad y la conciencia. La conciencia
tiene como principal característica el manejo
de cada acción. A cualquier movimiento de danza
clásica debe preceder una imagen o representación,
la cual es estándar en todo movimiento. Pero
esto no existe en sí mismo, deriva de la música.
Si la música de la lección no corresponde
al movimiento, el proceso de dominio de ese movimiento
se retrasa en el tiempo.
La
actividad mental del hombre está contenida en
tres partes interconectadas entre sí: el aspecto
cognitivo (que incluye: sensaciones, percepciones, memoria,
pensamiento e imaginación), el emocional (determina
la actitud del hombre) y la fuerza de voluntad (regula
el comportamientos). Como resultado de la interacción
de estas tres partes, emerge un andamiaje complejo el
cual está incluido en la función de la
estructura mental de la actividad del hombre: motivación,
orientación, temperamento, carácter y
habilidad.
La
educación de la voluntad en los niños
entrenados para la danza está basada en el entrenamiento
de la actividad personal, la cual se sustenta en el
amor a la danza y nace como consecuencia psicológica
de la necesidad del movimiento y de la responsabilidad
musical. El niño que se entrena para la danza
clásica debe estar intelectualmente listo para
educarse a sí mismo en la disciplina interna
y externa; debe prepararse a la propia restricción,
a los esfuerzos del entrenamiento físico, al
mantenimiento de una forma de alimentación, a
los sueños, a la tolerancia frente al entorno
y a la pasión. Para lograr el desarrollo de todos
estos elementos recibirá la ayuda del maestro.
La voluntad es subordinación de los sentimientos
y la inteligencia está basada en una moral determinada.
"El
problema del desarrollo de la voluntad a través
de una imagen está conectada al problema de la
formación de las cualidades morales de la persona".
A. Jeims (1905), considera que la tarea de la fuerza
de voluntad no consiste en el motor de realización
de la idea al suplantar una idea por otra. Ese predominio
es enriquecido con la ayuda de la atención.
A.
Benn explica la habilidad para imitar, como la suma
de las conexiones guardadas entre las impresiones visuales
externas y los movimientos realizados. Esta habilidad
juega un rol esencial en el desarrollo, no sólo
del movimiento sino en la educación de la voluntad.
Por lo tanto, el comportamiento diario del maestro es
importante. Las cualidades del futuro bailarín
dependen de la experiencia y habilidad del maestro,
quien debe ser un ejemplo para el alumno.
Ver
parte I
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