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Morir
de amor
Por Maritza
Gueler (USA)
Al
llegar al final de la temporada, el San Francisco Ballet
presentó dos programas en los que, sin duda,
mostró una compañía versátil
para encarar diferentes géneros y estéticas,
y al mismo tiempo, un grupo homogéneo, de buen
nivel técnico. El Programa 7, estuvo integrado
por tres obras, dos de ellas estrenadas en años
anteriores, "Silver Laders", de Helgi Tomasson
(1998) y "Sandpaper Ballet", de Mark Morris,
cuya presentación mundial fue en 1999, también
en el Memorial Opera House de San Francisco. En este
mismo programa, el SFB estrenó "Damned",
del joven coreógrafo y bailarín de esta
compañía, Yuri Possokhov, con música
de Maurice Ravel. La pieza está basada en "Medea",
de Eurípides.
"Damned",
fue interpretada en la noche de apertura por Joanna
Berman, en el último nuevo rol de su carrera,
dado que la bailarina decidió retirarse al finalizar
esta temporada. Roman Rykine, acompaña a Berman
en el rol de jasón. Este tributo que Possokhov
hizo a su compañera de escena tiene ideas interesantes
desde el punto de vista coreográfico, como también
aciertos en cuanto al desarrollo de la trama argumental.
Exige, sin duda, la interpretación de una bailarina-actriz
que sepa encontrar los climas justos para contar el
drama de una mujer enceguecida por el odio y la desolación,
que mata a sus hijos para vengar la traición
de Jasón, el hombre por el cual traicionó
a su país y a su padre, mató a su hermano
y huyó a otras tierras.
La
escenografía de Thyra Hartsthorn, logra momentos
atractivos en los que describe, a través de símbolos,
la sordidez por la que transitan los personajes. Un
coro de dieciséis bailarines sirven de vehículo
para enlazar las secuencias de esta historia donde se
destaca el lirismo del primer pas de deux entre la Princesa
y Jasón, como el trágico pas de deux entre
Medea y Jasón, casi al final de la obra.
El
Programa 8 y último de la temporada, tuvo como
protagonista en la noche de apertura a Lorena Feijoo
en una muy buena interpretación de Giselle. La
versión de este clásico de la danza clásica,
está basada en la coreografía de Helgi
Tomasson, sobre las anteriores de Marius Petipa, Jules
Perrot, Jean Coralli.
"Giselle"
tuvo su primera presentación en 1841 en el Ballet
de l Opera de Paris y los roles principales estuvieron
a cargo de Carlota Grisi, Lucien Petisa (Albrecht) Adele
Dumilatre (Myrtha) y M, Simon (Hilarion). Obra maestra
del teatro danza del Romanticismo donde se funden todas
las posibilidades técnicas, estilísticas
y dramáticas, que obligan a la protagonista a
un verdadero "tour de force".
El
elenco de esta puesta del SFB se completa con Yuri Possokhov
como Albretch, Damian Smith como Hilarion y Muriel Muffre
en una magnífica y acertada interpretación
de Mirtha. Muffre exhibe su delicada técnica,
impecables brazos y la actitud distante, severa, y al
mismo tiempo etérea que requiere la Reina de
las Wilis.
La
puesta en escena no escatima esfuerzos de producción:
perros y pájaros en el escenario para la primera
parte de la obra, y un bosque enigmático donde
los árboles abren y cierran los caminos durante
el desarrollo de las diferentes escenas del segundo
acto.
El
cuerpo de baile logra un perfecto ensamble técnico,
de gran precisión, e imprime a cada una de las
secuencias el carácter necesario para hacer más
encantador aún ese bosque donde moran las Wilis.
Possokhov tiene un mejor lucimiento en el segundo acto,
al igual que Feijoo, quien encuentra las sutilezas necesarias
para el personaje. Belleza y esplendor describen a esta
cuidada puesta que cerró la temporada del San
Francisco Ballet.
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Joanna Berman, en su despedida del San Francisco
Ballet, interpreta a Medea junto a Roman Rykine,
en la obra que Yuri Posskhov realizara para ella.
Foto: Weiferd Watts. Gentileza del San Francisco
Ballet. |
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"Concierto
de Aranjuez", esplendorosa estampa
del Ballet Nacional de España
(Foto: Fernando Marcos).
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El
sol de España
Por Célida
P. Villalón (USA)
El
Ballet Nacional de España, bajo la dirección
artística de Elvira Andrés, volvió
a visitar la ciudad de los rascacielos, y trajo
un repertorio variado que no es precisamente ballet
académico, a pesar del nombre que ostenta
la compañía. La propuesta estuvo
basada en una combinación de exquisitas
y estilizadas estampas españolas, entre
las que surgió como una joya de muchos
quilates el "Concierto de Aranjuez",
compuesto por la eximia Pilar López, en
1952, sobre la inmortal partitura de Joaquín
Rodrigo.
El
nutrido conjunto, que integran además de
bailarines, cantaores y músicos, es merecedor
de aplausos por la buena disciplina que poseen,
que va acompañada de un calor hispano muy
característico, desplegado con enorme gusto.
Las mujeres, hermosas y plenas, llevan la sensualidad
a flor de piel con gran "salero", mientras
los hombres son garbosamente masculinos. La compañía,
desde su fundación en 1978, ha contado
con varios directores generales o artísticos,
entre ellos, Antonio Gades, a quien siguieron
María de Ávila, José Antonio,
el trío formado por Aurora Pons, Nana Lorca
y Victoria Eugenia, Aida Gómez, y la actual,
Elvira Andrés, a partir del 2001.
El
programa de la corta temporada del City Center
(sólo cinco funciones), fue un muestrario
de danzas de variadas raíces, entre las
que ocupó el lugar de honor el "Concierto
de Aranjuez".
La pieza comienza en un jardín que sugiere
ser perfumado, con varias majas que coquetean
con sus enamorados mientras suenan las castañuelas.
Luego, cae la noche, y aparece una misteriosa
mujer, Mayté Bajo, quien se cubre el rostro
con una mantilla de encaje negro, mientras hace
evoluciones con cuatro galanes, hasta desaparecer
calladamente y dejar a los pretendientes en compañía
de otras tantas doncellas que quedan solas al
final.
La esplendorosa tercera escena sucede en un deslumbrante
salón palaciego donde ocho parejas, con
lujoso vestuario de Víctor Cortezo y Pedro
Moreno, de color blanco, con ricos adornos dorados
y redecillas en la cabeza, se dejan arrastrar
por la música en una variedad de danzas
de la más elegante y antigua tradición
española.
Entre
las otras piezas del programa sobresalieron "A
Mi Aire", coreografiada por Victoria Eugenia,
sobre música de Enrique Granados-Ernesto
Halffter. Un atractivo exponente de la escuela
bolera, en las deliciosas vueltas y pies ligeros
de Kira Gimeno, quien coquetea con el abanico
o suena los palillos. También se sumó
a las obras destacadas, "Entreverao",
una farruca compuesta por Manuel Santiago Maya,
conocido por Manolete, que encierra un vigoroso
y viril taconeo a cargo de Francisco Velasco.
"Mujeres" (ganadora del premio de coreografía
del Certamen Coreográfico de Danza Española
y Flamenco de 1993), original de la Andrés,
sobre música de Emilio de Diego y Víctor
M. Martin, es una estampa muy artística
y sensual de seis bailarinas definidas en el programa
como "sensibilidad, fortaleza, vida y danza,
así es nuestro lenguaje", que protagonizan
Bajo y Gimeno.
El
espectáculo finalizó con "Grito",
original de Antonio Canales, con toda la compañía
en escena, a la que se sumaron tres cantaores,
dos percusionistas (uno de ellos tocaba la tumbadora),
cuatro músicos y veinte bailarines que
tenían en las "Alegrías"
a la portentosa Esther Jurado a la cabeza. En
"Soleá", a Mariano Bernal, Jesús
Córdoba y Christián Lorenzo. Todos
hicieron derroche de palmadas, taconeos, brazos
ondulantes y espaldas erguidas. No en balde hubo
quien gritara desde el público, "¡Olé...
Que viva España!"
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Con
otros ojos
Por Maritza
Gueler (USA)
Primero,
una Cenicienta narrada dentro de una casa de muñecas,
con vestuario y máscaras. Algo alejado de los
cánones tradicionales. Luego, tres obras de diferentes
estilos y lenguajes estéticos. En marzo de este
año, el Lyon Opera Ballet, inició una
gira por los Estados Unidos que culminó días
pasados en Los Ángeles. Dos programas formaron
parte de este "tour" que también llegó
al Zellebach Hall de UCBerkeley.
"Cendrillón", con la música
original de Sergei Prokofiev y coreografía de
Maguy Marin es una realización original por su
planteo estético y por el tratamiento de este
cuento infantil. Está considerada por muchos
como una de las obras más representativas de
la compañía que dirige Yorgos Loukos.
La
segunda propuesta se basó en tres obras de diferentes
coreógrafos sobre composiciones de Maurice Ravel.
"Un Ballo" de Jirí Kylián (Le
Tombeau du Couperin y Pavane pour une infante defunte),
"Gaspard", de Tero Saarinen (Gaspard de la
nuit) y "Bolero", sobre la obra del mismo
nombre del compositor, con coreografía de Maryl
Tankard.
La
obra de Kylián, creada para los bailarines del
Netherland Dance Theater II es, sencillamente, una obra
donde la danza y la música se funden en función
de un resultado estético impecable. Belleza en
la composición de imágenes, trabajos grupales
y sincronización. Estos elementos, apuntalados
por tres pas de deux de una gran limpieza en su estructura,
forman parte de esta obra en la que la solidez técnica
de la compañía se pone en evidencia. Candiles
instalados en tres barras de metal que cuelgan en distintas
alturas, constituyen la única escenografía
de esta obra cuyo ascetismo y claridad coreográfica
logra un resultado absolutamente transparente.
Bailarines
que se balancean sobre su propio eje con un leve desplazamiento
que no los aleja de su centro, marca el comienzo de
"Gaspard", de Tero Saarinen, quien elabora
una obra cíclica, con movimientos repetitivos
que evolucionan sobre una especie de leit motiv corporal.
El coreógrafo finlandés trata de encontrar
los dualismos que conforman los estadios de la psiquis.
Por momentos, los bailarines semejan marionetas, en
otros, aparece la seducción, la libertad y la
obsesión, dentro de un clima que no deja de ser
opresivo y oscuro.
Sorpresivo,
inteligente y de gran efecto estético es "Bolero",
una obra tentadora para cualquier coreógrafo
que, a su vez, tiene una larga historia de realizaciones.
"La consagración de la primavera" de
Igor Stravinsky y "Bolero", de Ravel, quizás
sean las obras que más desafíos presenta
a los coreógrafos contemporáneos y al
mismo tiempo, las más peligrosas, dado que siempre
existe una versión memorable que precede a las
nuevas.
Maryl
Tankard, estructuró una coreografía donde
el humor, el drama, la sensualidad y el caos se acoplan
a la propuesta musical. Bajo el principio de las sombras
chinas, el escenógrafo Régis Lansac despliega
en el escenario tres telones en los que se proyectan
imágenes que se transforman a medida que la propuesta
coreográfica adquiere diferentes perfiles. A
modo de personajes oníricos, las sombras de los
bailarines se proyectan sobre el telón, adquieren
diferentes tamaños y van construyendo pequeñas
historias entrecortadas.
Coordinación
y afilada precisión de parte de los intérpretes,
hacen de esta obra una fantástica realización
en la que los bailarines forman parte de un engranaje
estético que impacta y subyuga.
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"Cendrillon", una Cenicienta narrada
en una casa de muñecas, es la propuesta coreográfica
de Maguy Marin que interpreta el Lyon Opera Ballet.
Foto: Gerard Amsellem. Gentileza Cal Performances
UCBerkeley. |
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Hilos
de seda
Por
Maritza Gueler
(USA)
Como
parte de una gira internacional, "The Silk Road
Project", fundado por el violonchelista Yo Yo Ma,
se presentó en el Zellerbach Hall de UC Berkeley
en un espectáculo que incluyó música
y danza como también una exposición de
obras maestras de la pintura china.
La
música: a cargo del Silk Road Ensemble, dirigido
por Yo Yo Ma, la danza, a través de Mark Morris
Dance Group (MMDG). Una conjunción mágica
y hasta sublime, donde cada uno de los elementos que
integraron este espectáculo tuvieron brillo propio.
Tres piezas de Mark Morris, interpretadas con exquisita
solvencia por el grupo dirigido por el coreógrafo,
mostró a una compañía, sencillamente,
brillante.
"World
Power", estrenada en Berkeley en 1995, es una obra
con música de Lou Harrison, interpretada por
el coro Perfect Fifth y miembros del ensamble musical
Gamelan Sari Rarasel. La pieza, estructurada en tríos
y cuartetos de bailarines que se desplazan en una especie
de entretejido celular donde, con sutileza, se enfatizan
texturas y calidades de movimiento. Simple, despojada,
dinámica y exquisita, la obra está plasmada
por ritmos de música de Indonesia.
Con
el estreno mundial de "Kolam", el MMDG presenta
una realización impactante desde el punto de
vista visual a través de un telón que
va cambiando de colores y de diseño a medida
que evoluciona la pieza.
Diez bailarines desarrollan movimientos estáticos,
como si fueran estatuas vivas que van cambiando de posición
cuando la música lo sugiere. Su dinámica
está graduada a través de las sugerencias
musicales de la partitura de Zakir Hussain, quien también
ejecuta tabla y percusión en vivo junto a Yo
yo Ma en chelo, Ben Street en bajo y Etan Iverson en
piano. En esa suerte de evoluciones y transformaciones,
los bailarines irrumpen en la escena pertrechados de
cascabeles en los tobillos para convertirse en hacedores
de una melodía complementaria que enriquece la
idea general.
Estrenada
en el 2001 en Londres, "V" es una suite con
cuatro movimientos para catorce bailarines en la que
los tríos, dúos y trabajos grupales diseñan
secuencias con técnicas netamente contemporáneas
plenas de lirismo. Este fue el primer trabajo de Morris
luego del trágico 11 de septiembre y está
dedicado especialmente a la ciudad de Nueva York. La
música (Quinteto en Mi menor para piano y cuerdas
Op. 44 de Robert Schumann), la coreografía y
el excelente trabajo de la compañía permite
percibir diferentes estadios propuestos por el movimiento
a través de una serie de secuencias elaboradas
con acertada lógica.
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"Kolam" un homenaje a la ciudad de
Nueva York hizo su estreno mundial en Berkeley en
un programa de "The Sil Road Project"
creado por Yo Yo Ma.
Foto: Ken Friedman. Gentileza de Cal performances
UCBerkeley. |
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Tres
por tres
Por Enrique
Honorio Destaville (Argentina)
El
ciclo del Teatro Colón de Buenos Aires satisface
doblemente, por su integración, y por el éxito
de los bailarines del Ballet Estable del Teatro Colón,
compenetrados con las variantes contemporáneas
estrenadas en "Tres por Tres", título
del programa mixto. Junto a ellos, la Orquesta Estable
del Teatro Colón.
Inició
una obra de Carlos Trunsky, coreógrafo joven,
surgido de las filas del Ballet Estable del Teatro Colón,
formado en la composición con alguien tan creativo
como Oscar Araiz. Trunsky viene dando muestras de talento
coreográfico desde tiempo atrás. Pero
esta vez, con "Clamare", presentó la
concreción cabal de ideales propios de su concepción
renovadora, que marcha pareja con la estética
ligada íntimamente con la belleza y la musicalidad.
Valga la apreciación tan impresionista, esto
es una bendición para la danza contemporánea
argentina, a veces tan volcada a la palabra, al grito
¡y a la caminata! Tres elementos que corresponden
al teatro de prosa más que a la danza.
"Clamare"
cuenta con escenografía de Diego Siliano, moderna
y fragmentariamente extraída de las pinturas
de la Capilla Sixtina, que colaboran con el impacto
visual que componen los bailarines en escena. Efecto
singular y de auténtico arte: su plástica
del movimiento, surgida de inquieta y rica espiritualidad.
Ante una puesta en movimiento de escenas surgidas de
cuadros y frescos del Renacimiento, el creador no abandona
su pincel contemporáneo y dota a la obra de contenido
sensible y conmovedor. Pasos de extracción clásica,
libertad en ciertas formas, producto del movimiento,
música de Haydn que da apoyatura a la espiritualidad
notablemente adaptada por Pablo Saraví, vestuario
refinadísimo de Marta Albertinazzi, eclecticismo
exacto. "Clamare": éxito de Carlos
Trunsky. Y también, la delicada expresividad
de los bailarines.
"Humanitas"
de Rodolfo Lastra trajo finalmente la obra estrenada
en el ballet del SODRE de Uruguay. Lastra expresa muy
bien aquí y a través de los bailarines-símbolos,
vestidos colorida y opuestamente por Mini Zuccheri,
el fulgurante caudal de contrastes temperamentales que
brinda la "Rapsodia sobre un tema de Paganini",
de Rachmáninov. Lenguaje más clásico
el del coreógrafo, manifestado con libertad,
que incursiona en la sorpresa romántica. Compone
así una interesante obra sostenida por tres puntales
exponentes de cada temperamento: romántica y
suave Gabriela Alberti (magnífica plasticidad
en el movimiento de brazos); bailarina de ataque plena
de brío, Graciela Bertotti; musical aptitud y
limpieza técnica de Lourdes Arteaga. De vital
fuerza Alejandro Parente y homogéneo el acompañamiento
grupal. La Orquesta Estable dirigida por Calleja estuvo
mejor en Haydn. En Rachmáninov, el pianista Adrián
Martínez ejecutó bien su parte. Finalmente
la obra de Ana María Stekelman "Aire de
Tango" aportó a las obras presentadas, la
vertiente del tango-fusión, original unión
del tango-baile con la danza contemporánea, cultivada
por la coreógrafa, quien logró significativas
muestras de su creación. Realmente, Stekelman
supo lucir su obra en el amplio escenario del Colón.
Con apoyatura musical de antiguos tangos grabados, logró
atraer al público, conmocionado por el despliegue
técnico del lenguaje de Stekelman que bien estiliza
el tango, como recurre a arrojados movimientos de connotaciones
dramáticas, hasta acrobáticos, de contenido
evocativo. También atribuye estados anímicos
a su danza en relación con la fuerza de la música,
y la suavidad del vals elegido ("Turbillón
de besos", de Nazareth). Jorge Ferrari vistió
sobriamente al elenco, cargando tintas sobre el negro,
toda una connotación para la obra. Y los bailarines
cumplieron, compenetrados con la concepción de
Stekelman. Notable, Maricel De Mitri, Natalia Saraceno
en inhabitual papel de "naifa constante",
y un muy buen trabajo del elenco de bailarines.
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