Talento con cuatro temperamentos
(Parte III)
Por Natalia Sokovikova (Rusia)

n función de las características de cada alumno, el maestro o el coreógrafo, deben saber para quién y con qué finalidad están enseñando, y organizar su plan en función del futuro que cada uno de ellos pueda tener dentro del ballet. Es necesario desarrollar las cualidades y la inteligencia del alumno para no convertirlo en un "muñeco de teatro". Actualmente se pueden ver muchas actuaciones artificiales en los teatros, debido a que gran parte de los bailarines no tienen al coreógrafo cerca y siguen el modelo de un video que les sirve como monitor y guía. Tal como ocurre con los niños de jardín de infantes, muchos bailarines se basan en la imitación y la copia de los trabajos de otros, incluso para los roles importantes.

Si bien para el aprendizaje de los jóvenes o de los niños, la imitación es uno de los más efectivos métodos de entrenamiento, para los adultos, tal como asegura Pavlov, "la imitación es anormalidad." La inteligencia es una capacidad inherente al desarrollo del pensamiento en cuanto a la forma de conocimiento y a la reflexión sobre la validez objetiva de las cosas. La preservación y la reproducción de la experiencia de un individuo se relaciona con la memoria. La memoria, en el período que abarca desde los 10 hasta los 14 años está bastante avanzada, pero no se trata de la "memoria motora", que en del ballet clásico muchas veces se la nombra como "memoria muscular" en un sentido figurado.

La memoria motora toma su propio curso durante las ocupaciones regulares, y también, durante todo el entrenamiento. Para los deportes, por ejemplo, es suficiente seleccionar niños con una memoria motora brillante, que se evidencia en destreza y habilidad. En el alumno de ballet clásico, la memoria motora se combina con la emocional. En algunos de ellos, la memoria emocional puede ser más fuerte que otras clases de memoria. En este caso, el colegial adquiere la capacidad de asociar movimientos a través de la danza. La representación visual en combinación con lo acústico, prevalecen sobre la memoria figurativa del niño y permiten desarrollar el talento artístico a través de la mirada, lo cual lo ayudará en su capacidad creativa como profesional.

Las capacidades del niño para la danza clásica, se expresan, en primer lugar, en la predisposición para adaptarse a lo básico y luego seguir con el desarrollo físico posterior, con la capacidad actoral y con la habilidad de poder reconocer los datos musicales necesarios regulados por el lenguaje de la danza. Esas capacidades se descubren a través del dominio de la ingeniería de la danza. Los niños que no se entrenan para bailar, no pueden mostrar nada, ni demuestran sus capacidades fuera de esa esfera. No obstante, antes de que las predisposiciones de conviertan en habilidades, el niño deberá pasar un largo camino de desarrollo. Para algunos, ese desarrollo será fácil. Otros, en cambio, deberán pasar por un largo proceso de entrenamiento.

Durante ese desarrollo, según L. Vygotsky el bailarín tendrá que atravesar un número de etapas:

1- Desarrollo de las capacidades generales, que abarca el período racional hasta los 7 años. Esta maduración de las estructuras orgánicas es necesaria para la formación básica de la funcionalidad del cuerpo y para la realización de la capacidad dada.

2- Desarrollo de habilidades especiales, promovido a través de cierto entorno que impulsa al despertar y al desarrollo de estas capacidades, como por ejemplo, un ambiente que estimule las condiciones vocales, musicales y corporales. Esta etapa está conectada con el período emocional del desarrollo entre los 7 y los 14 años.

3- Desarrollo estrecho de las capacidades profesionales. En la danza clásica se debe comenzar a partir de los 10 años, pues está conectado con la disposición intelectual y física del organismo de los niños. Así pues, el desarrollo de la sensibilidad emocional dentro de ocupaciones relacionadas con la danza, permite también, desarrollar no sólo la capacidad de bailar sino la de acercarse a la música.
Si el profesor logra crear situaciones en las cuales existan condiciones previas para que el niño realice una actividad donde aplique su capacidad de trabajo en óptimas condiciones, se puede considerar una actividad productiva de desarrollo. Vygotsky la ha nombrado como el paso "por una zona del desarrollo potencial." Por el contrario, la actividad del niño que ocurre fuera de esta "zona del desarrollo potencial", conduce a un mínimo o escaso desarrollo de sus capacidades. Por lo tanto, la ausencia de resultados reduce el interés respecto del desarrollo de la creatividad en general. A veces la falta de motivación creativa puede ser sustituida por un espíritu mercantil, entonces se manifiestan ciertos deseos mercenarios en el niño.

En función de esto, cuando en una clase se plantean trabajos específicos, es necesario dividirla en grupos donde intervengan niños con temperamento, fuerza física y capacidades iguales. De esta forma se promueve la optimización del entrenamiento y se eliminan las emociones negativas. Además, también permitirá definir la carrera del niño a través de su "amplúa *". Durante el entrenamiento, juega un papel importante la comprensión que el maestro tenga del alumno. Por esa razón debe tener en cuenta las características psicológicas, las habilidades, la madurez mental, la constitución física, la propiedad de sus músculos, la inteligencia, la salud, el carácter, las habilidades creativas y la capacidad de trabajo. El oficio de un bailarín o actor, depende del compromiso personal que asume para roles específicos.

* Amplua: El término sugiere varios significados que hacen referencia a los roles asignados al talento y a ciertas características personales.

Ver Parte I
(DANZA Número 3)

Ver Parte II
(DANZA Número 4)

Si deseas enviar un e-mail a Natalia V. Sokovikova, puedes hacerlo a info@danzarevista.com

   
     
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