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Talento
con cuatro temperamentos
(Parte I)
Por Natalia Sokovikova (Rusia)*
l
término "Amplua" sugiere varios significados
que hacen referencia a los roles asignados al talento
y a ciertas características personales. La enciclopedia
de teatro suple la definición como: una clase
de papeles de cierto carácter, ejecutados por
el cantante, que dependen de sus datos vocales y escénicos.
También podría definirse como la conformidad
a los datos externos y emocionales.
En
el arte no hay gente universal. No hay cantantes que
cubran al tenor, al barítono y al bajo simultáneamente.
No poseen las bailarinas o bailarines la posibilidad
de expresarse de manera idéntica en diferentes
roles. Depende de la estructura de los músculos,
de la configuración de su cuerpo de su estructura
ósea.
Algunos
bailarines solistas cubren roles que requieren una participación
en la obra integral, desde el principio hasta el final.
Otros, en cambio, cubren roles como solistas en determinadas
variaciones o en papeles pequeños. Estas características
podrían ser comparables con los deportistas que
participan en carreras de "larga distancia "
y "corta distancia". Cada uno de ellos es
valorado por el coreógrafo de la misma manera
que el pintor utiliza los colores en su paleta.
Cabe
preguntarse por qué el papel depende de los bailarines.
El papel se forma como resultado de la superioridad
y luego, de la distribución de ciertos componentes,
como el temperamento, el carácter, las habilidades,
la inteligencia y las características de su estructura
anatómica y muscular. El papel depende, en gran
parte, de toda la estructura.
En
los últimos veinte años del siglo XX,
el psiquiatra alemán E. Crechmer expresó
"Hoy en día se ha borrado el concepto de
amplua, y muchas bailarinas consideran que
son ampliamente talentosas que pueden ejecutar cualquier
rol y luego se malogran ". Es posible sospechar
que el autor, en este caso, intentó darle un
significado más abarcador. Carácter, inteligencia
y energía interna, nombres que pueden considerarse
en el teatro como "positivo" o "negativo".
No obstante, es obvio que en el escenario se notan las
diferencias de interpretación, especialmente
cuando se trata del mismo rol.
A
modo de ejemplo, podría compararse el desempeño
en "Don Quijote", (Minkus-Petipa) a través
de la interpretación de grandes bailarines como
Rudolph Nureiev, Miskhail Baryshnikov y Vladimir Vasiliev.
Los tres tenían altura aproximadamente idéntica,
constitución física y estructura muscular
similares. Pero el temperamento de Nureiev impedía
la creación de una imagen alegre, con humor natural,
y aspecto de compañero encantador encariñado
con la muchacha, más allá de que su técnica
y su interpretación fueran buenas. En cambio
en el mismo papel, Baryshnikov y Vasiliev dejaban salir
la luminiscencia interna de la simplicidad encantadora,
y de la ejecución chispeante, agregada a esta
característica una imagen bromista e ingeniosa.
El
"amplua"no es solamente la imagen escénica
externa, sino también la interna. Consiste en
un conglomerado muy complejo donde interviene lo fisiológico,
la psicología, el intelecto. Cada uno de estos
elementos son primordiales ya en la escuela y se manifiestan
a través de las oportunidades mentales y físicas
del niño talentoso. El entrenamiento de niños
que no tienen cualidades ni habilidades, no permite
al profesor -a partir de los primeros pasos-, preparar
al bailarín en su propia carrera.
Allen
Friderichia en su libro "August Burnonvil"
(1983) escribe que en los siglos XVIII y IXX en Francia
y Dinamarca se tomaban clases como un trabajo accesorio
para el rol. Tarasov aseguró que "el amplua
necesita ser desarrollado en el niño desde la
niñez. Lo cual no significa imitación
o mímica y por ello, transformar las lecciones
de danza clásica en lecciones de teatro. El trabajo
sobre la aproximación al rol y sobre el progreso
de la musicalidad en las primeras clases debe conducirse
en el plano psicológico y físico. En ese
período el niño trae consigo la sensibilidad
muscular en varios tempos musicales y a
través de ello es necesario fomentar el desarrollo
emocional, la percepción del ritmo y las maneras
del niño. Una influencia importante en el estudiante
le permite determinar el temperamento, dominar con éxito
diferentes tareas y también, su futuro escénico".
Ciertamente,
primero aparece el aspecto superficial que es lo que
permite al espectador identificar claramente al héroe
del bufón, la princesa del criado. Pero el héroe
trae consigo atributos de un ideal estético y,
por otra parte, debe tener la preparación interna
-sincera- para el sacrificio personal. Es decir, cualidades
éticas que se corresponden con el ideal del espectador
y se transmiten como una energía positiva.
El
cómico o el antihéroe debe estar más
preparado intelectual e internamente para ser rechazado.
El cómico que no esté "asustado"
es ridículo y para sí mismo debe tener
la satisfacción de jugar el papel de ridículo
o tonto. El bailarín que tiene temperamento "negativo",
no tendrá que esforzarse para representar a un
bandido o condenado. Por el contrario, deberá
crear una imagen maliciosa y hostil.
Con
frecuencia, para la gente de diverso culto y tradición
cultural es imposible entender completamente el cargamento
emocional de ciertos argumentos dramáticos, donde
al conflicto se incorpora la exposición del carácter
en el trabajo de ese bailarín. De esta exposición
de "psycho-fuerzas de trabajo", también
se originan ciertas constantes que corresponden a ese
papel. Por ejemplo, en el ballet clásico "El
lago de los cisnes", el príncipe Zigfrido,
como el representante del ideal ario, es rubio, alto
y melancólicolto; es el portador de moral cristiana
y es la representación de la franqueza. El ejecutor
de este papel necesariamente debe tener energía
positiva. En cambio Rotbardt, su opuesto, que personifica
las fuerzas del demonio, es, habitualmente, oscuro,
bajo explosivo, y sus movimientos no son musicales.
A
los10 años, cuando el colegial realiza por primera
vez un paso de ballet clásico, ya es posible
definir el temperamento de ese niño, si se considera
al temperamento como una categoría individual
basada en las características de la actividad
nerviosa máxima de un individuo. Estas propiedades
son causadas por ciertos procesos que se expresan en
la excitabilidad emocional y son inherentes a la persona.
Dentro
de los cuatro tipos de temperamentos, sanguíneo,
colérico, flemático y melancólico,
no todos están profesionalmente habilitados para
entrenar en la especialidad de "actor de ballet".
El logro de la perfección del movimiento depende
de fuerza y de la velocidad, de las reacciones de los
músculos, la estabilidad y la rapidez para frenar,
en combinación con los componentes básicos
de movilidad, regularidad, equilibrio, dinámica
y habilidad para comunicarse.
Narutalmente,
cada temperamento tiene combinaciones variadas de estas
características. Karl Jung ofrece 16 tipos y
Iván Pavlov considera que pueden ser 24. Ciertos
temperamentos no son apropiados para un bailarín
clásico. Por lo tanto, es necesario definir esos
tipos para ir determinando los roles futuros de los
alumnos durante los ocho años de estudio en una
escuela coreográfica.
Ver
parte II
(DANZA Número 4)
Ver
parte III
(DANZA Número 5)
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| Manfred,
ballet en un acto con música de Tchaikovskii
y coreografía de N. Sokovikova. |
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