Con los ojos de Mark Morris
Por Noemí Grau (USA)

Como todos los años para la misma fecha, la compañía de Mark Morris se instala en el Zellerbach Hall de UC Berkeley con una obra que ya es un clásico dentro de su repertorio. "The Hard Nut", es una mirada sardónica e irreverente de la versión tradicional del ballet "El Cascanueces". Esta temporada también marcó el final de un ciclo de seis años de presentaciones en esta ciudad, así como varios hechos significativos para el coreógrafo. A mediados del 2001 inauguró la sede de su nueva escuela en Nueva York y su compañía, el Mark Morris Dance Group, cumplió once años de actividad.

Esta particular versión de "El Cascanueces", realizada por Morris, tiene la osadía del sarcasmo y del humor, acompañados por la crítica social. El soberbio diseño escenográfico de Adrianne Lobel, permite un juego de contrastes a través de módulos que se desplazan para configurar diferentes espacios. El vestuario de Martin Pakledinaz, se ensambla ingeniosamente con la totalidad de la obra, mientras que la puesta de luces de James F. Ingalls se convierte en un complemento inevitable y perfectamente ajustado a la totalidad de esta realización.

Si bien Morris utiliza la música original de Piotr I. Tchaikovsky y se basa en el cuento de E.T.A.Hoffmann, "El cascanueces y el rey de los ratones", se escapa del lirismo clásico del ballet tradicional. Su mirada acerca de la condición humana es mordaz y cruel, apoyada en un planteo estético posmoderno que intenta romper con esquemas prefijados.

Los estereotipos familiares y sociales se instalan en la casa de la familia Stahlbaum en la noche de Navidad. Un televisor en blanco y negro preside la escena y oficia a modo de elemento simbólico.

Cada una de las situaciones va cambiando sus dimensiones a partir del comienzo del sueño de Marie (Clara en el cuento tradicional) lo cual permite el ingraso de elementos imaginarios y oníricos. Inmensos ratones eléctricos recorren el escenario, soldados que luchan contra fantásticos roedores, una madre que intenta fagocitar la atención de sus invitados, el sexo, la seducción y la ilusión integran esta realización. El Mark Morris Dance Group maneja este lenguaje con soltura y solvencia, y es precisamente en las escenas grupales donde evidencia una conexión integral con la propuesta.

Lauren Grant interpreta a una deliciosa Marie, de la misma manera que David Leventhal se erige en un atractivo príncipe Cascanueces. Soberbia e incomparable, Kraig Patterson se apropia del rol de la mucama, baila magníficamente en puntas, para luego convertirse en una distante enfermera. Rob Besserer como Drosselmeyer adopta un perfil menos misterioso. Excelente trabajo el de Peter Wing Healey en su papel de Mrs. Stahlbaum y en su posterior perfomance como la Reina de los copos de nieve. Su interpretación, desopilante, se acerca más a la actución que a la danza.

Con música en vivo, ejecutada por la Berkeley Simphony Orchestra, dirigida por Robert Cole y la participación del University of California Women's Chorale, "The Hard Nut" da como resultado una pieza acabada, donde cada uno de los engranajes está en perfecta sincronía. De esta manera, la obra se convierte en un significativo encuentro con la tradición, vista con otros ojos.

 
 
El reino de las nieves bajo la lupa sarcástica de Mark Morris incorpora nuevos elementos a un cuento tradicional.
Foto: Peter DaSilva.
Gentileza de Cal Performannce UC Berkeley.
 
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Angel Corella, carismático bailarín del America Ballet Theatre.
Foto: Roy Round
 
 

Sucedió en Nueva York
Por Célida P. Villalón *

Los bailarines hispanos (españoles, argentinos, cubanos, brasileños y puertorriqueños), iluminaron nuevamente el firmamento del ballet en la capital del mundo de la danza, en la reciente temporada otoñal del American Ballet Theatre, celebrada en el teatro City Center. Integraron el programa tres obras nuevas,"Amazed in Burning Dreams", original de Kirk Peterson, "Clear" de Stanton Welch, y "Marimba" de Robert Hill. A ellas se agregaron una pieza que entra por primera vez en el repertorio, y una reposición: "Symphony in C", de Bizet, obra maestra de George Balanchine, y "Dim Lustre", uno de los llamados "ballet psicológicos" de Antony Tudor, sobre música de Richard Strauss, que ayudara a definir el estilo del ABT en 1943, año de su estreno.

De los tres estrenos,"Clear", sobre música de Bach, es el más interesante por la manera inteligente de Welch para mezclar movimientos modernos con el más depurado clasicismo, y por haber tenido como figura principal a Ángel Corella, carismático y extraordinario bailarín, al que acompañó la exquisita Julie Kent. Junto a ellos, un grupo masculino con gran dominio de la técnica, entre los que sobresalieron Herman Cornejo, Joaquín De Luz y Ricardo Torres.

"Symphony in C", que bien puede llamarse maravilla geométrica danzaria, entra en el repertorio del ABT por vez primera este año. No es fácil bailar Balanchine, pero no cabe duda de que, con mucha práctica, el magnífico elenco del ABT pueda dominar las dificultades confrontadas en el presente. No obstante, es justo consignar que entre las mejores parejas solistas sobresalieron las formadas por Julie Kent y Marcelo Gomes, majestuosos en la lentitud del segundo movimiento, y Xiomara Reyes y Herman Cornejo, brillantes e impecables en la rapidez del tercero.

"Dim Lustre", tuvo una feliz reposición con Susan Jaffe y Guillaume Graffin en los roles centrales, donde Carmen Corella también se distinguió por su interpretación plena de sugerencias. En los diferentes Pas de Deux que completaron la serie, José Manuel Carreño, unas veces al lado de Nina Anianashvili, y otras junto a Paloma Herrera, hicieron las delicias del público por el virtuosismo inherente que muestran en todas sus interpretaciones, muy apropiado para este estilo llamativo de baile que el público parece preferir.

El New York City Ballet, fundado por el inolvidable Balanchine en 1948, no podía dejar de unirse al fervor presente en el país en estos momentos, y abrió su acostumbrada temporada del Lincoln Center a fines de noviembre, con una gala plena de tributos a la patria. No olvidemos que Balanchine, hijo adoptivo de este país, amaba a América de todo corazón, y en su larga trayectoria de prolífico coreógrafo, montó varias obras sobre temas y música netamente norteamericanos. El programa dio comienzo muy acertadamente con "Serenade", de Tchaikowsky, primer ballet compuesto por el maestro en los Estados Unidos, en 1934, que hoy se lo considera como un modelo de la danza de escuela. Yvonne Boree, Darci Kistler, y María Korowski hicieron honor ese día a la romántica corografía.

También subió a escena un segmento de "Who Cares?" (The Man I Love), con música de George Gershwin, con Margaret Tracey y Nilas Martins. El espectáculo terminó con "Stars and Stripes", sobre partituras de John Philip Souza, con Jennie Somogyi y el vibrante Damian Woetzel, quienes hicieron alarde de brillantez y ligereza. La enorme bandera americana que es desplegada al final, y que ocupa el largo y ancho del enorme escenario del State Theatre, trajo algunas lágrimas a los ojos de muchos espectadores en esta ocasión. Dos días después y durante diciembre, el sempiterno "Cacanueces" también del genial ruso, considerado por muchos como la versión definitiva de ratones, soldaditos de madera y golosinas azucaradas.

En el Joyce, el Ballet Hispánico hizo su presentación prenavideña en el pequeño y acogedor teatro del barrio de Chelsea. Entre otras piezas ya vistas, estrenó una titulada "Bésame Mucho", del coreógrafo catalán Ramón Oller, inspirado en baladas amorosas latinoamericanas de otros tiempos. Oller ha compuesto varias obras para la compañía, y este último trabajo está formado por tres viñetas distintas, en las que se destacaron Jennifer DePalo y Pedro Ruiz, en la primera, como una pareja romántica a quien separa la muerte, y Héctor Montero en la tercera y última, como un desolado personaje que no sabe como establecer contacto con la realidad.

Otro atractivo trabajo fue "Club Havana", visto el pasado año por vez primera, con coreografía de Pedro Ruiz, primera figura del conjunto, que utiliza ritmos que incluyen toda la rica gama de los bailes más populares de Cuba como el son, el mambo, el cha-cha-chá, el bolero, para terminar con una rumba/conga alegre y movida. El ambiente es un cabaret de lujo y las rutinas, aunque están inspiradas en bailes muy conocidos que los intérpretes realzan con sus talentos individuales, siguen más bien el patrón del "ballroom dancing", un producto híbrido derivado de los actos sociales, con un estilo definido "made in USA".
Ballet Tech, conjunto de bailarines muy jóvenes que dirige Eliot Feld, anunció jocosamente su temporada en el Joyce como "No Cascanueces" (NOTcracker). El Alvin Ailey American Dance Theater, bajo la égida de Judith Jamison, estuvo muy bien representado durante el mes de diciembre en el City Center. Sin olvidar, desde luego, las brillantes luces de Broadway, que continúan esplendorosas tratando de que esta ciudad cante y ría para olvidar su tragedia.

     
   
 
   
* Célida P. Villalón, es natural de Cuba. Su afición al ballet la llevó desde muy joven a perseguir el periodismo y a escribir sobre el tema en distintos periódicos y revistas de su país.
Se radicó en Nueva York desde 1959 y continuó escribiendo en diversos medios. Uno de sus trabajos se publicó en la "International Encyclopedia of Dance" (Oxford University Press, New York, 1996). Es autora del folleto "Historia Concisa del Ballet en Cuba" (1974) y del libro "Pro-Arte Musical y su Divulgación de Cultura en Cuba" (Senda Nueva, Ediciones, Nueva Jersey, 1990). Colabora como editora de eventos especiales en la revista "Temas" y es corresponsal de "Por la Danza", España.
     
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