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Angel
Corella, carismático bailarín
del America Ballet Theatre.
Foto: Roy Round |
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Sucedió
en Nueva York
Por Célida P. Villalón
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Los
bailarines hispanos (españoles, argentinos,
cubanos, brasileños y puertorriqueños),
iluminaron nuevamente el firmamento del ballet
en la capital del mundo de la danza, en la reciente
temporada otoñal del American Ballet Theatre,
celebrada en el teatro City Center. Integraron
el programa tres obras nuevas,"Amazed in
Burning Dreams", original de Kirk Peterson,
"Clear" de Stanton Welch, y "Marimba"
de Robert Hill. A ellas se agregaron una pieza
que entra por primera vez en el repertorio, y
una reposición: "Symphony in C",
de Bizet, obra maestra de George Balanchine, y
"Dim Lustre", uno de los llamados "ballet
psicológicos" de Antony Tudor, sobre
música de Richard Strauss, que ayudara
a definir el estilo del ABT en 1943, año
de su estreno.
De
los tres estrenos,"Clear", sobre música
de Bach, es el más interesante por la manera
inteligente de Welch para mezclar movimientos
modernos con el más depurado clasicismo,
y por haber tenido como figura principal a Ángel
Corella, carismático y extraordinario bailarín,
al que acompañó la exquisita Julie
Kent. Junto a ellos, un grupo masculino con gran
dominio de la técnica, entre los que sobresalieron
Herman Cornejo, Joaquín De Luz y Ricardo
Torres.
"Symphony
in C", que bien puede llamarse maravilla
geométrica danzaria, entra en el repertorio
del ABT por vez primera este año. No es
fácil bailar Balanchine, pero no cabe duda
de que, con mucha práctica, el magnífico
elenco del ABT pueda dominar las dificultades
confrontadas en el presente. No obstante, es justo
consignar que entre las mejores parejas solistas
sobresalieron las formadas por Julie Kent y Marcelo
Gomes, majestuosos en la lentitud del segundo
movimiento, y Xiomara Reyes y Herman Cornejo,
brillantes e impecables en la rapidez del tercero.
"Dim
Lustre", tuvo una feliz reposición
con Susan Jaffe y Guillaume Graffin en los roles
centrales, donde Carmen Corella también
se distinguió por su interpretación
plena de sugerencias. En los diferentes Pas de
Deux que completaron la serie, José Manuel
Carreño, unas veces al lado de Nina Anianashvili,
y otras junto a Paloma Herrera, hicieron las delicias
del público por el virtuosismo inherente
que muestran en todas sus interpretaciones, muy
apropiado para este estilo llamativo de baile
que el público parece preferir.
El
New York City Ballet, fundado por el inolvidable
Balanchine en 1948, no podía dejar de unirse
al fervor presente en el país en estos
momentos, y abrió su acostumbrada temporada
del Lincoln Center a fines de noviembre, con una
gala plena de tributos a la patria. No olvidemos
que Balanchine, hijo adoptivo de este país,
amaba a América de todo corazón,
y en su larga trayectoria de prolífico
coreógrafo, montó varias obras sobre
temas y música netamente norteamericanos.
El programa dio comienzo muy acertadamente con
"Serenade", de Tchaikowsky, primer ballet
compuesto por el maestro en los Estados Unidos,
en 1934, que hoy se lo considera como un modelo
de la danza de escuela. Yvonne Boree, Darci Kistler,
y María Korowski hicieron honor ese día
a la romántica corografía.
También
subió a escena un segmento de "Who
Cares?" (The Man I Love), con música
de George Gershwin, con Margaret Tracey y Nilas
Martins. El espectáculo terminó
con "Stars and Stripes", sobre partituras
de John Philip Souza, con Jennie Somogyi y el
vibrante Damian Woetzel, quienes hicieron alarde
de brillantez y ligereza. La enorme bandera americana
que es desplegada al final, y que ocupa el largo
y ancho del enorme escenario del State Theatre,
trajo algunas lágrimas a los ojos de muchos
espectadores en esta ocasión. Dos días
después y durante diciembre, el sempiterno
"Cacanueces" también del genial
ruso, considerado por muchos como la versión
definitiva de ratones, soldaditos de madera y
golosinas azucaradas.
En
el Joyce, el Ballet Hispánico hizo su presentación
prenavideña en el pequeño y acogedor
teatro del barrio de Chelsea. Entre otras piezas
ya vistas, estrenó una titulada "Bésame
Mucho", del coreógrafo catalán
Ramón Oller, inspirado en baladas amorosas
latinoamericanas de otros tiempos. Oller ha compuesto
varias obras para la compañía, y
este último trabajo está formado
por tres viñetas distintas, en las que
se destacaron Jennifer DePalo y Pedro Ruiz, en
la primera, como una pareja romántica a
quien separa la muerte, y Héctor Montero
en la tercera y última, como un desolado
personaje que no sabe como establecer contacto
con la realidad.
Otro
atractivo trabajo fue "Club Havana",
visto el pasado año por vez primera, con
coreografía de Pedro Ruiz, primera figura
del conjunto, que utiliza ritmos que incluyen
toda la rica gama de los bailes más populares
de Cuba como el son, el mambo, el cha-cha-chá,
el bolero, para terminar con una rumba/conga alegre
y movida. El ambiente es un cabaret de lujo y
las rutinas, aunque están inspiradas en
bailes muy conocidos que los intérpretes
realzan con sus talentos individuales, siguen
más bien el patrón del "ballroom
dancing", un producto híbrido derivado
de los actos sociales, con un estilo definido
"made in USA".
Ballet Tech, conjunto de bailarines muy jóvenes
que dirige Eliot Feld, anunció jocosamente
su temporada en el Joyce como "No Cascanueces"
(NOTcracker). El Alvin Ailey American Dance Theater,
bajo la égida de Judith Jamison, estuvo
muy bien representado durante el mes de diciembre
en el City Center. Sin olvidar, desde luego, las
brillantes luces de Broadway, que continúan
esplendorosas tratando de que esta ciudad cante
y ría para olvidar su tragedia.
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