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El
cuerpo como lenguaje
(Parte II)*
Por Mario Giromini
Droz
ominan
al germano, desde tiempos remotos, inquietudes intelectuales
tendientes al infinito, a la expansión y superación
de sí mismo. Quizás estas particularidades
hacen que el expresionismo en danza tienda a subrayar
la intención expresiva, en vez de la primacía
del desarrollo formal. Estas semillas germinan ya en
los viejos pioneros. Rudolf Laban descubre en el análisis
de los principios del movimiento humano los elementos
para un estilo natural. Mary Wigman, se destaca violenta
e inesperada en sus demostraciones. Harald Kreutzberg,
partidario del pintoresquismo. Dorys Hoyer, es más
bien sensual, mientras que Kurt Jooss, se preocupa por
la problemática social. Jooss habla de la danza
como arte teatral independiente que no puede ser expresado
por la palabra, y cuyo lenguaje es el movimiento que,
basándose en las formas, penetra en la emoción.
En
la Danza-Teatro el cuerpo del bailarín tiene
que exteriorizar el alma que alberga la alegría,
el dolor, la melancolía, los sentimientos puros
(tal como el actor en el teatro de prosa), y no sólo
movimientos estilizados que preconizan estéticas
dancísticas. En este caso, se despreocupa de
seducir con la plasticidad de la arquitectura humana,.va
más allá de su transporte, empujado por
una inquietud que nunca cesa.
La
Danza-Teatro utiliza gran diversidad de movimientos
-no sólo los que pertenecen a determinada escuela-,
gestos y actitudes son imágenes vivas y sinceras
que traduce el infinito ritmo de sus sentimientos. No
busca un realismo fotográfico. Cada situación
está dirigida por la afectividad. El juego diverso
de innumerables manifestaciones permiten al intérprete
representar la descripción de agudos momentos
de sus íntimas contradicciones. Esta corriente
de la danza moderna, con su impronta alemana, trascendió
los límites de su origen para expandirse por
el mundo entero y enriquecer diversas búsquedas
personales.
En
Alemania, después del prolongado silencio originado
por la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias, el
regreso de Jooss a Essen -que continúa siendo
el más importante centro generador-, posibilitó
un renacimiento que crece y se propaga.
Resultaría
prácticamente imposible pretender determinar
cuáles características pertenecen a una
u otra categoría, dado lo intrincado de la trama
y lo difuso de las fronteras.
Pina
Bausch, al referirse a sus producciones, aunque evada
rótulos, habla de danza. Tadeus Kantor decía
que lo suyo era teatro.Igual temperamento adopta el
Kirov de Leningrado en su puesta "La historia del
caballo". Esta situación posibilita pensar
que la cuestión pasa más por el abordaje,
la información de base y la visión artística
del producto final que tengan los diversos realizadores.
Aún
en lo que enequívocamente se puede individualizar
como Danza-Teatro, existe una diversidad de enfoques
y notables diferencias. No son lo mismo las obras de
Bausch que las de Susanne Linke. John Krenek no puede
confundirse con Reinhild Hoffmann, ni ésta con
Heindrum Schwartz, ni Hans Van Manen, por nombrar sólo
los más destacados en la actualidad.
Más
allá de las caracterpisticas personales, de las
técnicas elegidas, de los puntos de partida,
del uso o no de textos, hay que destacar que se trata
de una búsqueda diferente, más cercana
al "teatro pobre" que al hipertrófico
teatro total wagneriano.
Un
movimiento representativo del hombre exitencial en permanente
conflicto con el medio. Entorno incompatible con la
felicidad que anhela. Recurrentes propuestas profundas,
opuestas a estilos de danza complacientes, a corrientes
deshumanizadas que intenta homologar al hombre con la
máquina, y especialmente, a insustanciales espectáculos
que frecuentemente ofrece este babilónico y posmoderno
fin de siglo.
*
Ver Parte I
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| Mary
Wigmar, una de las pioneras de la danza moderna,
fusiona lo dionisíaco y lo apolíneo. |
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