El cuerpo como lenguaje
(Parte I)*
Por Mario Giromini Droz

Cuando se habla de Danza-Teatro y Danza Teatral, las diferencias aparecen inevitablemente. La primera, abarca un espectro amplio y rotula a determinado género. La segunda, en cambio, se refiere a cualquier estilo, clásico, contemporáneo o folklórico, pensados desde el punto de vista del espectáculo público en determinado recinto. Presupone cierta categoría artística y formal, así como la aceptación de convencionalismos que le son propios.

Los orígenes de la Danza-Teatro, se remontan a los albores de la danza y sus referentes más notorios son las danzas prehistóricas, el teatro griego, el kabuki, los juglares de la Edad Media y el Ballet Comique de la Reine. En las danzas prehistóricas el hombre apelaba a su cuerpo en su totalidad, movimientos, balbuceos y producción de gestos sonoros que podrían llamarse indistintamente imitación o magia. El hombre, entonces, trasciende su existencia para conectarse con su esencia.

El teatro griego inicia el análisis del especímen humano en el gran período de Atenas (siglo V a. de C.). Los coreutas eran bailarines que cantaban, declamaban y mimaban los grandes mitos. El Kabuki, engloba las tres formas del teatro japonés. Toma su nombre de la unión de tres sílabas que significan canto, danza y acción u obra. Son dramatizaciones históricas y aspectos de la vida común.

El Ballet Comique de la Reine, fue una experiencia aislada y paso previo al ballet de Corte. La fusión de la Mascarada y la comedia Circe, presenta características de la obra elaborada con danzas, recitados, pantomima y música. Fue estrenada en el Louvre el 15 de octubre de 1581 a propósito de una boda real.
Más allá de las diferencias estilísticas, de tiempo o de lugar, se advierten cualidades constantes en cada una de ellas: el afán expresivo del hombre y la integración de las artes, que aún no se habían separado ni desarrollado por caminos independientes.

Cercano a nuestros días y tal como se lo conoce actualmente el movimiento Danza-Teatro se inicia con el Expresionismo alemán, después de la Primera Guerra Mundial y se consolida con la creación de la Folwang Hochchule de Essen Werchen, por Kurt Jooss (1901-1979), en la cual la educación interdisciplinaria abarca todas las ramas del arte: música, pantomima, fotografía, ópera, etc. Este fenómeno no es una caprichosa casualidad sino, en primer término, producto de las circunstancias históricas, tanto como del accionar iconoclasta de los artistas del siglo XX, suficientemente explícitos en sus manuscritos, unidos a las características esenciales del espíritu germano, a sus concepciones sobre la naturaleza y el hombre, cuya salvación depende del accionar y de las propias fuerzas.

Esta concepción denominada fáustica, en alusión a la vieja leyenda, es opuesta a la apolínea que predominaba en el entonces decadente ballet académico, basado en el culto desmedido del virtuosismo técnico. Sus personajes iniciales, regidos por elementos anecdóticos, son dioses, semidioses y héroes, que evolucionan hacia las Willis, hadas y elfos, personajes que entran en conflicto con el mundo real. Formas abstractas, armónicas, estéticas y equilibradas que pertenecen al Olimpo griego, localmente bien definido en el espacio. Todas estas cualidades corresponden a conceptos de dominación extática, propias del espíritu apolíneo del hombre.

* Ver Parte II

 
 
Kurt Jooss consolida la Danza-Teatro a través de la creación de la Folwang Hochchule de Essen Werchen.
 
 
 
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