Coppélia a la cubana
Por Maritza Gueler (USA)

Una comedia vivaz que deja de lado los momentos dramáticos que caracterizaron al cuento original de E.T.A Hoffman en el cual el autor incorpora un mundo de autómatas y nuñecos mecánicos.
"Coppélia" se estrenó en 1870 en la Opera de París, y fue el último ballet presentado antes de que los acontecimientos provocados por la guerra franco-prusinana obligasen a cerrar el teatro. La primera coreografía de esta pieza fue de Arthur Saint-Léon, la música de Léo Delives y el libreto de Charles Nuittier y Saint-Léon.

El Ballet Nacional de Cuba, retomó este clásico en su gira por los Estados Unidos, donde realiza un recorrido que dura hasta el 25 de noviembre. En esta opotunidad la compañía dirigida por Alicia Alonso presentó una "Coppélia" fresca y atractiva, en la versión coreográfica de Alicia Alonso, basada en la original de Saint-Léon y en la de Marius Petipa. La escenografía y el diseño de vestuario de Ricardo Reymena aportan un colorido marco a esta comedia pantomímica.

"Coppélia" se estrenó por primera vez en Cuba en 1948 con la puesta de Leon Fokine. Alonso fue la protagonista de entonces y tuvo como partenaire a Ygor Youskevitch. Fue recién en 1957 cuando Alonso estrenó su propia versión de esta obra.

En su debut en la ciudad de Sacramento, el Ballet Nacional de Cuba presentó un repertorio variado, basado en escenas de diferentes ballets clásicos. "El lago de los cisnes", "Giselle", "Coppélia" y "Don Quijote" integraron el programa de la primera noche. Luego, en el Zellerbach Hall de Berkeley, la compañía presentó "Coppelia".

Lorna Feijóo, hermana de la bailarina Lorena Feijóo del San Francisco Ballet, hace una excelente interpretación de Swanilda con encantadores toques de humor, picardía y expresividad. Apasionada y graciosa, Feijóo aborda su personaje con solidez profesional y precisión en una atractiva combinación de técnica e interpretación. Joel Carreño, en su rol de Franz, es un buen partenaire, no obstante, su desempeño es irregular, por momentos.

Viengsay Valdes y Víctor Gili, y Alihaydée Carreño y Oscar Torrado, interpretaron, también, los roles principales en "Coppélia". El grupo femenino del cuerpo de baile es el que lleva la delantera en cuanto a estilo y convicción.

En esta puesta colorida y dinámica se destacan escenas deliciosas dentro de los códigos de la pantomima, especialmente en el segundo acto cuando Swanilda y sus amigas entran a la casa del Doctor Copelius, personaje interpretado por Félix Rodríguez. Encantadora escena de este grupo de bailarinas (Feijóo, Aymara Vasallo, Dalay Parrondo, Idania La villa y María Villanueva) que logra momentos de gran comicidad.

Vital y estusiasta es la propuesta que llega a los Estados Unidos. Jóvenes bailraines, con buena formación y un estilo particular que siempre caracterizó a esa escuela, hacen que la danza se convierta en un delicioso encuentro con el arte.

 
 
Lorna Feijóo en "Coppélia" interpreta a Swanilda en una versión colorida del Ballet Nacional de Cuba.
Foto: Paco Rui.
 
 
     

Gira del BNC por los Estados Unidos

Noviembre

  • 17 y 18: Chrysler Hall, Virginia Arts Festival, Norfolk, VA 201 East Brambleton Ave., Norfolk (parking on St. PaulStreet) Perfs: 11/17-8:00pm,
  • 11/18-2:30pm: Tickets: 757-671-8100 www.virginaartsfest.org
  • 20 y 25: Opera House, Kennedy Center for the Performing Arts,Washington, DC. Perf: 10/20-8:00pm, 10/21-8:00pm, 10/23-2pm and 8pm, 10/24-2pm and 8pm. Tickets: www.kennedy-center.org or 202-467-4600 or 800-444-1324
   
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El retorno de "Giselle" al Teatro Colón
por Enrique Honorio Destaville (desde Buenos Aires, Argentina)

Con gran expectativa era aguardada la reposición de "Giselle", de Adam-Coralli-Perrot-Petipa, versión de Gustavo Mollajoli, con la compañía del Teatro Colón. Preparada con rigor, para el estreno contó con las actuaciones de Paloma Herrera (American Ballet Theater) y Damian Woetzel (New York City Ballet). La invitada -nacida en la Argentina- debutaba en Buenos Aires en este consagratorio papel de bailarina-actriz.

Pero "Giselle" también fue un gran espectáculo del Teatro Colón por la relevante escenografía de Nicola Benois (Nicola: pues se radicó en Italia pese a ser ruso de nacimiento y de ascendencia francesa), quien románticamente situó la acción del primer acto en una aldea próxima al Rin, y la del segundo, en el bosque con luz de luna, vecino a ruinas de un claustro gótico donde reposan las novias muertas por amor (cabalmente románticos).

Se le sumó el vestuario adecuado para aldeanos y nobles, propio del mundo terreno y opuesto al irreal universo de las wilis (seres espectrales que vengan su muerte por amor), cuya apariencia evanescente y etérea se ve favorecida por el tutú romántico y la zapatilla de punta. Al realce visual, complementa el auditivo con la romántica música de Adam que -con las conocidas y más livianas interpolaciones de Burgmüller y Minkus- aporta la fuerza de la valentía, la calma de la meditación, el encanto lírico y los contrastes de timbre que acentúan el drama de la joven.

Cabía entonces un perfecto andamiaje coreográfico: Mollajoli vino desde Río de Janeiro a reponer su versión basada en la tradición, que concreta el dramático argumento de Gautier y Vernoy de Saint Georges. Digamos que la referida escenografía no deja gran espacio para el baile. A las habituales danzas del inicio agregó un baile aldeano con intervenciones más fuertes y toscas, contrapuestas con la delicadeza femenina, y en el acto segundo, recupera danza para Myrtha.

El protagónico era el desafío para Paloma Herrera. Tan joven y con perfecta fuerza técnica que dispara en los momentos oportunos (eje, giros, fuertes puntas) ha presentado una Giselle cándida en la realidad, y concentrada en sus inmateriales apariciones. Herrera estudió profundamente su papel, no obstante, debe ahora acentuar la dramaturgia trabajada "desde adentro". Tal la famosa escena de la locura. Allí encarna pulidas facetas del personaje con miradas de orate y desordenada cabellera, y apropiadas evoluciones en el desmañado movimiento.

Herrera se entendió perfectamente con su partenaire, quien responde a las exigencias técnicas de la versión, e interpreta naturalmente las nobles maneras de Albrecht, con pronunciado en dehors, y un toque seductor en el confronte amoroso. Pero el Albrecht de Woetzel es un noble al estilo balanchiniano, y no el enamorado confundido y romántico que el propio estilo exige.

Notable la composición técnico-actoral del despechado y celoso guardacotos Hilarión de Vagran Ambartsoumian (bailarín armenio radicado en la Argentina), plena de rudezas y de sentimientos sin contención. Otro tanto de excelencia para Silvina Perillo como Myrtha, firme e implacable pero fina y suavizada en su danza, acompañada destacadamente por Maricel De Mitri y Lila Flores, y una disciplinada legión de wilis homogénea, como pocas veces se ha visto en el Ballet del Teatro Colón, dirigido por la ex bailarina cubana y maestra Marta García.

Lila Flores y Leonardo Reale estuvieron a la altura virtuosística del pas-de-deux paysan. En general, la troupe bailó bien aunque algunos varones se mostraron francamente excedidos de peso. Magnífica la pareja ducal de Courland: Igor Gopkalo (el padre) y Cecilia Mengelle (Bathilde su hija) por su pantomima altamente refinada y propia de nobles. La Orquesta Estable (con Carlos Calleja en el podio) efectuó una correcta ejecución estropeada circunstancialmente por algún instrumento de viento.

Con posterioridad, nuevos repartos encabezaron diversas representaciones. En el papel de Giselle se destacaron Silvina Perillo, Maricel De Mitri, y Gabriela Alberti, mientras que Alejandro Parente y Eduardo Trabalón encarnaron con excelencia a Albrecht. Todos ellos integraron parejas que llegaron a conmover al público que colmó la sala en casi todas las representaciones.

 

El Teatro Colón en su aniversario

A cierta marginación de la que ha sido objeto el Ballet Estable del Teatro Colón -dentro de las actividades del teatro- y la improvisación de funciones planeadas a último momento como consecuencia de la mayor importancia que se le concede a la Ópera y a la Música Sinfónica, han conspirado contra un normal desarrollo de las actividades de la compañía. Pero al celebrarse el 76 aniversario de la troupe, el director general Sergio Renán prometió darle mayor importancia al ballet en la programación del año 2002.

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Gala del Diablo
Por Maritza Gueler (USA)

Esta vez, el Diablo Ballet, abandonó su sede tradicional de Walnut Creek para hacer dos galas en el Yerba Buena Center for the Arts de San Francisco. Tres corógrafos diferentes se reunieron en este encuentro con la danza, y los tres, de alguna manera, compartieron criterios estéticos similares. Septime Webre, Director Artístico del Washington Ballet, KT Nelson, co-Director Artístico del ODC-San Francisco y Nikolai Kabaniev, Director Artístico Asociado del Diablo Ballet se internaron por los carriles del neoclásico con la intención de explorar nuevas formas y planteos coreográficos.

"No title", es una obra que cuenta con música y coreografía de Kabaniev. Sobre la base de una banda musical que combina música instrumental con toques de sintetizador, Kabaniev observa el mundo de los opuestos a través de un marcado acento de la gestualidad de los bailarines. A modo de piezas cortas, va entrelazando secuencias en las que intervienen todos los bailarines y otras, en las que se afirman los dúos y solos. Erika Johnson, Lauren Jonas, Viktor Kabaniev, Kelly Teo y Christopher Young tienen un parejo desempeño: precisión, ajuste, coordinación y expresividad.

En su sexta creación para el Diablo Ballet, KT Nelson desarrolla en "The Petites" (estreno mundial) una sucesión de pas de deux con coreografías simples, sencillas, que apuntan a un logro estético a través de las imágenes que conforman los cuerpos en movimiento. "Litany" de Arvo Pärt y "Prepared piano", de John Cage, son las obras musicales sobre las que trabajó la coreógrafa. Más allá de imágenes logradas en cuanto a lo visual, la substancia de esta serie de obras cortas está ausente desde la coreografía. Por su parte, las parejas de bailarines, realizan un prolijo trabajo.

Consustanciados en la intencionalidad del mensaje, los integrantes de la compañía dirigida por Lauren Jonas, se adentraron a la propuesta de Webre, "Fluctuating Hemlines", en la que el coreógrafo platea una metáfora sobre lo aparente y lo real en la vida del hombre. Diez bailarines aparecen sobre el escenario con trajes que parodian los años ’50 y pelucas de colores eléctricos y psicodélicos. Luego, se quitan las vestiduras y quedan en ropa interior como una forma de tirar por la borda los prejuicios. Una obra con cierta dinámica, en la que los bailarines demuestran su capacidad para jugar con la mímica, sin dejar de lado a la danza.

 
Propuestas diferentes pero de similar criterio estético protagoniza, entre otros, Erika Johnson y Kyongho Kim. Gentileza: Diablo Ballet. Foto: Ashraf
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